LXXXI Asamblea Nacional de Coparmex
Tijuana, 10 y 11 de octubre de 2002

La globalización en perspectiva

"Dimensión social de la globalización"

Virgilio Levaggi

Especialista Regional en Integración Socioeconómica y Trabajo Decente
Oficina Internacional del Trabajo para América Latina y el Caribe

levaggi@oit.org.pe


"Adelantarse a la globalidad que es un hecho irreversible, inevitable y que sí se ha de transformar y humanizar" (Programa Nacional de Política Laboral 2001-2006, Secretaría de Trabajo y Previsión Social de los Estados Unidos Mexicanos)

1. Algunas características

2. Latinoamérica

3. Humanización de la globalización

4. Conclusión


Comenzaré por algunas características de la globalización; luego desarrollaré aspectos de la realidad latinoamericana en el contexto actual y concluiré sugiriendo pistas que considero pueden permitir una renovada aproximación a la globalización para conseguir lo que señala el Programa Nacional de Política Laboral del Gobierno del Presidente Fox: "adelantarse a la globalidad que es un hecho irreversible, inevitable y que sí se ha de transformar y humanizar" (pág. 73).

En mi visión de la globalización hay un elemento central: la imperiosa necesidad de construir la gobernabilidad de la globalización, o como se debe decir en español, la imperiosa necesidad de construir la gobernanza de la globalización para gerenciarla y así transformarla y humanizarla.

1. Algunas características

Tiene sesgos y asimetrías preocupantes.

Cuando la movilidad de capitales, bienes y servicios es irrestricta las limitaciones al libre tránsito de la mano de obra son un sesgo evidente.

Cuando no hay mecanismos que garanticen la coherencia global de las políticas macroeconómicas de las economías centrales (que se formulan en función de intereses y contextos internos, como los subsidios agrícolas) o cuando no se dan acuerdos globales para la movilización de recursos con el propósito de compensar las tensiones distributivas que se han agudizado, es claro que en la agenda mundial que acompaña a la globalización tiene asimetrías.

Desde los sectores altos perjudicados por la apertura económica, pasando por los medios sometidos a los rigores del desempleo, hasta los bajos crecientemente empobrecidos, se percibe el nuevo mal en los países menos desarrollados: la exclusión.

El otro mal son las desigualdades económicas entre países, las cuales agudiza la globalización a partir de una concentración masiva de ventajas en ciertas áreas y la marginación implacable de otras. Parece olvidarse que los beneficios del capitalismo no se distribuyen espontáneamente de forma equitativa, de suerte que cuanto más dinámica es su expansión más desigual es la distribución de riqueza que se deriva. Anualmente la renta per capita mundial aumenta, como promedio, casi 1%; pero en más de 100 países dicha renta ha disminuido desde 1985 y en más de 60 países el consumo individual ha decrecido.

El proceso actual comenzó hace poco más de 130 años:

a) Entre 1870 y 1913 se dio una gran movilidad de capitales -facilitada por la extensión del patrón-oro como sistema de pagos internacionales y por la regulación macroeconómica- y también de la mano de obra, debido a la reducción de los costos del transporte.

Caracterizan a esta etapa nuevas formas de regulación estatal de la economía (monetarias y financieras) y de la dimensión social (protección de los trabajadores y seguridad social) así como restricciones al libre comercio de bienes pues predominaba el proteccionismo, excepto en Gran Bretaña y los Países Bajos. En este período el crecimiento económico fue el motor de la expansión del comercio internacional y no a la inversa.

