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México,
D.F. a 26 de abril del 2002.
LAS REFORMAS ECONÓMICAS EN MÉXICO Y AMÉRICA LATINA:
DESARROLLOS RECIENTES, RETOS Y OPORTUNIDADES.
DISCURSO
DEL DR. GUILLERMO ORTIZ,
GOBERNADOR DEL BANCO DE MEXICO,
PARA LA LXXX ASAMBLEA NACIONAL ORDINARIA DE COPARMEX.
Fue en el
decenio de los ochenta, en respuesta a la llamada crisis de la deuda,
cuando se sentaron las bases para la transformación política,
social y económica de Latinoamérica que ha tenido lugar
en los últimos 20 años. Los efectos de una intervención
gubernamental excesiva, del proteccionismo y de los desequilibrios macroeconómicos
hicieron indispensable la aplicación de reformas económicas
de gran envergadura. Entre éstas destacan las siguientes:
· Ajuste fiscal.- El esfuerzo se enfocó al adelgazamiento
del gobierno y a lograr un mejor deslinde entre los campos de acción
del sector público y del privado.
· Combate a la inflación.- En varios países de la
región se otorgó autonomía a sus bancos centrales
y se les asignó como objetivo único la procuración
de la estabilidad de precios.
· Apertura comercial.- La liberalización comprendió
tanto reducciones unilaterales de tarifas, aranceles y permisos como el
establecimiento de zonas de comercio libre.
· Fortalecimiento del sector financiero.- Las reformas han implicado
nuevos esquemas de supervisión y regulación, la privatización
de instituciones y una mayor participación de la inversión
extranjera en la capitalización del sector.
Las reformas han redundado en una mayor solidez macroeconómica.
En Latinoamérica, el déficit fiscal promedio como porcentaje
del producto se redujo de 9.6 por ciento anual durante la década
de los ochenta a 3.3 por ciento en 2001. Por su parte, la tasa promedio
de crecimiento de los precios disminuyó de 153 por ciento anual
en los ochenta a 6.8 por ciento en 2001.
En el ámbito de la apertura comercial se han llevado a cabo acciones
muy trascendentes. En el caso de México se han firmado 5 acuerdos
multilaterales de comercio, entre los que destacan los Tratados de Libre
Comercio con América del Norte y con la Unión Europea, así
como 7 acuerdos bilaterales de comercio e inversión. Por su parte,
en 1991, varias economías importantes de Sudamérica constituyeron
MERCOSUR.
En respuesta a este proceso, hasta el momento de la devaluación
del real en 1999, el crecimiento del comercio entre los países
miembros del MERCOSUR fue importante. Por su parte, en México el
dinamismo exportador ha sido notable. A partir de la firma del Tratado
de Libre Comercio de América del Norte las exportaciones de México
crecieron a una tasa anual promedio superior a 14 por ciento. Como resultado,
actualmente el país exporta más del 30 por ciento de su
producto, mientras que en 1982 exportaba tan sólo el 10 por ciento.
Por otro lado, la composición de las exportaciones se ha modificado
sustancialmente. Mientras que en 1982 el 69 por ciento de las exportaciones
totales eran de petróleo y sus derivados, actualmente esta proporción
es de sólo 8 por ciento.
El resultado ha sido una mayor capacidad de crecimiento, de creación
de empleos y de recuperación de los salarios reales gracias a las
ganancias en productividad. En la región el crecimiento real del
producto aumentó de un promedio anual de 1.7 por ciento en la década
de los ochenta a una tasa más elevada, aunque aún insuficiente,
de 2.9 por ciento en los noventa. El bajo crecimiento en la zona se hace
patente al comparar nuestras cifras con el crecimiento en el Sudeste Asiático,
que fue de 5.6 por ciento en promedio durante la década pasada,
aún tomando en cuenta las crisis que aquejaron a esa región
hace pocos años.
* * *
Parece paradójico que si las reformas estructurales y la globalización
han conducido a cambios importantes y propicios y a un mayor potencial
de crecimiento y creación de empleos, el proceso sea tan impugnado
en algunos círculos. Esto puede deberse a dos causas. Primera,
a que dicha evolución ha incrementando la vulnerabilidad de las
economías y la volatilidad en los mercados financieros internacionales.
La segunda razón es que el desarrollo logrado ha sido insuficiente
y no ha conseguido incorporar a sus beneficios a la totalidad de los grupos
sociales. Así, la marginación, la pobreza, el desempleo
y el subempleo, la baja escolaridad y la marcada inequitatividad en la
distribución del ingreso y de la riqueza siguen subsistiendo, en
distintos grados, en los países de Latinoamérica.
