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México, D.F. a 25 de abril del 2002. INTERVENCIÓN
DEL PRESIDENTE DE LA CEOE DON JOSE MARÍA CUEVAS EN LA LXXX ASAMBLEA
NACIONAL ORDINARIA DE LA COPARMEX El papel de las organizaciones empresariales en el proceso de transición política en España
Creo que en mi caso, y como presidente de la organización patronal que aglutina a la inmensa mayoría de los empresarios españoles, lo más interesante que hoy puedo contarles se refiere a la evolución que ha registrado España en los últimos años, al papel que en esa evolución hemos jugado los empresarios, y los retos y desafíos que se abren hoy ante nosotros. Lo primero que debo señalar es que España es uno de los países que en los últimos decenios ha progresado más en el Mundo. De hecho, España ha pasado de ser una nación en vías de desarrollo a inscribirse plenamente entre los países más ricos del Planeta, homologable con los del conjunto de la Unión Europea, a la que pertenecemos. En los últimos veinte años la renta media de los españoles se ha multiplicado por tres, pasando de cinco mil a quince mil dólares per cápita. España se ha convertido en este tiempo en la séptima potencia industrial del mundo desarrollado y crea su riqueza en sectores de alto valor añadido. España es uno de los casos en los que se percibe con más claridad que el progreso económico, la libertad política y la cohesión social se pueden dar de manera simultánea. Hoy existen en el mundo otras naciones en vías de desarrollo que se debaten entre el acceso definitivo a la prosperidad o la caída en un también definitivo subdesarrollado, y quizás entre ambas alternativas no medie más que una adecuada elección de la políticas a emprender. Puede describir brevemente cuáles fueron las elegidas por mi país hace casi un cuarto de siglo: § En primer lugar, el establecimiento de un régimen político democrático basado en la tradición parlamentaria de las grandes monarquías europeas. Este sistema parlamentario y democrático nos ha dado estabilidad política y ha permitido la alternancia pacífica y la continuidad en los esfuerzos por modernizar la economía. § En segundo lugar señalaría la consolidación de un sistema de libre mercado como mejor marco para el desarrollo económico, con todo lo que conlleva de políticas privatizadoras y liberalizadoras, dejando amplio margen a la actuación de la iniciativa privada. § En tercer lugar, nuestra evolución reciente se ha caracterizado por la apertura internacional. De ser un país cerrado y proteccionista, hemos pasado sucesivamente por diversas etapas que han culminado en nuestra definitiva integración en la Unión Económica y Monetaria de Europa. Creo que este es un dato muy importante por cuanto se percibía en amplios sectores como el más peligroso, o incluso contraproducente. El desarme arancelario de nuestra industria nos obligaba a salir al exterior y a ser competitivos en los mercados mundiales. Hubo mucha gente que pensó que podía ser una operación suicida, pero ellos no contaron con la capacidad de respuesta de un empresariado que, ante cada episodio de integración internacional de España, respondió con nuevas estrategias que a la larga han resultado adecuadas. Por último, cabría señalar la constante búsqueda del consenso social para ejecutar las reformas económicas y para la modernización de las estructuras productivas. Aquí podríamos afirmar que la pureza de nuestras ideas liberales se ha visto atemperada por la necesidad de buscar y alcanzar grandes acuerdos con las centrales sindicales españolas en materia de salarios, reforma de la legislación laboral, mejora de los sistemas de protección social, etcétera. En el acervo social europeo los sindicatos juegan un papel importante y se considera que cumplen una función como estabilizadores sociales. Desde luego en el caso español lo han hecho, y es justo reconocérselo. Creo que los interlocutores sociales hemos practicado un continuado ejercicio de responsabilidad, y de ello se han beneficiado nuestros respectivos representados, tanto empresarios como asalariados. En resumen, nuestra receta tiene cuatro ingredientes: democracia política, economía de mercado, apertura internacional y consenso social. Estos factores sumados han permitido que España haya vivido la más larga y fructífera época de su tormentosa historia. ¿qué papel ha jugado la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) en todo este proceso? Creo que desde nuestra fundación hace ahora un cuarto de siglo, en junio de 1977, las dos funciones más importantes de la CEOE han sido las de postular reformas económicas que nos permitieran ser prósperos y competitivos, y la de negociar incansablemente con las centrales sindicales para procurar que esas reformas llevaran el necesario consenso social al que antes he aludido. El resultado