No.172
Diciembre
2002
 

La ética en los
negocios
Producir con responsabilidad, sentido y solidaridad

Edgar Angiano Balz

La Ética debe ser nuevamente el "alma" de la empresa y la que contribuya a "aportar significados" a la tarea que se emprende dentro de la corporación o de la empresa. Crear o transformar con responsabilidad, solidaridad y sentido -con compromiso basado en la confianza- es el otro nombre de la Ética en el mundo del mercado.
Y para un mundo global, con un mercado global sin duda tendremos que tener de vuelta entre nosotros la idea de una "ética global", que nos recuerde - "después de mucho tiempo de olvido"-, que existen "Valores y Principios Universales" (con mayúsculas) que aún cuando se puedan vivir y expresar de maneras diferentes en las distintas culturas, son comúnmente
aceptados por todos.

Luego de los desastres corporativos en los Estados Unidos (Enron, WorldCom, Xerox, etc.) mucha gente se preguntó "¿qué nos pasó?". Al final, la conclusión ha sido unánime: "se nos olvidó que la ética debe regir los negocios".

Hoy, en los Estados Unidos y por ende en el mundo occidental, se empieza a hablar del "capitalismo con conciencia". Esto es "espíritu en los negocios". Y cuando se habla de "espíritu" se sobreentiende "humano".

El capitalismo nació sin alma y olvidó la necesidad humana básica de construir significados para asegurarse un lugar en el porvenir. Durante 200 años vivimos una ilusión transitoria que fue pensar que se podían producir bienes económicos de manera irresponsable, egoístamente y sin un sentido trascendente.

Pero da la causalidad que los seres humanos involucrados en la aventura de generar riqueza (producir o transformar) tenemos alma (espíritu) y en consecuencia, construimos significados (aspiramos a trascender).

Esto implica de manera inmediata que todo ser humano hoy debe escuchar una llamada al compromiso. No se puede vivir sin él. El capitalismo sin compromiso incubó la tragedia de las corporaciones arriba mencionadas.

La falta de responsabilidad, solidaridad y sentido, provocaron la deblacle de las organizaciones financieras sin alma. Pero en el substrato subyacente y como explicación última de la tragedia, teníamos la debacle del espíritu humano como causa primera y fin lógico. Casi hubiera podido aventurarse -parafraseando a García Márquez- que aquello era la "crónica de una muerte anunciada".

Pero su caída no hace más que representar una inflexión en las poderosas fuerzas del mercado que buscan reagruparse para evitar la reflexión, el análisis y la toma de conciencia. Los tentáculos del vacío espiritual y de conciencia que significa haber vendido el espíritu al oro, tienen todavía raíces en amplios sectores del mercado.

Por fortuna, y en ello la historia nos demuestra que finalmente el mal no prevalece, existe hoy en día un creciente movimiento al interior de la comunidad empresarial para detenerse y reflexionar sobre lo ocurrido a otros y sobre lo que nadie puede afirmar que no le ocurrirá a él.

Esta reflexión se está dando en torno a la "ética" como una nueva forma de situarse en los movimientos del mundo del mercado. Quedó visto que su ausencia trae consecuencias inimaginables. Se calcula en 9 millardos de dólares lo defraudado en Enron. Pero -valga decir- el fraude fue más allá de los 9 mil millones de dólares de los accionistas.

En Enron se defraudó, hasta agotarlo, el sentido de la confianza como síntesis de todo lo noble y bueno que pueda haber en el ámbito de la comunidad empresarial. Destruida la confianza, se destruyó todo. Porque sin confianza no hay acuerdo, contrato ni institución que prevalezca: quedó clarísimo que la pérdida de confianza hace efímero cualquier monto de ganancia y se convierte en el peor de todos los negocios.

Hoy, el desafío consiste en reconstruir el Sistema de Confianzas a través de un nuevo Sistema de Compromisos. No sólo al interior de la comunidad empresarial, sino a todos los escenarios y entornos que la rodean. Este sistema y este acuerdo tienen un solo nombre: La Ética.

La corrupción, la irresponsabilidad, el egoísmo, la falta de compromiso y de solidaridad demostraron sin duda que sin importar dónde -a la larga- son un mal consejero. Su puesto en cualquier consejo, junta directiva o nivel de la organización de negocios, transforman la corporación o empresa en un frágil "castillo de naipes".

El creciente escrutinio de la sociedad, la democratización acelerada de los pueblos y la nueva era de la información y del conocimiento global, hacen cada vez más difícil la sobrevivencia de corporaciones y empresas que no se sustenten sobre los principios del respeto, la honestidad, la congruencia y el compromiso. Los consumidores de hoy no son los de ayer. Los ciudadanos y las sociedades han madurado, reflexionan más y deciden mejor.

