No.170
Octubre
2002
 

La inseguridad pública
en México

Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, A.C.
(Segunda de tres partes)

SINTESIS
A la luz de la magnitud del problema de la inseguridad y los costos que ocasiona a la ciudadanía, el gran reto de las autoridades es controlar y reducir la delincuencia para no permitir la destrucción del capital o tejido social que hace posible la convivencia ciudadana y el desarrollo económico del país. Aunque la criminalidad es un tema sumamente complejo, un tipo de delincuencia conlleva a otro: los asaltos o robos en las calles y el homicidio no están del todo desligados. De no controlarse la delincuencia, sus costos serán cada vez mayores para los ciudadanos y las empresas, con consecuencias económicas poco promisorias. El crecimiento y persistencia de la inseguridad ha conducido a que sólo una cuarta parte de las personas que sufren un delito lo denuncien. Esto revela la poca confianza que tiene la sociedad en las autoridades.

I. La inseguridad pública: la cifra negra del crimen en México
El significativo aumento en los índices de criminalidad en todo el país han provocado una creciente polémica sobre el verdadero nivel del problema de inseguridad pública en México.
Aunque las cifras oficiales confirman el importante aumento de la delincuencia en México en los últimos 20 años (véase primera parte en Entorno, septiembre 2002), la falta de un sistema de administración de justicia confiable y expedito ha provocado que la sociedad no denuncie ante las autoridades los actos criminales, lo cual ha mermado nuestra capacidad para entender la dimensión real de la delincuencia. Lo que sí es claro es que la inseguridad ha alcanzado a la mayoría de los ciudadanos sin importar su nivel de ingreso, causando una profunda consternación en la sociedad.


Con el fin de entender mejor la dimensión del problema de inseguridad en nuestro país, el CEESP presenta en esta segunda parte un análisis de la evolución de la delincuencia en el contexto mundial, así como cifras alternas (confiables pero no oficiales) sobre actos delictivos y las pérdidas económicas que estos generan en México. El objetivo es contar con un parámetro de comparación internacional de la criminalidad y conocer su magnitud actual en el país.


El documento presenta la llamada cifra negra del crimen en México, dada a conocer recientemente por el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, A. C. (ICESI), lo que nos permite conocer los elevados costos sociales y pérdidas de bienestar que sufren las víctimas de la delincuencia. Igualmente, con base en información de la encuesta sobre criminalidad que lleva a cabo las Naciones Unidas, se compara el nivel de delincuencia en México con el de otros países; esto permite inferir que los niveles de criminalidad que se presentan en algunas regiones del país se cuentan entre los más altos del mundo.

II. La delincuencia en el mundo
La literatura sobre la evolución de la criminalidad en el mundo se está incrementando rápidamente. Muchos autores han estudiado el crecimiento de la delincuencia tanto en países industrializados como en desarrollo desde la década de los ochenta, y su efecto no sólo en la calidad de vida y bienestar social, sino también en la actividad y crecimiento económico. A continuación se presenta una descripción sobre la criminalidad en distintas regiones del mundo, con el fin de tener un patrón de comparación para México sobre el desarrollo del fenómeno de la delincuencia.


El análisis de la evolución de la criminalidad a nivel mundial se realizó con base en la encuesta sobre crimen que lleva a cabo las Naciones Unidas periódicamente. Para facilitar la exposición de los resultados se clasificaron 116 países en seis regiones de acuerdo con la división regional que utiliza el Fondo Monetario Internacional: África, América Latina, Asia, países desarrollados, Medio Oriente y países en transición.1

1 Los países que integran cada región se presentan en el apéndice al final del documento.

Los resultados de la encuesta se elaboran a partir de las denuncias en cada país, las cuales se presentan en términos de su número por cada 100,000 habitantes. Las denuncias incluyen delitos por robo o asalto, robo a propiedad, daño a propiedad ajena, homicidio, violación, secuestro y tráfico de drogas. Se debe señalar que es probable que las cifras oficiales no reflejen la magnitud real de la criminalidad dado que existen altos niveles de subdeclaración de delitos alrededor del mundo. Sin embargo, aunque no se declaren todos los actos criminales, la tasa de crecimiento en el número de denuncias nos permite al menos conocer el cambio en la tendencia de la criminalidad.2 También se debe mencionar que la encuesta no incluye datos sobre la criminalidad en México por no existir información adecuada sobre el número de denuncias.

