12 de octubre de 2001

Comparencia del Secretario de Gobernación, Lic. Santiago Creel, en la 79 Asamblea Ordinaria de la Coparmex "¿Hacia dónde va el cambio?"

Muy buenas tardes, tengan todos ustedes

Jorge Espina Reyes, Presidente de Coparmex, muchas gracias por la invitación.

A nuestro anfitrión, licenciado Juan Carlos Romero Hicks, gobernador del estado de Guanajuato.

Luis Ernesto Ayala Torres, presidente Municipal de León.

Distinguidos miembros del presidium.

Señoras y Señores:

"¿Hacia dónde va el cambio?" es el interesante y provocativo título de esta Asamblea Nacional de la Coparmex. ¿Cuál es el rumbo que está tomando el país? ¿Cuál es el papel de cada quien en esa ruta?

En esta ocasión me dirijo a ustedes para comentarles acerca de la visión del Gobierno Federal respecto al trayecto que seguimos en lo político. Esta línea de acción tiene, por supuesto, relevantes implicaciones en las actividades económicas del país.

El pasado 7 de octubre el Ejecutivo y las dirigencias de los partidos políticos firmamos el Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional.

El documento ha causado polémica. Sobre todo ha motivado una serie de interrogantes.

¿Por qué un Acuerdo? ¿Por qué este Acuerdo en particular? ¿No es un acuerdo más en la larga lista de pactos que hemos visto desfilar desde mediados de los años ochenta? ¿En dónde está el valor de este documento?

Permítanme dar respuesta a algunos de los comentarios y de los cuestionamientos que le han formulado al acuerdo.

La idea de suscribir un acuerdo surge de un planteamiento muy concreto. La demanda de los propios ciudadanos, en el sentido de que los representantes de la nación nos pusiéramos de acuerdo, que tuviéramos un faro de guía, una estrella que nos pudiera indicar el camino que todos los mexicanos debemos de seguir.

Ese fue, precisamente, el mandato del 2 de julio del año pasado. Es el mandato que hemos venido recogiendo y a él queremos responder con el Acuerdo que hemos suscrito.

Hay que recordar que a ninguna fuerza política se le dio la mayoría de votos en las elecciones pasadas.

El valor de este documento, del Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional, se le puede apreciar desde distintos ángulos.

Primero, lo encontramos en quienes lo suscribieron, en su contenido, por su procedimiento que plantea para ir tejiendo, poco a poco, las bases para un país distinto.

Este es un acuerdo sustancialmente diferente de cualquier otro de los acuerdos que se han suscrito en el pasado.

Si revisamos la historia reciente veremos que hubo dos tipos de pactos. Unos, que ustedes conocen bien puesto que fueron sus protagonistas, tenían como objetivo único superar un problema económico de coyuntura. Fue el caso del Pacto de Solidaridad Económica en 1987, del Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento en 1988, del Pacto para la Estabilidad, Competitividad y el Empleo de 1992 y del Acuerdo para Superar la Emergencia Económica de1995. En estos pactos, por cierto fundamentalmente económicos se fijaban metas concretas sobre finanzas públicas, inflación, aumentos salariales y tipo de cambio.

Otros acuerdos, ya no en el sentido económico, sino más bien en el ámbito político buscaron abordar cuestiones netamente político-electorales. Buscaban reformar el marco jurídico para dar paso a elecciones limpias, elecciones transparentes, a elecciones democráticas.

Tal fue el caso de las conversaciones de Barcelona en 1994 que, entre otras cosas, dieron como resultado la autonomía de los órganos electorales o, unos años después, los compromisos para un Acuerdo Político Nacional, de enero de 1995 o aquellos que suscribieron en el Seminario del Castillo de Chapultepec que tradujo en los acuerdos para la más trascendentes que ha tenido el país, desde el punto de vista político, dado que dieron como resultado las reformas político-electoral de 1996 , una reforma que sin duda, le cambió la faz política nuestra nación.

A diferencia de las experiencias anteriores, fuera de los pactos económicos que se dieron en la década de los 80, y a principios de los 90, o de los pactos políticos que me acabo de referir, este Acuerdo conjuga el ámbito económico con el ámbito político.

