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La
inseguridad pública
en México
Centro
de Estudios Económicos del Sector Privado, A.C.
(Segunda de tres partes)
SINTESIS
A la luz de la magnitud del problema de la inseguridad y los
costos que ocasiona a la ciudadanía, el gran reto de
las autoridades es controlar y reducir la delincuencia para
no permitir la destrucción del capital o tejido social
que hace posible la convivencia ciudadana y el desarrollo
económico del país. Aunque la criminalidad es
un tema sumamente complejo, un tipo de delincuencia conlleva
a otro: los asaltos o robos en las calles y el homicidio no
están del todo desligados. De no controlarse la delincuencia,
sus costos serán cada vez mayores para los ciudadanos
y las empresas, con consecuencias económicas poco promisorias.
El crecimiento y persistencia de la inseguridad ha conducido
a que sólo una cuarta parte de las personas que sufren
un delito lo denuncien. Esto revela la poca confianza que
tiene la sociedad en las autoridades.
I.
La inseguridad pública: la cifra negra del crimen en
México
El significativo aumento en los índices de criminalidad
en todo el país han provocado una creciente polémica
sobre el verdadero nivel del problema de inseguridad pública
en México.
Aunque las cifras oficiales confirman el importante aumento
de la delincuencia en México en los últimos
20 años (véase primera parte en Entorno, septiembre
2002), la falta de un sistema de administración de
justicia confiable y expedito ha provocado que la sociedad
no denuncie ante las autoridades los actos criminales, lo
cual ha mermado nuestra capacidad para entender la dimensión
real de la delincuencia. Lo que sí es claro es que
la inseguridad ha alcanzado a la mayoría de los ciudadanos
sin importar su nivel de ingreso, causando una profunda consternación
en la sociedad.
Con el fin de entender mejor la dimensión del problema
de inseguridad en nuestro país, el CEESP presenta en
esta segunda parte un análisis de la evolución
de la delincuencia en el contexto mundial, así como
cifras alternas (confiables pero no oficiales) sobre actos
delictivos y las pérdidas económicas que estos
generan en México. El objetivo es contar con un parámetro
de comparación internacional de la criminalidad y conocer
su magnitud actual en el país.
El documento presenta la llamada cifra negra del crimen en
México, dada a conocer recientemente por el Instituto
Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, A. C. (ICESI),
lo que nos permite conocer los elevados costos sociales y
pérdidas de bienestar que sufren las víctimas
de la delincuencia. Igualmente, con base en información
de la encuesta sobre criminalidad que lleva a cabo las Naciones
Unidas, se compara el nivel de delincuencia en México
con el de otros países; esto permite inferir que los
niveles de criminalidad que se presentan en algunas regiones
del país se cuentan entre los más altos del
mundo.
II.
La delincuencia en el mundo
La literatura sobre la evolución de la criminalidad
en el mundo se está incrementando rápidamente.
Muchos autores han estudiado el crecimiento de la delincuencia
tanto en países industrializados como en desarrollo
desde la década de los ochenta, y su efecto no sólo
en la calidad de vida y bienestar social, sino también
en la actividad y crecimiento económico. A continuación
se presenta una descripción sobre la criminalidad en
distintas regiones del mundo, con el fin de tener un patrón
de comparación para México sobre el desarrollo
del fenómeno de la delincuencia.
El análisis de la evolución de la criminalidad
a nivel mundial se realizó con base en la encuesta
sobre crimen que lleva a cabo las Naciones Unidas periódicamente.
Para facilitar la exposición de los resultados se clasificaron
116 países en seis regiones de acuerdo con la división
regional que utiliza el Fondo Monetario Internacional: África,
América Latina, Asia, países desarrollados,
Medio Oriente y países en transición.1
1
Los países que integran cada región se presentan
en el apéndice al final del documento.
