LXXXI Asamblea Nacional de Coparmex
Tijuana, 10 y 11 de octubre de 2002

Ser y parecer: la fuerza de la imagen internacional de México* Jorge Castañeda




Vivimos en un sistema internacional cada vez más complejo y dinámico, crecientemente definido por las fuerzas de integración económica mundial y la globalización acelerada, así como por el gradual surgimiento de nuevas reglas y normas de observancia universal. Comprender a cabalidad este proceso es una condición necesaria para actuar en él, más allá de la concepción política en que se sustente esa actuación o de la manera específica en que se lleve a cabo.
La complejidad del escenario internacional contemporáneo -con su carga incierta de riesgos y oportunidades- hacía indispensable diseñar una estrategia congruente e innovadora que le permitiera a México asumir un papel más activo y constructivo en sus relaciones con el exterior. Una nación ambiciosa que se ha propuesto influir en el acontecer mundial debe adoptar una diversidad de instrumentos. Entre ellos destaca, desde luego, la diplomacia tradicional y todos aquellos contactos dirigidos y planeados por el Estado. Empero, las relaciones que conducen los Estados soberanos por medio de agentes diplomáticos ya no agotan todas las posibilidades de comunicación: hoy los países mantienen contactos permanentes a través de muy diversos medios y actores.

En la etapa que ahora vive el sistema internacional, las fronteras no han desaparecido, pero se han vuelto más permeables. Los movimientos de capitales y de seres humanos; y el intercambio de mercancías lo mismo que de ideas, se han incrementado de manera exponencial. Incluso, gracias al Internet, diariamente millones de personas intercambian información entre sí a miles de kilómetros de distancia. Por ello, el desarrollo de una nación depende cada vez más de su imagen externa y, dadas las condiciones que hoy imperan, resulta muy difícil que ésta no corresponda a la realidad interior del país.

La forma en que se percibe un país en el extranjero tiene, por tanto, dos dimensiones distintas pero complementarias. En primer lugar, la dimensión interna; es decir, las circunstancias reales de su sociedad, que comprende aspectos como la estabilidad macroeconómica, la fortaleza de su democracia, el respeto a los derechos humanos, la seguridad pública, la vitalidad cultural y el interés turístico que posea. En segundo lugar, la dimensión externa, que no es sino la manera en que se proyecta y, sobre todo, en que se percibe en el resto del mundo la vida interior del país.

En años recientes, México ha alcanzado avances importantes en muchos de estos aspectos internos. Logramos, por ejemplo, una transición pacífica y ordenada a un régimen plenamente democrático. Lo hicimos convencidos de la legitimidad esencial de esta forma de gobierno, pero también porque la democracia y, en especial, el Estado de derecho que es su sustento, son fundamentales para que un país pueda participar con mayor equidad y confiabilidad en la economía mundial y en la revolución informática. Los regímenes autoritarios pueden quizá atraer inversiones, pero éstas estarán sujetas no a un orden legal establecido, sino a la voluntad de quienes detentan el poder. Allí radica su vulnerabilidad.

Por esas mismas razones, hemos reformado nuestras instituciones judiciales y estamos fortaleciendo, cada vez más, la observancia de los derechos humanos en el país. Lo hemos hecho porque es voluntad de los mexicanos consolidar el Estado de derecho y asegurar la vigencia de las garantías individuales en el país; y también porque los derechos humanos, en tanto que valores universales, se han convertido en una de las principales prioridades de la comunidad de naciones.

La seguridad pública, por otra parte, sigue siendo un reto, a pesar de los esfuerzos que hemos realizado en estos años. El gobierno se ha propuesto abatir la delincuencia y garantizar seguridad a cada familia, animado por un deber político y moral para con la sociedad mexicana. Pero también está consciente de que la prosperidad económica de México y su inserción en la economía global dependen de la eficacia con que enfrentemos al crimen, lo mismo que sus causas subyacentes. La inversión, el comercio y el turismo que tanto necesitamos no llegarán si México es percibido como un país inseguro y sin leyes eficaces.

Uno de los avances más trascendentales del cambio en México -tras varias décadas de crisis sucesivas- es que hemos logrado mantener una sólida estabilidad económica y alentar una creciente competitividad en los mercados internacionales. Al igual que en los demás casos, lo hemos hecho porque sabemos que es la única manera de asegurar el bienestar de nuestra sociedad. Al mismo tiempo, la evolución de la economía mexicana está estrechamente vinculada con factores externos que influyen de manera decisiva en las perspectivas de la producción y las finanzas nacionales.

Este proceso de renovación no está confinado al ámbito político o económico; también ha sido acompañado por un nuevo vigor en nuestra vida social y cultural. El México del cambio incluye una mayor libertad y vitalidad creativas que se manifiestan día con día en los medios de comunicación lo mismo que en las artes. Ese renovado vigor creativo despierta un interés cada vez mayor en el exterior, como lo muestran los artículos publicados recientemente en The Economist o en el LA Times, en los que se reconoce la pujanza y originalidad del cine mexicano actual. A través de la cultura en su sentido más amplio "incluyendo el cine y la plástica, pero también la cocina y la arquitectura" comenzamos a hablar de otra manera de promover los intereses de un país, que no se limita a la simple promoción y proyección de su imagen.

