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México D.F. a 11 de Octubre de 2002. Discurso
del Lic. Jorge Espina Reyes Presidente, de COPARMEX durante la
Hemos llegado al final de nuestra Asamblea Nacional Ordinaria, la que ha sido fruto de un largo trabajo encabezado por el Contador Público, Alberto Núñez Esteva, Presidente del Comité de Contenido, y desde luego, del enorme esfuerzo y dedicación de nuestros anfitriones y compañeros empresarios de COPARMEX Tijuana. A ellos y a todos quienes han hecho posible la realización de este encuentro, nuestra más sentida felicitación y gratitud. Las discusiones sobre el contenido de la Asamblea, la elaboración de diversos borradores de trabajo redactados con antelación por empresarios y especialistas, las ideas planteadas en las brillantes exposiciones de nuestros conferencistas, así como las aportaciones surgidas de las mesas de trabajo, nos permiten contar con una innovación de valor estratégico para el papel de COPARMEX: "La Declaración de Tijuana", misma que presentaremos formalmente, en el transcurso de diez días, a la opinión pública, al gobierno de la República, al Congreso de la Unión, a nuestros organismos empresariales hermanos, a la academia, a los sindicatos, a las iglesias y al mayor número posible de lideres sociales. Con la declaración, pretendemos contribuir al debate sobre los cambios y las políticas que el país debe poner en práctica para hacer frente a la globalización y culminar con éxito la transición y la consolidación democrática. Entre otros aspectos, se plantea en la Declaración como el fenómeno globalizador no es inherentemente bueno o malo. Por un lado ofrece grandes oportunidades de desarrollo y progreso para aquellos países que tienen las condiciones y políticas adecuadas para aprovecharlo y por el otro conlleva grandes riesgos de creciente marginación, pobreza, destrucción de valores y daños al medio ambiente, para los países que no cuentan con las condiciones y elementos necesarios para capitalizar tales oportunidades. Sostenemos
que el crecimiento económico es uno de los requisitos indispensables
para el desarrollo y elevación del bienestar. La economía
de libre mercado y el intercambio comercial entre naciones y entre personas,
junto con la inversión directa interna o externa, son el motor
más importante para el crecimiento y el desarrollo económico;
pero para poder ser exitosos se requiere, además: La globalización, para tener un rostro humano, debe responder a los principios de solidaridad y subsidiaridad, consciente de que la persona debe ser el centro y fin último del desarrollo. Las reglas del juego del mercado internacional deben ser claras y equitativas, por lo que resulta inadmisible el doble discurso y las tendencias proteccionistas de los principales países desarrollados, particularmente con relación a sus sectores agropecuarios en donde los subsidios que otorgan son equivalentes a cerca de mil millones de dólares diarios, más de seis veces el monto de ayuda oficial que proporcionan a los países menos desarrollados. Los efectos de estas medidas resultan devastadores para estos últimos. Coparmex
insistirá al gobierno de la República a que pugne por el
fortalecimiento de instituciones multilaterales más democráticas,
imparciales y eficientes, así como por el establecimiento de reglas
justas y equitativas para los países menos desarrollados y sus
empresas, particularmente en lo que toca a la creciente y desleal competencia
de los productos agropecuarios de los países más desarrollados. En esta tarea, Coparmex está conciente de los conflictos que genera la lucha contra la corrupción; conciente de la incertidumbre propia que tal o cual política pública produce en el ánimo de muchos espíritus; de las resistencias al cambio de algunos grupos nostálgicos del pasado populista. Conciente de cómo algunos se esfuerzan por minar la gobernabilidad y las bases de confianza internacional, que son, en buena parte, factor de estabilidad económica y social, ignorando el daño potencial que pueden provocar, especialmente, sobre los más desprotegidos. Desde luego, estamos concientes también de la buena voluntad de muchos lideres y ciudadanos que participan en las organizaciones sociales, en las agrupaciones empresariales, en los partidos políticos de todo signo; en el gobierno, en el Congreso, que con la suficiente voluntad y decisión, podemos construir los consensos y acuerdos fundamentales que tanto urgen para elevar la competitividad y reformar el Estado, ante la velocidad de los cambios que están ocurriendo en las economías y sociedades de otros países, así como con las desventajas que hoy tenemos al competir en la economía mundial. Frente a dicha urgencia, hacemos un