Los
resultados de la encuesta se elaboran a partir de las denuncias
en cada país, las cuales se presentan en términos
de su número por cada 100,000 habitantes. Las denuncias
incluyen delitos por robo o asalto, robo a propiedad, daño
a propiedad ajena, homicidio, violación, secuestro
y tráfico de drogas. Se debe señalar que es
probable que las cifras oficiales no reflejen la magnitud
real de la criminalidad dado que existen altos niveles de
subdeclaración de delitos alrededor del mundo. Sin
embargo, aunque no se declaren todos los actos criminales,
la tasa de crecimiento en el número de denuncias nos
permite al menos conocer el cambio en la tendencia de la criminalidad.2
También se debe mencionar que la encuesta no incluye
datos sobre la criminalidad en México por no existir
información adecuada sobre el número de denuncias.
2
Aunque el diseño de la encuesta busca que la información
sea comparable entre países, las diferencias en los
sistemas legales y jurídicos, e incluso culturales,
de los distintos países considerados, hacen que una
comparación ciento por ciento válida entre países
sea una tarea casi imposible.
Tasas de criminalidad por regiones
La criminalidad en el mundo ha registrado tasas de crecimiento
y/o niveles delictivos importantes tanto en países
industrializados como en desarrollo. De 1980 a 1997, las denuncias
de actos criminales aumentaron en 131 por ciento a nivel global,
lo que equivale a una tasa promedio de crecimiento anual de
casi 8 por ciento.
La región que presentó el mayor crecimiento
en la criminalidad fue el Medio Oriente, donde destaca un
aumento de 347 por ciento en el número de denuncias
en Israel a partir de 1994. Por lo que respecta a la región
de América Latina, esta ocupó el tercer lugar
en el crecimiento de la criminalidad, antecedida por los países
en transición, reportándose un crecimiento de
88 y 192 por ciento, respectivamente, durante el periodo.

En
contraste, la región que registró el menor crecimiento
de criminalidad, de acuerdo con los datos de la encuesta,
fue la de los países desarrollados, la cual presentó
un incremento de sólo 14 por ciento en el periodo,
lo que equivale a un crecimiento promedio anual ligeramente
menor a uno por ciento.
Sin embargo, si uno observa la tasa de criminalidad -el número
de denuncias por cada 100,000 habitantes- los países
desarrollados tienen el mayor número de denuncias (6,449),
seguidos por Latinoamérica (3,530), como se puede apreciar
en el cuadro. Así, de acuerdo con las cifras de la
encuesta, puede decirse que los países desarrollados
tienen un nivel alto de criminalidad, pero no está
aumentando significativamente; mientras que, por el contrario,
los países en transición, por ejemplo, tienen
un nivel de criminalidad moderado pero en rápido crecimiento.
Por lo que respecta a la región de Latinoamérica,
el problema de criminalidad es relativamente alto y se está
acentuando a un ritmo no despreciable.
Si
se excluyera a Israel del cálculo de la criminalidad
-el país con el mayor número de denuncias en
la región del Medio Oriente pero que sufre un conflicto
que requiere la presencia militar- la región de América
Latina ocuparía, en términos de su tasa de delitos
por habitantes, la segunda posición como una de las
regiones con mayor nivel y crecimiento en delincuencia, a
nivel mundial.
La evolución en el crecimiento de la criminalidad en
el mundo se puede apreciar mejor en la gráfica siguiente,
la cual presenta los datos de criminalidad por región
en forma de índice. Tres cuestiones resaltan: el cambio
en la tendencia del crecimiento de la criminalidad a partir
de mediados de los ochenta y principios de los noventa para
las regiones de América Latina y los países
en transición (Hungría, Polonia y Rusia, entre
ellos); un fuerte incremento a partir de 1994 en el Medio
Oriente, y un muy moderado o casi nulo crecimiento en la criminalidad
en las regiones de África, Asia y los países
desarrollados durante los años de 1980 a 1997.

