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La
inseguridad pública en México
Centro de Estudios Económicos
del Sector Privado
Sintesis
En México se han iniciado los cierres de empresas o
la cancelación de inversiones por la inseguridad, generándose
importantes costos sociales implícitos para nuestro
país. De ahora en adelante es necesario que la autoridad
redoble esfuerzos para proteger la integridad física
de las personas y la propiedad de sus bienes, no sólo
porque son derechos inalienables de los ciudadanos, sino también
para alcanzar los beneficios sociales de un ambiente de seguridad
que permita la realización de un mayor desarrollo económico
y social.
I.
La inseguridad pública: consecuencias económicas
y pérdida de competitividad
Introducción
La seguridad pública, por su naturaleza, debe ser provista
por el Estado para proteger a todos los ciudadanos por igual
y garantizar un estado de derecho. La existencia de éste
permite desarrollar las actividades productivas de los ciudadanos
y las empresas, fomentar un adecuado funcionamiento de la
sociedad y asegurar un mayor bienestar social.
Uno de los problemas sociales de México que más
están afectando actualmente a la ciudadanía
es el de la delincuencia. Este fenómeno, que no sólo
lesiona el patrimonio y la integridad física de las
personas, sino también conlleva un deterioro en el
estado de derecho, desalienta la inversión -principalmente
la de largo plazo-, debilita la base competitiva del sector
productivo nacional y, por ende, disminuye el potencial de
crecimiento económico del país.
Dado que entre las características inherentes a la
existencia de un estado de derecho está el adecuado
control de las actividades delictivas, es fundamental que
las autoridades combatan eficazmente la delincuencia con el
fin de poder mantener un ambiente institucional que propicie
la competitividad y el progreso de México.
El continúo crecimiento de la criminalidad es preocupante
porque, al impedir el desarrollo económico, genera
como consecuencia una mayor desigualdad y pobreza. En virtud
de la importancia del problema de la delincuencia, el CEESP
presenta este trabajo sobre la inseguridad en México.
El objetivo de este análisis es exponer el papel fundamental
del Estado como proveedor de seguridad pública, describir
la evolución del problema de la delincuencia en México
de acuerdo con las cifras oficiales y ponderar los costos
económicos que impone la criminalidad, destacando sus
efectos en la competitividad y en el desarrollo económico
del país.
II.
Seguridad pública, responsabilidad del Estado
Por sus características, la seguridad pública
es un bien público que debe ser provisto por el Estado,
tanto para cumplir con su función esencial de proteger
los bienes y la integridad física de las personas,
como para que se alcance un nivel de seguridad socialmente
eficiente que promueva el desarrollo del país.
Un bien público presenta dos propiedades esenciales:
la primera se refiere al principio de no-rivalidad en el consumo
-el consumo de un bien público por un individuo no
limita el consumo del mismo bien por otro individuo-; y la
segunda, al principio de no-exclusividad -no se puede excluir
a otros consumidores del consumo o "disfrute" del
bien. La seguridad pública satisface ambos atributos
ya que no es posible racionar su provisión a la sociedad,
ni discriminar a ciertos segmentos de la población
de su uso. De dejársele al sector privado la provisión
del servicio de seguridad, su producción no sería
suficiente para proteger a la totalidad de los ciudadanos
equitativamente, pues no todos estarían dispuestos
a pagar su costo una vez provisto el servicio por otros individuos.
En virtud de las dos propiedades de bien público, el
sistema de seguridad pública será socialmente
eficiente sólo si protege colectivamente a todos los
ciudadanos. Este propósito se reconoce plenamente en
la Constitución, la cual establece como obligación
del Estado, en su artículo 21, la protección
efectiva para la generalidad de los ciudadanos.
La eficiencia social deriva de que los beneficios de una adecuada
seguridad pública multiplican los beneficios privados
que obtienen los ciudadanos. Es decir, un sistema de seguridad
eficiente no sólo genera beneficios privados a las
personas y a las empresas, como sería una adecuada
protección a la integridad física y a los bienes
e inversiones, sino también genera la prevalencia de
un estado de derecho cuyos beneficios, en la esfera social,
se traducen en un ambiente propicio para que los individuos
y las empresas desarrollen, sin la incertidumbre de la inseguridad,
sus actividades productivas.
