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Ministerio
de Economía de
la República de Argentina
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| La
solidez de las exportaciones y los ingresos
de IED (Inversión Extranjera Directa)
muestran que la Argentina tiene una estructura
económica saludable. En consecuencia,
la política económica debería
focalizarse en los cuatro temas que pueden
ser los responsables de la persistencia de
la recesión en un ambiente económico
sólido: establecer un gobierno de coalición
efectivo, estimular el crecimiento de la economía,
asegurar la solvencia fiscal, y garantizar
un adecuado financiamiento y el total cumplimiento
de las obligaciones de la deuda del gobierno. |
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I
El Diagnóstico
En
1991, la economía argentina comenzó
una etapa de reformas estructurales profundas
que inició un período de gran crecimiento
y muy baja inflación. Los principales pilares
de estas reformas fueron la Ley de Convertibilidad,
que garantizó la estabilidad de los precios,
un proceso generalizado de privatización
y desregulación, y una importante apertura
de la economía. Al mismo tiempo, se logró
un considerable progreso con respecto a la solvencia
fiscal, y el régimen de jubilaciones y
pensiones se transformó en un sistema financiado
con recursos propios, fortaleciendo el desempeño
fiscal futuro.
Sin
embargo, desde mediados de 1998, la economía
quedó atrapada en una prolongada recesión.
Esta recesión fue el resultado de un deterioro
del escenario externo, junto con un escenario
fiscal complicado que ha mantenido el riesgo país
y las tasas de interés a niveles muy altos.
A
pesar de un ajuste en todos los gastos públicos
en 1995 y 1996, los últimos tres años
de la administración anterior se caracterizaron
por una expansión en el total de los gastos
públicos (a nivel federal y provincial)
como resultado de un aumento en el gasto primario
y en el pago de intereses. El fuerte incremento
en el costo promedio de financiamiento de la deuda
pública se debió a la sustitución
gradual de la deuda compulsiva anterior colocada
a muy bajo costo, por nueva deuda voluntaria,
que en general pagó tasas de interés
más altas.
El
crecimiento del gasto público se financió
en parte con nuevos impuestos y en parte con más
endeudamiento. Como consecuencia lógica,
el aumento de la carga impositiva y el desplazamiento
del crédito privado provocó una
fuerte contracción de la inversión
privada. El aumento de la carga impositiva también
deterioró la efectividad de la recaudación
de impuestos. Al mismo tiempo, la velocidad de
las reformas estructurales se redujo drásticamente.
Mientras que durante 1990-1997 el crecimiento
de la productividad global alcanzó una
tasa anual del 4%, a partir de 1998 la combinación
de tasas de inversión menores y la disminución
de las reformas estructurales provocó que
el crecimiento de la productividad fuera negativo.
Además,
los factores externos contribuyeron a acelerar
el ciclo recesivo. La solidez del dólar
generó importantes presiones deflacionarias
que, contrariamente a lo que había sucedido
en los primeros años de la Convertibilidad,
no se vieron compensadas con el crecimiento de
la productividad.
Asimismo,
las sucesivas crisis financieras internacionales
(Asia, Rusia y Brasil) incrementaron el costo
de financiamiento del gobierno argentino, al mismo
tiempo que la fuerte caída de los términos
de intercambio y la devaluación de la moneda
brasileña continuaron debilitando la competitividad.
A
su vez, el impacto deflacionario de los colapsos
externos comenzaron finalmente a debilitar el
desempeño fiscal. A pesar del aumento de
las alícuotas impositivas, la recaudación
fiscal continuó debilitándose, aumentando
el desequilibrio del Sector Público que,
a su vez, aumentó el riesgo país
y los costos de financiamiento, creando un círculo
vicioso que profundizó la recesión
y su duración.
Es
así que, desde el inicio de la administración
del Presidente De la Rúa, los esfuerzos
de la política económica se concentraron
en el fortalecimiento de la solvencia fiscal.
En el año 2000, el gasto público
consolidado devengado disminuyó aproximadamente
un 1.3% como porcentaje del PBI (US$ 3.300 millones)
y el déficit provincial se contrajo un
0.5% también como porcentaje del PBI.
Sin
embargo, a pesar de estos esfuerzos fiscales,
el persistente estancamiento hizo que el déficit
del Sector Público Nacional sólo
mostrara una mejora muy leve del 0.2% como porcentaje
del PBI.