2 Aunque el diseño de la encuesta busca que la información sea comparable entre países, las diferencias en los sistemas legales y jurídicos, e incluso culturales, de los distintos países considerados, hacen que una comparación ciento por ciento válida entre países sea una tarea casi imposible.


Tasas de criminalidad por regiones
La criminalidad en el mundo ha registrado tasas de crecimiento y/o niveles delictivos importantes tanto en países industrializados como en desarrollo. De 1980 a 1997, las denuncias de actos criminales aumentaron en 131 por ciento a nivel global, lo que equivale a una tasa promedio de crecimiento anual de casi 8 por ciento.
La región que presentó el mayor crecimiento en la criminalidad fue el Medio Oriente, donde destaca un aumento de 347 por ciento en el número de denuncias en Israel a partir de 1994. Por lo que respecta a la región de América Latina, esta ocupó el tercer lugar en el crecimiento de la criminalidad, antecedida por los países en transición, reportándose un crecimiento de 88 y 192 por ciento, respectivamente, durante el periodo.

En contraste, la región que registró el menor crecimiento de criminalidad, de acuerdo con los datos de la encuesta, fue la de los países desarrollados, la cual presentó un incremento de sólo 14 por ciento en el periodo, lo que equivale a un crecimiento promedio anual ligeramente menor a uno por ciento.


Sin embargo, si uno observa la tasa de criminalidad -el número de denuncias por cada 100,000 habitantes- los países desarrollados tienen el mayor número de denuncias (6,449), seguidos por Latinoamérica (3,530), como se puede apreciar en el cuadro. Así, de acuerdo con las cifras de la encuesta, puede decirse que los países desarrollados tienen un nivel alto de criminalidad, pero no está aumentando significativamente; mientras que, por el contrario, los países en transición, por ejemplo, tienen un nivel de criminalidad moderado pero en rápido crecimiento. Por lo que respecta a la región de Latinoamérica, el problema de criminalidad es relativamente alto y se está acentuando a un ritmo no despreciable.

Si se excluyera a Israel del cálculo de la criminalidad -el país con el mayor número de denuncias en la región del Medio Oriente pero que sufre un conflicto que requiere la presencia militar- la región de América Latina ocuparía, en términos de su tasa de delitos por habitantes, la segunda posición como una de las regiones con mayor nivel y crecimiento en delincuencia, a nivel mundial.


La evolución en el crecimiento de la criminalidad en el mundo se puede apreciar mejor en la gráfica siguiente, la cual presenta los datos de criminalidad por región en forma de índice. Tres cuestiones resaltan: el cambio en la tendencia del crecimiento de la criminalidad a partir de mediados de los ochenta y principios de los noventa para las regiones de América Latina y los países en transición (Hungría, Polonia y Rusia, entre ellos); un fuerte incremento a partir de 1994 en el Medio Oriente, y un muy moderado o casi nulo crecimiento en la criminalidad en las regiones de África, Asia y los países desarrollados durante los años de 1980 a 1997.

Destaca que el aumento en la criminalidad en Latinoamérica y los países en transición coincide con la segunda mitad de la llamada década pérdida por la falta de crecimiento económico para la primera, y con la transformación de una economía planeada a una de mercado en la segunda, lo que revela que el aumento de la criminalidad tiene entre sus causas el deterioro económico que se resintió por aquellos años en dichas regiones.