Destaca
que el aumento en la criminalidad en Latinoamérica
y los países en transición coincide con la segunda
mitad de la llamada década pérdida por la falta
de crecimiento económico para la primera, y con la
transformación de una economía planeada a una
de mercado en la segunda, lo que revela que el aumento de
la criminalidad tiene entre sus causas el deterioro económico
que se resintió por aquellos años en dichas
regiones.
Crimen
violento y no violento a nivel mundial
Por lo que respecta a la evolución del crimen violento
y no violento en el mundo, se presentan las tasas de denuncias
conocidas por robo y homicidio intencional por cada 100,000
habitantes. Como se mencionó en el número anterior,
el homicidio intencional se considera como una aproximación
del crimen violento en contraste con otros delitos, como el
robo, para apreciar el aumento de la violencia en los últimos
años.
Las tasas de criminalidad por robo y homicidio reflejan no
sólo el importante aumento de la delincuencia, como
se mencionó anteriormente, sino también el de
la violencia a nivel mundial desde principios de la década
de los ochenta. Mientras que el robo se incrementó
en 59 por ciento, el homicidio intencional aumentó
en 87.5 por ciento de 1975 a 1994.

Por
periodos resalta que, a pesar de un ligero retroceso en las
tasas de homicidio de 1980 a 1984, en los siguientes años
ese delito creció en 60 por ciento. Por su parte, el
robo presentó un nivel similar durante los ochenta
para dar lugar a un crecimiento de 26 por ciento en los primeros
años de los noventa. Esto indica que el uso de la violencia
se incrementó en 2.3 veces más que la tasa de
delitos por robo durante la primera mitad de los noventa.
Con base en lo expuesto anteriormente, se puede deducir que
el fuerte crecimiento de la criminalidad en el ámbito
mundial es consecuencia del importante crecimiento en tres
regiones principalmente: América Latina, Medio Oriente
y los países en desarrollo. No obstante, si excluimos
la zona del Medio Oriente, destaca que la criminalidad se
focalizó en regiones en vías de consolidar sus
economías de mercado y sistemas democráticos.
Aunque ciertamente es muy preocupante el aumento de la delincuencia,
quizá debería serlo más el de la violencia
y agresión por parte de los criminales, en especial
durante la última parte del siglo pasado. Sin duda,
el problema de la inseguridad pública constituirá
uno de los retos más importantes por resolver durante
el nuevo siglo en un gran número de países.
III. El nivel de delincuencia en
México
En México, la criminalidad también ha presentado
un crecimiento significativo durante los últimos años,
en paralelo con la evolución mundial. En la edición
anterior de Entorno se presentó el incremento de la
delincuencia de acuerdo con las cifras oficiales. En esa publicación
se resaltó el importante incremento de 142 por ciento
en el número total de presuntos delincuentes en el
país durante las últimas dos décadas
y sus repercusiones en el crecimiento económico y la
competitividad de las empresas.
Problemas de subdeclaración del crimen
Existen, sin embargo, serios inconvenientes en utilizar las
cifras oficiales sobre criminalidad -especialmente en el caso
de robo- para realmente conocer la magnitud y evolución
de dicho problema en nuestro país. El principal de
ellos es la subdeclaración de delitos, que se refiere
a los crímenes que no se reportan por la poca confianza
de los ciudadanos en la procuración de justicia y ocasiona,
en consecuencia, a que menos delincuentes sean consignados.
Otro grave problema es la excesiva burocracia de las instituciones,
la cual impone barreras que obstaculizan la declaración
y da por resultado que no se persigan delincuentes por la
falta de registros de un gran número de crímenes.
Por lo anterior, el problema de utilizar el número
de presuntos delincuentes como una medición de la criminalidad
es que, cuanto menor sea la eficiencia de las autoridades
policiacas y judiciales para apresar y castigar a un delincuente
respectivamente -sobre todo en el caso de robo- tanto mayor
será la diferencia entre la cifra real de delitos y
la de presuntos criminales.