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Lamentablemente,
los sucesos políticos que tuvieron lugar
durante la segunda mitad de 2000 originaron preocupación
en los mercados. A su vez, estas circunstancias
aumentaron el escepticismo con respecto a la voluntad
y capacidad de la Argentina para cumplir con los
compromisos de la deuda. El gobierno hizo frente
a este problema con el programa del blindaje financiero
que cubrió la mayor parte de las necesidades
de financiamiento para el año 2001. A pesar
de un alivio de corto plazo, el desempeño
de las cuentas fiscales durante el primer trimestre
de 2001 mantuvo cerrados los mercados financieros
internacionales, anticipando una crisis durante
abril y junio cuando el gobierno necesitó
tener acceso a los mercados financieros internacionales.
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Al
mismo tiempo, un programa para reducir drásticamente
el gasto fue abortado, lo cual aumentó
la sensación de imposibilidad de que el
gobierno cumpliera con las obligaciones de la
deuda.
Durante
todo este período, a pesar del deterioro
fiscal y la persistente recesión, la Inversión
Extranjera Directa (IDE) permaneció alta
y las exportaciones continuaron superando el crecimiento
del resto de la economía. En particular,
las Manufacturas de Origen Industrial crecieron
un 20% anual, como consecuencia de la apertura
de nuevos mercados fuera del Mercosur.
La
solidez de las exportaciones y los ingresos de
IED muestran que la Argentina tiene una estructura
económica saludable. En consecuencia, la
política económica debería
focalizarse en los cuatro temas que pueden ser
los responsables de la persistencia de la recesión
en un ambiente económico sólido:
establecer un gobierno de coalición efectivo,
estimular el crecimiento de la economía,
asegurar la solvencia fiscal, y garantizar un
adecuado financiamiento y el total cumplimiento
de las obligaciones de la deuda del gobierno.
II
Respuesta Política
El
gobierno reconoce que ninguna medida para reactivar
la actividad Política puede tener éxito
sin fortalecer previamente los fundamentos macroeconómicos.
Todos los esfuerzos se han focalizado en ese objetivo
creando un ambiente macroeconómico estable
a través de (i) la consolidación
de un gobierno de coalición efectivo, (ii)
solvencia fiscal, (iii) reducción de la
vulnerabilidad financiera, y (iv) implementación
de una estrategia de crecimiento por el lado de
la oferta y por el lado de la demanda.
1.
Un gobierno de coalición efectivo
Desde
marzo de 2001, por primera vez en 18 años
de democracia, Argentina tiene un Gobierno de
Unidad Nacional con un amplio apoyo político,
que incluye otros partidos políticos además
de los de la Alianza. Como señal de un
importante apoyo político, el Presidente
Fernando De la Rúa obtuvo una excepcional
delegación de poderes legislativos por
una Ley que fue promulgada en 6 días y
apoyada en la Cámara Baja por la casi totalidad
del espectro político.
La
delegación de poderes mejoró enormemente
la gobernabilidad y posibilitó que el Ejecutivo
modificara leyes. En los primeros días,
el equipo económico mejoró la Ley
Antimonopolio, eliminó exenciones al Impuesto
a las Ganancias, generalizó el IVA, redujo
el IVA a los bienes de capital e implementó
otras iniciativas importantes. Sin la delegación
de poderes, se hubieran necesitado dos años
para promulgar esta legislación.
Con
respecto al frente fiscal, los esfuerzos iniciales
se focalizaron en el cumplimiento de la Ley de
Responsabilidad Fiscal y de los compromisos con
el FMI. De hecho, para alcanzar estos objetivos,
inicialmente el gobierno implementó un
ajuste fiscal de aproximadamente $3,800 millones,
sobre la base no sólo del aumento de impuestos
sino también de una reducción importante
del gasto: $2,700 millones del nuevo Impuesto
a las Transacciones Financieras; $200 millones
de otros impuestos; y $860 millones por reducción
del gasto público. La baja del gasto público
es parte de un objetivo más amplio de combatir
el excesivo gasto público burocrático
y la corrupción, uno de los principales
objetivos del gobierno.
El
plan fiscal implementado depende sólo marginalmente
del desempeño macroeconómico. En
realidad, asumiendo que el Impuesto a las Transacciones
Financieras (ITF) recaudara US$ 2,700 millones,
se podría cumplir el programa fiscal aún
con una reducción del 0.6% anual en la
recaudación de otros impuestos.