Crimen violento y no violento a nivel mundial
Por lo que respecta a la evolución del crimen violento y no violento en el mundo, se presentan las tasas de denuncias conocidas por robo y homicidio intencional por cada 100,000 habitantes. Como se mencionó en el número anterior, el homicidio intencional se considera como una aproximación del crimen violento en contraste con otros delitos, como el robo, para apreciar el aumento de la violencia en los últimos años.


Las tasas de criminalidad por robo y homicidio reflejan no sólo el importante aumento de la delincuencia, como se mencionó anteriormente, sino también el de la violencia a nivel mundial desde principios de la década de los ochenta. Mientras que el robo se incrementó en 59 por ciento, el homicidio intencional aumentó en 87.5 por ciento de 1975 a 1994.

Por periodos resalta que, a pesar de un ligero retroceso en las tasas de homicidio de 1980 a 1984, en los siguientes años ese delito creció en 60 por ciento. Por su parte, el robo presentó un nivel similar durante los ochenta para dar lugar a un crecimiento de 26 por ciento en los primeros años de los noventa. Esto indica que el uso de la violencia se incrementó en 2.3 veces más que la tasa de delitos por robo durante la primera mitad de los noventa.


Con base en lo expuesto anteriormente, se puede deducir que el fuerte crecimiento de la criminalidad en el ámbito mundial es consecuencia del importante crecimiento en tres regiones principalmente: América Latina, Medio Oriente y los países en desarrollo. No obstante, si excluimos la zona del Medio Oriente, destaca que la criminalidad se focalizó en regiones en vías de consolidar sus economías de mercado y sistemas democráticos. Aunque ciertamente es muy preocupante el aumento de la delincuencia, quizá debería serlo más el de la violencia y agresión por parte de los criminales, en especial durante la última parte del siglo pasado. Sin duda, el problema de la inseguridad pública constituirá uno de los retos más importantes por resolver durante el nuevo siglo en un gran número de países.

III. El nivel de delincuencia en México
En México, la criminalidad también ha presentado un crecimiento significativo durante los últimos años, en paralelo con la evolución mundial. En la edición anterior de Entorno se presentó el incremento de la delincuencia de acuerdo con las cifras oficiales. En esa publicación se resaltó el importante incremento de 142 por ciento en el número total de presuntos delincuentes en el país durante las últimas dos décadas y sus repercusiones en el crecimiento económico y la competitividad de las empresas.


Problemas de subdeclaración del crimen
Existen, sin embargo, serios inconvenientes en utilizar las cifras oficiales sobre criminalidad -especialmente en el caso de robo- para realmente conocer la magnitud y evolución de dicho problema en nuestro país. El principal de ellos es la subdeclaración de delitos, que se refiere a los crímenes que no se reportan por la poca confianza de los ciudadanos en la procuración de justicia y ocasiona, en consecuencia, a que menos delincuentes sean consignados. Otro grave problema es la excesiva burocracia de las instituciones, la cual impone barreras que obstaculizan la declaración y da por resultado que no se persigan delincuentes por la falta de registros de un gran número de crímenes.
Por lo anterior, el problema de utilizar el número de presuntos delincuentes como una medición de la criminalidad es que, cuanto menor sea la eficiencia de las autoridades policiacas y judiciales para apresar y castigar a un delincuente respectivamente -sobre todo en el caso de robo- tanto mayor será la diferencia entre la cifra real de delitos y la de presuntos criminales.


Se debe mencionar que, aun cuando en los últimos años las autoridades publican el número de denuncias por actos criminales, los problemas mencionados arriba claramente impiden tener un registro confiable sobre la delincuencia. El que no se denuncien los delitos y, por ende, exista un número relativamente reducido de denuncias, ciertamente no equivale a que el problema del crimen sea menor o se esté reduciendo, como argumentan algunas autoridades.


Como opción para solventar el problema de subdeclaración y conocer la cifra real de la delincuencia en nuestro país, la llamada cifra negra del crimen -el número de crímenes cometidos en México y que no son denunciados-, se deben buscar fuentes alternas de información sobre dicho fenómeno.

