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SINTESIS
Y es que el capitalismo implica necesariamente, una injusta
distribución de la riqueza, mientras el comunismo conlleva
a una justa distribución de la miseria. Los exiguos
y ridículos salarios del estado comunista, permitían
una repartición igualitaria de la riqueza, que no aceptaba
el desempleo y los reajustes. Ahora que hay ricos en China,
que se está formando una pequeña clase media
y que van surgiendo poco a poco industrias competitivas, la
mayoría del pueblo sufre los estragos del nacimiento
del nuevo sistema. Los chinos siguen hablando de un comunismo
moderno, pero en realidad, lo que están sufriendo son
los estragos de la transición del comunismo al capitalismo.
La
entrada de China a la Organización Mundial de Comercio,
ha presentado un reto inconmensurable para Occidente. Competir
con un País cuyo salario promedio es de 50 dls al mes
presenta una verdadera amenaza. Las fábricas de juguetes
en México han desaparecido y muy posiblemente desaparezca
la industria textil, la de zapatos y quizá la electrónica
y muchas de las maquiladoras.
China crece con sus 1,300 millones de habitantes a 10% por
año, en forma sostenida, vendiendo los salarios de
hambre de sus cientos de millones de esclavos para competir
con las industrias occidentales en términos más
que favorables. Pero a medida que la faz de China cambia,
los salarios se elevan rápidamente y tendrán
que hacerse las industrias competitivas, con salarios comparables
con los de occidente. El problema es la etapa de transición
y el daño que ésta causará a los países
competidores.
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En Chanhai, se ha construido un edificio que es el más
alto del mundo, simbolizando el poderío de China, que
tiene la bomba atómica, que tiene cohetes espaciales
y que tiene universidades comparables con las occidentales,
a la par que un mar de campesinos y un océano de trabajadores
que son explotados en la forma más ruda que podemos
imaginar en el siglo XXI. Pero los dolores de parto son angustiosos
y la transición se lleva a cabo en medio de problemas
enormes y de protestas, no obstante lo totalitario del régimen
de Pekín.
En un ejemplo dramático, advertimos que cada fin de
semana desde marzo 1°, decenas de miles de iracundos trabajadores
se aglomeran fuera de las oficinas centrales del campo petrolero
más glorificado por Mao en su tiempo y el orgullo de
la China comunista.
Efectivamente, el campo de Daquing en el noreste de China,
ha reajustado a 50 mil trabajadores y estos han producido
las protestas más grandes que se hayan presenciado
en China, desde que el comunismo tomó el poder en 1949.
Los campos petroleros de Daquing, son subsidiarios de Petro
China Company, que se encuentra listada en la bolsa de valores
de Nueva York y en la bolsa de valores de Hong Kong y que
debe pagar un dividendo a sus accionistas. Los campos petrolíferos
se encuentran en la Provincia de Heilongjiang en el noreste
de China, pero las protestas en campos petrolíferos
no son exclusivas de Daqing y en casi todos los campos petrolíferos
de China se advierten; en este mes ha habido protestas en
Huabei en Hebei y en Songjiang en la Provincia de Jilin. En
algunos casos los trabajadores han sido jubilados tempranamente
y en otros se les ha liquidado con 500 dólares por
año de servicio; sin embargo, los liquidados después
de 1 año de su salida advierten que no pueden conseguir
trabajo y se unen a las testas monstruosas.
A medida, que las obsoletas y viejas industrias estatales
se van privatizando y se disponen a competir con occidente,
los reajustes de personal se tornan a la orden del día.
Cuando personas de 30 ó 40 años se encuentran
que no pueden conseguir trabajo en otra parte, se sienten
defraudados, engañados y el sueño comunista
que un día los animara se convierte en frustración.
Y es que el capitalismo implica necesariamente, una injusta
distribución de la riqueza, mientras el comunismo conlleva
a una justa distribución de la miseria. Los exiguos
y ridículos salarios del estado comunista, permitían
una repartición igualitaria de la riqueza, que no aceptaba
el desempleo y los reajustes. Ahora que hay ricos en China,
que se está formando una pequeña clase media
y que van surgiendo poco a poco industrias competitivas, la
mayoría del pueblo sufre los estragos del nacimiento
del nuevo sistema.
Los chinos siguen hablando de un comunismo moderno, pero en
realidad, lo que están sufriendo son los estragos de
la transición del comunismo al capitalismo. La industria
extranjera ha poblado todo el corredor industrial pagando
salarios muy superiores a los tradicionales chinos y enseñando
métodos y tecnologías que despiertan la envidia
y propician la imitación extralogica en el gran Dragón
dormido que empieza despertar entre espasmos y pronunciamientos
agitados.
Al cambio económico, tendrá que venir necesariamente
el cambio político y éste así mismo será
doloroso. La entrada a la democracia implicará la desaparición
de la corrupción y la participación de la sociedad.
Todo esto es positivo a largo plazo, pero es doloroso y sangrante
en el corto plazo.
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