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| Una
de las herramientas fundamentales del proceso de
ajuste fiscal ha sido la implementación de
un nuevo Impuesto a las Transacciones Financieras
(ITF), que debido a la dificultad de evadir, permite
sostener la recaudación tributaria. Sin embargo,
su principal contribución estará en
combatir la evasión fiscal. En el corto plazo
el ITF será fiscalmente neutro, dado que
sus ingresos serían totalmente computados
como un adelanto de pago del IVA y del Impuesto
a las Ganancias. La información obtenida
del ITF, junto con la información de las
cuentas corrientes, lo convertirían en una
herramienta fundamental para combatir la evasión
fiscal. Para complementar esto, las modificaciones
de las normas del BCRA se han focalizado en la eliminación
de una serie de distorsiones de los Requisitos Mínimos
de Liquidez, reduciendo el costo operativo de las
cuentas corrientes y alentando su utilización. |
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Uno
de los objetivos a largo plazo de la nueva Política
fiscal es generar una estructura impositiva más
eficiente y equitativa reduciendo la presión
impositiva en el sector privado. Para alcanzar
estos objetivos, se eliminarán gradualmente
los impuestos distorsivos hasta converger en un
sistema de dos impuestos: IVA (que a largo plazo
se reducirá al 16%) y el impuesto a las
ganancias.
No
obstante, la convergencia hacia un nuevo sistema
impositivo exige que la reducción gradual
de impuestos distorsivos sea acompañada
por mecanismos que reducirán sustancialmente
los niveles de evasión fiscal. La posibilidad
de computar algunos impuestos como pagos para
el IVA es el mecanismo por el cual el gobierno
se beneficia de los buenos mecanismos de recaudación
y control actualmente implementados, e incorpora
un gran número de contribuyentes al sistema.
Dentro
de este marco, el gobierno ha avanzado en el uso
de impuestos fáciles de recaudar como un
mecanismo de pago adelantado. Además del
ITF, estableció un 16% uniforme como contribución
patronal. En los casos en que la nueva tasa implicara
un aumento relativo de las obligaciones anteriores,
el incremento se considerará un adelanto
del pago del IVA (aumentando de este modo la carga
fiscal sólo a aquellos que previamente
evadían el IVA). En segundo término,
el gobierno aumentó el impuesto al gasoil.
Nuevamente, el incremento se tomará parcialmente
como pago del IVA, una medida que evita un impacto
en los costos de las empresas mientras se combate
la evasión fiscal.
La
recientemente anunciada privatización del
cobro de impuestos vencidos incorpora otra herramienta
a los esfuerzos actuales para reducir la evasión.
Se crea un Fondo Fiduciario con activos y pasivos
fiscales, con el doble propósito de mejorar
la recaudación fiscal y disminuir las restricciones
financieras de muchas empresas. Como un primer
paso en esta dirección, los créditos
del IVA estarán documentados. Estos créditos
constituirán los pasivos de un Fondo Fiduciario
que incorporará como activos el monto total
de impuestos vencidos pendientes a la DGI local
(aproximadamente $15,000 millones). Por otro lado,
los pasivos del Fondo tienen un valor aproximado
de $5,000. El fondo emitirá certificados
a las empresas que hayan documentado créditos
contra la DGI. Estos certificados serán
utilizados para garantizar créditos, obtener
capital de trabajo y saldar deudas.
El
nuevo Fondo Fiduciario será administrado
por entidades bancarias para minimizar asimetrías
de información, reduciendo en consecuencia
el descuento aplicado a los certificados. La privatización
de la gestión de cobro mejora substancialmente
los incentivos para maximizar el cobro de impuestos
vencidos, permitiendo al mismo tiempo una mejora
de la situación financiera de las empresas
al aumentar la liquidez de activos que antes estaban
inmovilizados. Además, el mejoramiento
de la gestión de cobro desanimará
la evasión fiscal.
Por
último, la reciente aprobación por
el Poder Legislativo permite que los pagos del
IVA sean cobrados en función de lo percibido,
y no en base de lo devengado (sistema ahora vigente).
La medida facilitará la administración
financiera de los contribuyentes y el control
del cumplimiento de las obligaciones impositivas,
a partir de las operaciones bancarias. Como se
señaló, el impuesto a las transacciones
financieras y el estímulo del uso de cuentas
corrientes será la esencia del nuevo mecanismo
de control.