En contrapartida, cuando existe un ambiente de inseguridad,
se generan importantes costos sociales adicionales a los costos
privados. Estos últimos son manifiestos para las personas
o empresas, ya que deben protegerse de ser víctimas
de un delito. La protección de la integridad física
y la propiedad de los bienes requiere, entre otras cosas,
que se suspendan ciertas actividades -lo que limita la libertad-,
se instalen alarmas u otros mecanismos de defensa, e incluso,
en casos extremos, las personas adquieran armas de fuego para
defenderse por su propia mano o decidan, sencillamente, mudarse
de ciudad o país. Por lo que respecta a los costos
sociales, la delincuencia y la inseguridad pública
conllevan a la falta de un estado de derecho cuyas consecuencias
económicas son, entre otras, el cierre de empresas
y la cancelación de inversiones, lo cual conduce a
una pérdida de fuentes de empleo y de generación
de riqueza.
Con base en lo anterior, es fundamental que el Estado provea
un sistema de seguridad pública que dé a todos
los miembros de la sociedad protección y acceso adecuado
a la justicia. La efectiva protección de la ciudadanía
y de sus bienes favorece la creación de empresas, la
inversión y la generación de empleos, elementos
indispensables para el progreso del país.
En México se han iniciado los cierres de empresas o
la cancelación de inversiones por la inseguridad, generándose
importantes costos sociales implícitos para nuestro
país. De ahora en adelante es necesario que la autoridad
redoble esfuerzos para proteger la integridad física
de las personas y la propiedad de sus bienes, no sólo
porque son derechos inalienables de los ciudadanos, sino también
para alcanzar los beneficios sociales de un ambiente de seguridad
que permita la realización de un mayor desarrollo económico
y social.
III.
La seguridad pública en México
La criminalidad en México ha presentado un crecimiento
importante durante los últimos años. El aumento
de la delincuencia en el país ha sido de tal magnitud,
que ha ocasionado un fuerte sentimiento de inseguridad entre
la población, particularmente en la del Distrito Federal
y en la de ciudades fronterizas como Ciudad Juárez
y Tijuana.
Antes de presentar las cifras de la delincuencia, se debe
mencionar que en México existen dos órdenes
en la persecución de los delitos: los del fuero común
y los del fuero federal. Los primeros son responsabilidad
de las autoridades locales, mientras que los segundos, de
las federales. Dado que la mayoría de los delitos que
afectan a los ciudadanos son del fuero común, éstos
son los de mayor relevancia para el análisis. Para
puntualizar su importancia, en el año 2000 se identificaron
cinco presuntos delincuentes del fuero común por cada
uno del federal.
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Es importante advertir que en México no existe información
histórica a nivel nacional sobre el número
de denuncias. La información disponible se refiere
al número de presuntos delincuentes registrados en
los juzgados de primera instancia por fuero. Dada la limitación
de la información, se usará el número
de presuntos delincuentes como una variable proxi del problema
de la delincuencia.
Presuntos
delincuentes en México
Conforme a las cifras oficiales, en México se registraron
un total de 183,977 presuntos delincuentes durante el año
2000. El 84.5 por ciento de ellos (155,479) correspondientes
al fuero común y el restante 15.5 por ciento (28,498)
al fuero federal.

En términos de su crecimiento, el número total
de presuntos delincuentes en el país se incrementó
en casi 142 por ciento de 1980 al año 2000, siendo
el de los del fuero común de 123 por ciento.
Evolución
del crimen violento y no violento
Por lo que respecta a la evolución del crimen violento
y no violento, se presenta la proporción de presuntos
delincuentes consignados por robo y homicidio intencional.
El homicidio intencional se incluye como una aproximación
del crimen violento en contraste con el robo u otros delitos,
con el fin de evaluar si ha aumentado significativamente
la violencia durante los últimos años.
Por lo que respecta al robo, éste es el delito más
frecuente, crimen por el cual 34.2 por ciento de los presuntos
delincuentes del fuero común fueron consignados en
el año 2000. En el delito de robo se considera el
robo de vehículos, a transeúntes, comercios,
transporte y casa habitación. Los tipos de delitos
del fuero común se presentan en la siguiente gráfica.

