Revista Entorno

Abril 2003

 

El consenso requerido para
los países en transición

Frederik Willem De Klerk

La transición de Sudáfrica hacia la completa democracia es un monumento al hecho de que, dadas las circunstancias adecuadas y un compromiso serio por todos los lados, incluso las disputas más difíciles pueden resolverse en una forma relativamente pacífica y negociada. Esto significa que aún en las situaciones más difíciles existe una alternativa al horror y la desesperanza de la violencia y la guerra.

 

A menudo comento a quienes visitan Sudáfrica que nuestro país no es como el resto del África –aunque tenemos mucho en común con otros países de nuestro continente– tampoco somos como Europa o Norteamérica aunque las personas que visitan nuestras ciudades y utilizan nuestra infraestructura pueden imaginar fácilmente que se encuentran en un país del primer mundo.

 

De hecho, Sudáfrica es en muchos aspectos, más parecido a otros países de medianos ingresos en América Latina y Asia. Al igual que México y Brasil, Malasia y Tailandia y otros países importantes de América Latina y Asia, somos un país en transición.

 

Compartimos muchos de los mismos retos que tienen otros países en transición:

• Experimentamos la misma gran afluencia de personas de las áreas rurales hacia nuestras ciudades;

• Como resultado, la mayoría de nosotros estamos combatiendo los mismos problemas de vivienda y la proliferación de barrios pobres en las ciudades;

• Experimentamos los problemas ocasionados por las grandes disparidades entre ricos y pobres;

• Todos tenemos que tratar con la pobreza y el desempleo así como con la criminalidad y los problemas sociales que van de la mano con las carencias;

• Nuestras economías están cambiando de la dependencia a la exportación de productos primarios al desarrollo de los sectores de manufacturas y servicios;

• Muchos países en transición están luchando también con el reto de establecer democracias fuertes y duraderas con libertad, igualdad de oportunidades y seguridad para todos;

• Muchos de nosotros también tenemos que luchar con la realidad de que nuestras sociedades están compuestas por comunidades que se diferencian por sus etnias, culturas, idiomas y religiones.

 

Todos estos elementos pueden crear grandes tensiones en nuestras sociedades, tensiones que pueden fácilmente causar oposición y conflicto.

 

Algunos países clave de su región –en forma notable Venezuela y Colombia– experimentan actualmente dichas divisiones y conflictos internos. En tales situaciones nadie gana, todos pierden. El conflicto y la oposición pueden detener –o trastornar- indudablemente una transición hacia los beneficios económicos, sociales y políticos del primer mundo.

 

Es, en consecuencia, de crucial importancia para los países en transición que estos logren un consenso entre las facciones políticas, de clase, étnicas y religiosas de sus sociedades en pugna.

 

Nosotros, en Sudáfrica, podemos hablar de la experiencia a este respecto.

 

Hace catorce años Sudáfrica era un país con profundas divisiones. Tenemos una de las composiciones étnicas más complejas del mundo con cuatro grupos raciales distintos; once grupos nacionales; y numerosos grupos culturales, lingüísticos y de lenguaje. Hoy en día no existe un sólo idioma que sea comprendido por la mayoría de los sudafricanos –el inglés, el afrikáans y el zulú son los más cercanos– y tenemos no menos de once lenguas oficiales.

 

En lo político estábamos divididos aún más profundamente.

 

De hecho, es difícil imaginar partidos políticos que estuvieran tan distantes entre sí. Los  seguidores de los partidos más importantes se veían entre ellos –no como eran en realidad– sino como los diabólicos estereotipos que mostraban en su propia propaganda:

 

• El Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela contaba con un apoyo mayoritario entre la población negra sudafricana que compone un 75% de la población. Este tenía una fuerte tradición socialista y se comprometió inicialmente a la nacionalización e introducción inmediata de una sociedad igualitaria.  Abogaba por un fuerte gobierno central y por la intervención del estado en la economía para lograr sus metas sociales. Este veía al Partido Nacional en términos de su experiencia en el apartheid y de la represión por parte de las fuerzas de seguridad durante la lucha por la liberación.

• El Partido Nacional –partido que yo dirigí cuando fui presidente- tenía un soporte mayoritario entre Sudafricanos blancos, negros e hindúes, que en total comprendían cerca del 25% de la población. El Partido Nacional favorecía fuertemente una economía de libre mercado, un estado federal, y limitaba la intervención de un gobierno central. Sus opiniones sobre el Congreso Nacional Africano se habían formado durante los años de lucha contra la organización y por la cercana alianza de éste con el Partido Comunista Pro-Stalinista Sudafricano.

• El Partido Inkatha por la Libertad, tercer partido más importante, tuvo su principal base de soporte entre los zulús rurales y tradicionales, que son el grupo negro más importante dentro de la población nacional. Este partido eligió combatir el apartheid desde dentro del sistema. Por esta razón el Congreso Nacional Africano no confiaba en él y contra éste había promovido durante algún tiempo una guerra de baja intensidad en la provincia de Kwa Zulú-Natal. Este era fuertemente federalista; apoyaba principios de libre mercado y tuvo su principal base de apoyo entre los zulús de Natal.

