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"Cuando
se navega sin rumbo fijo, ningún viento
es favorable" (SENECA).
Señor
Lic. Santiago Creel Miranda, Secretario de Gobernación
y Representante del Señor Presidente de
la República.
Señor
Lic. Juan Carlos Romero Hicks, Gobernador del
Estado de Guanajuato.
Señor
Lic. Luis Ernesto Ayala Torres, Presidente Municipal
de la ciudad de León.
Líderes
empresariales; señoras y señores;
capitanes de empresa.
Felicito
nuevamente al equipo organizador de esta magnífica
Asamblea, particularmente a nuestros queridos
anfitriones: Tere y Jorge Videgaray.
¿Hacia
dónde va el cambio?, es el título
elegido para esta LXXIX (Septuagésima novena)
Asamblea Nacional Ordinaria que concluye con este
acto y que nos ha llevado a reflexionar en estos
últimos dos días y ya desde hace
un mes en la reunión preparatoria celebrada
en la Ciudad de México, con la presencia
del Sr. Presidente de la República, de
siete Secretarios de Estado, del Sr. Procurador
General de República y del Sr. Director
General del IMSS.
Y
es que en Coparmex, de donde se ha impulsado decididamente
el proceso de transición que vive nuestro
país desde hace ya décadas, no puede
dejar de inquietarnos, el que este proceso después
de su etapa inicial de liberalización iniciada
en la década de los 80’s y habiendo continuado
en los 90’s con la democratización, queremos
que el proceso continúe, que no se detenga,
que no se desvíe y que no retroceda, para
que llegue a su plena consolidación. Señalaba
Vaclav Havel, cuando la Republica Checa atravesaba
por un proceso de transición similar al
nuestro: "Ha llegado el tiempo del duro trabajo
cotidiano, del antagonismo al desnudo y de la
disparidad de intereses al desnudo; el tiempo
de la desilusión, el tiempo en que todos,
en especial los políticos, tienen que volver
a manifestar claramente qué les interesa"
Por
ello consideramos indispensable darle un nuevo
impulso que corresponde, como ha sucedido en el
pasado a toda la sociedad y particularmente al
empresariado, para que los actores políticos,
los encargados de concretar en acciones y en leyes
el cambio, sean verdaderos intérpretes
de los anhelos de la sociedad.
Nos
alienta mucho el que, el pasado domingo, se haya
firmado –después de muchos sobresaltos-
el llamado "Acuerdo Político para
el Desarrollo Nacional" firmado entre los
diversos actores políticos, es sin duda
un avance fundamental, en la construcción
de las condiciones indispensables para poder consolidar
la transición integral de México.
Esperamos que este sea el inicio de verdaderos
encuentros de fuerzas políticas, que poniendo
por delante a México, superen esas "camisas
de fuerza" llamadas ideologías, que
por respetables que sean deben ceder el paso a
la contundencia de la razón y a la experiencia
vivida, por el bien de todos, por el bien común.
En
este sentido no pueden dejar de preocupar al empresariado
las voces que quisieran reciclar el populismo
de los 70’s o el autoritarismo del siglo pasado,
hoy por hoy son amenazas al proceso de transición,
el neopopulismo y el neoautoritarismo. Por eso
nos interesa a todos que este proceso no se detenga
y que se consolide con gran éxito y aquí
en Coparmex estamos apostados porque este gobierno
de cambio sea un gobierno exitoso que de resultados,
que logre los cambios estructurales que requiere
el país, para hacerlo un país viable,
próspero y competitivo internacionalmente.
Más allá de los partidos políticos,
la sociedad exige que México no se detenga,
que los cambios fluyan y se consoliden y en ello
estamos comprometidos.