Se debe mencionar que, aun cuando en los últimos años
las autoridades publican el número de denuncias por
actos criminales, los problemas mencionados arriba claramente
impiden tener un registro confiable sobre la delincuencia.
El que no se denuncien los delitos y, por ende, exista un
número relativamente reducido de denuncias, ciertamente
no equivale a que el problema del crimen sea menor o se esté
reduciendo, como argumentan algunas autoridades.
Como opción para solventar el problema de subdeclaración
y conocer la cifra real de la delincuencia en nuestro país,
la llamada cifra negra del crimen -el número de crímenes
cometidos en México y que no son denunciados-, se deben
buscar fuentes alternas de información sobre dicho
fenómeno.
Cifras
alternas sobre la inseguridad en México
Recientemente el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la
Inseguridad, A. C. (ICESI), llevó a cabo la primera
encuesta nacional sobre inseguridad pública en las
entidades federativas 2001. El objetivo de la encuesta fue
obtener información confiable sobre el problema de
inseguridad en México a través de estimar los
delitos denunciados y no denunciados, contar con perfiles
de victimización (tipo y lugar del delito, tipo de
amenaza, monto de pérdidas, edad de delincuentes, etc.),
conocer la percepción de inseguridad en cada uno de
los estados de la república e identificar el tipo de
actividades cotidianas que se han dejado de hacer por temor
a ser víctima de un delito.
La encuesta, realizada por cuatro prestigiadas empresas, tuvo
un tamaño de muestra de 35,001 hogares en toda la república
ponderados por la población de cada entidad federativa.
La representatividad de la muestra, al ser científicamente
diseñada, tiene un nivel de confianza de 95 por ciento
y un margen de error de ± uno por ciento. Los resultados
de la encuesta nacional para el 2001 se detallan a continuación.
Principales
resultados de la encuesta ICESI
Sobresale que en 14 por ciento de los hogares del país
al menos una persona sufrió algún tipo de delito
y una quinta parte de ellos (2.8 por ciento) ha padecido más
de un delito. Por lo que respecta a la incidencia delictiva
en las entidades federativas, los cinco estados con el mayor
número de hogares que sufrió algún delito
son el Distrito Federal, Baja California, Morelos, el estado
de México y Chihuahua. En contraste, los estados con
menor incidencia delictiva son Durango, Zacatecas, Baja California
Sur, Colima, Puebla y Tlaxcala (véase siguiente tabla).
Por cada 100,000 habitantes, la tasa de delitos fue de 4,412
a nivel nacional en el 2001. La mayor tasa de delitos se registró
en el Distrito Federal con 17,718 delitos por cada 100,000
habitantes. Le siguieron Morelos con 5,573, Baja California
con 5,531, Chihuahua con 4,979 y el estado de México
con 4,778. Los de menor tasa fueron Tlaxcala con 1,448, Zacatecas
con 1,453, Michoacán con 1,471 y Oaxaca con 1,595.

La
encuesta también reporta si las víctimas sufrieron
algún tipo de violencia. Resalta que 44 por ciento
de ellas contestaron que sufrieron algún tipo de agresión
durante la comisión del delito. Lo más preocupante
en estos casos fue que en casi la mitad de ellos se utilizó
un arma de fuego para realizar el delito. Por lo que respecta
al uso de arma blanca y la violencia física, cada una
se utilizó en cerca de una quinta parte de los actos
criminales.

En
cuanto a la incidencia geográfica de la violencia,
las entidades que registraron el mayor grado de violencia
o agresión fueron el estado de México (63 por
ciento), el Distrito Federal (55 por ciento) y Morelos (54
por ciento). En contraparte, las entidades con menor índice
de violencia fueron Baja California Sur (18 por ciento) y
Chihuahua (25 por ciento).