llamado a todos los actores políticos y sociales. A los Poderes Públicos en los niveles federal, estatal y municipal, a poner en marcha políticas acordes con la competitividad y el mundo globalizado en que vivimos. Al Poder Legislativo Federal, a construir el marco jurídico promotor de la inversión, la generación de empleos y el respeto irrestricto a los derechos humanos, demostrando a la sociedad mexicana que las diferencias de ideología o criterios son conciliables en el marco del interés superior de la nación. A los Partidos Políticos, a revalorar ante la sociedad, el papel de la política como el mecanismo idóneo para resolver diferencias y canalizar la participación creativa de los ciudadanos. A los Sindicatos y Trabajadores, a fortalecer la Nueva Cultura Laboral de diálogo, capacitación continua y eficiencia. A los Empresarios, a comprometerse decididamente con la excelencia, la competitividad, la responsabilidad social y la participación. Con la esperanza puesta en el poder de la unidad y de la buena fe y la buena voluntad que aún en el fondo del adversario se puede encontrar, insistiremos en hacer ver la verdad de que en estos tiempos de transición, y para llevarla a buen destino, debemos superar las visiones miopes, de los intereses particulares y de corto plazo; que debemos unirnos y mirar hacia el más amplio horizonte de nuestra vocación como nación, y con visión, discutir y plantear las reformas estructurales que necesitamos y que son urgentes. México
requiere de un nuevo sistema fiscal, de un sistema educativo de calidad,
de una reforma energética, de la reforma laboral, de instituciones
políticas y de leyes que generen las condiciones de seguridad,
paz, estabilidad, participación democrática y justicia que
nos permitan ponernos a trabajar a los mexicanos, en armonía y
constructivamente por el bien de todos, por el bien de nuestros hijos.
México es un país rico por su historia, por su gente, por sus riquezas naturales. Somos herederos de una gran herencia cultural que podemos utilizar fecundamente para aprovechar las oportunidades que brinda la globalización. Los griegos se referían al tiempo en dos sentidos, el primero es el "Cronos", que es el tiempo mensurable, el tiempo que corre, ya sea en pasado, presente o futuro, o en minutos, horas, días, meses o años. Pero también hablaban del "Kairos" y pensaban en lo irrepetible del tiempo mensurable. En el "Kairos" suceden hechos únicos, que tienen un carácter fundamental. Se dice del "Kairos" como el tiempo que nos ha llegado como cuando coloquialmente le decimos a un amigo que este el tiempo y no otro de que tome una decisión trascendente en su vida. Pienso que a nosotros como país nos ha llegado el "Kairos", el tiempo de los acuerdos, de los consensos, de las decisiones fundamentales. El tiempo para generar el despegue como nación y desterrar para siempre la contracultura de la simulación; de la apariencia; de la falta de respeto a la ley; del individualismo egoísta; del paternalismo y su contraparte complementaria de dependencia; la contracultura que nos separa en bandos irreconciliables incapaces de diálogo constructivo, de consensos y de acuerdos. El tiempo de vivir la libertad que nos da la nueva democracia que nos hemos dado para conquistar más libertad y más democracia, pero con madurez, con responsabilidad social, con compromiso por el bien común. El tiempo de que vivamos con coherencia los valores de nuestra cultura, de construir y reforzar nuevos valores e instituciones. El tiempo de invertir con esperanza nuestros talentos, viendo hacia el futuro, mirando los rostros de los niños que hoy no tienen esperanza, el rostro de cada uno de nuestros hijos. La cultura de este siglo, será mejor o peor, dependiendo de nuestra conducta, dependiendo si la ajustamos a nuestro ideal, si lo cultivamos en el día a día, o lo perdemos en la rutina, en la desilusión o la desesperanza. El debate principal es bajo que ideales queremos proseguir nuestra existencia como nación. Si sólo concebimos nuestro futuro bajo claves de división, de enfrentamiento, de estancamiento y desperdicio de lo que hemos recibido o si creeremos que somos capaces de grandes cosas juntos y para el bien de todos. Capaces de edificar un país caracterizado por el respeto, la unión, la solidaridad, el trabajo. Un país en el que forjemos la confianza de unos con otros, basados no sólo en el crecimiento de nuestras habilidades y del esfuerzo diario, sino fundamentalmente de la actitud con que enfrentemos los retos y problemas, una actitud de alegría, de responsabilidad, de honradez; una actitud de esperanza, nacida, como señalo uno de nuestros conferencistas, de la revolución del corazón de cada uno de nosotros. Muchas
gracias. |