|
PALABRAS
DE LA SECRETARIA DE DESARROLLO SOCIAL,
En primer lugar quisiera agradecer a la Confederación por brindarme la oportunidad de intercambiar ideas sobre algunos de los asuntos más importantes que México enfrenta hoy. Me han invitado para desarrollar el tema de desarrollo y también de justicia. Quisiera brevemente platicarles un poco qué es la Secretaría de Desarrollo Social. Es una secretaría que yo calificaría con grandes retos. Es una secretaría cuya conformación es compleja, y en la que tenemos el reto del desarrollo regional. Maneja programas diversos: crédito a la palabra, jornaleros agrícolas, un fondo de empresas sociales productivas, entre otros. Pero también tenemos una subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, de ordenamiento territorial. Sabemos que el reto de la vivienda no es solamente financiero; que se requiere tierra, desarrollo urbano, mejor calidad de vida. Al mismo tiempo en Sedesol está Diconsa, con cerca 23 mil puntos de venta en la República Mexicana. También aquí está Liconsa, Progresa, el Instituto Nacional Indigenista. Aquí también está Fonart, Conaza, Corett, entre algunos otros retos que tenemos, y recientemente se está resectorizando el DIF, cuya atención es fundamentalmente para la familia, y lo que antes era el Insen que hoy hemos decidido, por sugerencia del señor Presidente, que se debe llamar Instituto Nacional de Adultos en Plenitud. Así que esperamos que bajo este concepto muchos que no se animaban a inscribirse porque era Insen hoy sí lo hagan, ya que es Adultos en Plenitud. Los de Sedesol son poco más de 30 mil colaboradores, a nivel nacional, y éste es un gran compromiso y un gran desafío, por la tarea que tenemos que hacer hacia fuera de la secretaría, y para que no se nos olvide estar atentos a lograr que de cada peso llegue la mejor parte a los más pobres del país, no obstante que en cuanto a su número existe el debate cotidiano de saber cuántos son, y donde el tema ni siquiera es el individuo a principios del siglo XXI, pese a que su número es una parte inmensa, de más de cuarenta millones de mexicanos, en pobreza, y en pobreza extrema. Apuntaría también que hemos encontrando una gran dispersión en los programas de desarrollo social: son más de 167 programas que hemos contabilizando hasta el momento. Muchos de ellos se duplican y en otros no hay una focalización en todos los casos correcta. Hoy estamos obligados a contestar en la Secretaría de Desarrollo Social unas preguntas fundamentales: la primera de ellas es ¿a quiénes están llegando los programas; están llegando realmente a quienes deben de llegar?, y la segunda pregunta, que para mí es más importante, es si estos programas están acompañando a los más pobres de este país a superar la pobreza, o si estos programas los están acompañando para arraigarlos en la pobreza. Creo que esta segunda pregunta, es la fundamental, y que debemos de ser capaces de contestar. No tenemos un padrón único de beneficiarios. Hoy estamos trabajando en armar este padrón único de beneficiarios, porque Liconsa tiene su padrón, Progresa tiene el suyo, Diconsa tiene otro y cada secretaría que tiene un programa de desarrollo social tiene su propio padrón. Hoy aspiramos a lograr un padrón único de beneficiarios primero en el gobierno federal, después a nivel estatal, y a nivel municipal. Creo que ésta será una herramienta fundamental que permitirá transparentar y dar mucho más eficacia a los recursos de Sedesol que por cierto -quiero compartirles- no son demasiados. Haciendo una cuenta numérica muy sencilla como éstas que hacen muy frecuentemente los empresarios y las empresarias en Coparmex, si dividimos el presupuesto de la secretaría entre el número de pobres que tenemos en el país, correspondería a 350 pesos anuales a cada pobre y 96 centavos diarios. Eso nos obliga a usar los recursos con una enorme transparencia, con una gran eficacia y a hacer un trabajo