2.
Regla de Déficit Cero
No
obstante, a principios de julio 2001, quedó
en claro que todos estos mecanismos no eran suficientes
para eliminar las preocupaciones del mercado con
respecto a la sustentabilidad de la Política
fiscal. En consecuencia, con la intención
de que los mercados mejoraran la percepción
de riesgo de Argentina y para evitar la dinámica
del círculo vicioso de la deuda que impediría
toda posibilidad de crecimiento a largo plazo,
el gobierno decidió implementar de inmediato
una nueva reforma estructural clave: la "Regla
del Déficit Cero".
Asimismo,
la falta de flexibilidad del tipo de cambio, que
descarta todo intento de diluir los salarios a
través de la devaluación o inflación,
exige una flexibilidad adicional con respecto
al gasto. A través de la Ley de Déficit
Cero, Argentina ha tomado el camino de construir
esta flexibilidad en forma explícita, haciendo
que el régimen cambiario sea más
sostenible.
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| En
virtud de esta nueva ley el gobierno deja en claro
el objetivo de no aumentar el nivel de la deuda,
implementando a partir del segundo semestre de 2001
un presupuesto anual equilibrado en base devengado.
El hecho de que el equilibrio del presupuesto sea
calculado en base devengado y no en base caja es
una característica importante de la ley que
refuerza la credibilidad de la Política.
Es decir, si bien el cálculo del resultado
cero en base devengado podría parecer inicialmente
menos riguroso que si fuera calculado sobre una
base caja, eliminaría la posibilidad de utilizar
el aplazamiento de pagos como ahorro del gasto. |
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A
la luz del hecho de que el nerviosismo del mercado
con respecto al comportamiento económico
de la Argentina, con frecuencia ha sido causado
(o al menos influenciado) por problemas políticos
o legales, vale la pena señalar algunos
aspectos legales del mecanismo del ajuste. Ante
todo debería recalcarse que la "Regla de
Déficit Cero" fue apoyada política
y legalmente por la aprobación del Congreso
Nacional. Además, su esencia se basa en
una Ley que tiene status legal de "Norma de Orden
Público" y en consecuencia no está
sujeta a procesos judiciales que pudieran detener
su implementación. Además deberá
agregarse que el mecanismo horizontal de reducción
del gasto también elimina el argumento
de discriminación utilizado en los tribunales
de justicia.
Finalmente,
vale la pena mencionar que al igual que el rol
desempeñado por el Presidente del Banco
Central en la aplicación de la Ley de Convertibilidad,
el cumplimiento de la "Política de Déficit
Cero" es responsabilidad primaria del Secretario
de Hacienda.
Para
suavizar la carga del ajuste fiscal de los empleados
públicos y jubilados de bajos ingresos,
el Congreso Nacional propuso una serie de medidas
complementarias: (i) aumentar las contribuciones
patronales para las compañías de
servicio; (ii) aplazar la implementación
de las reducciones del impuesto a las ganancias
y del impuesto a los combustibles (nafta); y (iii)
aumentar la tasa del IVA a la televisión
por cable (al 21% del nivel actual del 10.5%).
Con respecto a los gastos, el coeficiente de ajuste
(actualmente 13%) se aplicará a todos los
ítems del presupuesto, excepto salarios
y jubilaciones menores de $500 y transferencias
a las provincias. El ajuste incluye la reducción
de salarios en el Poder Judicial y Legislativo.
3.
Ley de Déficit Cero: el siguiente paso
después de la Convertibilidad
A
fines de los 80, la renuencia crónica con
respecto a un equilibrio del presupuesto provocó
la hiperinflación y el caos social. Esto
sólo se superó con la Ley de Convertibilidad,
que ató la moneda al dólar y terminó
con la Política monetaria independiente.
Sin embargo, la Convertibilidad descartó
la posibilidad de imprimir moneda pero no descartó
la emisión de deuda.