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or
su parte, la globalización se presenta
como la oportunidad de insertarnos en las transacciones
globales de capital, trabajo, información
y conocimiento, dando una nueva dimensión
al tiempo y al espacio. Los cambios en el mundo
avanzan vertiginosamente, el país que no
se pone al día, quedará irremediablemente
a la zaga, marginado de las posibilidades que
ofrece la globalización, por esta razón
nos preocupa la lentitud con que el Congreso de
la Unión esta estudiando la Reforma Fiscal,
ya que esta no es más que la primera de
muchas
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reformas
que habrá de estudiar
y aprobar: como la Reforma Energética,
la Reforma Laboral, la de Telecomunicaciones,
la Reforma del Marco Regulatorio, la Reforma Educativa,
la misma Reforma del Estado. Cuando estas se den,
entonces estaremos poniendo las bases de un México
competitivo globalmente.
La
primera ola de reformas se dio a lo largo de los
90’s, Reformas Democráticas, que permitieron
una competencia real entre partidos y que culminó
con la alternancia del Poder Ejecutivo el 2 de
julio del año 2000, Reformas Económicas
que permitieron abrir nuestra economía
a la economía global, con tratados de libre
comercio que nos hicieron aprovechar el ciclo
de crecimiento mundial, sobretodo de los Estados
Unidos de América, todos estos cambios
fueron buenos, hoy son insuficientes, si queremos
que la economía mexicana se consolide,
crezca, se fortalezca y de oportunidades a los
100 millones de mexicanos que somos, hagamos los
cambios sin vacilación, pero ya. La segunda
ola de cambios no puede esperar.
Estamos
atentos al llamado del Sr. Presidente de la República,
para signar y con ello comprometernos en un acuerdo
de los sectores productivos con los Poderes Ejecutivo
y Legislativo, para apoyar los cambios y las medidas
que la difícil situación económica
mundial exigen a nuestro país, ahora agravadas
por los actos terroristas del pasado 11 de septiembre.
La sociedad y sus organismos representativos,
en este caso el sector empresarial, deberá
ser escuchado para la toma de decisiones, de lo
contrario los acuerdos serán tomados de
manera cupular sin el sustento real de la sociedad,
esta no puede ser rehén de los partidos,
por el contrario, estos deben ser fieles intérpretes
de las inquietudes, aspiraciones y anhelos de
la sociedad.
Y
a propósito de las reformas, la debatida
Reforma Hacendaria ha entrado -esperamos- ya en
la recta final de la discusión ¡ojalá
que prevalezca la sensatez! Las tendencias mundiales
para hacer competitivos a los países, han
hecho bajar el impuesto sobre la renta y homologar
los impuestos al consumo, porque si bien estamos
de acuerdo en que la hacienda pública requiere
de mayor recaudación, también es
indispensable propiciar el ahorro y la inversión,
además, las nuevas reglas deben proporcionar
seguridad jurídica al contribuyente y simplificar
el cumplimiento de las obligaciones fiscales.
En
este sentido son urgentes las medidas para incorporar
la economía informal a la formal, facilidades
e incentivos para lograrlo, pero todo el peso
de la ley y todos los mecanismos policiales para
combatir al contrabando que mina al aparato productivo,
quita empleo a los mexicanos, impuestos al erario
público y es fuente de corrupción
e impunidad. Otro tanto sucede con la subfacturación,
el dumping, la piratería y la venta de
mercancías robadas.
Se
ha señalado reiteradamente que la economía
informal florece por tres causas fundamentales:
la falta de oferta de empleo en la economía
formal, el exceso de regulación y burocracia
impuesta a la actividad económica y la
ausencia de ahorro e inversión. Por ello
es urgente la Reforma Fiscal, pero en el sentido
antes anotado, y la Reforma Regulatoria y la Reforma
Laboral, en suma es preciso una "política
de Estado" para la competitividad de las
empresas mexicanas, esto es, no bastan programas
aislados de apoyo a las pequeñas y medianas
empresas, es preciso que el sector público,
los tres poderes de la unión y los tres
niveles de gobierno se comprometan en hacer del
Estado Mexicano un Estado promotor del desarrollo
sostenible a través de la empresa, teniendo
como eje de todas sus decisiones a la competitividad
y sus factores determinantes: la creatividad,
la innovación, la capacitación,
la eficiencia, la productividad y la iniciativa;
así, la empresa media debe quedar al centro
de la atención para liberar el espíritu
emprendedor de los mexicanos.
