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Declaración De Tijuana
Tan
Lejos: Tan
cerca: Los empresarios de Coparmex estamos convencidos de que México puede y debe aprovechar las oportunidades de la globalización. ¿Si otros países que estaban más atrasados que nosotros han logrado en unos cuantos lustros desterrar la miseria, mitigar la pobreza y el desarrollo integral que permite tener una sociedad más equilibrada, por qué México no? La sociedad mexicana toda debe abrir los ojos y tomar conciencia de que nuestro mayor reto se resume en aumentar rápidamente la competitividad del país. México tiene una ingente deuda social con 50 millones de compatriotas que viven en la pobreza. Quitémonos la venda de los ojos. El progreso sostenible de los mexicanos sólo es posible cuando cada uno de nosotros pueda tomar en sus manos su propio destino. La primera condición para ello es que tengamos las capacidades para desempeñar eficientemente una trabajo productivo. La segunda es que existan las empresas competitivas que ofrezcan los empleos dignos y bien remunerados que necesitamos. La tarea más noble y patriótica que nos ha sido dada a los mexicanos es la modernización del país. Necesitamos el consenso para superar el inmovilismo, rechazar las inercias que nos frenan, los falsos nacionalismos que encubren la demagogia y el populismo y la soberanía mal entendida, así como para subordinar al interés general de la patria los intereses particulares, partidistas o de grupo. Tenemos la responsabilidad histórica de saldar la deuda social de México. Aún estamos a tiempo. Por todo esto nosotros pensamos que la globalización para nuestro país no significa ni aislamiento ni subordinación; significa el progreso de México. Atentamente,
La globalización es la integración inexorable de las economías a través del flujo de mercancías, capitales, tecnologías y personas. Genera impactos en todos los países del orbe no sólo en lo económico, sino también en lo político, en lo social, en lo cultural, en el medio ambiente, en los valores éticos y en el marco legal e institucional. Es un error culpar a la globalización como la causa de la pobreza, la inequitativa distribución del ingreso o el deterioro ambiental. La globalización no es una fatalidad. Ha generado beneficios. La integración de un país a la economía global se traduce en una aceleración de su ritmo de crecimiento, un incremento de su nivel de ingreso y una mejora en la calidad de vida de sus habitantes. La globalización tampoco es una panacea y la liberalización del comercio y la inversión no son suficientes por sí mismas para garantizar el desarrollo de los países más pobres ni resuelven automáticamente los problemas globales como el ecológico y la desigual distribución del ingreso entre los países y los individuos. Además del esfuerzo interno para fortalecer la competitividad de las economías nacionales, es necesario que la comunidad internacional reconozca la necesidad de respetar las reglas que hacen posible el intercambio mundial justo y benéfico para todos los países. Existen prácticas en los mercados internacionales que generan la percepción equivocada en amplios sectores de la población de que la globalización es la causante de problemas graves en los países subdesarrollados. Un buen ejemplo es la pobreza en los sectores agropecuarios en estos países. La causa real no es la globalización, sino, entre otras, las tendencias proteccionistas de Estados Unidos y los países de la Comunidad Europea y los cerca de mil millones de dólares diarios con los que subsidian a sus productores en el campo, cifra seis veces superior al monto de su ayuda a los países menos desarrollados. El origen de la pobreza no está en la internacionalización de los mercados -que abren oportunidades- sino en la competencia desleal. Las reglas del juego del mercado internacional deben ser claras y equitativas. Es inadmisible el doble discurso de los países desarrollados que pregonan la apertura de los mercados y simultáneamente practican el proteccionismo y subsidian a sus propios productores. Los efectos de estas medidas son devastadores para los países subdesarrollados y nocivos para la globalización. El fenómeno globalizador ofrece oportunidades de desarrollo y progreso para los países que tengan la visión y la capacidad de establecer las condiciones y políticas adecuadas para aprovecharlo. Pero también conlleva grandes amenazas para aquellos países que no han sido capaces de alcanzar los consensos indispensables para establecer las estructuras políticas, económicas e institucionales modernas que exige la competencia en mercados globalizados. La marginación, la pobreza, la desesperanza, la pérdida de valores sociales y culturales e incluso el deterioro del medio ambiente pueden agudizarse en los países más rezagados en su esfuerzo modernizador. La globalización impone a los gobiernos de países como México limitaciones a la aplicación de instrumentos de política como la manipulación del tipo de cambio, el control de precios, la fijación de aranceles y el endeudamiento público. Pero no por ello los gobiernos dejan de tener un papel insustituible para crear y mantener un entorno propicio para acelerar el desarrollo del capital humano, para la inversión, la creación de empresas y la elevación de la competitividad del país en su conjunto. Siguen siendo responsables de la provisión eficiente y oportuna de infraestructura y de servicios públicos como salud, educación, vivienda y seguridad pública. También deben concebir con visión y aplicar políticas públicas compatibles con una distribución de la riqueza cada vez más equitativa, garantizar los derechos de propiedad y proteger eficazmente al medio ambiente y fortalecer las instituciones. Todo lo anterior dentro del Estado de Derecho. Coparmex considera que la conducción del proceso de la globalización no puede ser insensible a los problemas más lacerantes que padece el mundo: 1.