La agenda internacional luego de la Primera Guerra Mundial, que interrumpe la primera etapa de la globalización hasta después de la Segunda Guerra Mundial, tenía 2 temas centrales: el compromiso con el libre comercio y la promoción del empleo. El primero subsiste como prioridad en la actual agenda global mientras el segundo no. Esto es relevante.

b) La segunda etapa, entre 1945 y 1975, se distingue por un gran esfuerzo en desarrollar instituciones internacionales de cooperación financiera y comercial (explicable pues durante la depresión de los años '30 se dio una ruptura generalizada del sistema de pagos multilaterales y no se pudo restablecer el patrón-oro), la notable expansión del comercio de manufacturas entre países desarrollados (especialmente entre los dos bloques de países europeos), la existencia de una variedad de modelos de organización económica y la limitada movilidad del capital y de la mano de obra. Las crisis del petróleo y de la deuda externa así como la desintegración del régimen de regulación macroeconómica establecido en 1944, en Bretton Woods, marcan el fin de este período.

c) La tercera etapa se inicia con el último cuarto de siglo del milenio pasado. Ella tiene -entre otras características- la gradual generalización del libre comercio, la creciente presencia de empresas multinacionales que actúan como sistemas integrados de producción mundial, la expansión y movilidad de los capitales, una tendencia a la homogeneización de los modelos de desarrollo y restricciones crecientes a la movilidad de la mano de obra.

Esta última etapa es a la que comúnmente se llama globalización; está marcada por el avance científico de la segunda mitad del siglo XX y dirigida por las tecnologías de la información. Ella puede ser comprendida como parte de un proceso con antecedentes en la Revolución Mercantil y los descubrimientos marítimos que permitieron la organización de un espacio semiplanetario a partir de iniciativas occidentales. Europa duplicó la capacidad de desarrollo de China al progresar en la navegación de largo alcance y al comercializar productos a larga distancia. Luego vino la Revolución Industrial que adquirió considerables proporciones planetarias que la Revolución de la Información multiplica.

Conviene destacar que nadie está condenado a ocupar permanentemente un lugar marginal. Es posible salir del subdesarrollo; pero son pocos los países que lo logran (en el pasado inmediato Alemania, Japón o Corea).

No hay progreso sin conciencia crítica de las propias exigencias para superar la falta de desarrollo y sin pronta y consistente aplicación de las medidas necesarias por un período nunca inferior a 20 años, según algunas teorías. La conquista del desarrollo requiere de liderazgo público y privado, de adecuada comprensión de la propia realidad en el espacio-tiempo histórico y de los caminos para su superación, así como de firme voluntad política y consenso social.

El Presidente Reagan dijo alguna vez: "Yo no creo en un destino que caerá sobre nosotros hagamos lo que hagamos. Creo en un destino que caerá sobre nosotros si no hacemos nada"; a lo cual puede añadirse, o si no se hace lo correcto.

Comprender la globalización como parte de un proceso histórico puede ayudar a precisar mejor los mecanismos necesarios para su gobernanza y humanización; también lo puede hacer el tomar conciencia de que no todo lo que vivimos es absolutamente inédito.

A finales del siglo XIX, EE.UU. experimentó una gran agitación social y económica. La combinación de industrialización y urbanización sacudió los cimientos de la vida religiosa y familiar: brotaron sectas, las mujeres iban a trabajar a fábricas insalubres y las tensiones raciales se agudizaron. La luz eléctrica y el automóvil abrieron un abanico de nuevas opciones y tensiones como lo han hecho internet y las computadoras. 12% de las familias estadounidenses controlaban 86% de la riqueza del país, había inequidad como en la actualidad existe en el mundo; mansiones se levantaban junto a barrios pobres como hoy en algunas ciudades latinoamericanas. La literatura de la época satirizó la delincuencia económica y política imperante en aquel entonces como lo han hechos programas de televisión con el reciente caso Enron.

Los millonarios financiaban una economía a escala para adaptarla al vasto territorio que Lincoln había afianzado al unificar la nación. Las fortunas contemporáneas se amasan en un entorno económico mundial en el que se están forjando una civilización global y una estructura de poder opulenta de la que muchos permanecen excluidos.