interinstitucional. Los pobres no son propiedad del gobierno; tampoco lo son de la Secretaría de Desarrollo Social y por ello hoy los vengo a convocar -aunque sé que muchos de ustedes ya lo han hecho por muchos años- ha reforzar el compromiso social, porque en mis recorridos, desde la Sierra Tarahumara hasta Chiapas, los pobres piden fundamentalmente dos cosas: las dos demandas más importantes de la gente pobre en este país son: que quieren trabajo, quieren una oportunidad. Un grupo de mujeres en Chiapas me decía, no queremos limosna, queremos trabajo. Pero tal vez nadie lo ha descrito con tal sabiduría, como aquél gobernador rarámuri que en la sierra Tarahumara expresaba: "no queremos más despensas, si no nos obligan a trabaja a cambio ellas, queremos ser tratados como adultos, no queremos ser tratados como niños, sabemos trabajar", y finalmente el gobernador rarámuri afirmaba "ojalá entiendan de una vez por todas que queremos seguir siendo lo que somos, aunque no queremos seguir estando como estamos". Ellos saben lo que necesitan. Y la segunda gran demanda de los pobres en México es que quieren educación. Quieren educación para ellos, y quieren educación para sus hijos. Con ello, lo que nos están pidiendo es la creación de oportunidades y desarrollo de activos. Hoy en la Secretaría de Desarrollo Social partimos de varias premisas: la primera de ellas es que el pobre es pobre no por una voluntad propia, sino porque no ha tenido la oportunidad para poder desarrollar sus actividades, o bien porque no ha tenido la posibilidad de un desarrollo sustentable. Y la segunda premisa, es que creemos que la pobreza sí es reversible. Y es que creemos que en México hay grandes diagnósticos a cerca de la pobreza: recientemente alguien fundó en México el Instituto de la Pobreza; yo hubiera aspirado a que se hubiese fundado un instituto mucho más enfocado al desarrollo y a la prosperidad. Quiero darles un breve marco de referencia de estas enormes brechas en materia de desarrollo, que parecen reafirmar aquella tesis de que somos muchos Méxicos. A mí no me preocupa que seamos muchos Méxicos desde el punto de vista cultural, porque eso nos enriquece, nos hace distintos, no se habla igual en Chihuahua, que en Yucatán, no se viste igual, no se tiene la misma cultura y éste no es un obstáculo, ésta es una riqueza. Un día dando una conferencia en Mérida me decía un grupo de empresarios, ¿oye Josefina quieres una cerveza nacional o importada?, les dije oigan quiero una nacional, resulta que la nacional era la Montejo y la importada era la Tecate. Bueno, así son los de Yucatán. Pero esto nos enriquece. Pero lo que realmente preocupa es la distancia que cada día parece abrirse más entre todos estos Méxicos. Tenemos un México del norte, donde por ejemplo los niveles educativos en Monterrey están casi al mismo nivel que en Chile, mientras que en Chiapas tenemos niveles de educación por debajo de Guatemala o de El Salvador, y yo quiero preguntarles aquí esta tarde: si no hacemos nada por revertir eso, ¿no será que si seguimos como hasta ahora lleguen a ser casi irreconciliables, en algún momento, un México del Norte con un México del sur o del sur- sureste? Quiero compartir estas brechas que me parecen realmente alarmantes. Déjenme rápidamente, sin el propósito de querer cansar, decirles qué pasa en los municipios más ricos y en los más pobres de México. En los más pobres de México, la escolaridad promedio es de tres años, apenas, y es promedio, mientras que en países como Estados Unidos y Canadá es de entre 12 y 15 años de educación promedio; en esos municipios el 63 por ciento recibe ingresos inferiores a un salario mínimo, y sólo el 53 por ciento de los hogares dispone de electricidad, mientras que en los municipios de mayor desarrollo, el analfabetismo ha sido prácticamente erradicado, la escolaridad promedio es de nueve años y casi la totalidad de la población recibe ingresos superiores