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Los
retos de la transición mexicana
En
frases
La falta
de rendición de cuentas invade todas las esferas de la vida pública,
por ello constituye la gran barrera que impide que nuestra transición
empiece a dar resultados tangibles y nuestra democracia se empiece a sentir
en la vida diaria.
Por ello
no creo exagerar cuando digo que una pequeña innovación
puede cambiar el curso de la historia y las vidas de las personas que
la adoptan.
...la obligación
de quien está en el poder de rendir cuentas al gobernado pudiera
parecer un cambio menor. Y sin embargo es la brújula que a pesar
de su aparición discreta, ha transformado la vida de muchas naciones.
Por sencillo
que parezca este pequeño cambio: el derecho del ciudadano a la
información y por lo tanto, la obligación de los órganos
del Estado a rendir cuentas, es lo que hace la diferencia entre una democracia
que se practica una sola vez cada seis años, a una democracia que
se ejerce todos los días.
Amigos industriales,
siempre hay un día, una hora, un minuto, en el que algún
cambio silencioso puede cambiar nuestro mundo. Ya adquirimos jubilosamente
el derecho a votar, necesitamos adquirir ahora silenciosamente el derecho
a conocer. Muchas gracias.
Alejandro
Junco de la Vega
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Texto
íntegro del discurso pronunciado por Alejandro Junco de la Vega,
Presidente del grupo Reforma, durante su participación en la Asamblea
Nacional de la Coparmex, el 11 de octubre de 2001.
Un guerrero indio se acercó con el jefe de la tribu para hacer
una consulta: 'Gran jefe, usted que todo lo sabe, díganos como
va a estar el invierno'.
Gran jefe fumó su pipa y le dijo: el invierno va estar muy frío,
ir a cortar madera.
Una semana de afanes después regresaron los guerreros para volverle
a preguntar: 'Pluma Blanca, ¿cómo estar el invierno?, ¿necesitar
cortar más madera?.
Pluma Blanca fumó su pipa, que no sé hierbas le pone, pero
siempre tenía la respuesta y le dijo: 'Invierno ser muy frío,
ir a cortar más madera'.
Después de otra semana de labores, regresaron los guerreros a hacerle
una tercera consulta, en esta ocasión Pluma Blanca les dijo: 'Un
momentito, yo ir a consultar con los espíritus'.
Se retiró a la parte de atrás de la tienda, tomó
su celular y le habló a la redacción de un conocido periódico
de la localidad.
'Oigan ustedes, periodistas que todo lo saben: ¿cómo viene
el invierno?. El periodista le dijo: lo tenemos bien comprobado, el invierno
viene muy frío, andan como locos los indios cortando madera'.
Amigos empresarios, yo tengo mucha información, la he obtenido
de ustedes, yo les agradezco esta oportunidad que me dan para empaquetarla
y compartirla con ustedes en la forma de una reflexión sobre el
cambio, sobre nuestra transición.
Por muy gradual que sea el acontecer del curso de la historia, siempre
hay un día, una hora, un minuto, en el que alguna acción
significativa, se realiza por primera o por última vez.
A veces entendemos y medimos sus consecuencias en el mismo momento de
los hechos, como nos pasó hace unas semanas cuando aviones comerciales,
convertidos en misiles, enlutaron al mundo.
En otras ocasiones, sin embargo, hechos trascendentes que también
cambiarán nuestras vidas para siempre, pasan desapercibidos.
Acciones que con el tiempo nos traerán consecuencias muy profundas,
a veces ingresan a nuestro mundo silenciosamente, sin imágenes
espectaculares y aquello que en primera instancia parecía tener
muy escasas conclusiones, con el tiempo adquiere su verdadera dimensión.
Si irrumpen violentamente a nuestras vidas o ingresan silenciosamente
sin bombo y platillo, y si parecen grandes o pequeñas con frecuencia
se nos dificulta asimilarlas, ¿por qué?, porque todo esto
representa lo mismo: cambio.