Es
decir que, aunque la Convertibilidad no prohibió
el déficit fiscal per-se, implícitamente
limitó su alcance al deseo del mercado
de aumentar el nivel de la deuda argentina. La
turbulencia del mercado financiero que comenzó
a fines de 1997 en Asia extendiéndose al
resto de los mercados emergentes (con particular
énfasis a Rusia en 1998 y a Brasil en 98/99),
junto con la disminución del crecimiento
económico global, afectó el grado
de exposición al riesgo de los inversores
hasta el punto de que la Argentina debió
enfrentar (a pesar de los moderados coeficientes
fiscales y de la deuda) enormes dificultades para
convencer a los titulares de bonos de que aumentaran
sus posiciones en títulos de deuda del
Estado. El resultado es que, 10 años después
del inicio de la Convertibilidad, la Argentina
ha puesto tanta presión en el mercado de
bonos que redujo su valor a niveles sin precedentes.
La solución, una vez más, son las
reglas simples y transparentes: la regla es para
lograr de inmediato la meta del déficit
cero.
Además,
la Regla de Déficit Cero implicará
un profundo cambio cultural en el comportamiento
del sector público. La nueva regla debería
producir una rápida reestructuración
del Estado ya que los empleados se transformarían
en virtuales "accionistas" y por lo tanto se comprometerían
a utilizar en forma eficiente los recursos públicos.
4.
Política financiera: el rol del canje de
la deuda
Para
refrendar el problema financiero, el gobierno
llevó a cabo un canje voluntario de la
deuda que en el corto plazo sería beneficioso
para reducir el riesgo de refinanciación
que enfrenta la Argentina. La operación
permitió una descompresión importante
de las necesidades de financiamiento para los
próximos cinco años. El canje de
la deuda permitió que la Argentina redujera
sus compromisos financieros en US$ 16,000 millones
para los próximos cinco años, con
una reducción de US$ 7,800 millones en
los próximos 18 meses.
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El
canje de la deuda perseguía tres objetivos.
Primero, reducir el riesgo de refinanciación
al aumentar la flexibilidad para manejar la deuda
pública. Segundo, suavizar el perfil de
vencimientos de la deuda. Y por último,
ajustar las necesidades financieras para que sean
más compatibles con las necesidades impuestas
por la transición del sistema de jubilaciones
y pensiones (del régimen de reparto al
sistema finan ciado con fondos propios).
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¿Cuál
fue el costo del canje de la deuda? Se ha llegado
a la errónea conclusión de que al
haberse llevado a cabo el canje de la deuda en
circunstancias sumamente adversas el costo de
la deuda se ha elevado tanto que surgen cuestionamientos
con respecto a la solvencia fiscal a largo plazo.
Aunque la nueva deuda tiene un rendimiento del
15.29%, también es cierto que la vieja
deuda fue rescatada por debajo de su valor nominal,
generando sustanciales rendimientos para el gobierno.
La recompra de bonos tuvo un rendimiento del 14,94%.
De este modo, el gobierno argentino pagó
solamente 35 centésimos de punto porcentual,
mientras que a la vez mejoró sustancialmente
el panorama de las necesidades de financiamiento
de los próximos años.
El
canje de la deuda suavizó el perfil de
los vencimientos de la deuda pública, reduciendo
las necesidades de financiamiento para el año
2001. Como consecuencia del exitoso canje de la
deuda, la mayor parte de las necesidades financieras
están cubiertas hasta fines del próximo
año. En efecto, las necesidades financieras
de Argentina para el 2002 son bajas después
de tener en cuenta el paquete de ayuda liderado
por el FMI, el Canje de la Deuda de mayo de 2001,
y la reciente "Regla de la Política de
Déficit Cero". Cada uno de estos programas
redujo en forma progresiva las necesidades de
financiamiento a corto plazo de la Argentina para
el año 2002.
El
"Total de Necesidades Financieras para el 2002"
ascendía, antes de los programas mencionados,
a U$S 27,900 millones. Este monto estaba principalmente
compuesto por amortizaciones de la deuda (incluyendo
Letes) y US$ 5,000 millones de déficit
fiscal (según la meta original del FMI
de conformidad con la Ley de Responsabilidad Fiscal).
Mientras
que el Canje de la Deuda de mayo representó
ahorro de necesidades financieras (reducción
tanto en los intereses como en la amortización
del capital para 2002) de US$ 4,350 millones,
la "Política Déficit Cero" se proyecta
para reducir los restantes US$ 3,470 millones
de déficit fiscal a cero (es decir la meta
de US$ 5,000 millones neta de la reducción
de los US$ 1,530 millones en pagos de intereses).
Por lo tanto, ambas medidas reducen las actuales
necesidades financieras para el 2002 a US$ 20,000
millones.
