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LA
LIBRE EMPRESA: ¿VERDADERAMENTE LIBRE?
Arturo
Damm Arnal
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Sintesis
Queda
claro que la libre empresa es una empresa liberada,
en primer lugar, de las ataduras que, impuestas
arbitrariamente por el gobierno, obstaculizan
y lastran su marcha. Sin embargo, una empresa
liberada solamente de esas ataduras, y no de los
apoyos, protecciones, subsidios y concesiones
que el gobierno puede otorgarle, es una empresa
liberada a medias, por más que esos privilegios
la beneficien. Y si cada uno de esos privilegios
beneficia a la empresa, ¿por qué eliminarlos?
Porque el otorgamiento de esos privilegios a favor
de alguien implica, inevitablemente, la imposición
de una coerción en contra de alguien más:
otra empresa, los consumidores, los contribuyentes,
etc.
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I
Introducción
En
este escrito reflexiono en torno a la empresa, y a la
doble libertad que debe corresponderle para poder llamarse,
con propiedad, libre empresa. Si la libertad de la empresa
no es esa doble libertad (que ya explicaré en
qué consiste), no debemos hablar, si queremos
mantener el significado correcto de las palabras, es
decir, si no queremos engañarnos a nosotros mismos,
de libre empresa, que debe ser empresa doblemente libre.
La pregunta es si los empresarios quieren esa doble
libertad para sus empresas, y por lo tanto para sus
decisiones y acciones, con todo lo que ello implica
en términos de mayor riesgo y mayor responsabilidad.
II
Primera libertad
¿A
qué nos referimos cuando hablamos de libre empresa?
A una empresa liberada. ¿De qué? De las ataduras
que le impone el gobierno, que van desde la burocratización
de la actividad empresarial (exceso de trámites
de difícil cumplimiento), hasta el cobro de muchos
y muy elevados impuestos (que se convierten en una expoliación
legal), sin olvidar (tal y como es el caso de México
y de muchas otras naciones), desde las prohibiciones
constitucionales para participar en los sectores estratégicos
de la actividad económica (monopolizados por
el gobierno), hasta la planeación, conducción,
coordinación y orientación gubernamental
de la actividad económica (que atenta en contra
de la libertad para emprender). Todo ello, dependiendo
de su amplitud y profundidad, implica más o menos
ataduras a la actividad empresarial, y su eliminación
es condición necesaria de la libre empresa. Necesaria,
más no suficiente.
III
Primera pregunta
¿Están
los empresarios a favor de la libre empresa, entendida
como aquella empresa liberada de las ataduras impuestas
arbitrariamente por el gobierno? La respuesta es afirmativa,
y ello por una razón muy sencilla: liberar a
la empresa de las mentadas ataduras es algo que, al
facilitarles su tarea, les conviene a los empresarios.
Es más, en la gran mayoría de los casos,
cuando los empresarios hablan de libre empresa se refieren,
precisamente, a una empresa liberada de esas ataduras
que, lo único que logran, es lastrar y obstaculizar
su actividad, entorpeciendo la productividad y competitividad,
impidiendo el logro de menores costos, mayor calidad
y mejor servicio.
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IV
Segunda pregunta
Una
vez conocida la respuesta a la primera pregunta, y dado
que la verdadera libre empresa implica la doble libertad
a la que hice referencia en la introducción,
debemos preguntarles a los empresarios si están
dispuestos a ir más allá de esa primera
libertad, de las ataduras impuestas por el gobierno
(libertad necesaria pero insuficiente), hasta llegar
a la segunda libertad, que es la libertad de los apoyos,
protecciones, subsidios y concesiones gubernamentales.
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V
Segunda libertad
Queda
claro que la libre empresa es una empresa liberada,
en primer lugar, de las ataduras que, impuestas arbitrariamente
por el gobierno, obstaculizan y lastran su marcha. Sin
embargo, una empresa liberada solamente de esas ataduras,
y no de los apoyos, protecciones, subsidios y concesiones
que el gobierno puede otorgarle, es una empresa liberada
a medias, por más que esos privilegios la beneficien.
Y si cada uno de esos privilegios beneficia a la empresa,
¿por qué eliminarlos? Porque el otorgamiento
de esos privilegios a favor de alguien implica, inevitablemente,
la imposición de una coerción en contra
de alguien más: otra empresa, los consumidores,
los contribuyentes, etc.