2. Latinoamérica

Vivir en nuestros países es una odisea para quienes no tienen empleo o están subempleados.

En América Latina las relaciones entre política y economía son percibidas como más estrechas. La agudización de la crisis económica ha generado, en algunos sectores, dudas respecto del sistema democrático tanto como respecto de las políticas económicas aplicadas. Esto es peligroso pues la democracia, como lo demuestran los estudios del Nobel de Economía A. Sen, es la mejor manera de establecer y llevar adelante una agenda para el desarrollo.

A veces se olvida que el valor de la democracia no reside en los textos jurídicos que buscan plasmarla sino en su capacidad para generar procesos e instituciones que garanticen la igualdad de los ciudadanos ante la Ley y oportunidades reales para el progreso personal y social.

La caída del muro de Berlín suscitó la esperanza de que toda la humanidad caminaría hacia el mismo tipo de desarrollo de la mano de la democracia, el libre mercado y un renovado respeto por los derechos humanos.

La ilusión de una prosperidad automática -que nos había embargado a los latinoamericanos a comienzos de los '90, a raíz de los procesos de estabilización económica y ajuste estructural- se ha derrumbado. En la actualidad 2 de cada 3 latinoamericanos no cree que su situación va a mejorar en el mediano plazo.
En América Latina 54 millones de personas sufren de hambre y la pobreza afecta a más de 177 millones. El desempleo durante el primer semestre de este año fue de 9.4%, el nivel más alto desde 1980. Las perspectivas en el corto plazo son peores pues se prevé que el desempleo aumente ya que la economía regional tendrá este año el peor resultado desde 1983.

En las últimas dos décadas, en la región, el número de personas trabajando en la informalidad pasó de 40% a 60% de la Población Económicamente Activa. La tasa de desempleo juvenil es el doble de la tasa de desempleo promedio.

La falta de trabajo decente, como lo demuestran las cifras de desempleo y subempleo, se ha convertido en una constante en todos los países latinoamericanos y fomenta una creciente marginalidad social.

Las distorsiones de la realidad son patéticas. En algunos lugares los narcotraficantes son vistos como buenos y se aplaude el apoyo alimentario que brindan. En ciertos sectores la corrupción es considerada como una alternativa viable para salir del círculo de pobreza. La explotación sexual de menores ha crecido tanto que el sexo con ellos se ha convertido en la actividad más rentable del crimen organizado, después del comercio de drogas y de armas.

La ausencia de vinculación efectiva entre los procesos políticos y el progreso económico y social generaliza la incertidumbre ante el futuro que se suma a la frustración que produce la llamada "revolución de expectativas", generada por una modernidad que -a través de los medios de comunicación- todo lo ofrece sin destacar los esfuerzos que requiere la conquista de sus beneficios.

Incertidumbre y frustración son caldo de cultivo para la revuelta violenta contra la situación imperante y sus presuntos gestores, o para la búsqueda de una entidad o personaje populista capaz de articular mensajes convincentes aunque no sean viables. Evo Morales el "rey" de los cocaleros bolivianos arañó la presidencia de ese país hace un par de meses.

La violencia y el populismo deben evitarse a través del fortalecimiento de la democracia para que responda a las legítimas demandas de las mayorías. Afortunadamente una reciente encuesta de Latinbarómetro, en 17 países, muestra que 56% de los entrevistados apoya la democracia antes que los regímenes dictatoriales; sin embargo sólo 32% de los encuestados expresó satisfacción parcial con sus gobiernos. El talante democrático de nuestros pueblos es un capital que no puede ser puesto en riesgo por administraciones ineficientes.

Cuando se observan los esfuerzos de nuestra población por sobrevivir a través del ejercicio de la solidaridad -en el cuidado de los niños en guarderías populares para hijos de mujeres jefas de hogar que salen diariamente para buscar el sustento para ellas y sus familias o al enfrentar el hambre a través de ollas comunes, entre otros ejemplos- y cuando se toma conciencia de los esfuerzos por progresar de hombres y mujeres que ejercen su derecho a trabajar en la economía informal es claro que, en el ámbito popular, tenemos valores y una iniciativa emprendedora que deben ser adecuadamente canalizados en favor del progreso.