Incorporando
fuentes financieras ya comprometidas para el 2002,
tales como el programa del FMI y los flujos de
fondos de pensión privados, junto con una
probable refinanciación del Bono del BCRA
(Bono de Requisito Mínimo de Liquidez),
se obtienen "fuentes financieras casi garantizadas"
de US$ 9,500 millones. Asumiendo (razonablemente)
que en condiciones normales del mercado el stock
de Letes (deuda a corto plazo) puede ser refinanciado
por participantes del mercado local (con una fuerte
participación de fondos de inversión),
las Necesidades Financieras previstas son de US$
9,000 millones.
Este
monto es considerablemente menor que el monto
que obtuvo la Argentina a través de los
últimos años en los mercados de
capitales y por lo tanto parece una meta muy razonable.
Además, si persiste un panorama negativo
con respecto a la refinanciación de la
deuda Argentina, es posible una extensión
del programa de Facilidades de Reservas Suplementarias
del FMI, reduciendo de este modo las necesidades
financieras a menos de US$ 6,600 millones. Merece
mencionarse que estos montos presuponen mantener
constante el nivel de operaciones de prefinanciamiento
para el 2002 y el 2003.
5.
Políticas de Crecimiento: el rol de los
"planes de competitividad"
La
implementación de los llamados "planes
de competitividad" (que fomentan la inversión,
el empleo y el crecimiento a través‚ del
alivio de la carga impositiva), aunque estén
destinados principalmente a estimular la inversión,
también juegan un rol especial para racionalizar
el sistema impositivo. Es decir, la gradual generalización
de estos programas sectoriales, que se centran
en la eliminación de impuestos distorsivos,
trabajarán en el tiempo como un mecanismo
para racionalizar toda la estructura impositiva.
Sin
embargo, es casi imposible reducir total e inmediatamente
los impuestos distorsivos dada la ajustada restricción
fiscal que enfrenta el sector público.
De este modo, el gobierno ha decidido hacerlo
en forma gradual eligiendo sectores o zonas geográficas
y eximiéndolas del pago de esos impuestos
distorsivos que de un modo u otro serán
eliminados a mediano plazo. Como consecuencia,
los planes de competitividad no producen ninguna
distorsión a largo plazo en la asignación
de recursos.
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Los
planes de competitividad permiten que las corporaciones
pertenecientes a los sectores elegidos computen
el 100% de las contribuciones patronales como pago
para el IVA y queden totalmente exentas del pago
del Impuesto a la Renta Mínima Presunta (Impuesto
a los Activos) y el Impuesto a los Intereses, que
representan una carga importante en los proyectos
de inversión. En general, estos programas
no han incluido subsidios explícitos. |
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Los
sectores elegidos en los planes de competitividad
fueron muy golpeados por shocks negativos de demanda
y oferta. Lo racional es que los costos del ajuste
en estos sectores (algunas veces a un nivel más
bajo de actividad económica) deberían
mejorar con la política tributaria.
El
enfoque sectorial tiene ventajas adicionales:
permite al gobierno federal negociar con los sindicatos
y las provincias la eliminación de determinadas
reglamentaciones y la reducción de impuestos
provinciales distorsivos como así también
la flexibilización de los contratos laborales,
exigiendo al mismo tiempo a los gerentes de las
sociedades el claro compromiso de reducir los
precios e incorporar tra bajadores a la economía
formal. Este "beneficio político-económico"
no es posible con reducciones impositivas horizontales.
6.Convertibilidad
Ampliada y Factor de Convergencia: mejorar la
competitividad y suavizar el cambio de precios
para alentar el crecimiento económico.
Un
marco adecuado para alcanzar el crecimiento y
la inversión exige reducir la vulnerabilidad
ante los shocks monetarios internacionales. En
este sentido, hemos llevado a cabo importantes
progresos en nuestro régimen de Convertibilidad,
proponiendo un esquema ampliado.
Al
estar sujeto al dólar EE.UU., la fuerza
de esta moneda genera presiones deflacionarias
importantes. Para moderar los efectos macroeconómicos
contractivos y expansivos y las modificaciones
de precios debido a las permanentes oscilaciones
en la tasa de cambio del dólar, el gobierno
argentino propuso ampliar la Convertibilidad incorporando
el Euro como respaldo de la base monetaria y fijando
la tasa de cambio del Peso Argentino como un promedio
simple entre el Dólar y el Euro. Esta mejora
será operativa cuando la tasa de cambio
del Euro/Dólar sea igual a uno, para evitar
un salto del tipo de cambio del Peso Argentino.