Ninguno de los factores internos basta por sí mismo para asegurar una imagen positiva en el exterior. Es necesario que existan en conjunto, que se mantengan vigentes -sin quiebres ni rompimientos- de manera constante, y que se proyecten con claridad en el exterior para asegurar una percepción favorable por parte de otras sociedades. México no es la excepción. El margen de maniobra de que disponemos en nuestras relaciones con otros Estados y las perspectivas de progreso material y social del país están directamente relacionados con la imagen que logremos proyectar al exterior.

La gradual consolidación de todos estos factores internos tiene profundas repercusiones para nuestra posición internacional. El proyectarlas de manera deliberada hacia el resto del mundo provee a México de un instrumento diplomático singular e innovador que se ha sido denominado "poder suave".

Me explico. El poder suave consiste en la influencia que un país pueda ejercer frente a otros gobiernos, instituciones y organizaciones a partir de la percepción favorable que éstos tengan de su sociedad y su cultura, es decir, de la convicción de otras naciones sobre la presencia benigna y constructiva de ese país en el escenario internacional. Aquellos que logran presentar de manera positiva su realidad interna y su posición, ya sea en contactos bilaterales, en foros multilaterales o en la vasta red global de comunicaciones, pueden alentar a otros a definir sus intereses de manera compatible. El poder suave es, por tanto, otra manera de promover los intereses nacionales: la capacidad de seducción, la posibilidad de suscitar un interés que lleve a la adhesión.

Desarrollar plenamente esa forma de influencia exige que la imagen externa de un país deje de ser resultado del azar o la pasividad. Ello se manifiesta en dos sentidos: por una parte, un país cuenta con un cierto margen de acción sobre su propia imagen y debe aprovecharlo. Por la otra, cada país debe proyectar activamente esa imagen para poder influir en el mundo. Por eso, para lograr una percepción favorable en el exterior hay que ejercer una acción doble: una labor interna para remodelar sin cesar la realidad que ha de proyectarse y una labor externa para proyectarla con eficacia.

En pocas palabras, puesto que hay una interacción estrecha entre cada país y el mundo, es deseable que haya también una verdadera sinergia entre ambos, lo que significa, en un sentido muy preciso, globalizarse. La proyección de la imagen y el poder suave que abona la percepción favorable de un país son dos medios importantes para hacerlo, promoviendo los intereses nacionales en la esfera mundial.

Cuando una imagen positiva se mantiene durante largo tiempo; cuando es coherente; cuando ha sido consolidada por un poder suave eficaz, adquiere además un carácter estable y perdurable: se vuelve una reputación. Esa reputación permite que ciertos aspectos negativos de su imagen no le afecten adversamente. Considérese, por ejemplo, cómo incide la cuestión de la pena de muerte en la posición internacional de distintos países. Mientras que Estados Unidos ha enfrentado severas críticas por su postura en torno a este tema, México ha recibido un enorme respaldo internacional, reflejado en los medios de comunicación estadounidenses y europeos, por su firme rechazo a la pena capital, tal como sucedió con la cancelación de la gira del Presidente Fox a Texas.

Un país como el nuestro, que no cuenta con instrumentos de poder tradicionales -como la fortaleza militar o económica- para influir en los acontecimientos internacionales, necesita aprovechar al máximo ese margen de acción que hoy se identifica como poder suave. Ello sólo será posible si contamos con la autoridad moral y política necesarias para influir en las decisiones internacionales. El poder suave se alimenta de la legitimidad y en ella radica su eficacia. Por eso, es indispensable que, en el plano interno, se logre consolidar el cambio que ha emprendido la sociedad mexicana, pues de otro modo resulta más difícil, si no es que imposible, proyectar al exterior una imagen positiva de México.

En resumen, la democracia, los derechos humanos, la seguridad pública, la estabilidad económica, la vitalidad cultural, todos estos factores, y otros igualmente importantes como el nivel educativo de nuestra población, son aspectos internos a tal punto esenciales que resultan determinantes para la imagen externa del país. Es necesario articularlos, como lo ha hecho el Presidente Fox, en un programa que garantice su vigencia y consolidación como aspectos integrales de un proyecto de Estado. La labor de la Cancillería, dentro de esta ambiciosa estrategia, consiste precisamente en proyectar al exterior la renovación política y social interna de México, como un medio para incrementar el margen de acción internacional de nuestro país. Al mismo tiempo, mediante una labor diplomática que fortalece los compromisos internacionales de México con la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho, la Cancillería busca contribuir a que el cambio político en México se vuelva irreversible. Es lo que hemos llamado "anclar" la democracia en nuestro país. El activismo en el exterior hará más vital nuestra pasión democrática y el avance de la democracia en México será el fundamento de nuestra renovada presencia en el mundo.

La nueva imagen que hemos podido proyectar desde el gobierno del Presidente Fox -ese poder suave del que les he hablado- ya ha comenzado a dar resultados tangibles con beneficios concretos y susceptibles de medición.