Después
del robo, le siguió el delito por lesiones, con 22.8
por ciento de los presuntos delincuentes durante el mismo
año. La alta proporción de presuntos delincuentes
por lesiones revela que el crimen se acompaña por
un importante grado de agresión, lo que sin duda
está contribuyendo al mayor sentimiento de inseguridad
que se vive en el país.
Los presuntos delincuentes del fuero federal son aquellos
que cometieron delitos en materia de narcóticos,
los previstos en las leyes de armas de fuego, población,
vías de comunicación, equilibrio ecológico
y falsificación de documentos entre otros. El 80
por ciento de ellos fueron consignados por delitos en materia
de narcóticos y violaciones a las leyes de armas
de fuego y de población.
Por
lo que respecta al crimen violento, los presuntos delincuentes
por homicidio representaron 4.2 por ciento del total, predominando
el homicidio con arma de fuego, instrumentos punzocortantes
y explosivos. De hecho, los dos primeros tipos de homicidio
representan 80 por ciento del total de homicidios intencionales.
En términos del comportamiento del crimen violento
y no violento en el tiempo, destaca que durante las últimas
dos décadas pasadas el incremento en los presuntos
delincuentes por robo o asalto fue de poco más de
260 por ciento, mientras que el de los de homicidio intencional
lo hizo en 2.8 por ciento en el mismo periodo. El impresionante
aumento en el robo muestra la relevancia del aspecto económico
en el crecimiento de la delincuencia.
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En
cuanto a la tasa de presuntos delincuentes por habitantes,
en la siguiente gráfica se aprecia su cambio tanto
para el delito de robo como para homicidio intencional en
el país. Mientras que para el primero se registra un
crecimiento de 144 por ciento en el número de presuntos
delincuentes por cada 100 mil habitantes de 1980 a 2000, el
segundo registra una ligera tendencia decreciente desde principios
de 1990, disminuyendo en casi 30 por ciento el número
de presuntos homicidas por cada 100 mil habitantes.

El
comportamiento contracíclico de la criminalidad respecto
al crecimiento económico es evidente en la gráfica.
Destacan los aumentos considerables en la tasa de robos de
72 y 45 por ciento en los años posteriores a las crisis
de 1982 y de 1994, respectivamente. Se podría argumentar
que el impacto de las crisis económicas en la tasa
de robo explican mucho el incremento de la criminalidad en
las últimas décadas.
Lo interesante de la tendencia de la delincuencia es, sin
embargo, que ésta no se reduce proporcionalmente conforme
al mejoramiento gradual en las condiciones económicas
después de las crisis. Esto revela una inercia criminal:
la inversión en dinero y tiempo realizada por los criminales
(costos de entrada o inversión inicial) como armas,
tecnología criminal, aprendizaje, contactos, etc.,
hace muy complicado que abandonen su "profesión".
En virtud de que esta inercia hace muy difícil reducir
los aumentos en el crimen, existe el peligro de que choques
transitorios en las condiciones que influyen en la criminalidad
-como crisis económicas recurrentes- puedan tener efectos
más permanentes en la delincuencia. Esto refleja otro
aspecto relevante de los costos sociales de las crisis económicas.
Localización
de la delincuencia
Por lo que respecta a la localización geográfica
de la delincuencia, existe una marcada diferencia en su distribución
dentro del territorio nacional. Con datos del año 2000,
diez estados concentraron 58 por ciento de los presuntos delincuentes
del fuero común, los cuales cuentan con 46 por ciento
de la población del país. El que concentra la
mayor proporción de presuntos delincuentes en el país
es el Distrito Federal con 11.3 por ciento. Le siguen los
estados de Veracruz y del Estado de México con 7.7
y 7.3, respectivamente.
No obstante, para tener una mejor idea del riesgo que implica
el problema de la delincuencia en los estados, a continuación
se presenta el número de delincuentes del orden común
por cada 100 mil habitantes en las entidades federativas.