Reconoce el Acuerdo para el Desarrollo Nacional que la política y la economía van de la mano y tiene vasos comunicantes de manera permanente. Concibe que si no hay estabilidad política, seguridad jurídica y respeto, por ejemplo, a los derechos de propiedad, no hay un clima de confianza que se pueda establecer para que la economía pueda florecer.

En consecuencia, si no se dan estas variables de manera integral de forma conjunta difícilmente podemos hablar de un crecimiento económico.

Este documento, el Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional ubica las principales problemas estructurales del país y también aborda la parte coyuntural y constituye una plataforma de consenso para que los mexicanos actuemos con unidad, preservando nuestro propia diversidad.

El Acuerdo es la expresión de la voluntad conjunta de los actores políticos para contribuir entre todos al desahogo de los temas prioritarios. No es por otra parte, ni podrá ser, un decreto que erradicara las discrepancias. Eso ya no puede ser posible afortunadamente en nuestro sistema democrático.

Esta acción era necesaria por muchos motivos. En primer lugar, para privilegiar los consensos sobre las diferencias lo que permite conducir de manera más ordenada la transición, el cambio que vive el país y también para consolidar el sistema democrático.

Un compromiso de este tipo, por parte de los partidos políticos, ya a ayudar, sin duda alguna, a superar una situación en donde divergencias muchas veces eran más importantes que los puntos en común o los puntos de convergencia y también esas divergencias muchas veces menores, impedían acuerdos en convergencias mayores.
Coincidimos en que las reformas estructurales no deben ser retrasadas. Ahí compartimos la misma opinión que Coparmex, pero asumimos que no pueden ser impuestas, que las visiones únicas, que las visiones de un solo grupo político ya no pueden prosperar en nuestro país. Se requiere una labor de negociación con las fuerzas políticas y sociales del país.

El Acuerdo lo señala con claridad: nadie en el país cuenta con la mayoría necesaria para decidir, por sí sólo, los asuntos de la agenda política nacional.

Seguramente, en las intervenciones previas, con los diputados y los senadores, pudieron ustedes observar y darse cuenta lo importante que es el poder dialogar, el poder intercambiar ideas de manera respetuosa y que a partir de ese intercambio de ideas pueda establecerse las convergencias sin esconder las divergencias, porque la pluralidad también debe ser un signo de nuestros tiempos y un signo de nuestra democracia.

Se trata, simplemente, de reconocer la realidad política y social del México del siglo XXI, y darnos cuenta de que su pluralidad no permite decisiones verticales, como antiguamente se daba. Que sin acuerdos básicos no hay eficiencia posible ni cambio trascendente.

En buena medida, la pregunta que pone nombre a esta Asamblea se responde a partir de estos elementos. Nuestra diversidad política será el rostro más constante dentro de la época del cambio que nos tocó vivir. La imposición de ideas o la reducción del competidor político, el anilamiento del adversario político, no tendrá cabida en el nuevo México.

Este Acuerdo es un instrumento para construir, no para destruir. El Acuerdo Político pone su acento en la convergencia, no en las diferencias e intenta contribuir para la construcción de un México distinto en el que todos podamos participar. Con los campesinos y los productores agrícolas para los asuntos del campo. Con los intermediarios financieros para las cuestiones relativas a las bolsas, los bancos y los seguros.
Deseamos que puedan participar dentro del Acuerdo Político los empresarios como ustedes, para que puedan plantear las definiciones más precisas a estos aucerdos generales y que le puedan ir dando cuerpo al nuevo modelo político, al nuevo modelo social que, estoy seguro, podemos entre todos construir para el bien de México.

¿Queremos un ambiente de certidumbre económica y desarrollo social? ¿Queremos que las transformaciones se hagan en un contexto de estabilidad política? ¿Deseamos realizar reformas de fondo al tiempo que mantenemos un clima de convivencia democrática? La respuesta, me parece, es afirmativa en todos los casos y solo podremos dar esta respuesta a través de la vía a veces compleja de los acuerdos y de las convergencias no hay otro camino en el nuevo México.