El cambio nos hace titubear, nos exige repensar, nos obliga a pasar a
otro estado de discusión donde se pone a prueba nuestra capacidad
de enfrentar un futuro que ya se hizo presente.
¿Qué tanto cambio están ustedes dispuestos a aceptar?.
¿Qué tanto cambio podemos tolerar?, y esto se los pregunto
con una acción muy discreta, muy especifica en mente: la de abrir
o dejar cerrada una muy importante puerta, que de tanto polvo y telaraña
parecería irrelevante.
A veces me imagino a un extraterrestre aterrizando en cualquiera de sus
empresas y preguntándoles: ¿Por qué dejan tanto dinero
sobre la mesa?, ¿Cómo es posible que el país sangre
de recursos tan indispensables para su crecimiento?.
Este intruso, que por estar lejos es capaz de distinguir a aquellos países
que se desarrollan a ritmos acelerados, de otros que se mueven tan, tan
lentos que parecían estar estancados, nos diría: ya lograron
un sistema democrático, qué bueno. Les falta dar el siguiente
paso, falta darle contenido a la transición mexicana.
¿Cómo?, arreglando su estado de derecho: la mala administración
de justicia les está afectando tanto como la falta de democracia,
suponiendo, sin conceder, que no importaran razones éticas, morales,
de eficacia en la lucha contra la corrupción, les doy una económica.
Cada año nos vemos obligados como país a erogar 90 mil millones
de dólares por concepto de servicio a distintos tipos de deuda.
Para un país como el nuestro, se estima que una cuarta parte de
esa erogación tiene que ver con el denominado "riesgo país".
Ese riesgo que a veces nos suena como un concepto un tanto etéreo,
en realidad se traduce en pesos y centavos que ustedes erogan.
Los mexicanos pagamos entre 20 y 25 mil millones de dólares cada
año por la falta de un marco jurídico institucional que
genere un nivel de confianza en nuestro estado de derecho, similar al
de los países con los que competimos.
Los recursos dilapidados actualmente y requeridos con urgencia para el
desarrollo de México, son una gratificación extra a quienes
tienen el valor de apostarle a una país que conlleva un gran albur:
su estado de derecho.
Ustedes lo saben muy bien, si hay algo que inhibe la competitividad de
sus empresas, es precisamente el alto pago de intereses, producto del
pánico de inversionistas nacionales y extranjeros por nuestro precario
estado de derecho.
Los ejemplos están a la orden del día, carreteras que parecen
senderos del viejo oeste, donde los asaltantes hacen de las suyas, bancos
que no pueden cobrar, estafadores que operan en la oscuridad, piratería
rampante, narcotráfico, fraude, extorsión, secuestros, manejo
de asuntos penales en forma amañada, etcétera, etcétera,
etcétera.
Nuestro sistema judicial no es un sistema viral, esto lo entiende cualquier
extranjero que invierte en nuestro país, y sabe que hay que evitar
a toda costa un litigio en un juzgado mexicano, pues también sabe
que allí hay funcionarios que violan la ley, que se coluden y que
tienen componendas que a la postre terminan siendo asuntos privados.
La oscuridad que cobija la autoridad en México es el ambiente perfecto
para el crecimiento de dos hiedras que envenenan nuestra vida pública:
corrupción e impunidad.
Ciertamente la opacidad de nuestro sistema político va más
allá del sistema judicial, la falta de rendición de cuentas
invade todas las esferas de la vida pública, por ello constituye
la gran barrera que impide que nuestra transición empiece a dar
resultados tangibles y nuestra democracia se empiece a sentir en la vida
diaria.
Los ejemplos de falta de transparencia y por lo tanto de rendición
de cuentas, sobran: el policía que al registrarse un accidente
automovilístico levanta un croquis y tiene la opción de
falsearlo y venderlo al mejor postor, pues a final de cuenta sabe que
es un documento que a pesar de ser público es de acceso restringido.