Por tanto, "La Cuestión Ética" (con mayúsculas) hace su arribo en un momento particular de devastación, de desencanto y de escándalo. No debe convertirse en una moda ni vaciarla de su contenido al etiquetarla en un eslogan terriblemente reductivo: "la ética es un buen negocio" (con minúsculas). La Ética no puede ser reducida al cliché de "buen negocio": eso sería sencillamente pervertirla y vaciarla de su más esencial fuerza y contenido.

La Ética debe ser nuevamente el "alma" de la empresa y la que contribuya a "aportar significados" a la tarea que se emprende dentro de la corporación o de la empresa. Crear o transformar con responsabilidad, solidaridad y sentido -con compromiso basado en la confianza- es el otro nombre de la Ética en el mundo del mercado.

Y para un mundo global, con un mercado global sin duda tendremos que tener de vuelta entre nosotros la idea de una "ética global", que nos recuerde - "después de mucho tiempo de olvido"-, que existen "Valores y Principios Universales" (con mayúsculas) que aún cuando se puedan vivir y expresar de maneras diferentes en las distintas culturas, son comúnmente aceptados por todos.

Este "capitalismo con conciencia" o "espíritu en los negocios" y más precisa y puntualmente para nosotros "ética en los negocios" debe volver a ocupar el primer plano en las decisiones que se toman en el mundo del mercado para que el vacío de alma generado por el oro y la ambición humana, no devoren lo que finalmente es lo más preciado que tenemos, el único capital que verdaderamente nos llevamos al morir: todo lo que no puede ser ni vendido, ni comprado ni explicado por el mercado. Es decir, el valor trascendente de la vida humana, de toda vida humana y de sus significados.

Con la convicción plena de que "ningún ser humano es más importante que otro por el sólo hecho de que es humano", los líderes de la comunidad empresarial tendrán que enfrentar esta desafiante frontera de la ética más pronto de lo que se imaginan, esperan o incluso desean.

La comunidad empresarial requiere de un liderazgo que:

En primer lugar, contribuya sustancialmente a la reconstrucción del Sistema de Confianzas en el mismo ámbito de la comunidad, pero de inmediato, y sin dejarlo de considerar con el mismo nivel de importancia, hacia los entornos que la rodean.

En segundo lugar, que gracias a la reconstrucción del Sistema de Confianzas los miembros de la comunidad empresarial (empleadores y empleados) experimenten un nuevo tiempo de "inspiración".

Esto es, reinventar todos los días lo cotidiano con imaginación y un profundo sentido trascendente; hacerlo nuevo, constructivo y positivo aún en medio de las más desconcertantes adversidades como en medio de los éxitos más sonoros con un sólo propósito: servir y ser útiles a los demás.

En tercer lugar, que contribuya a la construcción de significados por medio de los cuales los valores y los principios universales puedan de nuevo tomar una preeminente carta de ciudadanía en los consejos, las juntas directivas y todos los niveles de la empresa o la corporación, a fin de que los miembros puedan encontrar en ellas un claro "sentido de vida", es decir transformar el empleo en un "trabajo". Y ello significa encontrar verdaderas razones para vivir y substanciales motivos para creer y suficiente inspiración para esperar un futuro óptimo a través de un presente mejor.

Quienes tienen a su cargo "la riqueza de las naciones" (no sólo en términos económicos sino también humanos, culturales y sociales), tienen la obligación histórica de no pensarse tan rápido el arribo del "fin de la historia" y el predominio del "pensamiento único" que podría ser el peor de los espejismos después del fin de la guerra fría en el año de 1989. Ni Marx ni el comunismo han muerto, a pesar de la caída de la Unión Soviética y del rumbo que actualmente toma China.

Ese liderazgo que necesitamos ver cada vez más traducido a acciones que impacten en el gran público depende de una sola cosa: decidir qué tipo de globalización queremos para nosotros, nuestros hijos y todos los que dependen de nosotros como empleadores.

El tiempo de discutir si queremos globalización o no ya está agotado. En cambio sí que es tiempo -y quizá no sea mucho- de reflexionar y decidir el tipo de globalización que queremos tanto como el que NO queremos. De ello dependerá en gran medida que la raza humana pueda continuar siendo humana en el siglo XXI.

Esta es nuestra aspiración y nuestro compromiso educativo como IMPULSA al joven emprendedor, con los niños y jóvenes de México: ellos son nuestro presente. Su éxito es para nosotros nuestra inspiración.