PANEL: LA SOCIEDAD Y LAS EXIGENCIAS DE LA TRANSICIÓN
Intervención del Dr. Ulises Beltrán Ugarte, Director del Despacho Beltrán y Asociados.
8 de Marzo del 2001.

Antes que nada quiero agradecer muy cumplidamente a la Coparmex esta invitación. Espero poder satisfacer sus expectativas.

Lo que trataré de hacer en esta ocasión es ofrecer a ustedes una panorama muy rápido y muy sucinto de cómo se ubica la opinión pública, cómo se ubica la población frente a este fenómeno de cambio tan importante que ocurrió a partir del 2 de Julio.

Si bien el triunfo de Fox no implicó en Julio una mayoría absoluta de votos, no alcanzó el 51 por ciento, el conjunto de eventos que culminaron en la llegada a la Presidencia de un Presidente de un partido distinto del PRI generaron consensos y niveles de aprobación pública que trascienden con mucho el apoyo electoral recibido el 2 de Julio.

Esta pregunta que pueden ver ustedes en esta gráfica, es una pregunta clave dentro de la evaluación de los desempeños gubernamentales que es: Si la población considera que el país lleva un rumbo correcto o no. Si ustedes se fijan el rumbo correcto aumentó de 35 por ciento a partir de Junio a 50 por ciento. Después el rumbo equivocado sufre también este cambio estructural importantísimo que además tiene un segundo momento a partir de Noviembre.

Es decir, a partir de la elección del 2 de Julio la población tiene una consciencia clara y asume que el país, después de haber pensado lo contrario durante mucho tiempo, tiene un rumbo correcto. Probablemente esto sea una de las mejores medidas de la aprobación popular con respecto a la situación del país.

Esta aprobación evidentemente, por su número es obvio, trasciende las fronteras de la identidad partidista y de las preferencias, es decir, esta aprobación de la alternancia se observa hoy aun entre personas que no votaron por Vicente Fox. Obviamente la disposición al cambio de sectores crecientes de la población fue un elemento central en la formación de esta coalición de electores que le dieron el triunfo al candidato de la Alianza por el Cambio.

Sin duda muchísimos factores explican este fenómeno, no es el propósito de esta charla explicarlo, pero en el siguiente cuadro ustedes pueden apreciar algo que me parece muy importante que ocurrió durante la campaña. El peor enemigo o el peor inhibidor de una disposición al cambio es evidentemente la incertidumbre que provoca sobre sus consecuencias, se trate de una inversión económica, se trate de la selección de un gobernante, y si ustedes observan con cuidado mientras que variables importantísimas en una situación electoral como son la adversidad hacia el riesgo y el acuerdo con la manera de gobernar del Presidente no cambian, en las gráficas de arriba pueden ver cómo la certidumbre que adquirió la población sobre las propuestas que hacían en las campañas los distintos partidos políticos, creció de manera muy importante; obviamente la opción política que ofrecía una posibilidad de cambio, bueno eran dos, pero la que lo supo coagular mejor, que fue la Alianza para el Cambio se vio sustantivamente más beneficiada por esta actitud que quiero subrayar como racional del elector en este momento.

Si juntamos esta información, lo que quiero transmitirles a ustedes es la idea de que el nuevo gobierno llega al poder como resultado de un deseo de cambio que ya estaba presente en la población, que su campaña exacerbó de una manera importante y sobre todo a partir de una decisión racional del elector.

Como cambio de gobierno y como paso definitivo a la consolidación de un sistema político democrático, como transición, este proceso modificó algunas de las opiniones arraigadas que la sociedad tenía de la política. Por primera vez la confianza en la democracia electoral se consolida, hecho fundamental en cualquier ambiente democrático porque dota a los nuevos gobernantes de una plena legitimidad electoral.

Si ustedes observan, en esta gráfica la percepción de limpieza de las elecciones explota desde 1998 de un 30 por ciento de aprobación a una aprobación que llega a niveles del 80 por ciento, se corrige después, es demasiado 80 por ciento y esperemos que tengamos el talento y la capacidad de sostener este importante acervo de toda democracia que es la confianza en sus instituciones fundamentales que dan acceso al poder, se consolide y permanezca en esos niveles de aquí en adelante.

Voy a hacer una pequeña digresión aquí que tiene que ver con la Coparmex. Para que hayamos llegado a esto ocurrió una enorme transformación institucional que se reflejó en la modernización de los instrumentos electorales. A partir de 1990 la creación del padrón electoral con fotografía, la redefinición de las secciones electorales, la manera de integrar las autoridades en la elección, etc., jugaron un papel determinante en la posibilidad de que la alternancia en el poder y esta consolidación de la confianza en las instituciones tuviera lugar.