al salario mínimo. A estas grandes brechas podría aumentar otras para tener un cuadro de referencia más completo. Las brechas rebasan lo meramente económico, las tenemos en el desarrollo tecnológico, en el desarrollo regional. Esta mañana decía el secretario de Salud, Julio Frenk, que en el municipio más pobre de la Sierra Tarahumara si lo comparamos con el municipio más rico de Nuevo León, en esperanza de vida hay 17 años de diferencia. Esto quiere decir que un niño que hoy nace en la región Tarahumara tiene una expectativa de vida 17 años menor que un niño que nace en las inmediaciones de Monterrey. En las zonas de muy alta marginación, el 40 por ciento de los nacimientos los atiende personal calificado, sólo el 40 por ciento, y aquí yo diría que tenemos que abrir las oportunidades. Es decir, los mexicanos empiezan la tarea de su vida en líneas de salida diferentes. Hay mexicanos que empiezan más adelante que otros, y diría que necesitamos asegurar por lo menos un arranque de mucho mayor igualdad en la vida de muchos mexicanos. Pero tal vez la mayor brecha, la más preocupante de todas, la que urge revertir de manera inmediata, es la brecha de carácter educativo. Déjenme decirles que por cada año más que nos educamos el ingreso económico de una persona aumenta entre ocho y diez por ciento a lo largo de toda su vida. Es en la brecha de la educación donde se está agudizando la brecha entre la pobreza y la riqueza. Sin embargo, en México casi el 10 por ciento de nuestra población es todavía analfabeta. Tenemos 30 millones de personas mayores de 15 años que no concluyeron los estudios de primaria y secundaria. Hoy yo me siento especialmente esperanzada porque le pedí al Presidente poder participar en el gabinete económico y lo ha aceptado, soy parte del gabinete social, pero también asisto y puedo tomar decisiones en el gabinete económico y creo que esto es fundamental. Aquella crítica de que la economía caminaba por un lado y el desarrollo social por otro, me parece que en muchos momentos del país ha sido válida desafortunadamente; un poco como aquella frase que escuché recientemente que decía: a los atropellados de la política económica los tiene que recoger la ambulancia de la política social, pero no podemos seguir pensando en el desarrollo bajo un principio o una realidad como ésta. La política social no puede recoger a los atropellados de la política económica; al final de cuentas la política económica debiese ser una herramienta para garantizar un mayor y mejor desarrollo humano, y por supuesto un mayor y mejor desarrollo social. Y no es que hoy sea Día Internacional de la Mujer, pero sabrán que la brecha también en la vida de las mujeres sigue siendo grave y significativa en México: somos más del 50 por ciento de la población en este país; somos las que más votamos en el proceso electoral; esto lo vimos recientemente el dos de julio: sí, las mujeres y los jóvenes fuimos un factor determinante del cambio y de la nueva circunstancia del país. Sin embargo, déjenme decirles que no tenemos una sola mujer encabezando un gobierno estatal; entre 500 diputados hay 420 hombres y solamente 80 mujeres. Cuando me invitaron a formar parte del grupo parlamentario, donde estuve desde el primero de septiembre hasta poco antes del primero de diciembre, en el Congreso, recuerdo que del grupo parlamentario éramos 207 y menos del 12 por ciento mujeres, y dos días antes del primero de septiembre, de la toma de protesta, teniendo un encuentro, uno de los compañeros diputados le mandó una nota al coordinador, a Felipe Calderón, y le preguntó qué hacer para evitar que tantas mujeres sigan entrando al grupo parlamentario. No éramos ni el 12 por ciento y ya se sentían severamente amenazados; ninguna mujer contendió para la Presidencia de la República y entre los 100 empresarios más prominentes de México solamente se cuenta una mujer, y actualmente 4 millones de mexicanas sostienen