Respecto al primer punto, a lo largo de los noventa se hizo patente que
la interconexión de los mercados financieros nacionales ha amplificado
la volatilidad interna y se ha convertido en una causa adicional de esa
volatilidad a través del contagio. Para atenuar estos efectos,
en los últimos años las principales economías de
la región han realizado esfuerzos adicionales en el ámbito
financiero y macroeconómico que han limitado la posibilidad del
contagio financiero. El resultado de estos esfuerzos se ha hecho patente
en los últimos 18 meses, ya que las crisis en Argentina, Turquía
y Venezuela no han contagiado a los demás mercados emergentes.
La segunda causa de insatisfacción respecto al proceso de reforma
estructural y de globalización proviene del considerable número
de personas que no han sido participes de sus beneficios. De acuerdo con
los organismos internacionales, en Latinoamérica viven actualmente
en pobreza, alrededor de 200 millones de personas, lo que representa el
39 por ciento de la población de la región. Asimismo, la
distribución del ingreso se encuentra entre las más inequitativas
del mundo. En América Latina el 20 por ciento de la población
más rica tiene ingresos 12 veces mayores que el 20 por ciento más
pobre. En contraste, en los países del Sudeste Asiático
esta proporción es de solo 4½ veces.
La educación y el nivel de salud en la región son también
bajos. Actualmente, los latinoamericanos y los mexicanos tienen en promedio,
respectivamente, 5 y 7.6 años de formación educativa, mientras
que el promedio en los países del Sudeste Asiático es de
9 años. Las diferencias entre los niveles de salud en América
Latina y en los países de la OCDE también son significativas.
En Latinoamérica, México y la OCDE, la tasa de mortalidad
infantil es respectivamente de 31, 30 y 6.2 niños por cada mil,
y la esperanza de vida al nacer de 70, 72 y 77.5 años.
* * *
La llamada primera generación de reformas económicas, iniciada
en Latinoamérica en la década de los ochenta, mejoró
sensiblemente el entorno macroeconómico y la asignación
de los recursos productivos.
Sin embargo, el crecimiento en la región sigue siendo bajo y variable.
Por ejemplo, de mantenerse la tasa de crecimiento promedio observada durante
los noventa, el ingreso percápita se duplicaría hasta dentro
de 63 años. En contraste, en China el ingreso percápita
se duplicó en los últimos 8 años.
Una condición necesaria para un combate exitoso a la pobreza es
el crecimiento económico rápido y sostenido. Está
demostrado que la disciplina fiscal, la estabilidad de precios y la reforma
estructural fomentan el desarrollo económico. Por tanto, políticas
macroeconómicas acertadas pueden acelerar la reducción de
la pobreza.
Al respecto, cabe enfatizar que el abatimiento de la inflación
no es un fin en sí mismo sino un prerrequisito indispensable para
aumentar el bienestar general de la población. Por ejemplo, en
México durante el periodo 1950-1972, lapso en el que se observó
una inflación de tan sólo un dígito, el crecimiento
promedio del producto fue 6.5 por ciento, el salario real aumentó
a una tasa promedio anual de 5 por ciento y la distribución del
ingreso mejoró significativamente. En contraste, desde 1973, año
a partir del cual la economía mexicana experimentó inflaciones
elevadas, el producto sólo ha crecido a una tasa anual promedio
de 3.9 por ciento, los salarios reales se han mantenido prácticamente
sin cambio y la distribución del ingreso se ha deteriorado.
La pobreza también tiene entre sus principales causas una salud
precaria de la población, bajos índices de escolaridad y
una nutrición deficiente.
De ahí que se requiera una intervención decidida, inteligente
y eficaz del Estado para elevar esos indicadores. Las políticas
de protección social requerirán claramente de recursos adicionales.
Por tanto, es indispensable que los gobiernos incrementen su capacidad
recaudatoria y mejoren la eficiencia de su gasto.
Es importante enfatizar que la consolidación de la solvencia fiscal
es el reto principal que enfrentan las economías de América
Latina. Ello, debido a que el incremento de la capacidad recaudatoria
permitiría simultáneamente garantizar la estabilidad macroeconómica
y aumentar de manera importante el gasto social.
