No.168
Septiembre
2002
 

La sociedad igualitaria,
contraria al cristianismo


Edgardo Reyes Salcido

Sintesis
Quizá la afirmación más fuerte del evangelio en contra de la sociedad igualitaria y en pro del espíritu emprendedor y de la proyección social de la empresa, se encuentra en la llamada metáfora de los talentos: "el reino de los cielos se parece a un hombre que salió de viaje a tierras lejanas, llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio 5,000 talentos, a otro 2,000 y a un tercero 1,000 según la capacidad de cada uno, y luego se fué". Clarísimo está que Dios repartió en este mundo, los bienes intelectuales, morales y materiales, según la capacidad que cada quien tiene de usar de éstos, en función del bien común. Al no haberlos repartido en una sociedad de iguales, no hay nada más injusto, en este mundo, que una sociedad igualitaria. Y esto no lo dijo Schumpeter o Pío XII, lo dice nada menos que Jesucristo, en San Mateo 25-14-30.

 

A fines de 1984, regresando de un viaje por China es entrevistado por la prensa nacional el Licenciado Eugenio Clariond Reyes Retana, Presidente del Grupo IMSA, uno de los grupos más importantes del país. En la entrevista el licenciado Clariond afirma el repudio que sienten los gobernantes de China por "la sociedad igualitaria". Dice: "la sociedad igualitaria se ha destruido en el campo estableciendo la propiedad privada y pronto se romperá en las ciudades", afirma el presidente de China, convencido de que la labor meritoria de Mao, no tenía sentido en las postrimerías del Siglo XX.


Hace poco comentábamos en esta misma revista sobre los millonarios en China y la gran desigualdad en el ingreso que se ha producido. La China comunista se ha convencido de que la sociedad igualitaria es una quimera que no puede operar en la práctica. Reiteradamente hemos afirmado que una sociedad de iguales es contraria a la naturaleza, puesto que se nos hizo diferentes en capacidades sigue existiendo necesariamente, como repetidamente han afirmado los Papas, una diferencia en los haberes y fortunas de los habitantes de este planeta. En este sentido, el socialismo científico de Carlos Marx es tan utópico como el de los predecesores que él critica. Santo Tomás Moro, Owen, Saint Simon, etc., hablaron de sociedades igualitarias, tan irrealizables, como la que Carlos Marx concibe en su literatura.


Quizá la afirmación más fuerte del evangelio en contra de la sociedad igualitaria y en pro del espíritu emprendedor y de la proyección social de la empresa, se encuentra en la llamada metáfora de los talentos: "el reino de los cielos se parece a un hombre que salió de viaje a tierras lejanas, llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio 5,000 talentos, a otro 2,000 y a un tercero 1,000 según la capacidad de cada uno, y luego se fué". Clarísimo está que Dios repartió en este mundo, los bienes intelectuales, morales y materiales, según la capacidad que cada quien tiene de usar de éstos, en función del bien común. Al no haberlos repartido en una sociedad de iguales, no hay nada más injusto, en este mundo, que una sociedad igualitaria. Y esto no lo dijo Schumpeter o Pío XII, lo dice nada menos que Jesucristo, en San Mateo 25-14-30.


Y el Evangelio de Mateo continúa en los siguientes términos: "el que recibió 5,000 monedas fue en seguida a negociar con ellas, y ganó otras 5,000. El que recibió 2,000 hizo lo mismo y ganó otras 2,000. En cambio, el que recibió 1,000, hizo un hoyo en la tierra y ahí escondió el dinero de su Señor. Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuenta a sus servidores".


En esto, Jesucristo, refuta abiertamente el concepto absolutista de la propiedad que privaba por aquel entonces, en el Derecho Romano. El hacer con la propiedad "lo que a cada quien se le antojara", es contradicho abiertamente por la obligación de rendir cuentas, según el uso de los bienes morales, intelectuales y materiales, al final de la vida. Y la rendición de cuentas implica una implacabilidad en el castigo. La tercera parte del Evangelio reza así:


"Se acercó el que había recibido 5,000 monedas y le presentó otros 5,000 diciendo: Señor, 5,000 monedas me dejaste, aquí tienes otras 5,000 monedas que con ellas he ganado. Su Señor, le dijo: te felicito, siervo bueno y fiel, puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu Señor. Se acercó luego el que había recibido 2,000 monedas y le dijo: Señor, 2,000 monedas me dejaste, aquí tienes otras 2,000 que con ellas he ganado; su Señor le dijo: te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu Señor".


A cada quien se le exigió según sus capacidades. A cada quien según sus talentos. A cada quien según los bienes que había recibido. No podía exigírsele igual a quien recibió 5,000 que a quien recibió 2,000. Los seres humanos no somos iguales, nuestras obligaciones no son equiparables, nuestra responsabilidad, aunque de la misma naturaleza, no es igual para unos que para otros.


Por último, Jesucristo condena en este Evangelio, en forma clara y llana, el atesoramiento. Cuando dice San Mateo: "Finalmente, se acercó el que había recibido mil monedas y le dijo. Señor, yo sabía que eres un hombre duro que quieres cosechar lo que no has plantado, y recoges lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder las 1,000 monedas bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo". El timorato, el medroso, el cobarde, el que no arriesga, el que no emprende, quien no invierte, es castigado por Dios en forma recia y definitiva: "El Señor respondió: siervo malo y perverso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué entonces no pusiste mi dinero en el banco para que a mi regreso lo recibiera yo con intereses? Quitadle las mil monedas y dádselas al que tiene 10,000. Pues el que tiene se le dará y le sobrará, pero el que tiene poco, se le quitará aún eso poco que tiene. A este hombre inútil hechadle fuera a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación".


A quien poco se le dio, poco se le exigió. Pero si aún ese poco no lo cumple, son para él "las tinieblas". El infierno es en el Evangelio, el castigo inexorable para quien teniendo la posibilidad no invierte; para quien teniendo la aptitud, no usa de ella; para quien, siendo pobre porque poco se le ha dado, no utiliza lo poco que tiene en bien de los demás. ¡Quizá esta parte del Evangelio es la que no han leído; o no han entendido, los Teólogos de la Liberación!