El director de escuela oficial que está excusado de dar cuentas
sobre el desempeño de los alumnos, pues sabe que cualquier indicador
de desempeño que aplica la Secretaría de Educación
Pública es "información confidencial".
Igualmente el juez o magistrado que goza de plena libertad para manejar
los expedientes de aquellos juicios bajo su responsabilidad, en un ambiente
de absoluta privacidad, al final de cuentas aquella documentación
que fundamenta las sentencias dictadas por el poder judicial, será
información resguardada por toda la eternidad.
Es por ello que ustedes saben santo y seña hasta de la vida sexual
del presidente Clinton, pero desconocen los detalles más básicos
de lo que declaró su Presidente en relación al asesinato
de Colosio.
El Secretario de Hacienda sigue siendo el dueño de toda aquella
información relacionada con los impuestos que pagamos los mexicanos,
tan es así que los presupuestos que elaboran cada año y
que presentan al congreso, están de tal forma cifrados que por
ningún motivo algún ciudadano podría cometer el crimen
de entrometerse en su contenido.
El propio director de PEMEX, una empresa que es de ustedes, ¿cómo
les respondería si ustedes le exigen que les entregue una copia
de los contratos que tiene celebrado PEMEX con el asunto de las coberturas
en el precio del gas?.
La cultura de la transparencia en la función pública es
tan ajena a ustedes mismos que, por ejemplo, aún como lideres no
se atreverían a exigir estar presentes en las deliberaciones económicas
del Banco de México.
Sin embargo, bajo las mismas leyes de reuniones a luz de día, en
el Finantial Bank norteamericano, ustedes sí pueden estar presentes
en las deliberaciones de la FED americana, junto a Alan Greenspan.
Conceptos directamente asociados con la transparencia, como lo son la
rendición de cuentas, y la noción de que en una democracia
el ciudadano debe ser el soberano original, ni siquiera han sido sintetizadas
en palabras de uso común. No tendrían aplicación.
En aquellos países políticamente más desarrollados,
los términos "accountably", "empowerment" son
parte central del lenguaje de la democracia.
Estos dos conceptos fundamentales: rendición de cuentas y el ejercicio
del poder por parte del ciudadano, no surgieron por generación
espontánea.
Son el resultado de esos cambios silenciosos, pero profundos, de los que
hablaba al inicio.
Cuando pienso en este tipo de evoluciones se me va la memoria a un capítulo
de la historia universal, que parecía que no pasaba nada y sin
embargo hoy sabemos que se gestaron grandes transformaciones.
Un ejemplo emblemático de estos cambios a primera vista insignificantes,
es lo que sucedió con la navegación marítima.
Un arte que se ha perfeccionado a través de miles de años,
desde la antigüedad los marineros aprendieron a viajar juzgando la
profundidad del mar y observando.
Hasta el año 1200 había límites verdaderamente infranqueables
para quienes querían explorar los mares.
Una pequeña innovación surgió y de pronto, todo cambio,
el invierno y la mala visibilidad dejaron de representar barreras para
la navegación.
La brújula, un instrumento a primera vista inofensivo, se convirtió
en catalizador del crecimiento y de la expansión del comercio mundial.
Quien fue capaz de capitalizar el potencial de aquella pequeña
innovación pudo alcanzar mayor riqueza y prosperidad, las Ciudades
Estado italianas son un ejemplo claro de esto.
Los barcos de Venecia empezaron a usar el compás magnético
y para el siglo XIII se habían transformado de una pequeña
villa de pescadores al principal imperio del Mediterráneo.
Se pudiera decir que allí tiene su origen, nada más y nada
menos, que la era del Renacimiento, la era de la razón.
Por ello no creo exagerar cuando digo que una pequeña innovación
puede cambiar el curso de la historia y las vidas de las personas que
lo adoptan.
Este es un tema recurrente de la historia, y en la esfera de nuestra vida
pública, la obligación de quien está en el poder
de rendir cuentas al gobernado pudiera parecer un cambio menor. Y sin
embargo es la brújula que a pesar de su aparición discreta
ha transformado la vida de muchas naciones.