Para avanzar en los pormenores hay que estar de acuerdo sobre la visión de conjunto. De otra manera no estaríamos haciendo política moderna ni tampoco política constructiva.
Entonces, si esto es correcto, lo juicioso es distinguir, primero, cuáles son los elementos comunes entre los mexicanos, entre las distintas fuerzas políticas y sociales de nuestro país, para poder subrayar las coincidencias de conjunto y tener, entonces, una visión integral.

Es precisamente a partir de estas coincidencias que hemos subrayado como podemos pasar a la siguiente fase del Acuerdo, lo que hemos hecho es un primer paso por con la suscripción por parte del Presidente de la República y de los Partidos Políticos, pero el Acuerdo no se agota en ese primer paso.

Entraña el compromiso de que el Acuerdo se ha discutido en el Congreso de la Unión y me han informado que eso sucederá la próxima semana. El Acuerdo se pondrá a votación y a sanción de diputados y senadores.

Igualmente la invitación va a hacerse extensiva a los congresos locales, para que cada una de las regiones y entidades del país pueda pronunciarse sobre el Acuerdo.

Paralelamente, el Acuerdo se pondrá también a consideración de los distintos grupos sociales, en donde Coparemx debe de jugar un papel relevante.
Cada uno de los enunciados en el ámbito económico, en el ámbito político, en el ámbito social deberán ser definidos por la propia sociedad en su especificidad en su detalle.

No podíamos ni debíamos, los actores políticos dar todas esas definiciones, estaríamos, por una parte, suplantando la función del Congreso, si hubiéramos presentado reformas completas y por otra parte estaríamos suplantando la voluntad, la opinión y la participación de las organizaciones sociales. No deseamos hacer ni lo uno ni lo otro.

Consideramos, por otra parte, que la participación de los partidos políticos era decisiva. Recordemos que los Partidos Políticos son el instrumento de la representación nacional. Son las organizaciones que hacen confluir los intereses de los diversos grupos sociales, que encuentran su mejor expresión en el Congreso de la Unión y también en los Congresos locales.

Sabemos, también, que la sociedad está lejos de agotarse en los propios partidos y esto hay que decirlo con toda claridad. Por ello, el Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional busca la incorporación de otros sectores sociales.

Entre ellos, por supuesto, destacan en un primer lugar los empresarios. Ustedes, que son los principales creadores de empleo, motor de la innovación productiva y cuya contribución es fundamental para la economía y el bienestar de la nación.

Nuestro propósito es sumar y articular convergencias. Es responder a los retos que plantea la situación actual de México y del mundo. Pero sobre todo crear las condiciones para que cada nueva negociación sea más tersa y más franca, y con una visión de largo plazo.

¿Qué significa eso? Que el Acuerdo apunta, explícitamente, a una exitosa reforma del Estado. Al cambio ordenado de las normas y métodos que nos rigen, al apuntalamiento de las instituciones económicas y políticas en un marco de democracia, colaboración y libertad.

Se ha dicho que la política no está hecha de meras intenciones. Y esto también se le ha querido aplicar como crítica al Acuerdo Político Nacional. La política es de resultados, en eso se parece mucho a la actividad empresarial.

Pero para que haya resultados, primero tiene que haber propósitos, aspiraciones compartidas. Tiene que haber una definición explícita de estos anhelos que compartimos y en el caso muy particular de la política de los anhelos que compartimos los mexicanos.

Si queremos hacer las cosas bien, de nada sirve intentar quemar etapas. Se tiene que atender lo urgente y preparar el escenario para las modificaciones de fondo que requiere el país. Ustedes en sus empresas lo saben. Igual vale para la política.

Por eso, el Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional tiene un apartado de acciones inmediatas, que responden a la circunstancias de mayor incertidumbre y menor crecimiento económico. Al mismo tiempo, no descuida lo estructural por atender las necesidades del momento. El Acuerdo Político ve de cerca, a través de las acciones inmediatas, y ve de lejos, a través de las reformas estructurales que plantea. Esta vez, en el ámbito político, no nos va a rebasar la coyuntura. No nos va a rebasar lo inmediato, en virtud de que lo que está de por medio es el bienestar de todos nosotros.