Talante democrático, valores arraigados, laboriosidad y espíritu emprendedor son los pilares a partir de los cuales los latinoamericanos podemos aprovechar las oportunidades que ofrece la globalización.

Tienen una gran responsabilidad a los dirigentes de nuestros países y Uds., en tanto empresarios formales, deben estar a la altura del reto que significa lograr democracias que respondan a los urgentes problemas de las mayorías y economías abiertas a todos y no sólo a unos pocos.

El liderazgo que se necesita hoy demanda creatividad, audacia, sacrificio y desinterés para que los valores de nuestra tradición cultural -en la que la persona humana está al centro de las demás realidades y por tanto la política y la economía a su servicio y no a la inversa- se traduzcan en proyectos viables de desarrollo integral.

3. Humanización de la globalización

Algunas ideas para su consideración:

a) La gobernanza de la globalización pasa por tomar conciencia de la centralidad del trabajo decente para un desarrollo que merezca el calificativo de humano.

¿Por qué no tengo acceso a los beneficios de la globalización? ¿Por qué siento que no tengo oportunidades ni se me trata en un pie de igualdad con los demás? Son preguntas que se hacen muchos. Las grandes mayorías no sienten que la globalización los beneficie. Ello no es bueno. En cambio, que los más participen en los esfuerzos por progresar y aprovechen sus resultados es muy positivo para las personas, sus familias y sociedades así como para el modelo mismo.

Para responder a dudas como las señaladas el mundo del trabajo es central pues en él la gente decodifica su calidad de vida.

El empleo remunerado sigue siendo, para las grandes mayorías, el medio principal a través del cual definen la propia identidad y su posición en la comunidad. El trabajo sigue siendo el mejor medio para participar en la sociedad pues ayuda a la autoestima, provee prestigio social y capacidad económica además de facilitar la participación cívica de los ciudadanos. Este empleo, que dignifica y permite el desarrollo de las propias capacidades, no es cualquier trabajo. No es decente el trabajo se realiza sin respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, ni el que no permite un ingreso digno y proporcional al esfuerzo realizado, ni el que se lleva a cabo sin protección social ni aquél que excluye el diálogo social.

El trabajo, no obstante estar en el corazón de la política, no es tomado suficientemente en cuenta al analizar la realidad económica y al adoptar medidas para orientarla. Al tomar decisiones en este campo, por lo general, no se evalúa si ellas crean o destruyen empleos. Por ello poner la política laboral en el corazón del proceso de toma de decisiones económicas, públicas y privadas, es crucial para que la persona humana retorne al centro de la política y de la economía.

El crecimiento económico es imprescindible; pero insuficiente para garantizar el desarrollo. Es patente la urgencia de crecimiento intensivo en empleo, manteniendo el compromiso con economías y sociedades abiertas y libres.

Creo que las medidas que se tomen para alentar el trabajo decente tendrán un saldo positivo al hacer su análisis costo-beneficio. Más y mejores empleos ayudarán a la ampliación del mercado interno lo cual será crucial para consolidar la salida productiva a la crisis actual; eso sí, sin descuidar la disciplina macroeconómica y evitando medidas populistas que sólo complicarían la situación, como lo demuestra la historia.

Hay que ponderar adecuadamente el rol que las instituciones del mercado de trabajo pueden cumplir para facilitar la estabilidad macroeconómica y una mejor distribución de la riqueza sin intervencionismos dirigistas, así como en la promoción del desarrollo sustentable y sostenible y la atracción de la inversión privada nacional y extranjera, tanto como en el aumento de la productividad y competitividad a partir de una nueva cultura laboral y, especialmente, para el desarrollo de capital humano.