En todo este proceso de creación institucional, la investigación de opinión pública y los medios de comunicación jugaron un papel determinante. Si ustedes recuerdan crecientemente encuestas pre-electorales nos daban una idea de por donde venía la elección y las famosas encuestas de salida y conteos rápidos le permitían a la sociedad conocer inmediatamente los resultados electorales aun antes de que la autoridad los contara. Esto es de la mayor importancia porque en sentido estricto y hablando en plata le quita a quien cuenta los votos la posibilidad de manipularlos, porque se hace público inmediatamente el resultado electoral.

Una de las grandes ocasiones o de las ventajas que tuve en mi trabajo fue trabajar en 1994 con la Coparmex para el desarrollo de sus ya famosos y muy importantes conteos rápidos que han pasado a ser parte del escenario electoral, de lo cual pueden estar muy orgullosos y esperemos que muy pronto no tengan que seguir haciendo sino que la confianza en los medios de comunicación sea suficiente para que este esfuerzo lo cumplan ellos y también esperemos que nunca se equivoquen como los medios de comunicación en Estados Unidos en la elección de Florida.

Perdón por la digresión pero creo que valía la pena decirla. Retomo la exposición. ¿Qué es lo que implica para la población en sentido muy general este cambio de gobierno? ¿Qué es lo que, en relación a lo que espera del país, siente la población a partir de este cambio? Como pueden ver en la pregunta: ¿Con lo que usted ha visto o escuchado hasta el momento las medidas y acciones que está proponiendo el nuevo gobierno le generan?... Confianza.

Cuando una nación pierde la confianza en sus instituciones pues las posibilidades de gobernabilidad desaparecen y son sustituidas por formas autoritarias de esto. También la población considera claramente que las acciones de lo que estaba proponiendo el nuevo gobierno son un cambio verdadero. Es decir, la población confía en lo que se le está ofreciendo y lo considera cierto.

Sin embargo, y aquí viene lo importante de la exposición, la naturaleza del cambio esperado presenta todavía algunas facetas poco definidas. Para la mayoría de los analistas políticos, la derrota del PRI trae consigo por sí sola una transformación esencial que pone fin al régimen presidencialista y de partido hegemónico. La población es bastante más escéptica al respecto.

En primer lugar, si bien, como pueden observar ustedes, la mayoría piensa que se trata de un cambio de sistema, o sea, la disyuntiva es ¿Usted que creé, es un cambio de sistema o sólo es un cambio de persona? Si bien la mayoría por un escaso margen piensa que se trata de un cambio de sistema, un porcentaje casi igual de personas supone que se trata sólo de un cambio de personas en el gobierno.

Es decir, sólo una diferencia en Noviembre del 2000, sólo un 6 por ciento más de la población pensaba que es un cambio de sistema, de la cantidad de gente que es muy escéptica al respecto y supone que se trata sólo de un cambio de personas.

Esto se hace bastante más complejo cuando se le pregunta a la población: ¿Qué tan seguros están de que con el nuevo Gobierno se resuelvan los problemas? Cuando se hace esta pregunta aparece un panorama muchísimo más ponderado de las expectativas de cambio y también de manera indeseada o como consecuencia, indirectamente un ordenamiento de las prioridades de la población.

Si ustedes ven la primera columna que es claramente el "confía mucho", en ningún lado supera al 20 por ciento. Por otro lado, que también quien piensa que "nada" no supera nunca el 25 por ciento. Si ordenamos las cifras de escepticismo de la población con respecto a: ¿Qué tan seguro está de que las cosas van a mejorar? Esta gráfica muestra claramente el escepticismo de los mexicanos en cuanto a la asociación de los problemas y el ordenamiento es revelador. Para empezar el 55 por ciento de la población piensa que los problemas de narcotráfico no se van a resolver, en este orden, alza de precios, pobreza, conflicto en Chiapas 8esta información es de Diciembre, probablemente hoy ya es muy distinta), corrupción, seguridad y desempleo, del cual sólo el 35 por ciento piensa que no se va a resolver el problema del desempleo.

Yo creo que el gran reto de la transición es cómo transformar las expectativas de la población en políticas públicas que tengan un impacto perceptible en la población. Esto demanda, por un lado, cambios y redefiniciones del entorno institucional que define y posibilita las políticas públicas; en segundo lugar, recursos para realizarlas.

En un contexto democrático como en el que vivimos, para activar ambos recursos, cambio institucional y presupuesto, es indispensable construir los consensos necesarios con todos los actores políticos que forman y participan del gobierno: partidos políticos, gobiernos locales, Legislatura, Poder Judicial, etc.

En cualquier régimen presidencialista el Presidente puede y de hecho acude al prestigio público, al apoyo popular como un elemento de apoyo a sus iniciativas. Esto lo hace por medio de lo que se conoce como campaña permanente, esto es una combinación de construcción de imagen y cálculos estratégicos que diluye la frontera entre gobierno y campaña y redefine al gobierno como un instrumento diseñado para mantener la popularidad de los gobernantes.

Ciertamente el gobierno actual apuesta de una manera muy fuerte a una popularidad, que según las encuestas publicadas es muy alta, según el Reforma a mediados de Enero el 70 por ciento de los ciudadanos aprobaban la gestión de Vicente Fox, sin duda una cifra muy alta.