Las
entidades con mayor número de presuntos delincuentes
por cada 100 mil habitantes son Sonora (302), Baja California
Sur (301), Colima (298), Baja California (291) y Tamaulipas
(275), en tanto que las de menor número fueron Hidalgo
(83), Edo. de México (87), Puebla (90), Guanajuato
(95) y Durango (115). El Distrito Federal se encuentra en
la posición 22 de menor a mayor número de delincuentes
con 205 por cada 100 mil habitantes.

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Perfil
delictivo
De los presuntos delincuentes registrados, destacan las siguientes
condiciones sociodemográficas:
- Ocho de cada diez presuntos delincuentes tenían edades
entre 16 y 44 años.
- Por género, se identificaron 817 hombres por cada
mujer en el país.
- Ocho de cada diez presuntos delincuentes fueron consignados
por un delito, uno por dos delitos y frecuencias más
bajas para tres o más delitos.
- El 86 por ciento de los presuntos delincuentes eran personas
ocupadas económicamente, donde de estos, nueve de cada
diez realizaron estudios escolares. Por cada caso en el que
se manifestó haber realizado estudios de preparatoria
se observaron dos de secundaria, mientras que por cada uno
que hizo estudios profesionales se reconocieron cinco de primaria.
- Destaca que a la mayor parte de los presuntos delincuentes
(82 por ciento) se les dictó auto de formal prisión:
ocho de cada diez casos tanto en el fuero común como
en el federal.
IV.
Implicaciónes de la delincuencia: menor crecimiento
económico y deterioro de la competitividad
Un aspecto esencial del crimen es el relacionado con las pérdidas
económicas y materiales que genera la delincuencia.
Aunque económicamente hablando, el robo o asalto equivale
a una redistribución de bienes de individuos u organizaciones
a criminales -la pérdida de la víctima u organización
es la ganancia del delincuente- la obtención por medios
ilícitos es un costo, porque además de imponerle
una pérdida al afectado, actúa como un impuesto
expropiatorio que afecta la asignación de recursos
y que genera un deterioro en el estado de derecho.
Aquí se describen los efectos potenciales del elevado
nivel de delincuencia en México en la esfera social,
es decir, más allá de los beneficios o costos
que experimentan los ciudadanos en lo individual, al deteriorarse
el estado de derecho. En particular, la falta de éste,
que proteja la integridad física de las personas y
de los bienes genera un ambiente poco propicio para la inversión
y el comercio, lo que afecta de forma negativa la formación
de capital, la competitividad de las empresas y la generación
de empleos productivos. En suma, la delincuencia obstaculiza
el crecimiento económico y contribuye a aumentar la
pobreza.
De los principales costos de la falta de un estado de derecho,
resultado del crimen y la violencia, destacan:
- el deterioro del acervo de capital físico de muchas
formas, dentro de las cuales está la destrucción
de infraestructura como carreteras, puentes, instalaciones
públicas y plantas de generación de electricidad,
usualmente a través de actos vandálicos;
- el impacto negativo en el ambiente de negocios que, al generar
incertidumbre, desalienta la inversión y la generación
de empleos. Un sector particularmente expuesto es la industria
turística. Además, en la medida en que los actores
privados tengan que orientar recursos para la protección
de sus personas, inversiones y patrimonio, se pierden recursos
productivos para la inversión y se generan costos adicionales
de operación que restan competitividad a la planta
productiva del país;
- la pérdida de capital humano, ya que la delincuencia
induce a las personas a involucrarse en actos criminales en
lugar de actividades socialmente productivas, aparte de la
pérdida de vidas humanas por el delito de homicidio;
- la destrucción del capital social conformado por
las leyes, normas e instituciones que hacen posible la organización
social, factor necesario para mejorar la eficiencia a través
de acciones coordinadas que contribuyen al crecimiento económico.
De hecho, en un ambiente violento se sustituye el régimen
de la ley por el de la fuerza y agresión;
- la desviación de recursos (sobre todo en países
con poca capacidad fiscal) necesarios para actividades prioritarias
como educación y salud hacia el combate a la delincuencia.
El crimen contribuye, además, a la corrupción
dentro de las dependencias públicas en la medida que
pierden legitimidad cuando el público busca protección
de servicios privados; y
- la generación de un círculo vicioso en el
cual una alta tasa de criminalidad desalienta la inversión,
frena el crecimiento económico, se profundiza el desempleo
y se incrementa la pobreza y desigualdad económica,
lo que a su vez genera más crimen y violencia.