La "Ley de Convertibilidad Ampliada" fue aprobada
recientemente por el Congreso.
La
Convertibilidad Ampliada conserva las características
fundamentales del régimen actual (i) pleno
respaldo de la base monetaria con reservas internacionales;
(ii) límites estrictos a la Política
Monetaria; y (iii) libertad de elección
de la moneda para llevar a cabo transacciones
económicas. Pero reduce la volatilidad
del tipo de cambio real y la necesidad de ajustes
deflacionarios o inflacionarios en respuesta a
los shocks monetarios internacionales.
Para
anticipar los beneficios de la Convertibilidad
Ampliada, se creó un mecanismo de compensación
comercial llamado "factor de convergencia". Las
exportaciones serán compensadas con un
reembolso ajustable (actualmente llamados reintegros)
que son el resultado de computar la diferencia
de la actual tasa de cambio (1$ = 1US$) y la correspondiente
canasta Dólar/Euro (en el momento actual
la diferencia es de aproximadamente 6 centavos)
establecida en la Ley de Convertibilidad Ampliada.
Este reembolso no es fijo sino fluctuante según
la cotización diaria de la tasa de cambio
del Dólar/Euro. Asimismo, las importaciones
pagarán un arancel, también ajustable
y de la misma magnitud.
Estas
medidas comerciales se pagarán del mismo
modo que se pagan hoy los aranceles y los reintegros.
Para compensar inicialmente los efectos del factor
de convergencia, los aranceles de importación
máximos sobre los bienes de consumo y los
reembolsos a las exportaciones se redujeron en
7 puntos porcentuales.
Este
mecanismo mantiene la convertibilidad en su forma
actual para los poseedores de pesos, respetando
plenamente el derecho de propiedad. La referencia
a la nueva Convertibilidad (que establece la tasa
de cambio del peso como un promedio simple entre
el Dólar y el Euro) hace posible implementar
la mejora en la competitividad que se habría
obtenido si hubiera estado vigente la convertibilidad
ampliada, sin incurrir en los costos asociados
a una devaluación del peso.
¿Cómo
evolucionará el sistema? Como se señaló,
el factor de convergencia anticipa a nivel comercial
los beneficios de una nueva Convertibilidad ampliada.
De este modo, el factor de convergencia fluctuará
sobre la base de la tasa de cambio del Dólar-Euro,
y en la medida que estas monedas se acerquen más
a la paridad, converger a cero.
Cuando
se alcance la paridad Dólar-Euro, la nueva
Convertibilidad será efectiva (con el valor
del Peso determinado sobre la base de una canasta
de monedas con el 50% en Dólares y el 50%
en Euros), y en consecuencia desaparecer la necesidad
del factor.
Los
únicos bienes que no recibirán ni
pagarán el factor de convergencia serán
los combustibles. Estos bienes gozan de altos
precios en los mercados internacionales, y dado
que nuestro comercio tiene un importante superávit
en esta área, su exclusión implica
que el resultado fiscal del esquema es positivo.
La eliminación de reembolsos aumenta los
ahorros fiscales de la medida.
Los
mecanismos a través de los cuales se harán
estos pagos son totalmente fiscales sin participación
del Banco Central ni de autoridades monetarias
que continuarán cambiando un peso por un
dólar según lo exige la Ley de Convertibilidad.
El hecho de que el Banco Central no participa
de este mecanismo implica que las reservas internacionales
que respaldan la Convertibilidad de ningún
modo pueden ser alteradas ni se puede poner en
peligro dicho respaldo. De este modo, la incorporación
del factor de convergencia de ningún modo
debilita el compromiso de la Convertibilidad ni
la firmeza con que puede ser defendida.
En
términos de política comercial,
el factor de convergencia tiene varios beneficios:
(i) protege la economía de futuras apreciaciones
del Dólar; (ii) racionaliza la política
comercial homogeneizando subsidios y derechos
de exportación en todas las actividades;
(iii) en la medida que el euro y el real tienden
a moverse juntos (un modelo que ha estado firmemente
presente en los últimos años) protege
la economía de futuras depreciaciones de
la moneda brasileña.
7.