En primer lugar, destacan los índices de las empresas calificadoras sobre el riesgo-país de México. El nuestro es uno de los pocos países de América Latina que ha recibido el grado de inversión por las principales calificadoras internacionales. A pesar de la turbulencia provocada por la crisis argentina y la inestabilidad financiera en Brasil, el riesgo-país de México se ubicó al cierre de la semana pasada en 405 puntos-base sobre los bonos de la Tesorería de Estados Unidos, en comparación con casi 2000 puntos-base de Brasil y 6400 de Argentina. México ha seguido una política de refinanciamiento de su deuda externa a plazos y tasas más favorables -los requerimientos de mercado para este año ya fueron cubiertos plenamente- y ello ha sido posible gracias a la percepción favorable de nuestra economía en los mercados financieros internacionales.

En segundo lugar, no sólo se han mantenido, sino que han aumentado los flujos de Inversión Extranjera Directa. Desde diciembre de 2000 y hasta el primer semestre de este año habían ingresado poco más de 45 mil millones de dólares dentro de este rubro, cifra que representa más de la cuarta parte de la inversión acumulada entre 1994 y junio pasado. Las expectativas económicas del país están estrechamente relacionadas con una mayor presencia en el mundo y una imagen que refleje la estabilidad económica y el vigor de la vida institucional del país. Ha sido gracias a esos factores que México ha podido convertir en fortaleza lo que para otros países de América Latina es causa de vulnerabilidad.

En tercer lugar, y a pesar de la crisis en la industria turística como resultado de los atentados del 11 de septiembre del 2001, en los primeros siete meses del año los ingresos turísticos acumulados sólo disminuyeron 2% respecto del mismo período de 2001. Esta cifra revela el vigor de la industria nacional del turismo. El saldo turístico descendió más por el gasto en divisas de viajeros mexicanos en el extranjero que por la disminución de entrada de divisas por este concepto, ya que el gasto total de mexicanos en el exterior aumentó 7% en los primeros siete meses del año, en comparación con el mismo período de 2001.

En cuarto lugar, la penetración de las industrias culturales mexicanas en mercados extranjeros. Ello es evidente, por ejemplo, en el caso de la cinematografía y el arte contemporáneo, en los que los mexicanos Alejandro González Iñárritu, Gael García y Gabriel Orozco se han convertido en figuras célebres a nivel internacional. Y también ha habido éxitos importantes en áreas como la producción televisiva, como lo demuestra la penetración mundial de las telenovelas mexicanas.

Por último, la nueva imagen de México que hemos proyectado también se traduce en un mayor margen de acción política internacional. Así lo demostró la capacidad de convocatoria del Presidente Fox durante la Cumbre sobre Financiamiento para el Desarrollo de Monterrey. También quedó de manifiesto en la suspensión definitiva del proceso unilateral de certificación por parte de Estados Unidos, un objetivo largamente anhelado pero que sólo un gobierno genuinamente democrático podía alcanzar. Y se ha confirmado en las manifestaciones de apoyo que la Unión Europea, Canadá y Estados Unidos difundieron sobre temas como la voluntad gubernamental de diálogo en Chiapas el año pasado o, hace unos días, sobre el combate a la corrupción que ha emprendido el Presidente Fox. Estas expresiones no son una injerencia indebida, sino una muestra de solidaridad entre naciones que comparten valores fundamentales.

El poder suave es una forma de referirse a la influencia que puede lograr la imagen favorable de un país, al punto de cautivar el corazón y la mente de otras naciones. No basta tener una cultura rica y pujante para poseerlo; hace falta desarrollarlo y dotarse de los medios para proyectarlo al mundo. Por eso, la promoción de una nueva imagen internacional de México es una tarea compartida: gobierno e iniciativa privada; sociedad civil y medios de comunicación; todos tenemos la corresponsabilidad y la voluntad de combatir los vicios del pasado y fomentar una cultura de legalidad, civilidad e integridad que, al transformar la imagen del país, amplíe su margen de acción en el exterior, promueva la consolidación de nuestra democracia e impulse el desarrollo de nuestra economía.

No se trata de una mera abstracción teórica. Mejorar la imagen de México en el exterior, base del poder suave, tiene un impacto directo en la vida de los mexicanos y, en especial, en la actividad y los intereses de los empresarios como un sector clave en la generación de bienestar y prosperidad. Mayores flujos de inversión y turismo; mejor acceso a crédito; una más amplia capacidad de negociación y maniobra internacional; una mejor disposición de otros actores internacionales hacia México. He aquí los dividendos de esta novedosa práctica diplomática puesta en marcha por el Presidente Fox.

Sabemos bien cuál es nuestra meta como país y conocemos la ruta más segura para alcanzarla. Y es que en el mundo globalizado de hoy se cumple aquella vieja sentencia de León Felipe, "no es lo que importa llegar solo ni pronto, sino llegar con todos y a tiempo".

* Texto basado en el discurso que pronunció el Secretario de Relaciones Exteriores, Jorge Castañeda, durante la LXXXI Asamblea Nacional de la COPARMEX el 11 de octubre en Tijuana, Baja California.