No hace falta resaltar la importancia de los costos económicos
y sociales que se derivan de las recién mencionadas
consecuencias que generan el crimen y la violencia. Una consideración
adicional que debe tomarse en cuenta es el costo intangible
pero real que representa el número de empresas que
se hubieran creado si los niveles de criminalidad fueran menores.
Estimar los costos arriba señalados, además
de su dificultad, está fuera del alcance del presente
análisis. Mas para dar una idea de su posible magnitud,
algunas instituciones tanto nacionales como internacionales,
consideran que el costo de la inseguridad pública en
Latinoamérica en su conjunto representó el 12
por ciento del PIB regional en 19992. Esta cifra corrobora
que las actividades delictivas son un gran obstáculo
para el desarrollo económico del país.
2
La Confederación Patronal de la República Mexicana
(Coparmex), México Unido contra la Delincuencia y el
Banco Interamericano de Desarrollo.
Competitividad
e inversión
La competencia -nacional e internacional- es uno de los temas
más importantes que enfrentan las empresas y los gobiernos
hoy en día. Políticas públicas encaminadas
a incrementar la competitividad de las empresas están
en la agenda de la mayoría de los gobiernos del mundo
con el fin de incrementar el potencial de crecimiento económico
de sus países.
En virtud de la decreciente importancia de las ventajas comparativas
tradicionales -como mano de obra barata o la abundancia de
recursos naturales-, es vital para las empresas contar con
un ambiente de negocios propicio para la inversión,
producción y comercialización de sus productos
que eleve su competitividad.
Dado que las empresas responden racionalmente a las fuerzas
económicas, la delincuencia influye en el proceso de
toma de decisiones empresariales. Al hacer sus decisiones
de gasto e inversión, los empresarios deben destinar
recursos a la protección de sus bienes e inversiones.
En México, la mayor incidencia de actos criminales
y las pérdidas económicas que los acompañan
-principalmente robo de mercancía y equipo- obligan
a las empresas a gastar cada vez más en servicios de
seguridad.
La relevancia del impacto que la inseguridad tiene en los
costos de operación de las empresas es corroborado
por los resultados de una encuesta del Banco Mundial sobre
los factores que limitan el desarrollo empresarial en las
distintas regiones del mundo. La encuesta revela que los costos
de hacer negocios se han incrementado considerablemente por
el robo y el crimen alrededor del mundo.
Los resultados muestran que Latinoamérica (LA) destaca
como la región en la cual este problema es más
pronunciado, donde el 90 por ciento de los encuestados consideraron
que la delincuencia es un problema muy serio que eleva los
costos de las empresas. En un nivel similar, la encuesta también
revela que en los países del Commonwealth (EI), Europa
del Este (EE), África del Sur (AFR) y el Sudeste Asiático
(AS), el robo y el crimen constituyen factores que dificultan
la operación de los negocios.
En contraste, los países desarrollados (PD) y los del
Norte de África (AN) son los que reportan que el crimen
y robo tienen el menor impacto en los costos de operación
de sus actividades productivas. En la gráfica siguiente
se puede apreciar que para las economías emergentes
o en desarrollo (PE), el incremento del impacto de la criminalidad
en los costos ha sido sustancial, explicando gran parte de
la escalada en el ámbito mundial.
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Es importante observar que en todas las regiones (excepto
Asia) las comunidades empresariales consideraron que los
costos por el crimen y robo se incrementaron significativamente
desde los diez años previos a 1997, con el mayor
incremento en América Latina. Destaca también
el caso de las economías de transición, donde
el impacto del crecimiento de la delincuencia considera
sólo cinco años anteriores al año de
referencia.
Por otra parte, no debe sorprender que las empresas más
grandes gasten significativamente más recursos en
seguridad privada, pues representan un "botín"
más atractivo para los delincuentes. De acuerdo con
un estudio elaborado para algunos países emergentes,
una empresa gasta 1.5 por ciento más en seguridad
por cada punto porcentual de crecimiento en términos
del número de empleados.3 Aunque no existen cifras
para México, se presume que esa relación es
al menos similar, ya que se encuentra dentro del grupo de
los países emergentes.