Políticas comerciales para estimular el
crecimiento
Se
han utilizado activamente políticas comerciales
para mejorar la rentabilidad del sector privado
y estimular la inversión. A tal fin, se
aplicaron tres medidas: (i) reducción de
los aranceles a los bienes de capital; (ii) intensificación
de la integración comercial con el resto
del mundo; y (iii) cambios en la estructura general
de aranceles y reembolsos de exportación.
Los
planes de competitividad han privilegiado a los
sectores que fueron más golpeados por la
recesión, por medio de reducciones impositivas
(en todos los niveles gubernamentales) y flexibilizando
los contratos laborales. Al mismo tiempo los sectores
más dinámicos y exitosos también
se han beneficiado con planes pro-inversión.
Para esto (i) se bajaron los aranceles para bienes
de capital y se implementó un plan de competitividad
para el sector de bienes de capital; y (ii) se
bajó el IVA un 50% para los bienes de capital.
Se estima que ha habido una reducción en
el costo del uso del capital del orden del 21%
para bienes de capital nacionales y del 11% para
los del exterior.
Para
compensar el impacto fiscal de la medida, la reducción
de los aranceles para bienes de capital inicialmente
fue acompañada por un aumento de los aranceles
para bienes de consumo. Sin embargo, la política
comercial argentina continúa focalizada
en una apertura al mundo más agresiva.
A tal efecto, el gobierno está buscando
la integración comercial a la economía
global con el Mercosur como plataforma de lanzamiento
a través de la delegación de poderes
a un negociador central que deberá minimizar
las fricciones de coordinación.
El
negociador central deberá activar en forma
considerable las negociaciones de los acuerdos
comerciales bilaterales con el resto del mundo.
La Argentina tiene un acceso muy limitado a mercados
con fuertes barreras no arancelarias. Estas barreras
generalmente están destinadas a proteger
los productos agrícolas, los cuales son
producidos en forma eficiente por la Argentina.
De este modo, la participación argentina
en este mercado es de un modesto 0.5% en el mercado
estadounidense y de un 2.1% en el mercado de la
Unión Europea. Por consiguiente, existe
un enorme potencial de aumento en las exportaciones
como resultado de nuevos acuerdos comerciales
que podrían abrir el acceso a mercados
para estos productos.
El
factor de convergencia implica importantes cambios
en la estructura de aranceles y reembolso por
exportaciones. Como se señaló, los
aranceles para la importación de bienes
de consumo y el reembolso máximo por las
exportaciones se redujeron en 7 puntos porcentuales.
Esta medida redujo considerablemente la dispersión
de aranceles y reembolsos, reduciendo muchísimo
las distorsiones de precios causadas por la política
comercial.
Asimismo,
por ser temporaria (ya que desaparecer en caso
de que la tasa de cambio Euro/Dólar llegue
a ser igual a 1) resuelve el problema de economía
política que surge cuando el gobierno considera
necesario reducir aranceles y subsidios a la exportación.
Finalmente,
cuando el Euro y el Dólar lleguen a la
paridad, el mecanismo desaparece, dejando a la
economía con barreras comerciales menos
distorsivas y más bajas.
III
Observaciones Finales y Desafíos Futuros
La
macroeconomía argentina ha estado dominada
por importantes rumores durante el 2001. Sin embargo,
las medidas implementadas para fortalecer el comportamiento
fiscal y financiero han sido firmes y eficaces.
En particular, el gobierno argentino decidió
rebajar salarios y jubilaciones, con una medida
sin precedentes, como forma de reducir el déficit
fiscal. Esperamos que estas fuertes medidas sean
valoradas cuando el mercado se de cuenta de que
la Argentina no devaluará ni reestructurará
su deuda.
¿Qué
sigue en la agenda? En el corto plazo, la agenda
económica del gobierno se centrará
en las reformas estructurales pendientes que le
garantizarán a la Argentina un crecimiento
económico sostenido. En el frente fiscal,
estas reformas se centrarán en reducir
aún más el gasto improductivo del
gobierno (principalmente el burocrático)
y en seguir avanzando en la lucha contra la evasión
fiscal para reducir gradualmente la rebaja general
de salarios y jubilaciones, como así también
establecer un acuerdo de participación
fiscal con las provincias, que proporcionaría
mejores incentivos para la planificación
de la política fiscal y el control del
gasto público. Otras reformas estructurales
esenciales para mejorar las perspectivas del crecimiento
de la Argentina se centrarán en la futura
desregularización de los sistemas de salud
y jubilaciones.
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