Cerca de tres mil millones de personas -aproximadamente la mitad de la
población mundial- sobreviven en condiciones infrahumanas con un
ingreso de no más de dos dólares diarios. México no es ajeno a los grandes flagelos que aquejan al mundo y ha hecho un esfuerzo para incorporarse a la globalización. Las reformas estructurales iniciadas hace unos 20 años han producido beneficios. Sin embargo, no han alcanzado a todos los sectores de la población y distan mucho de superar problemas tales como: 1.
La pobreza y la marginación de más de la mitad de nuestra
población y la distribución inequitativa del ingreso. Los empresarios de Coparmex estamos convencidos de que México puede y debe aprovechar las oportunidades de la globalización. ¿Si otros países que estaban más atrasados que nosotros han logrado en unos cuantos lustros desterrar la miseria, mitigar la pobreza y el desarrollo integral que permite tener una sociedad más equilibrada, por qué México no? La sociedad mexicana toda debe abrir los ojos y tomar conciencia de que nuestro mayor reto se resume en aumentar rápidamente la competitividad del país. El incremento generalizado de la competitividad dentro del contexto de una economía de mercado con responsabilidad social debe ser nuestra fuerza impulsora. Este es el consenso social primario que debe vincular en la globalización a todos los mexicanos. La economía de mercado con responsabilidad social exige: 1.
Educación de calidad. Es importante también preservar y cultivar los riquísimos valores culturales de nuestro país y refrendar a la familia como el sustento del desarrollo social saludable y armónico. Si bien la globalización avanza con fuerza propia, también es cierto que la intervención de los gobiernos nacionales influye en su marcha. México tiene una responsabilidad internacional de participar en esos foros no sólo en defensa de sus intereses, sino también de los de Latinoamérica, que ve en nuestro país un ejemplo y un apoyo en su esfuerzo de modernización y progreso. En Coparmex nos proponemos contribuir a esta presencia internacional de México con una participación ilustrada y activa en los foros internos y en los organismos empresariales internacionales. Esta es nuestra única posibilidad para imprimirle un carácter cada vez más subsidiario y solidario al proceso de la globalización, darle un rostro humano y confirmar a la persona como el fin último de la economía y la política. México tiene una ingente deuda social con 50 millones de compatriotas que viven en la pobreza. Quitémonos la venda de los ojos. El progreso sostenible de los mexicanos sólo es posible cuando cada uno de nosotros pueda tomar en sus manos su propio destino. La primera condición para ello es que tengamos las capacidades para desempeñar eficientemente un trabajo productivo. La segunda es que existan las empresas competitivas que ofrezcan los empleos dignos y bien remunerados que necesitamos. La globalización plantea amenazas. La peor de ellas es no aprovechar las oportunidades que también ofrece. Reconozcamos el carácter inexorable de la globalización, seamos realistas y abandonemos la ilusión de que podemos eludirla o ignorarla. El imperativo es alcanzar los niveles de competitividad requeridos para participar exitosamente en los mercados internacionales. España, Singapur, Chile, Corea del Sur y Nueva Zelanda -entre otros países- ya lo han logrado. Como ellos, nosotros tenemos también que impulsar decididamente la educación, abatir el costo país y fomentar a los emprendedores. Este es el único camino para generar los millones de empleos que con tanta urgencia necesitamos en el contexto de la globalización. La tarea más noble y patriótica que nos ha sido dada a los mexicanos es la modernización del país. Necesitamos el consenso para superar el inmovilismo, rechazar las inercias que nos frenan, los falsos nacionalismos que encubren la demagogia y el populismo y la soberanía mal entendida, así como para subordinar al interés general de la patria los intereses particulares, partidistas o de grupo. Tenemos la responsabilidad histórica de saldar la deuda social de México. Aún estamos a tiempo. Tijuana a 11 de octubre de 2002.
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