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La
sociedad igualitaria,
contraria al cristianismo
Edgardo Reyes Salcido
Sintesis
Quizá la afirmación más fuerte del evangelio en contra de
la sociedad igualitaria y en pro del espíritu emprendedor
y de la proyección social de la empresa, se encuentra en la
llamada metáfora de los talentos: "el reino de los cielos
se parece a un hombre que salió de viaje a tierras lejanas,
llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes.
A uno le dio 5,000 talentos, a otro 2,000 y a un tercero 1,000
según la capacidad de cada uno, y luego se fué". Clarísimo
está que Dios repartió en este mundo, los bienes intelectuales,
morales y materiales, según la capacidad que cada quien tiene
de usar de éstos, en función del bien común. Al no haberlos
repartido en una sociedad de iguales, no hay nada más injusto,
en este mundo, que una sociedad igualitaria. Y esto no lo
dijo Schumpeter o Pío XII, lo dice nada menos que Jesucristo,
en San Mateo 25-14-30.
A
fines de 1984, regresando de un viaje por China es entrevistado
por la prensa nacional el Licenciado Eugenio Clariond Reyes
Retana, Presidente del Grupo IMSA, uno de los grupos más
importantes del país. En la entrevista el licenciado
Clariond afirma el repudio que sienten los gobernantes de
China por "la sociedad igualitaria". Dice: "la
sociedad igualitaria se ha destruido en el campo estableciendo
la propiedad privada y pronto se romperá en las ciudades",
afirma el presidente de China, convencido de que la labor
meritoria de Mao, no tenía sentido en las postrimerías
del Siglo XX.
Hace poco comentábamos en esta misma revista sobre
los millonarios en China y la gran desigualdad en el ingreso
que se ha producido. La China comunista se ha convencido de
que la sociedad igualitaria es una quimera que no puede operar
en la práctica. Reiteradamente hemos afirmado que una
sociedad de iguales es contraria a la naturaleza, puesto que
se nos hizo diferentes en capacidades sigue existiendo necesariamente,
como repetidamente han afirmado los Papas, una diferencia
en los haberes y fortunas de los habitantes de este planeta.
En este sentido, el socialismo científico de Carlos
Marx es tan utópico como el de los predecesores que
él critica. Santo Tomás Moro, Owen, Saint Simon,
etc., hablaron de sociedades igualitarias, tan irrealizables,
como la que Carlos Marx concibe en su literatura.
Quizá la afirmación más fuerte del evangelio
en contra de la sociedad igualitaria y en pro del espíritu
emprendedor y de la proyección social de la empresa,
se encuentra en la llamada metáfora de los talentos:
"el reino de los cielos se parece a un hombre que salió
de viaje a tierras lejanas, llamó a sus servidores
de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio
5,000 talentos, a otro 2,000 y a un tercero 1,000 según
la capacidad de cada uno, y luego se fué". Clarísimo
está que Dios repartió en este mundo, los bienes
intelectuales, morales y materiales, según la capacidad
que cada quien tiene de usar de éstos, en función
del bien común. Al no haberlos repartido en una sociedad
de iguales, no hay nada más injusto, en este mundo,
que una sociedad igualitaria. Y esto no lo dijo Schumpeter
o Pío XII, lo dice nada menos que Jesucristo, en San
Mateo 25-14-30.
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Y el Evangelio de Mateo continúa en los siguientes
términos: "el que recibió 5,000 monedas
fue en seguida a negociar con ellas, y ganó otras
5,000. El que recibió 2,000 hizo lo mismo y ganó
otras 2,000. En cambio, el que recibió 1,000, hizo
un hoyo en la tierra y ahí escondió el dinero
de su Señor. Después de mucho tiempo regresó
aquel hombre y llamó a cuenta a sus servidores".
En esto, Jesucristo, refuta abiertamente el concepto absolutista
de la propiedad que privaba por aquel entonces, en el Derecho
Romano. El hacer con la propiedad "lo que a cada quien
se le antojara", es contradicho abiertamente por la
obligación de rendir cuentas, según el uso
de los bienes morales, intelectuales y materiales, al final
de la vida. Y la rendición de cuentas implica una
implacabilidad en el castigo. La tercera parte del Evangelio
reza así:
"Se acercó el que había recibido 5,000
monedas y le presentó otros 5,000 diciendo: Señor,
5,000 monedas me dejaste, aquí tienes otras 5,000
monedas que con ellas he ganado. Su Señor, le dijo:
te felicito, siervo bueno y fiel, puesto que has sido fiel
en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho
valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu Señor.
Se acercó luego el que había recibido 2,000
monedas y le dijo: Señor, 2,000 monedas me dejaste,
aquí tienes otras 2,000 que con ellas he ganado;
su Señor le dijo: te felicito, siervo bueno y fiel.
Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré
cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría
de tu Señor".
A cada quien se le exigió según sus capacidades.
A cada quien según sus talentos. A cada quien según
los bienes que había recibido. No podía exigírsele
igual a quien recibió 5,000 que a quien recibió
2,000. Los seres humanos no somos iguales, nuestras obligaciones
no son equiparables, nuestra responsabilidad, aunque de
la misma naturaleza, no es igual para unos que para otros.
Por último, Jesucristo condena en este Evangelio,
en forma clara y llana, el atesoramiento. Cuando dice San
Mateo: "Finalmente, se acercó el que había
recibido mil monedas y le dijo. Señor, yo sabía
que eres un hombre duro que quieres cosechar lo que no has
plantado, y recoges lo que no has sembrado. Por eso tuve
miedo y fui a esconder las 1,000 monedas bajo tierra. Aquí
tienes lo tuyo". El timorato, el medroso, el cobarde,
el que no arriesga, el que no emprende, quien no invierte,
es castigado por Dios en forma recia y definitiva: "El
Señor respondió: siervo malo y perverso. Sabías
que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he
sembrado. ¿Por qué entonces no pusiste mi
dinero en el banco para que a mi regreso lo recibiera yo
con intereses? Quitadle las mil monedas y dádselas
al que tiene 10,000. Pues el que tiene se le dará
y le sobrará, pero el que tiene poco, se le quitará
aún eso poco que tiene. A este hombre inútil
hechadle fuera a las tinieblas. Allí será
el llanto y la desesperación".
A quien poco se le dio, poco se le exigió. Pero si
aún ese poco no lo cumple, son para él "las
tinieblas". El infierno es en el Evangelio, el castigo
inexorable para quien teniendo la posibilidad no invierte;
para quien teniendo la aptitud, no usa de ella; para quien,
siendo pobre porque poco se le ha dado, no utiliza lo poco
que tiene en bien de los demás. ¡Quizá
esta parte del Evangelio es la que no han leído;
o no han entendido, los Teólogos de la Liberación!
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