Indudablemente esta estrategia tiene limitaciones propias del contexto político específico en el que se desarrolla. Por ejemplo, los oficiales electos, legisladores o ejecutivos, no pueden reelegirse, lo cual le impone una limitación muy importante a su estrategia de campaña permanente pero sobre todo corre el riesgo de levantar expectativas no racionales, más bien esperanzas que a la larga pueden no ser satisfechas.

Como se puede ver en esta gráfica, muchas cosas cambiaron como vimos antes, pero otras no. Para la población dos problemas se alternan en la esfera de sus preocupaciones o en lo que la población define como el problema más importante del país: la economía y la seguridad pública. Y si ustedes observan con atención la gráfica podrán ver como es una suma cero. Cuando ocurren eventos de seguridad pública muy graves la economía es desplazada, sube la percepción de la inseguridad pública como principal problema del país y viceversa.

La economía en alrededor del 40 por ciento, la seguridad pública en una media de 30 por ciento como problemas más importantes percibidos por el país. Y lo que quiero destacar es que no cambian a propósito o como consecuencia de la elección del 2 de Julio. Si lo vemos en detalle, ustedes se pueden dar cuenta de la importancia que tiene por sí sola la inseguridad pública como el problema más importante del país, pero si ustedes juntan crisis económica, desempleo, inflación y pobreza como problemas económicos, constituye un bloque de preocupaciones comunes en su naturaleza que compite de manera muy importante con la inseguridad.

Esta gráfica refleja la manera como las personas evalúan la situación económica personal al momento de la entrevista. Si ustedes se fijan, en sentido estricto la percepción de situación económica mejor se mantiene constante, prácticamente alrededor del 35 y el 40 por ciento y tampoco cambia. Es notable esta disminución importante de la percepción de empeoramiento económico posterior al 2 de Julio, sin embargo, si ustedes se fijan y si sumáramos, la mayor parte se fue al "no se", es decir, la gente está muy consciente de una situación económica personal que no ha mejorado y en esto sustenta su percepción de la situación del país.

Y aquí viene el problema, en lo que se refiere a las expectativas, la situación es radicalmente distinta. Si ven ustedes hay un salto descomunal de la percepción de la expectativa de una mejor situación económica del año próximo posterior a la elección del 2 de Julio.

Mientras que objetivamente hablando podemos esperar una situación económica, por lo menos incierta y con dificultades si no es que con pocas posibilidades de crecimiento sustantivo, la población expresa unas expectativas económicas enormes.

Estoy absolutamente seguro que estas expectativas están íntimamente relacionadas, son una parte sustantiva del sustento del acuerdo de la población con la manera de gobernar de su presidente.

Por otro lado, en estas circunstancias, el problema que enfrenta un gobierno popular es: ¿Cómo trasladar el apoyo vagamente expresado en el acuerdo presidencial en la manera de gobernar en un apoyo a las iniciativas de política y de cambio que requiere para conseguir sus objetivos de gobierno? Ciertamente el apoyo popular en sí mismo forma consensos pero no en todos los casos, es decir, si ustedes ven lo que decía Leo hace un momento, cuando hay un Presidente popular su posibilidad de éxito en el trabajo legislativo por sí solo aumenta y aumenta de manera sustantiva. No estoy seguro de que pueda ser trasladada al caso mexicano esta experiencia americana, perfectamente documentada, simplemente por la inexistencia de la reelección de legisladores y de ejecutivos pero ciertamente, si uno estudia las fuentes del apoyo en el caso del gobierno de Salinas, por ejemplo, a las políticas públicas que inició, que fueron de una transformación muy importante, el apoyo y los consensos que consiguió sobre ellos estaban íntimamente ligados y formaban un círculo con el acuerdo con su manera de gobernar.

Pero esto no es trasladable a cualquier medida. En la gráfica que está enseguida ustedes pueden ver que la población manifiestamente está en contra de la homologación del IVA, no tiene consenso la iniciativa entre la población.

Un cambio como el que nos tocó vivir implicó un largo proceso de modernización institucional y cambios muy importantes en la cultura política de los mexicanos. También estoy convencido, que si bien, la decisión de la mayoría del electorado se basó en una esperanza de cambio indefinida y vaga también obedeció a una opción racional basada en el acopio concienzudo de información. Sin embargo, también despertó expectativas sobre todo en materia económica que difícilmente podemos calificar de racionales. Es decir, más que expectativas racionales, las expectativas económicas son la expresión de una esperanza largamente incubada en la limitación y el desencanto.

Uno de los muchos retos de la transición, el único que podría yo aportar aquí, es precisamente darle a la esperanza una dimensión acotada, una dimensión racional. Eso demanda un gobierno con un alto sentido de su responsabilidad en contradicción inmediata con un gobierno que se empeña en una campaña permanente.

Muchas gracias.