solitas sus hogares. Dicen que los chinos afirman que las mujeres sostienen la mitad del cielo, pero yo en México creo, y lo he comprobado en muchas acciones, que hay mujeres que sostienen el cielo entero y hasta uno que otro marido. Aunque luego no es fácil que lo consientan, pero sabemos que es cierto. Debo decir que, en la Secretaría de Desarrollo Social, los proyectos productivos más exitosos son aquellos que manejan prioritariamente las mujeres; la experiencia nos ha enseñado a que no demos un crédito para las empresas socialmente productivas si el 50 por ciento, por lo menos, no está constituido por mujeres. Y esto no es una cuestión que se decidió porque ahora el Presidente me invitó: cuando llegué ya operaba así, y ya operaba así porque son las que pagan mejor, las que no se lo gastan en la cantina, porque son las que pueden ser mucho más exigentes en el cumplimiento de los programas y porque en ellas hay una gran capacidad emprendedora. Las brechas son grandes entre un México mestizo y un México indígena. Hoy, de cada 10 niños indígenas que mueren, ocho niños mueren por un problema gastrointestinal. Este es el México de verdad. Hablaba yo en una conferencia recientemente en Monterrey, y yo les decía a las esposas de algunos empresarios, que mientras más de una que me acompañaba se preocupa todas las mañanas, o sufre la terrible angustia de "no tener nada qué ponerse", en otras regiones hay mujeres que viven una angustia mayor, por no tener una medicina con qué salvar la vida de sus hijos. Estos son los Méxicos de nosotros, y tenemos que ver y tenemos que voltear y reconocer que existen, porque la superación de la pobreza es un reto y una responsabilidad fundamentalmente de carácter ético. Yo tengo muchos amigos en muchas partes, pero muchos de ellos en la comunidad judía, y recientemente me invitaron a presentar un libro de cómo ellos han superado la pobreza y creo que lo han hecho muy bien. Porque aquí, entre nosotros ¿quién conoce un judío pobre, pobre, pobre?, pues yo todavía no lo conozco. Y entonces en uno de los principios que ellos tienen, primero tienen una vida comunitaria muy importante, pero hay un principio: ellos dicen que prefieren prestar que regalar. Claro que es un principio que algunos manejan con gran maestría, eso de los préstamos se les da y eso hay que reconocerlo. Pero ellos tienen un principio y me parece que es un principio válido, un principio de prosperidad. Ellos dicen: prefiero prestar, primero porque, entonces, tiene que ser responsable de pagar; pero en segunda instancia te prefiero prestar para que te coloques sobre tus pies y puedas vivir por ti mismo y no tengas que vivir sobre los pies de alguien más. Esta es la nueva visión de esta administración. ¿Cómo transitamos del paternalismo, del asistencialismo; cómo transitamos para acompañar a las más y a los más pobres de tal manera que respetando su vocación, su cultura, su idiosincrasia, sabiendo que quieren seguir siendo lo que son pero no quieren seguir estando como están, sean capaces de superar en el ejerció de su libertad y de su voluntad la situación de pobreza en que viven? Hacia allá vamos y hacia allá estamos transitando y no va a ser un camino fácil porque hay que romper ese esquema cultural, porque todavía cuando vamos a las giras de trabajo, recibimos cartas, peticiones. Decía el señor Presidente: de cada mil cartas que me entregan, 999 son para pedir y una de ellas es para ofrecer. Y la gente salta las vallas y vence al Estado Mayor Presidencial, porque sí se nos da la cuestión ésta de la agilidad, como hace rato que el secretario de Economía que creo que venció algunas vallas y tuvo una carrera contra el tiempo, así es un poco lo que vivimos en las giras, y de pronto la gente nos entrega la carta, y respira tranquila, y se va a su casa a empezar a escribir la siguiente carta, y esperando a quién entregársela seis años más tarde: no hay peor pobreza que la