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La
erradicación de la pobreza y la miseria
en nuestro país va a ser posible en la
medida que demos oportunidades de empleo productivo
y sustentable a su población, los programas
asistenciales deben ser subsidiarios, por tanto,
temporales, y como bien sabemos no resuelven el
problema de fondo, en tanto no promuevan el desarrollo
integral de las personas.
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Por
todo esto esperamos que la anunciada revolución
educativa se concrete para aminorar el rezago
educativo en el que se encuentran 32.5 millones
de mexicanos mayores de 15 años, que o
son analfabetas, o no terminaron su educación
básica; ha quedado claro que el gobierno
sólo, no puede, es indispensable la participación
en todos los niveles de la educación de
la sociedad, de la iniciativa particular, esperamos
que esta revolución educativa abra las
puertas decididamente a la participación,
el problema es tan grande que resulta necio discutir
sobre la conveniencia de la educación privada
o pública cuando tenemos una demanda insatisfecha
en todos los niveles.
Hoy
más que nunca urge a México plena
libertad para educar, y que la sociedad evalúe
la calidad de la educación y que los recursos
asignados se transparenten para que se empleen
con eficiencia y con honestidad.
El
sistema educativo nacional, ha procesado durante
décadas a la niñez y a la juventud
mexicana prácticamente ajena a valores
humanos y universales, dando a los jóvenes
una educación parcial e incompleta; todos
esperamos que la revolución educativa,
eduque a la niñez y juventud en valores:
la honestidad, la veracidad, la laboriosidad,
la austeridad, el amor a la patria y a la familia,
la generosidad, la responsabilidad, la solidaridad
humana, son algunos valores que todos estamos
obligados a transmitir a las nuevas generaciones
con el ejemplo y la palabra. Hacemos un voto porque
en la nueva revolución educativa, se decida
a educar integralmente a la juventud mexicana,
este será el mejor activo de México
en el futuro: la persona humana. En esta tarea
a nadie le es permitido permanecer ocioso.
Amigas
y amigos:
El
México al que aspiramos propone una plataforma
ética, política, económica
y social que permita un nuevo orden en nuestro
país, en el que imperen el Estado de derecho,
la democracia plena, la economía de mercado
y la responsabilidad social.
Entendemos
el Estado de Derecho como el régimen en
el que tanto las autoridades como los ciudadanos,
sin excepción, están sometidos a
la ley justa, derivada del derecho natural, plasmada
en el derecho positivo y formulada por órganos
representativos de la sociedad, debe tener mecanismos
eficientes de control y vigilancia que eviten
las arbitrariedades y la discrecionalidad en la
aplicación de las normas y reglamentos,
así como la impunidad en el caso en que
se incurra en algún ilícito, debe
a su vez preservar y garantizar los derechos humanos
y las libertades fundamentales de las personas.
El
Estado de Derecho supone que existen reglas estables,
claras y justas, que se respete la propiedad individual
y familiar, que haya seguridad jurídica,
seguridad pública y seguridad social, que
se combata a la corrupción y se castigue
a los delincuentes, que no se tolere la impunidad,
exigiendo a los funcionarios públicos que
sean honestos, por todo esto la sociedad y la
opinión pública esperan castigo
para quienes en el pasado cometieron todo tipo
de trapacerías en contra del pueblo de
México y de su patrimonio.
Si
bien no consideramos necesaria una comisión
de la verdad que inicie persecuciones ni caserías
de brujas, sí esperamos que se investigue
y se aplique la ley a quienes desde su función
pública –que debía ser de servicio
a los demás- se sirvieron sin medida. Justicia
se pide, no venganza. Y esto debe interesar a
todos los partidos, pues la sociedad esta esperando
de ellos honestidad y pulcritud en los manejos
de la vida pública, la percepción
de cierta opinión pública en el
sentido de acuerdos partidistas vergonzantes a
espaldas de la sociedad, intercambiando gobernabilidad
o aprobaciones legislativas a cambio de impunidad
sería inaceptable y apelamos a que esto
nunca suceda. Acuerdos sí, son indispensables,
pero claros, transparentes y entre lo más
sano que tengan los partidos y el gobierno.