Cifras alternas sobre la inseguridad en México
Recientemente el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, A. C. (ICESI), llevó a cabo la primera encuesta nacional sobre inseguridad pública en las entidades federativas 2001. El objetivo de la encuesta fue obtener información confiable sobre el problema de inseguridad en México a través de estimar los delitos denunciados y no denunciados, contar con perfiles de victimización (tipo y lugar del delito, tipo de amenaza, monto de pérdidas, edad de delincuentes, etc.), conocer la percepción de inseguridad en cada uno de los estados de la república e identificar el tipo de actividades cotidianas que se han dejado de hacer por temor a ser víctima de un delito.


La encuesta, realizada por cuatro prestigiadas empresas, tuvo un tamaño de muestra de 35,001 hogares en toda la república ponderados por la población de cada entidad federativa. La representatividad de la muestra, al ser científicamente diseñada, tiene un nivel de confianza de 95 por ciento y un margen de error de ± uno por ciento. Los resultados de la encuesta nacional para el 2001 se detallan a continuación.

Principales resultados de la encuesta ICESI
Sobresale que en 14 por ciento de los hogares del país al menos una persona sufrió algún tipo de delito y una quinta parte de ellos (2.8 por ciento) ha padecido más de un delito. Por lo que respecta a la incidencia delictiva en las entidades federativas, los cinco estados con el mayor número de hogares que sufrió algún delito son el Distrito Federal, Baja California, Morelos, el estado de México y Chihuahua. En contraste, los estados con menor incidencia delictiva son Durango, Zacatecas, Baja California Sur, Colima, Puebla y Tlaxcala (véase siguiente tabla).


Por cada 100,000 habitantes, la tasa de delitos fue de 4,412 a nivel nacional en el 2001. La mayor tasa de delitos se registró en el Distrito Federal con 17,718 delitos por cada 100,000 habitantes. Le siguieron Morelos con 5,573, Baja California con 5,531, Chihuahua con 4,979 y el estado de México con 4,778. Los de menor tasa fueron Tlaxcala con 1,448, Zacatecas con 1,453, Michoacán con 1,471 y Oaxaca con 1,595.

La encuesta también reporta si las víctimas sufrieron algún tipo de violencia. Resalta que 44 por ciento de ellas contestaron que sufrieron algún tipo de agresión durante la comisión del delito. Lo más preocupante en estos casos fue que en casi la mitad de ellos se utilizó un arma de fuego para realizar el delito. Por lo que respecta al uso de arma blanca y la violencia física, cada una se utilizó en cerca de una quinta parte de los actos criminales.

En cuanto a la incidencia geográfica de la violencia, las entidades que registraron el mayor grado de violencia o agresión fueron el estado de México (63 por ciento), el Distrito Federal (55 por ciento) y Morelos (54 por ciento). En contraparte, las entidades con menor índice de violencia fueron Baja California Sur (18 por ciento) y Chihuahua (25 por ciento).


Por tipo de delito, en el 2001 el 92 por ciento fueron robos, destacando entre los más importantes el robo a transeúntes, de vehículos, casa habitación y comercio. La tasa por 100,000 habitantes es de 4,169, cercana a la tasa nacional en razón de la alta participación de este tipo de delito. Su composición se indica en la siguiente gráfica.

Del resto de crímenes, destacan los delitos de lesiones, abuso de autoridad, daño en propiedad ajena, amenaza, fraude, secuestro, delito sexual, abuso de confianza, secuestro exprés y homicidio. Los delitos por lesiones son los más cometidos después del robo, representando el 50 por ciento del restante de delitos realizados en el año 2001, lo que refleja un alto grado de agresión por parte de los criminales.


En relación con el homicidio (crimen violento) debe mencionarse que las cifras son alarmantes. Por una parte, el estudio de victimización reporta que se cometieron 17,648 homicidios en el país en el 2001, aproximadamente. Esto equivale a 18 homicidios por cada 100,000 habitantes o a 48 homicidios diarios.