minusvalía mental. No hay peor pobreza que no ser capaz de salir por cada uno de nosotros mismos. No hay peor pobreza que caer en la cultura permanente de la dependencia con qué incentivar el quedarnos en la pobreza. Creo que ese es en el fondo el reto más importante que enfrentamos. Esa es la nueva visión de la Secretaría de Desarrollo Social. Y quiero hablar brevemente de cuatro ejes o visiones sobre las cuales estamos trabajando esta nueva visión. La primera de ellas es que la pobreza es de carácter multidimensional; es decir, a mí me preocupa mucho que cuando se habla de pobreza, se voltea a preguntarle a la Sedesol qué ha hecho a favor de los pobres del país, cuando no todas las causas las tenemos en la Secretaría de Desarrollo Social, y quiero hablar entonces de esta visión y de estos ejes para superar la pobreza. El primero de ellos es que hay una dimensión económica: ningún país del mundo, eso está comprobado -más allá de las ideologías-, en ningún país del mundo que haya superado la pobreza, lo ha podido hacer si no ha tenido o ha sido acompañado por el crecimiento sostenido de su economía. Es decir, para vencer a la pobreza tenemos que crecer en la economía. Pero tenemos que crecer de manera sostenida. Para vencer a la pobreza tenemos que ser capaces de crear estabilidad financiera, de crear estabilidad monetaria. Para crecer y para vencer la miseria tenemos que tener capacidad de ahorro, de inversión y también de reinversión. Para crecer debemos eliminar las brechas que hoy tenemos en materia hacendaria: 100 millones de mexicanos y menos de seis millones de contribuyentes cautivos. Pero me parece que éste es uno de los grandes desafíos: se requiere operar bien en la economía para que podamos tener una condición de superación de la pobreza, pero no es suficiente, es un requisito indispensable, pero no es siempre suficiente. Necesitamos también la dimensión física: ¿qué quiere decir esto?, la promoción de la vivienda en México. La vivienda se ha convertido en un ataúd para muchos mexicanos: ahí se nace, ahí se crece, ahí se casan, ahí se mueren. Es cierto que en México se construye vivienda, pero es cierto que gran parte de ella está en mercados informales. Hoy tenemos en la secretaría un agresivo programa de pisos de cemento: los pisos de cemento son indicadores de desarrollo urbano de los países, y no tienen idea de cómo le cambia la vida a un mexicano cuando en lugar de tener un piso de tierra, tienen la posibilidad de vivir en un piso de cemento; es la infraestructura, son las carreteras, son los puentes, son los caminos, son los aeropuertos. Esta es la dimensión física para superar la pobreza. Ahora, en la secretaría, y el Presidente lo ha anunciado, está el Programa de 250 Microrregiones, y aquí en la Coparmex, particularmente, nos da mucho, porque me siento muy orgullosa de contar con la colaboración del licenciado Antonio Sánchez Díaz de Rivera, que es querido y conocido en Coparmex ya que él encabeza el Programa de 250 Microrregiones y en este programa vamos 11 secretarías de estado a trabajar simultáneamente, porque esta vez no basta que llegue Sedesol: tiene que llegar la Reforma Agraria; tiene que llegar Comunicaciones, Economía, Hacienda, Semarnat, Turismo. Tenemos que dar este nuevo enfoque para recibir respuestas mucho más rápidas y eficientes, pero también hay una dimensión personal, esa es la tercera dimensión para superar la pobreza: la dimensión que tiene que ver con la educación, con la salud, con la eficiencia, con la nutrición, la alimentación. Ahora, en estos recorridos que hemos hecho en el país, tal vez algunos de ustedes o algunas de ustedes lo hayan vivido también, tenemos que enfrentar los rostros de la desnutrición, enfrentar los rostros del hambre: no puede haber desarrollo social si no tenemos un trabajo de la dimensión personal, porque estamos hablando fundamentalmente del desarrollo humano. Y la cuarta dimensión que