En un enfoque como el descrito, necesariamente debe haber armonía
entre las políticas macroeconómicas y las estrategias orientadas
al combate de la pobreza. Así, la solidez de las políticas
macroeconómicas reforzará la lucha contra la pobreza. Es
decir, no se trata de una relación lineal sino circular. Para mantener
la disciplina de una política económica y financiera firme
durante un periodo prolongado a fin de erradicar la inflación y
fomentar un crecimiento sostenido, es necesaria una estrategia global
en la que se conjuguen la lucha contra la pobreza, la creación
de redes de protección social y un esfuerzo decidido para mejorar
la distribución del ingreso. Al dar legitimidad a las reformas
y fomentar un amplio respaldo para su aplicación, las políticas
sociales también contribuirán a crear el entorno propicio
para que las medidas de ajuste económico sean exitosas y permanentes.
* * *
La crisis por la que actualmente atraviesa la economía argentina
ha sido citada por algunos observadores como un ejemplo de los problemas
que originan los procesos de reforma estructural y de globalización.
Sin embargo, otros analistas han derivado lecciones totalmente opuestas
de dicha crisis. Según este segundo grupo, los problemas de ese
país se asocian más con el hecho de que la reforma estructural
y la apertura comercial fueron insuficientes y que con base en la credibilidad
ganada en los primeros años de la convertibilidad y con la respuesta
oportuna de política durante el llamado efecto Tequila, en los
últimos 5 años se descuidaron considerablemente las finanzas
públicas.
En este contexto, era muy factible que la rigidez cambiaria, las perturbaciones
externas negativas de los últimos años y el abultado endeudamiento
llevarían a la crisis financiera que sufre hoy en día dicho
país.
Si bien en mi opinión esta segunda visión es la que mejor
explica los acontecimientos observados en aquella nación de Sudamérica,
las tres principales lecciones que los países con mercados emergentes
debemos derivar de esa experiencia son las siguientes:
a) En su origen la crisis de Argentina se derivó de que no se concretaron
los acuerdos fundamentales con los principales actores políticos
para asegurar una situación fiscal de solvencia. En particular,
vale la pena destacar la falta de consensos entre la federación
y las provincias respecto a las transferencias de recursos y a los ajustes
del gasto a nivel provincial. De ahí la acumulación de una
deuda externa voluminosa que en un momento ya no se pudo financiar. Ello
revela otra faceta relevante de la problemática: que dada la debilidad
de sus instituciones, las economías emergentes tienen un margen
de maniobra escaso por lo cual deben reducir sus vulnerabilidades al mínimo.
b) La crisis argentina demuestra claramente que un elemento fundamental
para limitar los efectos de las múltiples perturbaciones a que
están expuestas nuestras economías, es contar con un grado
de flexibilidad elevado en los ámbitos fiscal, monetario y cambiario,
laboral y financiero.
c) En tercer lugar, la crisis argentina ilustra la importancia de contar
con instituciones políticas, económicas y sociales sólidas.
Sorprende, cómo a raíz de dicha crisis se violaron los derechos
de propiedad, se alteraron las reglas del juego y se abusó de la
discrecionalidad. Asimismo, la falta de consensos políticos suficientes
para manejar la crisis en sus inicios, derivó en la profundización
de los problemas y en el desprestigio de la clase política ocasionando
la falta de gobernabilidad que se ha hecho evidente en los últimos
6 meses.
* * *
En México el cambio estructural y la globalización han transformado
a la economía haciéndola más sólida y competitiva.
Destaca a este respecto, el fortalecimiento institucional en tres ámbitos:
a) la apertura comercial;
b) la consolidación de la estabilidad macroeconómica; y
c) el fortalecimiento del régimen democrático;
Del proceso de apertura comercial que comenzó de manera unilateral
en la década de los ochenta, surgió un nuevo esquema de
incentivos para la industria de nuestro país. Este esquema se consolidó
con la entrada de México al GATT y con la firma de varios tratados
de libre comercio, entre los que destaca el TLCAN. De esta manera, la
apertura comercial se institucionalizó, generando un entorno de
certidumbre que promueve la inversión de largo plazo.
Respecto a la estabilidad macroeconómica, si bien hay que reconocer
que ésta no se ha alcanzado plenamente, en los últimos años,
aún con un poder legislativo plural, se ha mantenido la disciplina
fiscal. Asimismo, en 1994 se otorgó autonomía al Banco de
México y se le asignó como objetivo prioritario procurar
la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda.
Sin embargo, en el ámbito macroeconómico México enfrenta
todavía retos importantes. Uno de ellos es continuar el saneamiento
de las finanzas públicas para elevar la capacidad recaudatoria
del gobierno. Sólo así será posible aplicar una política
social más agresiva a la vez de mantener la solidez de las finanzas
públicas.