ha sido el logro de grandes Acuerdos Sociales que comenzaron en 1979 y que, con altibajos se han sucedido hasta el último, que data de diciembre del año pasado. Estos Acuerdos han permitido moderar los crecimientos salariales para controlar una inflación que hace veinte años alcanzaba el 30 por ciento anual y que hoy día no llega al 3 por ciento. Han permitido asimismo liberalizar el mercado de trabajo y, además, hacerlo sin gran conflictividad social. Medido en horas perdidas anualmente a causa de las huelgas, la conflictividad laboral en España se ha reducido un 94% en los últimos veinte años. En el área económica, nuestras propuestas básicas han sido la liberalización, la lucha contra males endémicos como la inflación y el déficit, la apertura internacional, la devolución al empresariado privado del protagonismo en materia económica y un largo etcétera que en una secuencia larga sucesivos gobiernos han ido haciendo suyas. Creo sinceramente que nuestra doble condición de estabilizadores sociales y promotores de reformas económicas han rendido buenos frutos y está en la base de la envidiable situación que hoy disfrutamos como país. De ser un país de emigrantes, esto lo saben muy bien en México, porque en otras épocas recibió generosamente a la emigración española, nuestro país ha pasado a ser un país que acoge todos los años un número creciente de inmigrantes. De ser un país receptor de inversiones extranjeras, hemos pasado a ser inversores netos en el exterior. De ser una nación que basaba su riqueza en el sector Primario, hemos pasado a generar más del 90% de nuestro Producto Bruto en la industria y los servicios. Por fin, de ser un sistema económico cerrado y Autárquico, hemos pasado a ser, después de Canadá, la segunda economía más abierta del Planeta. Llegados a este punto, me gustaría subrayar las similitudes que se presentan entre el caso mexicano y el español, que no son pocas para luego establecer lo que de aplicable puede tener nuestra experiencia reciente: En primer lugar, tanto México como España constituimos la zona sur de sendas áreas muy desarrolladas: Norteamérica en el primer caso y Europa en el segundo. Como tales, ambos pugnamos por aproximar nuestros modelos económicos al de nuestros vecinos del Norte, ambos sufrimos la presión por el Sur de la mano de obra que nos llega de otros países con menos nivel de desarrollo, y ambos nos hemos visto en la necesidad de realizar profundas transformaciones económicas y sociales para poder competir con las respectivas zonas de librecambio en las que hemos ingresado, NAFTA y Unión Europea. En segundo lugar, tanto en México como en España hemos acometido en los últimos años una transición política que siendo muy distinta en su punto de partida, ha confluido sin embargo en parecidos objetivos y resultados: establecer un sistema democrático basado en la alternancia, y acabar así con modelos que perpetuaban en el poder al mismo partido político; liberar la energía de la Sociedad Civil para evitar la burocracia y la rutina; despolitizar la economía devolviendo al sector privado su protagonismo; dialogar con los interlocutores sociales para fijar un marco de estabilidad social que permitiera el progreso económico, etcétera. En tercer lugar, tanto México como España han podido contar con una ventaja económica que ha servido de palanca para el desarrollo: en el primer caso ha sido el petróleo y, en el nuestro, ese "petróleo" ha sido el turismo, sector en el que somos una primera potencia mundial y que, junto con el desarrollo industria, nos dotó de capacidad para emprender ambiciosas políticas expansivas. Por fin, tanto México como España han sido dos naciones que han aprovechado el tiempo, según nos revelan las estadísticas de los últimos veinte años. Es curioso comprobar cómo en las dos últimas décadas ambos hemos multiplicado por tres nuestra renta por habitante, lo que nos convierte en dos de los países que presentan, a nivel mundial, un mayor avance económico en este periodo. Subrayadas
las similitudes, es forzoso referirse también a las principales
diferencias: una es, sin duda, la posición relativa que ambas presentan
frente a sus ricos vecinos del norte: España ya tiene un 86 por
ciento de la renta media europea, mientras que la mexicana solo es hoy
por hoy el 15 por ciento de la renta media estadounidense, aunque también
es necesario decir que esta última es más elevada que la