quiero compartir es la dimensión social, es la familia, son los valores de una sociedad, son los niveles de ética con los que compartimos los mexicanos. Decía Enrique Alduncín, en una investigación que realizó hace dos o tres años en este país, que en México tenemos una ética infantil, que obedecemos fundamentalmente por miedo, no por convicción. Decía Alduncín, y preguntando a mis alumnos de la Universidad qué era la ética, qué era la moral, uno de ellos se levantó y le contestó: pues mire, la moral es un árbol que da moras... decía que ese fue el principio para partir y da una serie de estadísticas, y Enrique Alduncín decía que casi el 60 por ciento de los mexicanos no creemos en la justicia; el 38 por ciento de los mexicanos afirman que un pobre político es un político pobre; el 37 por ciento está de acuerdo con que el que no transa no avanza, y dice Alduncin: no me sorprendió que fuera el 37 por ciento, pero lo que más me sorprende es que quienes encabezaban la lista que afirmaban que el que no transa no avanza eran los egresados de maestría; es decir, encabezaban la lista en materia de corrupción; el segundo lugar lo tuvieron los ingenieros; el tercer lugar fueron los médicos y alguien preguntaba: doctor Alduncin ¿qué pasó con los abogados? Bueno, respondió, lo que pasa es que ellos, antes de publicar la encuesta... se la robaron. ¿Por qué quiero hacer mención de esta dimensión ética? Revisaba recientemente una encuesta en el gabinete, que presentaba que los mexicanos afirman que el principal obstáculo para enfrentar la pobreza es la corrupción. Yo creo que es un tema central. Debe ser realmente significativo; hablo de la dimensión social de la confianza, la dimensión social de ese capital social que requerimos si queremos avanzar en un marco jurídico de Estado de Derecho: esos son los cuatro ejes de la visión de la política social. Queremos impulsar el federalismo, pero no queremos confundir el federalismo con feudalismo. En el federalismo no solamente se trata de asignar o descentralizar recursos. En el federalismo hay que descentralizar, pero a cambio hay que rendir cuentas; a cambio hay que transparentar; a cambio hay que hacerse corresponsables en esta tarea de superación de la pobreza. El signo de esta política social se llama corresponsabilidad y creemos que si no es con sentido de corresponsabilidad, no podremos vencer ni la dependencia, ni el parternalismo, ni tampoco lograremos superar la pobreza. Dicho de otra forma, los pobres tienen casa, pero no tienen títulos; tienen cosecha, pero no tienen certificado de propiedad; tienen negocio, pero no escrituras de constitución, ni acciones que permitan a sus activos crecer, para llevarlos a una vida paralela en el mundo de la formalidad. Dicho de otra manera, los pobres necesitan un mayor facultamiento y nosotros necesitamos trabajar para minimizar sus riesgos, ya que ellos carecen de interlocución. No tienen derechos de propiedad y la mayoría viven en esquemas de informalidad. En ocasiones ya lo decía yo, la vivienda se convierte en el propio ataúd. Los pobres tampoco tienen derecho al crédito, aunque en esto puedo ser mucho más amplia. Reconozco otra realidad también en materia de créditos para los pobres de este país, pero si así no hay poder de interlocución, imagínense para los pobres. Tampoco tienen derecho a la salud. El doctor Frenk afirmaba que cada año se empobrecen dos millones de familias en México. Tampoco tienen derecho a darse cuenta, en ocasiones, de su propio valor como persona. ¿Cuáles son los aliados de la pobreza? La pobreza tiene sus aliados y el desarrollo también lo tiene. Los aliados de la pobreza: la desnutrición, la ignorancia, la falta de habilidad, la discriminación, el aislamiento, la enfermedad, la escisión social, los bajos salarios, la inseguridad. Los aliados de la prosperidad: la educación, la salud, la alimentación, la equidad, la competitividad, pero también los