Al iniciar esta presentación señalé que la ausencia de acuerdos globales para la movilización de recursos con el propósito de compensar las tensiones distributivas que se han agudizado es un ejemplo de la asimetría en la agenda internacional que acompaña a la globalización.

En la lógica de la centralidad del empleo ¿no sería factible la constitución de un Fondo Global para el Desarrollo los Recursos Humanos para paliar en algo dicha asimetría?

Para insertarse ventajosamente en la globalización son indispensables trabajadores competitivos en una economía basada en el conocimiento. Se necesita elevar el nivel educativo de las poblaciones marginadas de la dinámica globalizadora que marca el ritmo del progreso mundial. Si bien es cierto que los costos de acceso a la información han disminuido no sucede lo mismo con los relacionados con su procesamiento; por ello ser o no alfabetos digitales es un condicionamiento para aprovechar o no las ventajas de la globalización.

Si los Estados del mundo promueven, con recursos públicos y privados, el Fondo sugerido ¿no sería ésta una iniciativa correcta en favor de la gobernanza de la globalización?

Si se reconoce la centralidad del empleo para insertarse en la globalización ¿no sería posible integrar la dimensión sociolaboral en las revisiones que hace el Banco Mundial del marco macroeconómico de los países e incluir criterios sociolaborales -como la paz social y la capacidad de la fuerza laboral, entre otros- en los informes de las agencias calificadoras de riesgos, que pueden condenar a un país al ostracismo financiero internacional?

b) Una de las evidencias de las asimetrías de la globalización es la falta de mecanismos que garanticen la coherencia global de las políticas macroeconómicas.

Como lo señalara el Director General de la OIT al inaugurar, el pasado diciembre, el Foro Global del Empleo: "Muchos países desarrollados ya han iniciado una fase de expansión (aplicando políticas monetarias menos restrictivas para hacer frente a la recesión). (…) Hace falta un entorno propicio para que los países en desarrollo puedan emprender esta misma fase expansiva. Concretamente, necesitan tener acceso a la base de recursos financieros que les permita aplicar las distintas opciones de política expansionista necesarias en un período de recesión. Las medidas de alivio y de reajuste de la deuda, el aumento de la liquidez, la asistencia oficial para el desarrollo y otros flujos de recursos externos cumplen un papel significativo al respecto.

(…) Estamos en un momento delicado. La aplicación de políticas inapropiadas pondría a millones de familias en situaciones por encima de su capacidad de resistencia. Estas políticas agravarían la pobreza y pondrían en peligro los fundamentos de la democracia.
(…) Por esta razón, necesitamos aportar una respuesta productiva basada en la creación de empresas y de empleos en todo el mundo. Debemos desplegar toda nuestra imaginación para encontrar soluciones a la restricción del crédito que afecta a las empresas y a la reducción de los ingresos que perjudica a los trabajadores. Quienes han sido despedidos o viven en el abismo de la economía informal necesitan mecanismos de protección social y redes de seguridad apropiados. Estos constituyen el fundamento a partir del cual se podrá restablecer la confianza de los consumidores y de los inversionistas".
Lo anterior implica revisar las políticas de reactivación así como su uso adecuado y oportuno. Algunas decisiones económicas tomadas por EE.UU. luego del 11 de setiembre del año pasado -entre otras, programas fiscales para reactivar el gasto o el aliento a ciertos sectores productivos cruciales o el aumento de aranceles para la importación de algunos productos- demuestran que los países industrializados -a diferencia de los países en desarrollo- tienen márgenes de acción para adoptar políticas anticíclicas. A comienzos de este año, según el BID, los países latinoamericanos ya se habían visto obligados a reducir o postergar sus programas de inversión social, a pesar del creciente descontento popular.

c) En la actualidad existe una percepción creciente de que la soberanía nacional está severamente restringida por acciones de los países mayores y de organizaciones internacionales gubernamentales o no. La transnacionalización de la economía y de sus riesgos hace que no baste con la capacidad decisional de una sociedad, sustentada en la voluntad popular, para -a través del ejercicio del poder democrático- satisfacer las demandas. Consecuentemente los gobiernos se deslegitiman rápidamente ante las crisis económicas.