Por tipo de delito, en el 2001 el 92 por ciento fueron robos,
destacando entre los más importantes el robo a transeúntes,
de vehículos, casa habitación y comercio. La
tasa por 100,000 habitantes es de 4,169, cercana a la tasa
nacional en razón de la alta participación de
este tipo de delito. Su composición se indica en la
siguiente gráfica.

Del
resto de crímenes, destacan los delitos de lesiones,
abuso de autoridad, daño en propiedad ajena, amenaza,
fraude, secuestro, delito sexual, abuso de confianza, secuestro
exprés y homicidio. Los delitos por lesiones son los
más cometidos después del robo, representando
el 50 por ciento del restante de delitos realizados en el
año 2001, lo que refleja un alto grado de agresión
por parte de los criminales.
En relación con el homicidio (crimen violento) debe
mencionarse que las cifras son alarmantes. Por una parte,
el estudio de victimización reporta que se cometieron
17,648 homicidios en el país en el 2001, aproximadamente.
Esto equivale a 18 homicidios por cada 100,000 habitantes
o a 48 homicidios diarios.

Por
su parte, la Secretaría de Seguridad Pública
reporta que el número aproximado de denuncias por homicidio
fue de 26,769, lo que representa 26 homicidios por 100,000
habitantes o 70.5 homicidios diarios.
Lo anterior indica que hay una menor subdeclaración
en el crimen violento y, aunque la discrepancia puede deberse
a que los estudios de victimización tienden a no capturar
el crimen y violencia entre propios criminales (guerra entre
pandillas), el número de homicidios arrojado por estas
fuentes coloca a México entre los países con
mayor grado de crimen violento en el mundo de los países
sin conflictos armados. (Colombia tiene una tasa de más
de 89 homicidios por cada 100,000 habitantes).
La
cifra negra del crimen en México
Con base en toda la información anterior, el ICESI
reporta que el número total de delitos en México
durante el 2001 fue de 4,412,000. Esta cifra contrasta profundamente
con la cantidad de denuncias que reportan las cifras oficiales
a través de la Secretaría de Seguridad Pública,
la cual manifiesta que el número de denuncias en ese
mismo año ascendió a 1,439,770 aproximadamente.3
3
La Secretaría de Seguridad Pública reporta el
número de delitos denunciados desde 1997.
La cifra negra del crimen -medida como la diferencia entre
el número de denuncias y el número de delitos
cometidos- fue de poco más de 2,900,000 delitos, el
doble que lo reportado oficialmente. Lo anterior implica que
tan sólo uno de cada cuatro delitos que se cometieron
en el país fueron denunciados ante las autoridades,
confirmando el grave problema de inseguridad que enfrenta
el país y la poca confianza de la sociedad para con
las autoridades en el combate a la delincuencia.

IV.
Nivel de crimen y pérdidas económicas
Antes de presentar el monto de pérdidas económicas
que genera la delincuencia para los ciudadanos, sería
útil tener una referencia sobre la magnitud del crimen
en México en comparación con otros países.
Para ello se utilizarán los resultados de la encuesta
de las Naciones Unidas citada con anterioridad. Cabe mencionar
que, con base en la información obtenido por el ICESI,
el nivel de crimen que tienen algunas regiones de México
es de tal magnitud que las coloca entre las zonas más
inseguras del mundo.
Se reconoce que la información que presenta Naciones
Unidas puede contener un alto nivel de subdeclaración
que no refleja las verdaderas tasas de delincuencia que prevalecen
en otros países del mundo. Aun así, dado que
la información de los países desarrollados es
más confiable, es razonable tomar estos países
como base de comparación. La mayoría de estos
países son, de hecho, los que reportan los niveles
de delincuencia más altos en la encuesta de las Naciones
Unidas, lo que se debe muy probablemente a menores tasas de
subdeclaración.