valores civiles, la esperanza, la honestidad, el respeto a la vida, la paz social. Queremos ser aliados de ese cambio, queremos ser aliados de la prosperidad. En la pobreza no se garantiza la democracia, ni tampoco se garantiza por mucho tiempo la paz social. En la pobreza no se garantiza que tengamos consumidores que puedan venir y adquirir nuestros servicios; en la pobreza no se garantiza el desarrollo social y la justicia. Lo más importante es construir un camino para que los pobres dejen de serlo: esa es la apuesta, que los pobres dejen de serlo. Sabemos que seis años no serán suficientes para revertir lo que ha tardado décadas, o lo que en otras zonas del país ha tardado siglos. Quiero dejar claro que los pobres tienen prisa, que el tiempo de los pobres no es nuestro tiempo y que todos los que estamos hoy aquí en este salón tenemos algo que podemos brindar, que podemos sumar, con que debemos acompañar. Como muchos de ellos están en un esquema verdaderamente de sobrevivencia yo plantearía algunas reflexiones que quisiera dejar sobre la mesa: todos los niveles de pobreza y marginación ya son una amenaza, incluso para la seguridad nacional. De continuar las tendencias de marginación y de rezago llegaríamos a un punto donde no podamos reconciliar estos dos Méxicos: ¿es posible lograr justicia y desarrollo con estas brechas?, ¿acaso pobres y pobreza son sólo responsabilidad del gobierno? ¿o sólo del mercado? ¿estamos a tiempo? Yo me atrevería a adelantarme a la respuesta: estamos a tiempo, porque hoy vivimos una nueva posibilidad en este país. Estamos a tiempo porque tal vez nunca como antes vivimos la posibilidad de un proceso democrático en el ejercicio de la libertad, la transparencia. Porque hay bases para seguir siendo productivos. Porque hay un espíritu emprendedor. Porque hay audacia. Porque hay voluntad de hacerlo bien y hacerlo distinto. No sólo queremos administrar mejor; queremos hacerlo distinto. Creo que es el tiempo para atrevernos a construir nuevos caminos, a enfrentar nuevas fórmulas. Yo estoy profundamente esperanzada y sin ella creo que no hubiera aceptado estar aquí; no hubiera aceptado la invitación que me ha hecho el Presidente de la República, y por eso me parece que debemos privilegiar la esperanza sobre el miedo. Tenemos que disentir, tenemos que discutir, tenemos que debatir, eso nos enriquece. Lo que hoy está en juego no solamente es la reforma hacendaria; no es solamente la reforma eléctrica o la ley de desarrollo rural,. Lo que hoy está en juego no es solamente lo que sucederá el próximo domingo, o de aquí a un mes o a seis meses o en el próximo presupuesto en el Congreso de la Unión. Lo que aquí está en juego es el presente y el futuro del país: nos ha costado demasiado llegar hasta donde hemos llegado; hay muchos empresarios en México que lo han conseguido, no gracias sino a pesar de una gran cantidad de obstáculos y de diferencias. Yo diría que son tiempos de unidad, es tiempo de tejer redes, es tiempo de construir alianzas; es tiempo de construir puentes donde no existen, y es tiempo de acortar aquellos puentes que ya existen, y hay que caminarlos de ida y vuela. Son tiempos de audacia también, porque finalmente no se trata de cantidad, no se trata de que yo vaya en septiembre a dar la glosa del informe y diga que ante el Congreso de la Unión damos tantos desayunos, nos hemos gastado tanto en tantos municipios. Miren, ustedes lo saben muy bien, no es un asunto de cantidad, es una cuestión de cómo llegamos, de qué tan cerca llegamos, de con quiénes llegamos, de en cuánto tiempo llegamos. Es un reto de velocidad y más nos vale que nos apresuremos. Y en esto de la velocidad hay una anécdota que a mí me gusta contar mucho, porque creo que refleja mucho lo que hemos estado viviendo. Hay dos amigos que se van a la selva a cazar un león y llevan la mochila, el bag-pack, el rifle, la tienda de campaña, y de manera imprevista, en un