Por su parte, la Secretaría de Seguridad Pública reporta que el número aproximado de denuncias por homicidio fue de 26,769, lo que representa 26 homicidios por 100,000 habitantes o 70.5 homicidios diarios.


Lo anterior indica que hay una menor subdeclaración en el crimen violento y, aunque la discrepancia puede deberse a que los estudios de victimización tienden a no capturar el crimen y violencia entre propios criminales (guerra entre pandillas), el número de homicidios arrojado por estas fuentes coloca a México entre los países con mayor grado de crimen violento en el mundo de los países sin conflictos armados. (Colombia tiene una tasa de más de 89 homicidios por cada 100,000 habitantes).

La cifra negra del crimen en México
Con base en toda la información anterior, el ICESI reporta que el número total de delitos en México durante el 2001 fue de 4,412,000. Esta cifra contrasta profundamente con la cantidad de denuncias que reportan las cifras oficiales a través de la Secretaría de Seguridad Pública, la cual manifiesta que el número de denuncias en ese mismo año ascendió a 1,439,770 aproximadamente.3

3 La Secretaría de Seguridad Pública reporta el número de delitos denunciados desde 1997.


La cifra negra del crimen -medida como la diferencia entre el número de denuncias y el número de delitos cometidos- fue de poco más de 2,900,000 delitos, el doble que lo reportado oficialmente. Lo anterior implica que tan sólo uno de cada cuatro delitos que se cometieron en el país fueron denunciados ante las autoridades, confirmando el grave problema de inseguridad que enfrenta el país y la poca confianza de la sociedad para con las autoridades en el combate a la delincuencia.

IV. Nivel de crimen y pérdidas económicas
Antes de presentar el monto de pérdidas económicas que genera la delincuencia para los ciudadanos, sería útil tener una referencia sobre la magnitud del crimen en México en comparación con otros países. Para ello se utilizarán los resultados de la encuesta de las Naciones Unidas citada con anterioridad. Cabe mencionar que, con base en la información obtenido por el ICESI, el nivel de crimen que tienen algunas regiones de México es de tal magnitud que las coloca entre las zonas más inseguras del mundo.


Se reconoce que la información que presenta Naciones Unidas puede contener un alto nivel de subdeclaración que no refleja las verdaderas tasas de delincuencia que prevalecen en otros países del mundo. Aun así, dado que la información de los países desarrollados es más confiable, es razonable tomar estos países como base de comparación. La mayoría de estos países son, de hecho, los que reportan los niveles de delincuencia más altos en la encuesta de las Naciones Unidas, lo que se debe muy probablemente a menores tasas de subdeclaración.


Entre los países desarrollados, Suecia, Nueva Zelandia y Dinamarca destacan como los extremos en criminalidad por cada 100,000 habitantes, con tasas superiores a los 10,000 delitos. Es importante mencionar que estas cifras se refieren a los promedios nacionales, por lo que la criminalidad en áreas metropolitanas pudiera ser mayor que lo aquí presentado.

En comparación con estas cifras internacionales destaca que en México, a nivel nacional, se cometieron 4,412 delitos por cada 100,000 habitantes en el 2001, lo cual se encuentra por debajo de lo que reporta la mayoría de los países desarrollados o de alto ingreso per cápita mediante denuncias. Conviene recordar, no obstante, que en los países desarrollados la tasa de crecimiento de la delincuencia es de las menores, e incluso en algunos países -como Estados Unidos- se está reduciendo, mientras que en Latinoamérica en general y, en nuestro país en particular, el problema está creciendo.


Es claro que la información de los actos delictivos que ocurren en el Distrito Federal (17,718) reportada por el ICESI llevaría a la capital del país a ocupar uno de los primeros lugares en inseguridad a nivel mundial, superando por un margen de 5,000 delitos por cada 100,000 habitantes a Suecia, el país con el mayor número de denuncias que reporta la encuesta.