 

¿Qué fue lo que nos permitió encontrar un consenso entre todas estas comunidades y partidos políticos tan diferentes?

 

Quisiera sugerir lo siguiente.

 

Hubo la aceptación común respecto a que:

• Nos gustaran o no las otras alternativas, no podría existir una solución a largo plazo que no involucrara a todos los partidos importantes y grupos de población en nuestro país.

• Nuestros problemas sólo podrían ser resueltos a través de la negociación, que cualquier intento por parte de cualquier partido para continuar imponiendo su voluntad en sus oponentes por medio de la fuerza simplemente conduciría a la destrucción del país y de su economía.

• Un resultado positivo para nuestras negociaciones requeriría a menudo de concesiones genuinas y compromisos dolorosos.

• Necesitábamos una fuerte Constitución que proporcionara las reglas básicas para nuestra nueva sociedad; que pudiera garantizar los derechos y la seguridad de todos nuestros individuos y comunidades.

• Y lo más importante, hubo la aceptación común de que nos gustara o no, todos estábamos destinados a compartir el mismo país y el mismo futuro. Podíamos  trabajar juntos y hacer que ese futuro fuera brillante y promisorio para todos nuestros hijos o continuar peleando las batallas del pasado y no dejarles a ellos nada más que un desierto.

 

Existían también ciertas circunstancias objetivas que crearon una ventana de oportunidades –en el caso de Sudáfrica– para que nosotros obtuviéramos el consenso nacional:

 

• El colapso del comunismo global en 1989 retiró la preocupación estratégica más grande que había dominado el pensamiento del anterior gobierno durante décadas. Para nosotros, la perspectiva del expansionismo soviético no era solamente un ejercicio propagandístico vacío. Durante los años ochenta nuestras fuerzas armadas se habían involucrado en serios conflictos militares con las principales fuerzas soviéticas y cubanas en Angola. La Alianza/Congreso Nacional Africano era un aliado cercano –y fuente de apoyo– del aparato global estratégico Soviético.

• Ya no existió ningún debate serio respecto a qué políticas económicas se necesitarían para asegurar el crecimiento económico en una futura Sudáfrica democrática. La devastación que la planeación y el control centralizado del socialismo generó en las economías de la Europa Oriental estaba allí a la vista de todos.

• A lo largo de todo el proceso de negociación, todos los lados recibieron un fuerte estímulo por parte de la comunidad internacional para perseverar en sus difíciles intentos por alcanzar un ajuste pacífico. Existía una sensación de confianza en la buena voluntad de las fuerzas más importantes para suscribir los acuerdos democráticos que surgirían del proceso de negociaciones.

 

Las siguientes lecciones se obtuvieron de nuestra experiencia al tratar de lograr un consenso entre diferentes comunidades culturales y étnicas:

 

• Se debe proporcionar a todas las comunidades culturales y lingüísticas el máximo «espacio para respirar» para promover sus identidades y fomentar sus tradiciones. Las comunidades deben tener el derecho a usar su propio lenguaje y a practicar su propia cultura. En particular, las personas deben tener derecho a la educación en el idioma de su elección.

• Llegar a un consenso requiere de un proceso que incluya a todos los partidos y comunidades importantes. Debe evitarse el simple mayoritarismo, donde importantes minorías son excluidas de los procesos de gobierno. Debe tenerse un cuidado especial para que ninguna comunidad se sienta aislada o apartada.

• Debe promoverse una cultura de tolerancia, respeto y orgullo en la diversidad.

• Debe prohibirse la discriminación en cualquier forma. No puede existir un consenso nacional si una comunidad se siente victimada o excluida de cualquier aspecto de la vida nacional debido a su identidad cultural o étnica.

• Debe desarrollarse una identidad nacional inclusiva y que convoque. En Sudáfrica, hemos comenzado a desarrollar una nueva identidad nacional basándonos en los valores de nuestra nueva Constitución, en nuestros nuevos símbolos nacionales y en nuestro orgullo por los logros nacionales desde 1994.

 

Hemos también aprendido importantes lecciones con respecto a la mecánica de la búsqueda de consenso en sociedades divididas. Viendo hacia atrás en nuestra experiencia, podemos identificar los siguientes factores clave que contribuyeron al éxito de nuestro proceso de transición:

 

• Debe existir un compromiso genuino hacia una solución negociada por todas las partes principales. El equilibrio de fuerzas debe ser tal que ningún partido deba pensar que puede imponer con éxito su voluntad sobre la de los demás.

• Es esencial que los negociadores se ganen la confianza y seguridad de unos y otros. Sin confianza, no puede existir un acuerdo genuino. 

