No.165
Junio
2002
 

SINTESIS
Y es que el capitalismo implica necesariamente, una injusta distribución de la riqueza, mientras el comunismo conlleva a una justa distribución de la miseria. Los exiguos y ridículos salarios del estado comunista, permitían una repartición igualitaria de la riqueza, que no aceptaba el desempleo y los reajustes. Ahora que hay ricos en China, que se está formando una pequeña clase media y que van surgiendo poco a poco industrias competitivas, la mayoría del pueblo sufre los estragos del nacimiento del nuevo sistema. Los chinos siguen hablando de un comunismo moderno, pero en realidad, lo que están sufriendo son los estragos de la transición del comunismo al capitalismo.

La entrada de China a la Organización Mundial de Comercio, ha presentado un reto inconmensurable para Occidente. Competir con un País cuyo salario promedio es de 50 dls al mes presenta una verdadera amenaza. Las fábricas de juguetes en México han desaparecido y muy posiblemente desaparezca la industria textil, la de zapatos y quizá la electrónica y muchas de las maquiladoras.

China crece con sus 1,300 millones de habitantes a 10% por año, en forma sostenida, vendiendo los salarios de hambre de sus cientos de millones de esclavos para competir con las industrias occidentales en términos más que favorables. Pero a medida que la faz de China cambia, los salarios se elevan rápidamente y tendrán que hacerse las industrias competitivas, con salarios comparables con los de occidente. El problema es la etapa de transición y el daño que ésta causará a los países competidores.

En Chanhai, se ha construido un edificio que es el más alto del mundo, simbolizando el poderío de China, que tiene la bomba atómica, que tiene cohetes espaciales y que tiene universidades comparables con las occidentales, a la par que un mar de campesinos y un océano de trabajadores que son explotados en la forma más ruda que podemos imaginar en el siglo XXI. Pero los dolores de parto son angustiosos y la transición se lleva a cabo en medio de problemas enormes y de protestas, no obstante lo totalitario del régimen de Pekín.
En un ejemplo dramático, advertimos que cada fin de semana desde marzo 1°, decenas de miles de iracundos trabajadores se aglomeran fuera de las oficinas centrales del campo petrolero más glorificado por Mao en su tiempo y el orgullo de la China comunista.

Efectivamente, el campo de Daquing en el noreste de China, ha reajustado a 50 mil trabajadores y estos han producido las protestas más grandes que se hayan presenciado en China, desde que el comunismo tomó el poder en 1949.

Los campos petroleros de Daquing, son subsidiarios de Petro China Company, que se encuentra listada en la bolsa de valores de Nueva York y en la bolsa de valores de Hong Kong y que debe pagar un dividendo a sus accionistas. Los campos petrolíferos se encuentran en la Provincia de Heilongjiang en el noreste de China, pero las protestas en campos petrolíferos no son exclusivas de Daqing y en casi todos los campos petrolíferos de China se advierten; en este mes ha habido protestas en Huabei en Hebei y en Songjiang en la Provincia de Jilin. En algunos casos los trabajadores han sido jubilados tempranamente y en otros se les ha liquidado con 500 dólares por año de servicio; sin embargo, los liquidados después de 1 año de su salida advierten que no pueden conseguir trabajo y se unen a las testas monstruosas.

A medida, que las obsoletas y viejas industrias estatales se van privatizando y se disponen a competir con occidente, los reajustes de personal se tornan a la orden del día. Cuando personas de 30 ó 40 años se encuentran que no pueden conseguir trabajo en otra parte, se sienten defraudados, engañados y el sueño comunista que un día los animara se convierte en frustración.

Y es que el capitalismo implica necesariamente, una injusta distribución de la riqueza, mientras el comunismo conlleva a una justa distribución de la miseria. Los exiguos y ridículos salarios del estado comunista, permitían una repartición igualitaria de la riqueza, que no aceptaba el desempleo y los reajustes. Ahora que hay ricos en China, que se está formando una pequeña clase media y que van surgiendo poco a poco industrias competitivas, la mayoría del pueblo sufre los estragos del nacimiento del nuevo sistema.

Los chinos siguen hablando de un comunismo moderno, pero en realidad, lo que están sufriendo son los estragos de la transición del comunismo al capitalismo. La industria extranjera ha poblado todo el corredor industrial pagando salarios muy superiores a los tradicionales chinos y enseñando métodos y tecnologías que despiertan la envidia y propician la imitación extralogica en el gran Dragón dormido que empieza despertar entre espasmos y pronunciamientos agitados.

Al cambio económico, tendrá que venir necesariamente el cambio político y éste así mismo será doloroso. La entrada a la democracia implicará la desaparición de la corrupción y la participación de la sociedad. Todo esto es positivo a largo plazo, pero es doloroso y sangrante en el corto plazo.