3
La Confederación Patronal de la República
Mexicana (Coparmex), México Unido contra la Delincuencia
y el Banco Interamericano de Desarrollo.
Pero
se debe resaltar que la delincuencia tiene un efecto regresivo
en las pequeñas y medianas empresas, pues éstas
no tienen recursos suficientes para protegerse de actos
delictivos mediante la contratación de servicios
de seguridad, lo que las hace más vulnerables a la
criminalidad.
Una empresa puede poseer dos tipos de ventaja competitiva:
bajos costos a lo largo de la cadena de valor agregado o
productos y servicios diferenciados y atractivos. Con base
en lo anterior, la competitividad de una industria se puede
entender a través de desagregar las actividades que
desarrollan o los costos en que incurren las empresas de
esa industria. Dado que el crimen incrementa los costos
de las empresas, estas pierden competitividad al tener una
base de costos mayor. Consecuentemente, la delincuencia
tiene un impacto negativo tanto en las tasas marginales
de rendimiento como de descuento, lo que hace menos atractivas
las inversiones de largo plazo.
En función de lo anterior, dentro de un ambiente
de competencia, la delincuencia obliga a las empresas a
reducir sus márgenes de utilidades, lo cual da por
resultado menores recursos para la reinversión y
generación de empleos. Un efecto adicional de la
criminalidad es que las empresas pueden decidir reducir
sus niveles de producción con el propósito
de minimizar pérdidas por actos delictivos, lo que
multiplica el efecto de la criminalidad en los niveles de
producción, elimina economías de escala y
eleva los costos unitarios de operación.
Aunque ciertamente la ocurrencia de muchos actos delictivos
en empresas está en función de su localización
geográfica, tipo de industria o tamaño -lo
que determina que algunas empresas destinen más recursos
que otras a la protección-, es de suma importancia
resaltar que para las empresas especialmente vulnerables
al crimen -micro, pequeñas y medianas-, la delincuencia
podría de hecho orillarlas a salir del mercado, perdiéndose
una de las principales fuentes de empleo del país.
El nivel de delincuencia es un factor que está elevando
los costos de operación de las empresas, disminuyendo
la competitividad de la planta productiva y cobrando mayor
fuerza como determinante de las decisiones de inversión
en nuestro país. Como parte de los resultados todavía
pendientes del gobierno, dentro de la agenda de políticas
públicas orientadas a fomentar la competitividad
de la planta productiva de México, está el
combate efectivo a la delincuencia.
V. Consideraciones finales
Las cifras presentadas reflejan el aumento de la inseguridad
pública en nuestro país. La evolución
tan alarmante de la criminalidad durante los últimos
veinte años es evidente a raíz de los datos
descritos y explican la consternación de la ciudadanía.
Destaca que, mientras el número de presuntos delincuentes
del orden común creció en 123 por ciento desde
1980, la población registró un crecimiento
de 46 por ciento; el crecimiento del número de delincuentes
ha sido casi tres veces el crecimiento poblacional. Además,
es preocupante el grado de violencia o agresión que
acompaña la comisión de delitos en nuestro
país, reflejado en la proporción de presuntos
delincuentes consignados por crímenes con lesiones.
Ciertamente, muchos factores -sociales, demográficos,
económicos y políticos- tienen influencia
en los niveles de criminalidad de una sociedad. En México,
el perfil delictivo derivado de las condiciones sociodemográficas
de los delincuentes revelan que se trata de una población
mayoritariamente joven, de sexo masculino, con un nivel
educativo básico y ocupada económicamente.
Estas características sugieren que los criminales
consideran la delincuencia como una actividad alternativa
viable con bajos costos para desarrollarla, lo que explica
su crecimiento. En subsecuentes entrgas se presentará
un análisis más detallado sobre los factores
que determinan el comportamiento criminal.
El efecto de la delincuencia en la economía es considerable.
Al deteriorar el estado de derecho, la criminalidad repercute
en la competitividad de la planta productiva nacional y,
finalmente, afecta el desarrollo económico de México.
De no controlarse la delincuencia, el riesgo es que el país
caíga en un círculo vicioso de mayor desigualdad
y pobreza que conduzca ineludiblemente a un mayor nivel
de criminalidad.
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