En relación con América Latina, aunque los niveles de subdeclaración en esta región deben ser sustancialmente mayores que los de las naciones desarrolladas, una comparación de las tasas nacionales de crimen de México con las de otros países latinoamericanos ubicaría a nuestro país en el tercer lugar después de Chile y las Bahamas, ya que ambos países reportan poco más de 6,000 delitos por cada 100,000 habitantes.


Costos de la inseguridad
Un aspecto esencial del crimen es el relacionado con las pérdidas económicas que genera la delincuencia. En el número anterior de Entorno se describieron las costos o consecuencias de la criminalidad en la asignación de recursos, competitividad empresarial y en el desarrollo económico. Aquí se presenta el importe de la pérdida económica que sufren las víctimas o afectados directamente por los actos delictivos.


De acuerdo con la información de la encuesta del ICESI, mientras que una cuarta parte de las víctimas declaró que la pérdida ascendió a menos de 500 pesos, 17 por ciento de los afectados afirma que la pérdida oscila entre 500 y 1000 pesos, otro 17 por ciento entre 1,000 y 2,500 pesos, 15 por ciento entre 2,500 y 5,000, 14 por ciento de 5,000 a 20,000 y poco más de una décima parte por encima de 20,000 pesos.


Con estos datos se puede establecer que el costo promedio de las pérdidas económicas fue de 13,245 pesos por víctima, lo que arroja un costo total nacional de 49 mil millones de pesos en 2001. La magnitud de esta cifra es por demás impactante y equivale a 0.85 por ciento del Producto Interno Bruto. Para comprender mejor el problema y su dimensión, el monto de pérdidas por actos delictivos que sufren las víctimas es equivalente a 350,000 automóviles compactos; o se puede comparar con el presupuesto del gasto programable destinado a salud, medio ambiente y desarrollo social en su conjunto para el año 2002.


Además, la delincuencia obliga a la sociedad a asignar recursos para protegerse. Estos recursos, que podrían utilizar los ciudadanos para otras actividades, los destinan a cubrir las deficiencias de un sistema de seguridad público poco efectivo, representando gastos indirectos que elevan el costo total de la delincuencia. Para ejemplificar el importante crecimiento del gasto en protección en respuesta a la inseguridad, conforme a la encuesta de ingresos y gastos que realiza el INEGI, los hogares de México han incrementado su gasto en vigilancia y seguridad para sus viviendas en poco más de 76 por ciento de 1998 al año 2000, revelando la intranquilidad que tiene la sociedad por el problema de inseguridad.4

4 Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, 1998-2000. INEGI.


Un efecto intangible pero no menos importante de la criminalidad o delincuencia es la pérdida en productividad de los recursos humanos por el estrés que causa trabajar en lugares o ciudades con un ambiente de alto riesgo delictivo y violento. Esta pérdida de productividad del factor trabajo, el cual tiene una importancia elemental en todos los procesos de producción, disminuye, en consecuencia, la competitividad a lo largo de todas las actividades productivas desarrollados en México. Este impacto de la delincuencia en la población se corrobora con los datos de la encuesta del ICESI, la cual muestra que casi la mitad de los mexicanos (47 por ciento de la población) se sienten inseguros en el lugar donde radican.


Otro efecto importante de la inseguridad es que una cuarta parte de la población (23 por ciento) ha modificado ciertos hábitos o actividades por temor a ser víctima de algún delito. De los principales cambios de hábitos o actividades de quienes han modificado su comportamiento destacan que 81 por ciento evita salir de noche, 44 por ciento no lleva dinero en efectivo consigo y 37 por ciento no utiliza joyas.

Observaciones generales
El monto de las pérdidas económicas revelan lo atractivo de las actividades criminales, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de ellas no se reportan. Ello equivale a que los ingresos ilegales son tan seguros como los que se obtienen del sector formal, con la ventaja de que los criminales no pagan impuestos por ese ingreso.