Otra
percepción que subyace en el interior de
la república, en las entidades federativas,
son los pocos cambios que ha habido al interior
de las secretarias de Estado y de los institutos
federales, que siguen operando a través
de sus delegaciones, muchas de ellas con los mismos
vicios del pasado.
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| Por
todo esto esperamos que la anunciada revolución
educativa se concrete para aminorar el rezago educativo
en el que se encuentran 32.5 millones de mexicanos
mayores de 15 años, que o son analfabetas,
o no terminaron su educación básica;
ha quedado claro que el gobierno sólo, no
puede, es indispensable la participación
en todos los niveles de la educación de la
sociedad, de lainiciativa particular, esperamos
que esta revolución educativa abra las |
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puertas decididamente a la participación,
el problema es tan grande que resulta necio discutir
sobre la conveniencia de la educación privada
o pública cuando tenemos una demanda insatisfecha
en todos los niveles.
Hoy
más que nunca urge a México plena
libertad para educar, y que la sociedad evalúe
la calidad de la educación y que los recursos
asignados se transparenten para que se empleen
con eficiencia y con honestidad.
El
sistema educativo nacional, ha procesado durante
décadas a la niñez y a la juventud
mexicana prácticamente ajena a valores
humanos y universales, dando a los jóvenes
una educación parcial e incompleta; todos
esperamos que la revolución educativa,
eduque a la niñez y juventud en valores:
la honestidad, la veracidad, la laboriosidad,
la austeridad, el amor a la patria y a la familia,
la generosidad, la responsabilidad, la solidaridad
humana, son algunos valores que todos estamos
obligados a transmitir a las nuevas generaciones
con el ejemplo y la palabra. Hacemos un voto porque
en la nueva revolución educativa, se decida
a educar integralmente a la juventud mexicana,
este será el mejor activo de México
en el futuro: la persona humana. En esta tarea
a nadie le es permitido permanecer ocioso.
Amigas
y amigos:
El
México al que aspiramos propone una plataforma
ética, política, económica
y social que permita un nuevo orden en nuestro
país, en el que imperen el Estado de derecho,
la democracia plena, la economía de mercado
y la responsabilidad social.
Entendemos
el Estado de Derecho como el régimen en
el que tanto las autoridades como los ciudadanos,
sin excepción, están sometidos a
la ley justa, derivada del derecho natural, plasmada
en el derecho positivo y formulada por órganos
representativos de la sociedad, debe tener mecanismos
eficientes de control y vigilancia que eviten
las arbitrariedades y la discrecionalidad en la
aplicación de las normas y reglamentos,
así como la impunidad en el caso en que
se incurra en algún ilícito, debe
a su vez preservar y garantizar los derechos humanos
y las libertades fundamentales de las personas.
El
Estado de Derecho supone que existen reglas estables,
claras y justas, que se respete la propiedad individual
y familiar, que haya seguridad jurídica,
seguridad pública y seguridad social, que
se combata a la corrupción y se castigue
a los delincuentes, que no se tolere la impunidad,
exigiendo a los funcionarios públicos que
sean honestos, por todo esto la sociedad y la
opinión pública esperan castigo
para quienes en el pasado cometieron todo tipo
de trapacerías en contra del pueblo de
México y de su patrimonio.
Si
bien no consideramos necesaria una comisión
de la verdad que inicie persecuciones ni caserías
de brujas, sí esperamos que se investigue
y se aplique la ley a quienes desde su función
pública –que debía ser de servicio
a los demás- se sirvieron sin medida. Justicia
se pide, no venganza. Y esto debe interesar a
todos los partidos, pues la sociedad esta esperando
de ellos honestidad y pulcritud en los manejos
de la vida pública, la percepción
de cierta opinión pública en el
sentido de acuerdos partidistas vergonzantes a
espaldas de la sociedad, intercambiando gobernabilidad
o aprobaciones legislativas a cambio de impunidad
sería inaceptable y apelamos a que esto
nunca suceda. Acuerdos sí, son indispensables,
pero claros, transparentes y entre lo más
sano que tengan los partidos y el gobierno.