Entre los países desarrollados, Suecia, Nueva Zelandia
y Dinamarca destacan como los extremos en criminalidad por
cada 100,000 habitantes, con tasas superiores a los 10,000
delitos. Es importante mencionar que estas cifras se refieren
a los promedios nacionales, por lo que la criminalidad en
áreas metropolitanas pudiera ser mayor que lo aquí
presentado.

En
comparación con estas cifras internacionales destaca
que en México, a nivel nacional, se cometieron 4,412
delitos por cada 100,000 habitantes en el 2001, lo cual se
encuentra por debajo de lo que reporta la mayoría de
los países desarrollados o de alto ingreso per cápita
mediante denuncias. Conviene recordar, no obstante, que en
los países desarrollados la tasa de crecimiento de
la delincuencia es de las menores, e incluso en algunos países
-como Estados Unidos- se está reduciendo, mientras
que en Latinoamérica en general y, en nuestro país
en particular, el problema está creciendo.
Es claro que la información de los actos delictivos
que ocurren en el Distrito Federal (17,718) reportada por
el ICESI llevaría a la capital del país a ocupar
uno de los primeros lugares en inseguridad a nivel mundial,
superando por un margen de 5,000 delitos por cada 100,000
habitantes a Suecia, el país con el mayor número
de denuncias que reporta la encuesta.
En relación con América Latina, aunque los niveles
de subdeclaración en esta región deben ser sustancialmente
mayores que los de las naciones desarrolladas, una comparación
de las tasas nacionales de crimen de México con las
de otros países latinoamericanos ubicaría a
nuestro país en el tercer lugar después de Chile
y las Bahamas, ya que ambos países reportan poco más
de 6,000 delitos por cada 100,000 habitantes.
Costos de la inseguridad
Un aspecto esencial del crimen es el relacionado con las pérdidas
económicas que genera la delincuencia. En el número
anterior de Entorno se describieron las costos o consecuencias
de la criminalidad en la asignación de recursos, competitividad
empresarial y en el desarrollo económico. Aquí
se presenta el importe de la pérdida económica
que sufren las víctimas o afectados directamente por
los actos delictivos.
De acuerdo con la información de la encuesta del ICESI,
mientras que una cuarta parte de las víctimas declaró
que la pérdida ascendió a menos de 500 pesos,
17 por ciento de los afectados afirma que la pérdida
oscila entre 500 y 1000 pesos, otro 17 por ciento entre 1,000
y 2,500 pesos, 15 por ciento entre 2,500 y 5,000, 14 por ciento
de 5,000 a 20,000 y poco más de una décima parte
por encima de 20,000 pesos.
Con
estos datos se puede establecer que el costo promedio de las
pérdidas económicas fue de 13,245 pesos por
víctima, lo que arroja un costo total nacional de 49
mil millones de pesos en 2001. La magnitud de esta cifra es
por demás impactante y equivale a 0.85 por ciento del
Producto Interno Bruto. Para comprender mejor el problema
y su dimensión, el monto de pérdidas por actos
delictivos que sufren las víctimas es equivalente a
350,000 automóviles compactos; o se puede comparar
con el presupuesto del gasto programable destinado a salud,
medio ambiente y desarrollo social en su conjunto para el
año 2002.
Además, la delincuencia obliga a la sociedad a asignar
recursos para protegerse. Estos recursos, que podrían
utilizar los ciudadanos para otras actividades, los destinan
a cubrir las deficiencias de un sistema de seguridad público
poco efectivo, representando gastos indirectos que elevan
el costo total de la delincuencia. Para ejemplificar el importante
crecimiento del gasto en protección en respuesta a
la inseguridad, conforme a la encuesta de ingresos y gastos
que realiza el INEGI, los hogares de México han incrementado
su gasto en vigilancia y seguridad para sus viviendas en poco
más de 76 por ciento de 1998 al año 2000, revelando
la intranquilidad que tiene la sociedad por el problema de
inseguridad.4
4
Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, 1998-2000.
INEGI.
