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¿CUANTO NOS CUESTA LA CORRUPCIÓN?
BENJAMÍN
HILL MAYORAL
Sintesis
El grado de desarrollo de un país está relacionado
negativamente con los niveles de percepción de la corrupción,
por lo que podemos decir que ésta es una de las características
del subdesarrollo. El costo de la corrupción que se
traduce en menor ingreso per cápita, en inversiones
que no llegan y en falta de crecimiento económico
posiblemente sea imposible de estimar.
Sabemos que la corrupción genera altos costos para
las empresas, para los gobiernos y para la sociedad en general.
Sin embargo, a pesar de que sabemos que la corrupción
nos cuesta, resulta muy difícil estimar su costo total
en dinero.
La corrupción en el gobierno, en las empresas y en
cualquier organización social es una actividad que
generalmente se mantiene oculta y en muchos casos la complicidad,
el miedo a presentar una denuncia y la habitual discreción
de los involucrados consiguen cubrir los rastros del perjuicio.
Ese es uno de los motivos por los que los instrumentos utilizados
para medir los niveles de corrupción son índices
de percepciones o bien, de cómo la población
de un país advierte o estima la gravedad del problema
de corrupción en su entorno social.
Existen otros costos que están relacionados con la
corrupción y que son aún más difíciles
de precisar. En estudios empíricos1 se ha mostrado
la relación que existe entre los niveles de percepción
de la corrupción y algunos indicadores económicos.
Así, sabemos que en los países en los que se
perciben altos niveles de corrupción, el ingreso per
cápita es menor; la distribución del ingreso
es más injusta; hay bajos niveles de inversión
extranjera y nacional, así como bajos niveles de crecimiento
económico.
El grado de desarrollo de un país está relacionado
negativamente con los niveles de percepción de la corrupción,
por lo que podemos decir que ésta es una de las características
del subdesarrollo. El costo de la corrupción que se
traduce en menor ingreso per cápita, en inversiones
que no llegan y en falta de crecimiento económico posiblemente
sea imposible de estimar.
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Se han emprendido iniciativas interesantes para acercarse
a su costo económico, como el Índice de Opacidad
de Price-Waterhouse-Coopers, que estima el costo para las
empresas de invertir de acuerdo a una estimación de
la opacidad, o de la falta de transparencia de un país.
El costo total de la corrupción para una sociedad,
sin embargo, es mucho mayor.
La corrupción hace que se destinen recursos públicos
a proyectos en los que hay más probabilidades de obtener
un beneficio personal, mejor conocidos con el eufemismo de
"elefantes blancos", a costa de las prioridades
del desarrollo del municipio, del estado o del país.
Los "elefantes blancos" no solamente alejan recursos
de las necesidades reales de inversión, sino que con
el afán de lucro, sus promotores suelen transgredir
normas de seguridad y de protección al ambiente, causando
pérdidas adicionales para la sociedad y para el ecosistema.
El relajamiento en la observancia de las normas que promueve
la corrupción, favorece el fraude, la evasión
fiscal y el crecimiento de economías informales. La
corrupción también lastima a los sistemas de
procuración e impartición de justicia y reduce
en general la calidad de los servicios públicos. La
corrupción no solamente genera más corrupción,
sino que promueve la impunidad y limita la capacidad de los
gobiernos para combatirla, creando un círculo vicioso
que de no detenerse, puede crecer hasta volverse incontrolable.
Cuando se habla de los costos de la corrupción, no
suele tomarse en cuenta que a pesar de que esos costos son
pagados por la sociedad entera, afectan especialmente a los
más pobres, quienes están a merced de funcionarios
venales para cualquier trámite y de arreglos clientelares
en la aplicación de la justicia; los pobres son también
quienes más requieren de servicios públicos
como educación y salud, por lo que una disminución
en la calidad de estas prestaciones afecta directamente su
bienestar.
La corrupción le cuesta a una sociedad en recursos
económicos, en bienestar, en seguridad y en calidad
de vida. Los intentos por cuantificar los costos de la corrupción
nos pueden dar una idea más clara de lo que nuestra
sociedad pierde por este fenómeno y calcular lo que
ganaríamos en recursos pero sobre todo, en bienestar
si este problema es combatido con éxito.
Los costos sociales que representan la pérdida de oportunidades
de crecimiento y desarrollo, el deterioro del medio ambiente
y de la seguridad pública, tener servicios públicos
deficientes y una injusta distribución del ingreso
son altísimos e imposibles de medir.
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