Otra
percepción que subyace en el interior de
la república, en las entidades federativas,
son los pocos cambios que ha habido al interior
de las secretarias de Estado y de los institutos
federales, que siguen operando a través
de sus delegaciones, muchas de ellas con los mismos
vicios del pasado.
Producto
precisamente de la corrupción y de la impunidad,
la inseguridad pública azota a la sociedad
mexicana, allí en donde más le duele,
en el daño a sus personas y a su patrimonio,
miles de familias han quedado marcadas por el
dolor y la impotencia ante el secuestro de algún
ser querido, estos y muchos delitos más
han proliferado por las calles de las ciudades
y por las carreteras de nuestro país, parecería
que nadie se encuentra a salvo; pues bien, este
azote apocalíptico no hubiera podido desarrollarse
y crecer, sin el apoyo y contubernio de las autoridades
precisamente responsables de combatirlo, ahora
sabemos que cuerpos policíacos y procuradurías,
jueces y magistrados, han sido cómplices
de bandas del crimen organizado.
Reiteramos
que, a las autoridades y a nadie más, le
corresponde la responsabilidad de otorgar seguridad
pública y seguridad jurídica a sus
ciudadanos, esta es su primera responsabilidad
y por ello exigimos tanto al gobierno federal
como a los gobiernos de los estados, resuelvan
ya este flagelo al que ha estado sometida la sociedad
mexicana a lo largo de ya muchos años.
De manera especial ahora que internacionalmente
se vinculan las bandas del crimen organizado con
el narcotráfico y con el terrorismo. Nuestra
solidaridad con las víctimas y sus familiares
del terrorismo, nuestra condena para los inspiradores
y ejecutores de actos terroristas que cobran víctimas
inocentes y nuestra felicitación al gobierno
por su posición de firmeza ante el terrorismo
y su apoyo a la comunidad internacional afectada
por estos reprobables hechos.
Señoras
y señores:
En
el año 216 de nuestra era, nace en Babilonía,
Mani, quien funda un secta que iba a ser conocida
como el maniqueísmo, la base del sistema
maniqueo es un dualismo radical acerca de Dios.
Dice la doctrina maniquea, que desde toda la eternidad
hay dos seres o principios supremos de igual orden
y dignidad, el principio de la luz (el bien) y
el de las tinieblas (el mal).
Ambos
principios se hallan en una situación de
antitesis irreconciliable. Ignoro la forma como
esta doctrina llega a América y con ello
a México, pero pareciera que seguidores
suyos conscientes o inconscientes le han impreso
desde el siglo XIX, a su actuar y con ello a la
vida pública mexicana sensibles influencias
de maniqueísmo que han obstaculizado en
muchas ocasiones el desarrollo nacional, la unidad
en torno a grandes ideales y la reconciliación
sincera de todos los mexicanos, y es que aunque
parezca increíble ya en pleno siglo XXI,
todavía algunos clasifican a los personajes
de nuestra historia en héroes y villanos
irreconciliables. Indigenistas contra hispanistas,
republicanos contra monárquicos, liberales
contra conservadores, centralistas contra federalistas.
Unos siempre son buenos e impolutos o ángeles
y los otros siempre son malos, perversos o demonios.
Yo creo que este pensamiento maniqueo no ha dado
buenos resultados para México, perdimos
la mitad de nuestro territorio en el siglo XIX
y no acabamos de salir de ser un país en
vías de desarrollo en el siglo XXI.
Urge
entonces la unidad nacional –que no uniformidad-
en torno a objetivos comunes, en la nueva realidad
global, los países que entiendan esta necesidad
de unidad, serán los que aprovechen las
oportunidades, y espero que esta generación
esté dispuesta a poner a México
como país competitivo y viable en el futuro,
aprovechando todo nuestro acervo cultural e histórico
y todo nuestro ingenio, el reto esta ahí,
ojalá que todos los mexicanos podamos comprometernos
con esta noble empresa que se llama México,
diciendo como el héroe "Va mi espada
en prenda, voy por ella". Pues el mundo esta
en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar
y de correr el riesgo de vivir sus sueños.
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