Un efecto intangible pero no menos importante de la criminalidad
o delincuencia es la pérdida en productividad de los
recursos humanos por el estrés que causa trabajar en
lugares o ciudades con un ambiente de alto riesgo delictivo
y violento. Esta pérdida de productividad del factor
trabajo, el cual tiene una importancia elemental en todos
los procesos de producción, disminuye, en consecuencia,
la competitividad a lo largo de todas las actividades productivas
desarrollados en México. Este impacto de la delincuencia
en la población se corrobora con los datos de la encuesta
del ICESI, la cual muestra que casi la mitad de los mexicanos
(47 por ciento de la población) se sienten inseguros
en el lugar donde radican.
Otro efecto importante de la inseguridad es que una cuarta
parte de la población (23 por ciento) ha modificado
ciertos hábitos o actividades por temor a ser víctima
de algún delito. De los principales cambios de hábitos
o actividades de quienes han modificado su comportamiento
destacan que 81 por ciento evita salir de noche, 44 por ciento
no lleva dinero en efectivo consigo y 37 por ciento no utiliza
joyas.
Observaciones
generales
El monto de las pérdidas económicas revelan
lo atractivo de las actividades criminales, sobre todo teniendo
en cuenta que la mayoría de ellas no se reportan. Ello
equivale a que los ingresos ilegales son tan seguros como
los que se obtienen del sector formal, con la ventaja de que
los criminales no pagan impuestos por ese ingreso.
A la luz de la magnitud del problema de la inseguridad y los
costos que ocasiona a la ciudadanía, el gran reto de
las autoridades es controlar y reducir la delincuencia para
no permitir la destrucción del capital o tejido social
que hace posible la convivencia ciudadana y el desarrollo
económico del país. Aunque la criminalidad es
un tema sumamente complejo, un tipo de delincuencia conlleva
a otro: los asaltos o robos en las calles y el homicidio no
están del todo desligados. De no controlarse la delincuencia,
sus costos serán cada vez mayores para los ciudadanos
y las empresas, con consecuencias económicas poco promisorias.
El crecimiento y persistencia de la inseguridad ha conducido
a que sólo una cuarta parte de las personas que sufren
un delito lo denuncien. Esto revela la poca confianza que
tiene la sociedad en las autoridades. En nuestra próxima
y última publicación sobre la inseguridad en
México se presentarán datos sobre el número
de delitos que se denuncian y algunos indicadores sobre los
resultados de las autoridades en el combate a la delincuencia.
Su poca efectividad para consignar y juzgar a los delincuentes
es un factor que ha impedido contrarrestar el crecimiento
de la delincuencia.
V. Consideraciones finales
El significativo grado de la delincuencia, junto con las pérdidas
económicas que impone, nos obligan a reflexionar sobre
su impacto en el bienestar social y en el desarrollo económico.
Como se mencionó en la publicación anterior,
es claro que la delincuencia se vuelve un obstáculo
para el desarrollo del país y el mejoramiento de los
niveles de vida de la población en la medida en que
el crimen y la violencia deterioran el estado de derecho y,
en consecuencia, impiden el crecimiento económico.
Las cifras del lCESI exponen la preocupante magnitud del problema
de inseguridad que se vive en el país y demuestran
que hoy en día la actividad delictiva ha florecido
porque es una opción muy rentable. La impunidad ha
conllevado a que las actividades criminales sean sustitutos
favorables de las actividades legales como fuentes de ingreso.
Indiscutiblemente, el control de la delincuencia sólo
puede mejorar a través de una reducción en el
número de delitos que se cometen cotidianamente en
las calles, casas habitación y empresas y comercios
del país. Dado que la delincuencia tiene entre una
de sus causas principales la falta de un sistema de administración
de justicia moderno y eficiente, ciertamente la solución
del problema requiere una acción policiaca mas efectiva
y un poder judicial que castigue apropiadamente a los criminales.
Apéndice
Países que conforman las regiones del mundo
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