media de la Unión Europea. España es uno de los países con menor natalidad del mundo. Desde 1980, su población solamente ha crecido un 5 por ciento, pasando de 37 a 39 millones de habitantes. En ese mismo periodo, la población mexicana ha pasado de 67 a 100 millones de personas, un crecimiento porcentual superior al 50 por ciento. Aquí la diferencia es tanta que padecemos problemas diametralmente opuestos: en España es preciso fomentar la natalidad, pues en las cifras actuales nuestro país perdería una cuarta parte de su población en 25 años. En México quizás haga falta situar la natalidad en un nivel que permita estabilizar la población a medio y largo plazo. Derivado de lo anterior, la edad media de los mexicanos es muy joven, mientras que la de los españoles está envejeciendo a pasos agigantados, lo que nos producirá de seguir así las cosas un agudo problema de sostenimiento de nuestro sistema público de pensiones en el futuro. En tercer lugar, España se encuentra en una fase un poco mas avanzada de su apertura hacia el exterior. De hecho, y como ustedes saben, desde el primero de enero de este año es efectiva la plena Unión Económica y Monetaria en Europa, con la adopción del euro como moneda común. Además, las empresas y bancos españoles acometieron en los últimos años un programa de inversión exterior que las ha convertido en multinacionales con fuerte presencia en Latinoamérica y en otras áreas del mundo. En cuarto lugar, en España está vigente, como en casi toda Europa, el llamado "Estado del Bienestar" una concepción política de los años 60 y 70 que consiste en la provisión por parte del Estado de una serie de servicios públicos con carácter universal y gratuito, como forma de hacer efectiva la solidaridad social. Cuatro son, en esencia, las prestaciones que en España se han universalizado, es decir, que se otorgan a todos los ciudadanos hayan contribuido o no a su financiación. Estas prestaciones son: § Las pensiones de jubilación que en España reciben más de 7 millones de beneficiarios y que cuestan al erario público y a las empresas unos, 60.000 millones de dólares anuales. § La Educación obligatoria y gratuita hasta los 16 años, epígrafe en el que se gastan en España unos 30.000 millones de dólares anualmente, puesto que la educación universitaria también está subvencionada en un 80 por ciento. § La asistencia sanitaria es igualmente un servicio universalizado. Prestarlo a todo español, e incluso a todo extranjero que se encuentre en nuestro país cuesta otros 30.000 millones de dólares. § Por último, también se puede considerar un servicio del Estado del Bienestar la prestación en caso de desempleo, de la que se benefician cada año un millón y medio de españoles y que tiene un coste para el Estado y para las empresas de 20.000 millones de dólares aproximadamente. Como puede verse el coste aproximado de nuestro Estado del Bienestar se aproxima a los 140.000 millones de dólares anuales, que es más del 70 por ciento del total del Presupuesto Nacional español. Por Último,
cabría preguntarse si la forma de articulación de ambos
estados es una diferencia o más bien una similitud. Sobre el papel,
México es una Federación de Estados, mientras que España
es un Estado unitario. Sin embargo, las 17 Este es el punto en que nos encontramos, pero hoy se abren ante nosotros nuevos horizontes, nuevos retos y también nuevos peligros a los que es preciso prestar especial atención: El primero, el más importante y el de carácter más general es eso que ha dado en llamarse la "Globalización", y que afecta al conjunto de todos los países de la Tierra. Para mi la Globalización es la progresiva caída de las barreras nacionales al tránsito de información, capitales, mercancías y mano de obra. Es un proceso que se está llevando a cabo según las reglas de la economía de mercado y, en contra de lo que opinan sus detractores, es para mí quizás la última esperanza de que los países hoy pobres encuentren la senda del desarrollo. En los últimos años la Globalización ha avanzado extraordinariamente en lo que concierne al tránsito de información y de capitales. Ahí está el ejemplo de INTERNET para corroborar esta idea, así como el carácter cada vez más mundial de los mercados financieros. Sin embargo la otra globalización la que afecta a la liberalización del comercio mundial y al libre flujo de trabajadores, está mucho más atrasada. Es más, los problemas que hoy se presentan en las relaciones entre países desarrollados y países aún pobres no se derivan, a mi juicio, de la globalización en sí, sino de que ésta no ha avanzado todavía lo suficiente. Por ejemplo: es absolutamente cierto que en los últimos años se ha ensanchado la brecha que separa a las naciones ricas de las demás. Pero este fenómeno no se ha debido a la globalización, sino a la revolución científica y tecnológica que se ha producido y al muy distinto aprovechamiento que ambos tipos de países han podido hacer de la misma. En el primer caso, los países ricos, ese aprovechamiento ha sido intensivo y les ha permitido incrementar extraordinariamente sus niveles de productividad. Los avances en informática y telecomunicaciones, en robótica e ingeniería genética, en sistemas de organización empresarial, educación, etcétera, han