• Escoger el momento oportuno es crucial. Si hubiéramos comenzado nuestra iniciativa de negociación -digamos, a la mitad de la década de los setenta–dudamos que el gobierno del Partido Nacional hubiera sido capaz de llevar a sus seguidores con este. Si hubiéramos lanzado nuestra iniciativa demasiado tarde, pudimos haber entrado al proceso de negociaciones cuando el equilibrio del poder empezara a volverse contra nosotros, como ocurrió en Zimbabwe con Ian Smith. La historia a veces abre una ventana a las oportunidades, cuando todas las fuerzas involucradas han madurado para la negociación. Es tarea de los hombres de estado reconocer dichas ventanas y conducir a sus seguidores a través de ellas, antes de que la historia nuevamente cierre esas ventanas.

• El proceso tiene que incluir a todas las partes de importancia.

• Los líderes deben ser capaces de llevar con ellos a sus elementos. Es esencial un liderazgo fuerte y determinado.

• Las personalidades juegan también un importante papel. Los actores principales de las partes negociadoras deben ser capaces de desarrollar relaciones personales basadas en la mutua seguridad y confianza. Deben también ser capaces de desarrollar un fuerte sentido de la paciencia y la fortaleza para tratar con frustraciones y obstáculos frecuentes. El ex presidente Nelson Mandela y un servidor fuimos capaces de desarrollar una relación así, aún cuando esta fue turbulenta en ocasiones.

• En  nuestro proceso de negociaciones descubrimos que algo muy provechoso fue  desarrollar  mecanismos  especiales  para  tratar  con estancamientos y problemas. Uno de estos mecanismos fue la creación de un comité de dos hombres compuesto por funcionarios de alto rango, cuya tarea fue la de sugerir compromisos y soluciones cuando se presentaran obstrucciones y dificultades.

• La búsqueda de consenso requiere a menudo que los negociadores tomen riesgos serios. Pocos acuerdos son absolutamente infalibles y en algún momento un cambio de dirección es usualmente inevitable.

• El éxito en la búsqueda de consenso depende de la habilidad de los negociadores para responder a los razonables intereses y preocupaciones de todas las partes. Son esenciales las soluciones.

 

Estos han sido algunos de los factores y procesos que han permitido a Sudáfrica alcanzar acuerdos en nuestra transición pacífica hacia la democracia multirracial. Algunos de estos se desarrollaron específicamente para nuestra propia y compleja situación. Otros pueden tener una aplicación más universal.

 

La transición de Sudáfrica hacia la completa democracia es un monumento al hecho de que, dadas las circunstancias adecuadas y un compromiso serio por todos los lados, incluso las disputas más difíciles pueden resolverse en una forma relativamente pacífica y negociada. Esto significa que aún en las situaciones más difíciles existe una alternativa al horror y la desesperanza de la violencia y la guerra.

 

Sin embargo, el éxito de nuestro proceso de transición no proporciona ningún espacio para la complacencia. Los acuerdos constitucionales y las delicadas relaciones entre partidos y comunidades –como cualquier relación entre seres humanos– necesitan de cuidados y atenciones constantes si deseamos tener la seguridad de que estas no se disuelvan.

 

La mejor contribución que nosotros, los sudafricanos, podemos hacer es trabajar de día y de noche para el continuo éxito de nuestra transición pacífica. Debemos seguir mostrando al mundo que existe otra forma, que la violencia y el conflicto no son inevitables, que es posible llegar a un consenso entre partes y comunidades ampliamente divergentes.

 

El logro de tal consenso es un prerrequisito para la transición de los países de medianos ingresos hacia un completo desarrollo social, económico y constitucional.

 

Aunque seguimos luchando contra muchos de los serios problemas que enfrenta la mayoría de los países de medianos ingresos, nosotros en Sudáfrica, hemos cosechado numerosos beneficios del consenso nacional que logramos hace diez años:

 

• Somos nuevamente un miembro respetado por la comunidad internacional y tenemos un papel protagónico en nuestra región, nuestro continente, y dentro del más amplio escenario mundial;

• Hemos adoptado razonables y exitosas políticas macroeconómicas y estamos bien posicionados hacia un crecimiento económico sostenible. Durante el año pasado, nuestra moneda fue una de las más fuertes frente al dólar estadounidense;

• Nuestras exportaciones actuales de automóviles de lujo suman un valor de billones de dólares cada año;

• Estamos experimentando un auge turístico sin precedentes y no hemos tocado siquiera el mercado potencial de los países desarrollados;

• Las relaciones entre las comunidades son, en su conjunto, buenas y estamos comenzando a desarrollar una nueva identidad nacional incluyente de la cual todos estamos orgullosos;  

• Y lo más importante, tenemos una democracia genuina, con una de las constituciones y cartas de derechos fundamentales más liberales en el mundo.

 

No hubiéramos logrado ninguno de estos objetivos sin haber alcanzado primero un consenso entre nuestros ampliamente distintos partidos y comunidades.

 

Ahora, el camino hacia el primer mundo está abierto.