VI
Botón de muestra
Pongo
de ejemplo la protección a favor de los industriales
nacionales por medio del cierre de fronteras a la importación
de aquellas mercancías que les harían
competencia, es decir, del otorgamiento de un privilegio
a su favor que les garantiza un mercado cautivo y que,
inevitablemente, impone una coerción en contra
de los consumidores nacionales, quienes no tienen la
libertad de acceder a mercancías importadas (lo
cual, dicho sea de paso, viola el derecho a la libertad
para consumir). El otorgamiento de un privilegio a favor
de alguien implica la imposición de una coerción
en contra de alguien más. Con otras palabras:
el beneficio que ese privilegio implica para quien lo
recibe es a costa del perjuicio de un tercero.
VII
Vuelta a la segunda pregunta
¿Están
los empresarios a favor de la libre empresa, entendida
no solamente como aquella empresa liberada de las ataduras
impuestas arbitrariamente por el gobierno, sino liberada,
además, de los privilegios otorgados por el gobierno?
Los empresarios, ¿quieren esa empresa verdaderamente
libre, con esa doble libertad, no solamente de los lastres
y obstáculos impuestos por el gobierno, sino
también de los apoyos, protecciones, subsidios
y concesiones que les otorga?
VIII
Mercantilismo
El
mercantilismo puede definirse como el contubernio entre
dos poderes, el político y el económico,
amancebamiento por medio del cual el primero otorga,
a favor del segundo, esos privilegios, a cambio de los
cuales el segundo le garantiza al primero la incondicionalidad
política, todo lo cual atenta, en primer lugar,
en contra de la economía de mercado y, en segundo
término, en contra de la democracia. Y sin democracia,
y sin economía de mercado, el progreso de un
país se ve limitado por los privilegios de unos
cuantos y la exclusión de la mayoría.
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IX
Economía de mercado
Hay
que tener muy claro que la antítesis de la economía
de mercado no es, solamente, la economía centralizada,
basada en la propiedad gubernamental de los medios de
producción, y en la planificación indicativa
de la actividad económica. El mercantilismo,
cuya esencia es el otorgamiento de apoyos, protecciones,
subsidios y concesiones a favor de determinados grupos
de agentes económicos (entre los que destacan
los grupos empresariales), es, también, antítesis
de la economía de mercado, que es aquel "arreglo"
económico basado en la libertad para producir,
intercambiar y consumir sin la imposición de
coerciones, pero también sin el otorgamiento
de privilegios. La economía de mercado está
basada en esta doble libertad: de las coerciones y de
los privilegios. Los empresarios siempre están
a favor de lo primero. ¿Están también
a favor de lo segundo? ¿Están dispuestos a ser
totalmente libres, asumiendo el riesgo y la responsabilidad
de esa doble libertad?
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X
Conclusión
Recordemos
lo que escribió, a mediados del siglo XVIII,
Adam Smith: "Gente del mismo oficio (por ejemplo:
los empresarios), rara vez se reúne, incluso
para la alegría y la diversión, sin que
la conversación termine en una conspiración
contra el público (por ejemplo: el consumidor),
o en alguna trama para elevar los precios", y para
que esa conspiración sea lo más eficaz
posible se requiere de los apoyos, protecciones, subsidios
y concesiones gubernamentales, que pueden ir desde un
trato fiscal preferencial, pasando por los aranceles
que gravan las importaciones, hasta la devaluación
de la moneda nacional. Los empresarios, ¿están
dispuestos a renunciar a cualquier trato fiscal preferencial;
a cualquier arancel que le reste competitividad a las
importaciones contra las que compiten; a cualquier devaluación
que "apoye" sus exportaciones? En pocas palabras:
¿a cualquier privilegio otorgado indebidamente por el
gobierno? ¿Quieren una empresa verdaderamente libre,
no solamente de los lastres y obstáculos que
el gobierno le impone, sino también de los apoyos,
protecciones, subsidios y concesiones con las que, de
manera por demás indebida, la privilegia? ¿Están
los empresarios a favor de la verdadera economía
de mercado, que no es la economía mercantilista
que todavía opera en buena parte del mundo, comenzando
por el proteccionismo estadounidense, tal y como lo
acabamos de ver en el caso del arancel impuesto a la
importación de acero?
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