Además el Estado-nación como principio ordenador de las relaciones internacionales está siendo crecientemente erosionado por nuevos actores que inciden crecientemente en dichas relaciones. Se necesita una mejor aplicación del principio de subsidariedad en el ámbito internacional para lograr la gobernanza de la globalización.

Ello requerirá, por ejemplo, valorar en su justa medida las políticas económicas nacionales. Esto es de suma importancia pues aquellos países desarrollados que mejor se han integrado en la economía global llevaron adelante políticas industriales que hoy día serían difíciles de aplicar debido a acuerdos multilaterales que reducen los márgenes con que cuentan los países para tener sistemas de incentivos y políticas selectivas para mejorar la competitividad sistémica.

El Estado requiere ser redefinido -también- a partir de una mejor aplicación del principio de subsidariedad al interior de los países, para que se reconozca el rol de los particulares y de las asociaciones que generan en la forja el progreso. El Estado en esta etapa de la globalización requiere del diálogo social y de consensos para generar sinergias positivas con la sociedad civil.

¿No sería importante reproducir este tipo de diálogo y consensos en el ámbito internacional? En la Organización Internacional del Trabajo los Estados están representados por sus gobiernos y por dirigentes de la sociedad civil (empleadores y trabajadores); sin embargo eso no sucede en instituciones como la Organización Mundial del Comercio u otras del sistema multilateral. En ellas los Estados están representados únicamente por sus gobiernos.

d) La integración y el comercio no pueden ser ajenos en la estrategia por gerenciar la globalización. Son interesantes una declaraciones del Presidente Bush antes de su última visita a Latinoamérica: "Uno de los focos de esta administración es cómo desarrollar políticas que consigan trabajo permanente para la gente. Comercio es igual a trabajo. (…) Por eso tiene tanto sentido promover el comercio. Cuantos más mercados se abran, hay más comercio y más puestos de trabajo disponibles".

Es inútil, por falsa, plantear una disyuntiva entre libre comercio y autarquía en tiempos de globalización. Cifras al canto con dos casos americanos: i) hoy las exportaciones mexicanas son superiores a la totalidad de las sudamericanas; ii) antes de la suscripción del acuerdo de libre comercio entre EE.UU. y Canadá, las exportaciones de éste a aquél fueron de 101 billones de dólares; 10 años después fueron de 271 billones de dólares; en la actualidad el comercio de bienes y servicios entre los dos países supera diariamente el billón y medio de dólares.

Sin embargo hay que tener en cuenta que sólo 47 países (23 industrializadas y 24 en vías de desarrollo) dominan la economía global. Entre ellos se da el 90% del comercio internacional de mercaderías, el 96% de la exportación mundial de manufacturas y el 88% el flujo global de inversión extranjera directa.

"El espacio regional ofrece (en materia de comercio e inversiones) (…) oportunidad(es) para aumentar la complementariedad productiva, los procesos de aprendizaje y la integración de la infraestructura física, así como el poder de negociación de cada país frente a las organizaciones de alcance global y a las grandes empresas que operan en la región" (CEPAL; XXIX período de sesiones; pág. 201).

La integración económica (bilateral, subregional, regional o hemisférica) no puede ser descuidada en los esfuerzos por construir la gobernanza de la globalización.

Estoy convencido que la mejor integración es aquella que no se reduce a derribar barreras arancelarias sino aquella que entiende el comercio libre como parte de una agenda de progreso más amplia que incluye temas como la elevación de los niveles educativos de la población o el fortalecimiento institucional de las sociedades.