Por sencillo que parezca este pequeño cambio: el derecho del ciudadano
a la información y por lo tanto, la obligación de los órganos
del Estado a rendir cuentas, es lo que hace la diferencia entre una democracia
que se practica una sola vez cada seis años, a una democracia que
se ejerce todos los días.
Pero, ¿qué urgencia tenemos para dar este paso?, ¿qué
diferencia hay entre cinco, diez o quince años?, ¿cuál
es la prisa de salir de esta edad media mexicana que tenemos desde hace
70 y que todavía no terminamos de abandonar?.
Me parece que en el título que eligieron para este encuentro está
buena parte de la respuesta, la transición que vivimos hace un
año tiene valor no porque el cambio sea bueno en sí mismo.
Su valor está en que nos impone retos y la ocasión propicia
para enfrentarlos.
La alternancia nos colocó frente al reto de darle contenido a nuestra
vida democrática, haciendo al ciudadano el centro de la acción
de gobierno.
Estamos todavía ante la oportunidad de romper con esa inercia en
la que los individuos somos ajenos a los asuntos públicos y garantizar
a cada mexicano la posibilidad de ser un participante activo y por lo
tanto informado en las decisiones que nos afectan a todos.
El momento para hacer práctica cotidiana nuestra incipiente democracia,
se nos presenta ahora. Difícilmente la volveremos a tener en cinco,
diez o quince años.
Pero la urgencia está no sólo en la oportunidad que se nos
va, está en el peligro que nos queda.
Porque existe un tercer tipo de cambio del que no he hablado, que es muy
dañino para cualquier nación, estoy hablando del cambio
que se anuncia con bombo y platillo y que en primera instancia pareciera
abrir la puerta a transformaciones profundas, pero que al final termina
siendo un acontecimiento tan espectacular como hueco. Estoy hablando de
la transición de membrete.
El dos de julio pasado vivimos un momento inédito, hicimos realidad
un evento largamente esperado: la alternancia, sacar de los Pinos a un
partido que se las había arreglado para permanecer allí
por siete décadas.
La celebración tuvo su justificación, simboliza la oportunidad
de transformar la forma en la que se ha venido sucediendo el poder en
nuestra patria.
Sin embargo, hacer realidad está aspiración ciudadana requiere
mucho más que un dos de julio, se necesitan reformas mucho más
de fondo que aumentar impuestos.
Entre estas hay tres que son medulares: archivos abiertos, reuniones a
puertas abiertas y un sistema judicial abierto.
Así sea la información generada por el Legislativo, Ejecutivo
o Judicial, en el nivel municipal, estatal o federal, es patrimonio del
ciudadano.
Hay que tumbar polvo y telarañas, ingresar al mundo de la transparencia
y así, se los aseguro, le daremos contenido a nuestra transición.
A un año de distancia, el peligro es que la oportunidad histórica
del dos de julio se quede en pirotecnia trivial, en una simple evolución
de nombres y colores de partido.
La verdadera transición debe ir más allá, implica
una redefinición, no más servidores públicos que
al no tener que informar y rendir cuentas se convierten en amos.
No más ciudadanos que al verse imposibilitados de conocer y exigir
se convierten en siervos. No deseamos cambiar de amo, anhelamos no ser
siervos.
Una democracia próspera sólo se podrá edificar en
la medida que se cimienten los pilares que la sustentan.
Si nuestro estado de derecho es débil, si al ciudadano se le esconden
y manipulan los estados de la vida pública, la justicia, la democracia
y la prosperidad serán endebles.
Amigos industriales, siempre hay un día, una hora, un minuto, en
el que algún cambio silencioso puede cambiar nuestro mundo.
Ya adquirimos jubilosamente el derecho a votar, necesitamos adquirir ahora
silenciosamente el derecho a conocer. Muchas gracias.
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