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"ĦAy
de aquél cuyas palabras sean más grandes que sus obras!".
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Victor M. Arjona Barbosa
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I
Concepto generalizado
Para
muchas personas, el concepto del líder está fuertemente
vinculado con la significación del verbo inglés
"to lead" cuya traducción es "llevar, conducir,
tener el mando, guiar".
Por
tanto, el líder es la persona con habilidades y carismas
que sabe conducir a los demás, que tiene capacidad de arrastre.
Es decir, esta extendida significación está basada
sólo en lo fenoménico, lo que aparece y se manifiesta
a los sentidos de quienes observan el desempeño del líder,
pero sin tomar en cuenta el propósito que lo anima ni el
fin que lo motiva.
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Así,
sin entrar en más análisis, se considera a un líder
como el que tiene el poder de convencer a otros y hacer que lo
sigan. No importa mucho cómo logra "convencer"
a sus seguidores sino el solo hecho de contar con lo que se llama
"el arrastre".
Con
este limitado enfoque, muchos admiran a gentes que han logrado
escalar posiciones y llegar a metas y no han tenido escrúpulos
de manipular y usar a sus seguidores para fines protagónicos,
para hacer prevalecer ideologías destructivas, para satisfacer
intereses económicos de grupos o para escalar posiciones
políticas.
Así,
pues, los que sólo consideran el liderazgo en su aspecto
exterior y fenoménico como la capacidad de tener seguidores,
son los que, sin hacer distinción alguna ponen en la lista
de líderes, a Moisés, Nabucodonosor, San Francisco
de Asís, Hitler, Jesús de Nazareth, Stalin, Ghandi,
Napoleón y Martin Luther King, entre otros muchos.
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II
El líder Maquiavélico
Dentro
de la literatura sobre el liderazgo, se ha hecho tristemente famoso
el escritor y diplomático florentino Nicolás Maquiavelo,
quien en su obra "El Príncipe", proporciona una
serie de consejos para el líder político de éxito,
entendiendo éxito como la habilidad de conquistar el poder
y conservarlo, ya que según el autor, "la única
vergüenza del príncipe es perder el poder".
Para
Maquiavelo, el poder no es precisamente un medio de servicio a la
comunidad sino un fin en sí mismo, de tal modo que todo lo
demás resulta medio o instrumento, incluso las mismas personas
humanas. Afirma en uno de sus Discursos: "Cuando se trata de
salvar a la Patria hay que olvidarse de la justicia y de la injusticia,
de la piedad o de la crueldad, de la alabanza o del oprobio y dejando
toda consideración ulterior, es necesario salvar a la Patria,
con gloria o ignominia". Es conveniente no confundirse, porque
al hablar de patria podríamos pensar en algo noble en esta
afirmación, pero, en verdad, para el autor la patria es la
razón de estado, la conveniencia del príncipe, del
soberano que representa y personifica a la Patria.
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Maquiavelo
tenía un concepto pesimista de la gente y por eso recomendaba
al príncipe que es mejor ser temido que amado, por lo que
la acción del líder no se debe basar en el amor sino
en la capacidad de hacerse obedecer por la intimidación y
la amenaza de castigos y represalias.
En
la práctica ha habido y hay líderes por todas partes
que, conociendo o no a Maquiavelo, en la práctica siguen
y aplican sus consejos. Para ellos, basta ser carismático
por naturaleza o aprender las habilidades y mañas para saber
manipular. Para este tipo de líderes la gente no es importante,
lo importante son sus intereses particulares y no ve a los demás
como personas sino como medios o recursos, a los que amorfamente
trata como masas. Se trata de seducir, conmover e impresionar, no
tiene por que ocuparse de pensar en la moralidad de su actuación
como líder, porque lo bueno y lo malo son indiferentes para
él. Sólo le interesa el poder para dominar y usar
a la gente.
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III
No hay liderazgo sin autoridad
Tanto
en las relaciones políticas como en las administrativas,
es cada vez más aceptado el hecho de que la efectividad del
liderazgo requiere más autoridad que poder. El poder implica
fuerza para imponerse, carácter coactivo, ya que con él
se obtiene que los demás hagan algo, aunque no sea de manera
voluntaria. La autoridad, en cambio, es la habilidad de lograr que
otros actúen libremente pero por la influencia personal del
líder.
El
liderazgo, por tanto, debe basarse más en la autoridad y
contar con la participación entusiasta y convencida de la
gente. Rasgo fundamental de este tipo de liderazgo es que la autoridad
se concibe y se practica siempre como un servicio que atiende las
legítimas necesidades de los seguidores para su crecimiento
y desarrollo como personas humanas.
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Etimológicmante,
autoridad quiere decir dejar crecer, permitir que los demás
se desarrollen. Agregaríamos promover el crecimiento, a
grado tal que un buen líder genera más líderes,
todos ellos con espíritu de servicio y vocación
para el bien común.
IV
Para qué el líder
Para
la libertad, la responsabilidad y el compromiso. Para toda causa
cuyo fin sea el respeto a la dignidad del ser humano, el desarrollo
pleno de sus potencialidades, el fomento de la solidaridad, de
la justicia y de la paz.
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Basta
ya de falsos líderes que medran con la ignorancia y la pobreza,
que manipulan, engañan, mediatizan y corrompen. Ya estamos
hartos de liderzuelos que con la boca dicen maravillas y con sus
actos desmienten sus palabras, Ghandi solía decir: "ĦAy
de aquél cuyas palabras sean más grandes que sus obras!".
El verdadero líder es congruente y consistente, lo que piensa,
lo dice y lo hace, y está tan profundamente convencido de
su misión y de su vocación de servicio, que pone toda
su voluntad y su esfuerzo en la tarea de dirigir, alentar e inspirar
a su seguidores. No es acomodaticio ni "prágmático",
aunque sí tiene el talento de saber aprovechar las oportunidades
y tener la flexibilidad necesaria para modificar estrategias, cuidando
en todo momento de ser fiel a los principios y valores que ennoblecen
y dan sentido a su misión.
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El
verdadero líder, en fin, es un agente transformador, es
una fuerza de progreso y mejoramiento, es un educador que ayuda
a formar a más educadores que vayan abriendo mentes y convirtiendo
corazones para continuar y acelerar la infatigable tarea de ir
cambiando a los hombres, las organizaciones y las instituciones
sociales, a fin de realizar los valores personales y sociales
de paz, justicia, solidaridad, bienestar y bienser.
Su
punto de partida y su punto de llegada y la brújula que
lo guía en todo momento en el ejercicio de su liderazgo
es la convicción profunda en la dignidad de la persona
humana y la voluntad enérgica de luchar por su promoción
y desarrollo.
Víctor
M. Arjona Barbosa
Director
del Centro Empresarial de Mérida
coparmex@sureste.com
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