A la luz de la magnitud del problema de la inseguridad y los costos que ocasiona a la ciudadanía, el gran reto de las autoridades es controlar y reducir la delincuencia para no permitir la destrucción del capital o tejido social que hace posible la convivencia ciudadana y el desarrollo económico del país. Aunque la criminalidad es un tema sumamente complejo, un tipo de delincuencia conlleva a otro: los asaltos o robos en las calles y el homicidio no están del todo desligados. De no controlarse la delincuencia, sus costos serán cada vez mayores para los ciudadanos y las empresas, con consecuencias económicas poco promisorias.


El crecimiento y persistencia de la inseguridad ha conducido a que sólo una cuarta parte de las personas que sufren un delito lo denuncien. Esto revela la poca confianza que tiene la sociedad en las autoridades. En nuestra próxima y última publicación sobre la inseguridad en México se presentarán datos sobre el número de delitos que se denuncian y algunos indicadores sobre los resultados de las autoridades en el combate a la delincuencia. Su poca efectividad para consignar y juzgar a los delincuentes es un factor que ha impedido contrarrestar el crecimiento de la delincuencia.

V. Consideraciones finales
El significativo grado de la delincuencia, junto con las pérdidas económicas que impone, nos obligan a reflexionar sobre su impacto en el bienestar social y en el desarrollo económico. Como se mencionó en la publicación anterior, es claro que la delincuencia se vuelve un obstáculo para el desarrollo del país y el mejoramiento de los niveles de vida de la población en la medida en que el crimen y la violencia deterioran el estado de derecho y, en consecuencia, impiden el crecimiento económico.


Las cifras del lCESI exponen la preocupante magnitud del problema de inseguridad que se vive en el país y demuestran que hoy en día la actividad delictiva ha florecido porque es una opción muy rentable. La impunidad ha conllevado a que las actividades criminales sean sustitutos favorables de las actividades legales como fuentes de ingreso.
Indiscutiblemente, el control de la delincuencia sólo puede mejorar a través de una reducción en el número de delitos que se cometen cotidianamente en las calles, casas habitación y empresas y comercios del país. Dado que la delincuencia tiene entre una de sus causas principales la falta de un sistema de administración de justicia moderno y eficiente, ciertamente la solución del problema requiere una acción policiaca mas efectiva y un poder judicial que castigue apropiadamente a los criminales.

Apéndice
Países que conforman las regiones del mundo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



AL ASI

DES

MOR

TRA AFRI
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          Rep. Centroafricana
          Rwanda
          Senegal
          Seychelles
          Sierra Leona
          Sudáfrica
          Sudán
          Tanzania
          Túnez
          Uganda
          Zambia
          Zimbawe



En la actualidad, el costo directo de la delincuencia para los habitantes del país fue cercano a uno por ciento del PIB. La ciudadanía ha dejado, en lo posible, de realizar actividades o incurrido en otro tipo de medidas como la instalación de alarmas en casas y automóviles para protegerse de ser víctima de un acto delictivo, lo que indudablemente eleva el costo social reportado. Como hemos sostenido, de no controlarse la delincuencia y criminalidad, sus efectos negativos en el crecimiento económico y combate a la pobreza pueden aumentar al generarse un ambiente poco propicio para la inversión y la generación de empleos.

Bibliografía
Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, Punto de vista acerca de la criminalidad en México, marzo, 2001.

Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, Primera encuesta nacional sobre inseguridad pública en las entidades federativas. ICESI, Mayo, 2002.

Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, Anuario estadístico, 2000. INEGI.

Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, Cuadernos de estadísticas judiciales en materia penal, 2001. INEGI.

Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, Encuesta nacional de ingresos y gastos de los hogares, 1998 y 2000. INEGI.

Oficina de Prevención del Crimen y División de Justicia Criminal, encuesta del crimen mundial. Naciones Unidas, 1975-1997.

The World Bank, Crime and Violence as Development Issues in Latin America and the Caribbean, 1998.