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Cualquier
tipo de organización, desde una oficina de gobierno,
una empresa, un colegio de profesionistas, un equipo
deportivo o un partido político, dependen de
la actuación de sus miembros para alcanzar las
metas que se ha planteado el grupo. Las buenas intenciones
no bastan. Si una empresa quiere ser más eficiente
y si un equipo de fútbol quiere ganar más
partidos, es necesario que exista una perfecta coordinación
entre lo que hacen sus integrantes y las metas que desean
alcanzar como agrupación.
Uno
de los motivos por los cuales muchas organizaciones
se quedan a mitad del camino y no alcanzan sus objetivos
es porque no han establecido reglas claras de conducta
que orienten la actuación de sus miembros a conseguir
las metas del grupo.
A
veces asumimos que todos conocen sus responsabilidades
y que por eso deben cumplirlas; también asumimos
que si una organización no funciona adecuadamente
se debe a que los mexicanos somos informales porque
así es nuestra cultura. Esto es falso.
Generalmente,
cuando en una organización se presenta la informalidad
y cuando sus miembros no cumplen con sus responsabilidades,
se debe a que el grupo mismo no ha creado las condiciones
para que el individuo responda de acuerdo a lo que se
espera de él. En eso, la "cultura"
no tiene nada que ver.
Muchas
veces los integrantes de un grupo saben cuáles
son los fines y metas de la organización y conocen
cuáles son sus obligaciones; sin embargo, dejan
de cumplir con sus responsabilidades porque muchas actitudes,
conductas y formas de trabajar no están claras
para todos.
Éxito
de una organización: coordinar las conductas
individuales con los fines colectivos
Para
que un grupo funcione bien y no tenga problemas para
conseguir sus objetivos, es necesario que todos sus
miembros conozcan qué es lo que se espera de
cada uno y cómo pueden contribuir al éxito
del grupo. Una forma eficaz de lograr que todos los
integrantes de una organización conozcan las
reglas del juego es mediante la elaboración de
un Código de Conducta.
Los
Códigos de Conducta ayudan a las agrupaciones
a dejar en claro cuáles son las conductas que
se esperan de sus miembros y cuáles son los comportamientos
que no son convenientes para alcanzar las metas planteadas.
Sirven también para crear en el grupo un ambiente
de colaboración y de participación en
los logros que se alcancen.
Las
leyes y contratos de trabajo establecen con bastante
claridad muchas de las obligaciones de los integrantes
de las organizaciones; sin embargo, existen conductas
que afectan su desempeño y que no están
comprendidas en la ley. También existen conductas
específicas que afectan a cada organización
de acuerdo a sus características particulares.
Los Códigos de Conducta son trajes a la medida:
sirven para regular mejor la conducta de cada organización
de acuerdo a sus procesos, valores y cultura propios.
En
ocasiones se considera que los Códigos de Conducta
son mecanismos de disciplina demasiado estrictos que
limitan la creatividad y que afectan el compañerismo.
Eso también es falso. Lo cierto sobre los Códigos
de Conducta es que ayudan a mejorar el ambiente dentro
de un grupo porque disminuyen las tensiones que existen
siempre que las reglas no son respetadas; en vez de
limitar la creatividad, ayuda a encauzarla con armonía.
En
resumen, cuando un grupo mejora su desempeño,
todos sus miembros se sienten orgullosos de pertenecer
a él, y la relación entre ellos mejora
enormemente.
¿Cómo
se hace un Código de Conducta? El Código
de Conducta debe ser un documento en el que están
contenidos los objetivos, metas y anhelos del grupo.
Por ello, cada Código debe ser distinto a los
demás y cada organización debe preparar
el suyo. Hay cuatro pasos que se pueden seguir para
redactar un Código de Conducta:
1.
Definir los valores, la visión y la misión
del grupo
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