Además, el Acuerdo tiene un ingrediente del que carecieron otros acuerdos del pasado: Ámbito internacional. Ahí se refrendan la defensa de la soberanía y los principios de política exterior consagrados por la Constitución y que le han resultado muy exitosos a nuestro país en sus relaciones internacionales.

Al mismo tiempo, se plantea en materia internacional un respeto absoluto a los derechos humanos y la colaboración de la lucha contra el terrorismo, el Acuerdo aborda el tema y se pronuncia por repudiar y combatir al terrorismo en todos sus frentes, por supuesto, que esto lo hace en el marco de los acuerdos internacionales, principalmente me refiero a los acuerdos que surgen de las Naciones Unidas.

En el ámbito económico, la visión integral implica no ver solamente las medidas de carácter hacendario, presupuestal o de promoción del desarrollo. Supone ver también el ambiente social, político e internacional en el que se desenvuelve la actividad productiva. No se puede solamente ver la parte económica sin dejar de ver la parte política, social o el ámbito internacional.

No sólo tenemos que ver qué semilla sembramos, cuánta agua vamos a necesitar y cuál fertilizante utilizamos, sino también cómo adecuamos la tierra para que el resultado sea más fructífero. Sólo un entorno apropiado asegura el desarrollo, el bienestar y la viabilidad de largo plazo de empresas e instituciones.

Hablar de una reforma integral es hablar de una visión de conjunto. Es tener una imagen objetivo del punto al que queremos llegar. Es construir el concepto de un sistema político que sea a la vez democrático y eficiente, que combine la gobernabilidad con la pluralidad y que propicie las condiciones para una economía firme y un crecimiento sostenido.

Es claro que el ámbito estrictamente económico también exige un contexto que fomente la actividad, promueva la inversión y genere condiciones de estabilidad y equilibrio.

Al respecto, el Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional sienta las guías elementales de finanzas públicas, financiamiento, desregulación y distribución del ingreso.

Hay un consenso en lo esencial, nadie propone ya una política macroeconómica irresponsable, particularmente en materia energética o de finanzas públicas.

Es evidente que estas guías generales deben aterrizar en la aprobación de iniciativas concretas, en una legislación actualizada que impulse las reformas estructurales pendientes. Ese aterrizaje, ese tocar tierra debe ser tarea de todos.

Son puntos, entre otros, en los que requerimos de la colaboración de ustedes los empresarios. Nuestra intención es que el sector productivo encuentre en los actores políticos un aliado, y no a un adversario.

Se trata, por lo tanto, de articular un proceso plural e incluyente, en donde todos tengamos un lugar y nuestra voz sea atendida.

México se transforma día con día. Ante esta realidad, todos los mexicanos debemos preguntarnos qué tipo de organización social se requiere para enfrentar los desafíos del presente y del futuro. Ser consecuentes y actuar en consecuencia.

Lo que hemos visto en estos días, desafortunadamente, previos al Acuerdo, es que las diferencias solían magnificarse más allá de su tamaño y por encima de esas diferencias no habían acuerdos, no habían acercamientos y el diálogo se hacía infructuoso.

Es por ello que este primer paso que hemos dado, es un paso firme entorno a una nueva manera de convivir entre los mexicanos.

Aquí, en esta, manera de ver las cosas el verbo no es vencer, sino convencer. No se trata de forzar a los partidos, de vencer resistencias. Se trata de que asuman en su fuero interno la conveniencia y la necesidad de transitar por el camino del cambio con estabilidad, sin perder su identidad ni las características que los hacen diferentes.

Por eso, constato una vez más que en la comunicación y el diálogo son el método a seguir para hacernos de los instrumentos que nos permitan completar la tarea.

Por eso hablamos de gobernabilidad democrática, y no de gobernabilidad a secas.