4. Conclusión

He intentado transmitirles que la globalización

" no obstante sus sesgos y asimetrías actuales debe ser gerenciada para así humanizarla;
" que ella es parte de un proceso y no el reino de los desconocido;
" que sus aspectos negativos no son irreversibles; y
" que algunas de sus características más dramáticas ya han estado presentes, aunque de forma distinta, en momentos no tan lejanos de la historia.

He destacado cómo la falta de trabajo decente marca la crisis latinoamericana en el contexto de la globalización y ello constituye una amenaza para la democracia y la libertad económica pues alimenta la violencia social y la tentación populista.

No obstante ello el talante democrático de nuestra idiosincrasia, los valores de nuestra cultura milenaria y la laboriosidad y espíritu emprendedor de nuestros pueblos son fuerzas que pueden permitirnos aprovechar las oportunidades que ofrece la globalización si diagnosticamos correctamente nuestra realidad y aplicamos, con rapidez y perseverancia, las medidas necesarias para salir del subdesarrollo. Para el cumplimiento de tal tarea, que no es fácil ni simple, se debe establecer una cooperación eficiente entre los sectores públicos y privados.

Respecto de la humanización de la globalización me he permitido sugerir cuatro campos de acción prioritarios que no agotan la agenda para lograr tal propósito:

" Colocar la generación de trabajo decente en el corazón de la formulación y aplicación de políticas económicas públicas y en el proceso de toma de decisiones que en este ámbito realizan los privados. La creación de un Fondo Global para el Desarrollo de los Recursos Humanos sería un acuerdo multilateral orientado a compensar las tensiones distributivas que han agudizado ciertos aspectos de la globalización.
" Aceptar que la coherencia internacional de las políticas macroeconómicas exige reconocer que los países en desarrollo puedan aplicar políticas anticíclicas ante las crisis y que para ello necesitan del apoyo de la comunidad financiera mundial y no ser penalizados por los mercados de capitales.
" Modernizar el Estado-nación -a partir de la aplicación del principio de la subsidariedad en la comunidad de naciones y al interior de éstas- para que siga sirviendo como principio ordenador de las relaciones internacionales, agente de la paz universal y, también, como facilitador del desarrollo nacional.
" Apoyar los procesos de integración, especialmente aquellos que teniendo en cuenta la dimensión comercial van más allá y promueven acciones cooperativas entre los países en favor del progreso integral y la humanización de la globalización.

La globalización con sus virtudes (como la aplicación del avance científico en el combate contra las enfermedades, el fomento de la cercanía entre los pueblos, la aplicación de las nuevas tecnologías a la difusión de la educación, entre otras) y defectos (fomento de una urbanización deficiente y la desigualdad económica, entre otros) no debe ser desaprovechada para avanzar en el sendero del progreso integral.

Para enfrentar sus crisis, estructurales y coyunturales, y aprovechar las oportunidades que presenta la globalización Latinoamérica demanda una respuesta productiva en la que la empresa privada generadora de empleo productivo juegue un papel preponderante. Se necesitan, también, gobiernos eficientes y transparentes que alienten un modelo de desarrollo que incentive la inversión y la generación de empleo, controlando la inflación. Además son necesarias sociedades civiles que estén a la altura de las circunstancias. Se requiere, también, que los Estados afirmen una acción internacional que aproveche los espacios que aún existen para políticas económicas, sociales y laborales activas y auspicien la cooperación entre los países.

Pero las empresas, los gobiernos, las sociedades civiles y los Estados no son abstracciones; ellos están constituidos por personas concretas. Por ello la humanización de la globalización pasa por el desarrollo integral de las personas.

Si pongo la globalización en perspectiva veo luces y sombras; pero también, al menos en América Latina, hombres y mujeres capaces de iluminar la oscuridad. ¡Estoy seguro que Uds. están entre ellos!