llegado a amplias capas de la población y se han convertido en objetos de la vida cotidiana. Nada más hay que evaluar el número de ordenadores en los hogares, las conexiones a Internet, la disposición de líneas de alta velocidad, la penetración del mercado de telefonía móvil, etcétera. Por el contrario, en los países más atrasados los rendimientos de esta gran revolución científico-técnica no se han extendido en la misma proporción. Por ello en los últimos años el ritmo de crecimiento económico del área desarrollada ha sido superior al ritmo operado en los países en desarrollos, con lo que se ha ensanchado, como decía, la brecha de riqueza y nivel de renta ya antes separaba unos de otros. Y precisamente creo que la única forma de cerrarla y de igualar por arriba a ambos mundos es la Globalización llevada a los últimos extremos, es decir, incluyendo una efectiva liberalización del comercio mundial, promoviendo las inversiones internacionales en los países en desarrollo y permitiendo que los flujos de mano de obra legal y regularizada compensen los hoy evidentes desfases entre las necesidades de personal del mundo más industrializad con el exceso de mano de obra que caracteriza a las naciones que, pugnan por incorporarse al ciclo de prosperidad. Para los que creemos firmemente en el poder creador y generador de riqueza de la economía de libre empresa, y en consecuencia rechazamos la filosofía de las economías de "suma cero", avanzar por la senda de una efectiva liberalización significa asegurar el futuro no solamente para nuestros propios países, sino también para el conjunto de la población mundial. Para terminar mi intervención, y al hilo de todo lo que he expuesto, me gustaría proceder a extraer unas breves conclusiones, que juzgo válidas para avanzar en la senda de la prosperidad que COPARMEX y CEOE pretende tanto para México como para España: En primer lugar, creo que nuestras empresas no deben contemplar con temor el proceso de Globalización, sino como una consecuencia natural de la progresiva apertura internacional de nuestras economías. En segundo lugar, los empresarios debemos contribuir a consolidar los sistemas democráticos en nuestra propia responsabilidad, ejerciendo de estabilizadores sociales y propugnando reformas económicas que nos permiten ser más productivos y competitivos. A la inversa, los empresarios debemos reclamar de la esfera política un respecto escrupuloso a la iniciativa y al sistema de libre empresa. En tercer lugar, nuestras organizaciones deben estimular la modernización del sistema económico y la transición del mismo hacia los sectores de mayor valor añadido, que hoy por hoy se sitúan en el sector terciario. En cuarto lugar, los empresarios debemos mantener una vigilancia constante para evitar que se vuelva a incurrir en prácticas viciadas que a la larga ponen en peligro la estabilidad macroeconómica. Tenemos el ejemplo de otros países que por no haber vigilado este punto se encuentran en una situación crítica. Debemos insistir ante los Poderes Públicos en que los males que pueden aquejar a una economía son siempre negativos, se llamen déficit, paro o inflación, y que bajo ningún supuesto político se pueden convertir en virtudes. En quinto lugar, debemos ser los adelantados en el ingreso de nuestros respectivos países en eso que se llama la "sociedad del conocimiento", en la que forma parte sustancial la Sociedad de la Información y la Nueva Economía. Y por último, aunque sin ningún ánimo de ser exhaustivo, creo que los empresarios debemos constituirnos en todo momento en un referente moral para nuestras respectivas sociedades, con un código de comportamiento basado en el esfuerzo, el riesgo, la creatividad y el trabajo a largo plazo, sólidamente implicados con el bienestar del país al que servimos. En el día de ayer las Organizaciones Empresariales de América Latina, del Caribe y de la Unión Europea, nos hemos reunido aquí bajo los auspicios y la hospitalidad de la COPARMEX, para preparar nuestros mensajes empresariales, dirigidos a los Jefes de Estado y de Gobierno de nuestras regiones que se reunirán en Madrid el próximo mes de Mayo. Son mensajes que aparte de insistir en la necesidad de reforzar nuestras relaciones políticas, económicas y comerciales, apuntan a la necesidad de construir un partenariado que implique compartir estas experiencias y, muy singularmente, reafirmar el modelo de libre empresa, de estabilidad de las políticas públicas y de creación de riqueza, por parte de quien sabe hacerlo que es el empresario, como única forma de luchar de manera efectiva contra la pobreza y la exclusión social. Creo que
tanto la COPARMEX como la CEOE, con la ayuda de Dios, podrán culminar
estos ambiciosos objetivos, por el bien de México y de España.
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