Nos referimos a cambios sustantivos en el ejercicio del poder, a la gestación de una nueva relación, sincera y constructiva, entre el gobierno y la sociedad.

Estamos por otra parte dando ese importante paso: de la mano de los partidos, vamos de una política en la que el control era lo esencial a otra, en donde se privilegian el diálogo y el consenso, no más imposiciones en el nuevo México.

No estamos trabajando en pos de una gobernabilidad exigida o forzada. Estamos trabajando para que los consensos sean incluyentes, genuinos, establecidoscon plena libertad de los actores. Sólo así esos consensos serán firmes y la palabra se podrá cumplir.

Requerimos que el valor de la representación se refleje en las instituciones y que el valor de la gobernabilidad haga funcional a nuestra democracia.
Tenemos la responsabilidad de actuar con inteligencia. Así lo exigen los tiempos y lo exige la nación.

Tenemos la responsabilidad de actuar para el largo plazo. Que el trabajo de conjunto, y no las sorpresas o los albazos, sean la regla de la vida política y del trato entre el gobierno y los partidos o entre el gobierno y el propio congreso. Para eso, también, se ha firmado este Acuerdo.

Estoy convencido de que el país requiere de muchas reformas de muchos cambios que habremos de realizar todos juntos. El Acuerdo no ha definido las especificidades de estas reformas, pero ha sentado las bases para nuevas reglas de trato político, con una apuesta clara para fortalecer el sistema de partidos y también el sistema institucional nuestro.

El Congreso, dentro de sus atribuciones, hará la discusión a detalle de cada una de estas reformas que hemos planteado. Seguramente, las reformas que de ahí surjan permitirán a nuestra democracia tomar con más rapidez las decisiones relevantes. Eso es parte crucial de la reforma del Estado.

Una democracia ágil es capaz de responder mejor a los movimientos de las economías y los mercados, a los cambios imprevistos en los vientos internacionales, a las demandas de la población.

Es una democracia más eficiente y es ciertamente el tipo de democracia que deseamos los mexicanos.

El Acuerdo es un compromiso serio y trascendente, que asumimos con esperanza y convicción. Es un empeño que se traducirá en nuevos acuerdos. Es una empresa nacional a la que invitamos a sumarse a las fuerzas sociales, y de manera muy especial, a las organizaciones representativas de los factores de la producción.

Tenemos un reto muy grande por delante. Una agenda de cambios sumamente abundante: la renovación de leyes e instituciones que México necesita para superar rezagos,la exigencia de atender al llamado a la corresponsabilidad política y social, la urgencia de responder al compromiso.

Ese reto lo podremos cumplir si damos prioridad a los intereses nacionales.

La firma del documento el pasado domingo es sólo el inicio de un proceso. Ningún sector del país se debe sentir al margen del mismo. Por eso invitamos a la suma de esfuerzos en pos de la sana convivencia nacional, el bienestar social y la certidumbre económica.

Hemos puesto una base para el cambio, en un proceso que reclama que todos los miembros de la sociedad nos involucremos activamente en él. El rumbo está definido en las prioridades nacionales expresadas en el Plan Nacional de Desarrollo y en el Acuerdo Político que firmamos el 7 de octubre los partidos y el Ejecutivo.

Estoy persuadido de que el llamado a ponernos de acuerdo sentará precedente en otras áreas de la vida del país. También, que el Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional habrá de recibir apoyos valiosos y respuestas inteligentes.

Ustedes, como hombres de empresa, saben lo que implica buscar el éxito. El Acuerdo es un llamado a que, entre todos, hagamos de México un país exitoso en una época de confrontaciones internacionales y de retos económicos.

Termino mi intervención respondiendo a la pregunta que da nombre a esta Asamblea.

¿Hacia dónde va el cambio mexicano? Hacia la consolidación de la gobernabilidad democrática, hacia un gobierno que comparte responsabilidades y fomenta la creación de oportunidades para todos.

¿Cuáles serán los detalles? Están aún por completarse, pero sí les puedo asegurar que no será una obra moldeada por una sola mano, sino por las de todos nosotros. Las de todo México.

Muchas gracias.