También en el frente de la estabilidad de precios se ha avanzado
de forma considerable. Actualmente, la tasa anual de inflación
ya es menor a 5 por ciento. Sin embargo, ésta es todavía
elevada. Por ello, la meta de mediano plazo de la política monetaria
es que al cierre del 2003 la inflación en México se ubique
en alrededor de 3 por ciento.
Finalmente, es importante destacar que en México las reformas económicas
se han adoptado en paralelo con el proceso de democratización.
La democracia se ha arraigado en nuestro país y ha permitido que
las medidas económicas se sustenten en un mayor consenso y soporte
social. Muestra de ello es que por 5 años consecutivos se ha conservado
la disciplina fiscal aún con Congresos plurales y que la alternancia
en la presidencia no vino acompañada de una crisis financiera como
en el pasado. En suma, el proceso de democratización ha sido congruente
con la apertura y con la reestructuración económica.
La transformación le permitió al país una recuperación
rápida y sostenida a partir de la crisis que estalló a finales
de 1994. También sortear los efectos negativos de las crisis que
aquejaron a los mercados emergentes en 1998 y la desaceleración
de la economía mundial en 2001. Así, en los últimos
seis años la economía de México creció a una
tasa promedio de 4.5 por ciento.
* * *
Durante 2001, por primera vez en 30 años la economía de
México se insertó de forma ordenada en un ciclo de desaceleración
económica, con estabilidad en las principales variables financieras.
En consecuencia, la economía mexicana se encuentra hoy en una posición
más sólida para retomar el crecimiento económico
en sincronía con la recuperación que ya se vislumbra de
la economía mundial.
A este respecto, en las últimas semanas se ha recabado información
que apunta a una recuperación más vigorosa de la actividad
económica en los Estados Unidos. Esto se ha reflejado en una revisión
al alza de los pronósticos relativos al crecimiento de la economía
de dicho país.
En cuanto a México, los indicadores de la actividad económica
ya muestran señales de recuperación aunque menos claras
que en los Estados Unidos. Como comenté recientemente en la Convención
Nacional Bancaria, las señales que sugieren el fin de la recesión
y apuntan hacia un mayor dinamismo de la planta productiva son cada vez
más evidentes.
Con base en esta información, el Banco de México anticipa
que el crecimiento del producto entre el primer trimestre de 2002 y el
mismo trimestre de 2001 todavía será negativo. Sin embargo,
se espera que el crecimiento entre el primer trimestre de 2002 y el último
de 2001 en sus series desestacionalizadas ya sea positivo.
Asimismo, en los meses transcurridos de 2002 la evolución de la
inflación ha sido congruente con la meta de alcanzar al cierre
del año una tasa menor a 4.5 por ciento. Ello puede constatarse
en el hecho de que la inflación subyacente, aquélla que
no está contaminada por fenómenos volátiles y transitorios,
se situó el pasado marzo en 4.54 por ciento.
* * *
A manera de conclusión, cabe recalcar que si bien el crecimiento
económico mundial parece estar recuperándose, la expectativa
es que las economías de los principales socios comerciales de México
crezcan en el futuro cercano a tasas menores que las registradas en el
periodo 1995-2000. Por ello, para alcanzar en México el ritmo de
crecimiento económico necesario para generar los empleos que el
aumento poblacional requiere y simultáneamente elevar el nivel
de vida de la población, es imprescindible avanzar en la agenda
de reformas estructurales. Sólo la conclusión de las reformas
permitirá alcanzar un mayor incremento de la productividad, una
creación de empleos vigorosa, incrementos sostenibles en el salario
real y mayor crecimiento económico.
Hay que cobrar conciencia de que demorar esas reformas implicará
perder tiempo irrecuperable. Dichas reformas son indispensables para darle
a la economía nacional la flexibilidad que necesita para que la
planta productiva sea más competitiva y eficiente.
En la lista de reformas pendientes ocupan lugar principal la del sector
eléctrico, la del marco normativo laboral, profundizar las reformas
fiscal y financiera, y consolidar el Estado de derecho.
En un sistema político plural, el diálogo, e incluso el
contrapunto, entre los poderes es una experiencia cotidiana. Lo relevante
es el fondo, y a ese respecto es mucho lo que tenemos por avanzar en México.
Del debate deben surgir los consensos necesarios para avanzar en la agenda
pendiente.
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