matorral, aparece un león y los empieza a perseguir, y ya los va a alcanzar y se los va a comer y cuando uno de los amigos se para, saca de su mochila sus tenis de carrera veloz y se los empieza amarrar, y el que viene junto le dice, pero para qué te paras, qué no ves que ya nos va a alcanzar, que no ves que ya nos va a comer, ¿para qué te pones los tenis?, y éste voltea y le contesta: Fíjate muy bien que a ese que viene aquí atrás, yo no sé si le voy a ganar, pero a ti sí mano... En fin, ese es el reto de la velocidad. Por que el tiempo de ellos no es nuestro tiempo, y tienen prisa, y quieren ser vistos, y quieren ser incluidos. Y yo lo que quisiera pedirles esta tarde, es que nos den un voto de confianza, es que nos ayuden a generar los empleos que los pobres nos están pidiendo para vencer a la pobreza, es que se acerquen, para que juntos logremos proyectos productivos que sean sustentables, es que los acompañemos, es que tengamos un México del cual sentirnos profundamente orgullosos. Alguien me decía que por qué acepté si está muy difícil, y le dije: mira, por una sola razón: porque éste es el único país que tenemos: es el país de nuestros abuelos, es el de nuestros padres, es el mío y es el de mis hijas. Y anhelo que siga siendo el de las hijas de mis hijas, y que lo vean con más orgullo, y que vivan con más seguridad, y que apuesten y que sepan que fuimos capaces de vencer esta cultura y estas prácticas de subdesarrollo. Así que ojalá que acepten este compromiso. Ya casi sin preguntarles estoy dando por hecho que tienen muchas ganas de decirme en qué nos van a ayudar, aquí a la salida vamos a levantar unas listas en que esperamos que las propuestas y las alianzas puedan multiplicarse. Finalmente, ¿por qué digo que no se trata de cantidad? Porque podemos tener muchas escuelas, pero mala calidad y baja cobertura; porque podemos tener muchos centros de salud, pero sin medicinas suficientes; algunos otros hasta sin médicos; porque podemos tener créditos, pero pueden ser escasos o muy caros; porque podemos tener trabajo, pero puede ser en la informalidad o pueden ser muy mal pagados; porque podemos tener gasto público, pero podría ser mal enfocado o no invertido donde realmente se necesita; porque tendríamos avances macroeconómicos, pero tal vez también bolsillos vacíos; porque podríamos tener vivienda, pero no tener derechos de propiedad; porque podríamos tener industrialización, pero no tener condiciones de una vida digna; porque podríamos tener muchas familias en el INEGI, pero tal vez mayor violencia intra familiar o muchos más hogares rotos; porque podríamos hablar de muchas mujeres que se han incorporado al mercado laboral, pero tal vez sin equidad, o en condiciones desfavorables; porque podríamos hablar de muchos mexicanos que tienen sus changarros o negocios, pero tal vez sin escrituras o títulos formales. Así que vayamos juntos a la superación de la pobreza. Ojalá que nadie, que ninguno de los que estamos aquí se guarde una buena idea; ojalá que ninguno de los que estamos aquí deje guardado un esfuerzo, un intento más por realizar, un voto de confianza más que otorgarnos, una posibilidad de hacerlo juntos, cuando durante muchos años el gobierno y el sector empresarial, no solamente vivieron lejos sino en muchos momentos inclusive confrontados. Tenemos un propósito común, esa apuesta es que gane México porque para él estamos trabajando, y ya que así lo dice la sociedad y son las exigencias de la transición; creo que no hay mayor exigencia de la transición que aceptar que este país ha cambiado, y nos toca ser parte fundamental de este cambio y ser una sociedad profundamente participativa. Terminaré simplemente diciendo que estoy segura -no me cabe duda-, estoy segura que los mejores tiempo de este país nos están aguardando, pero también me parece que tenemos que salir a su encuentro, eso en Coparmex se sabe muy bien desde hace muchos años. Muchas gracias. |