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El
consenso requerido para
los países en transición
Frederik Willem De Klerk
La
transición de Sudáfrica hacia la completa democracia es un
monumento al hecho de que, dadas las circunstancias adecuadas
y un compromiso serio por todos los lados, incluso las disputas
más difíciles pueden resolverse en una forma relativamente
pacífica y negociada. Esto significa que aún en las situaciones
más difíciles existe una alternativa al horror y la desesperanza
de la violencia y la guerra.
A
menudo comento a quienes visitan Sudáfrica que nuestro país
no es como el resto del África –aunque tenemos mucho en común
con otros países de nuestro continente– tampoco somos como
Europa o Norteamérica aunque las personas que visitan nuestras
ciudades y utilizan nuestra infraestructura pueden imaginar
fácilmente que se encuentran en un país del primer mundo.
De
hecho, Sudáfrica es en muchos aspectos, más parecido a otros
países de medianos ingresos en América Latina y Asia. Al igual
que México y Brasil, Malasia y Tailandia y otros países importantes
de América Latina y Asia, somos un país en transición.
Compartimos
muchos de los mismos retos que tienen otros países en transición:
•
Experimentamos la misma gran afluencia de personas de las
áreas rurales hacia nuestras ciudades;
•
Como resultado, la mayoría de nosotros estamos combatiendo
los mismos problemas de vivienda y la proliferación de barrios
pobres en las ciudades;
•
Experimentamos los problemas ocasionados por las grandes disparidades
entre ricos y pobres;
•
Todos tenemos que tratar con la pobreza y el desempleo así
como con la criminalidad y los problemas sociales que van
de la mano con las carencias;
•
Nuestras economías están cambiando de la dependencia a la
exportación de productos primarios al desarrollo de los sectores
de manufacturas y servicios;
•
Muchos países en transición están luchando también con el
reto de establecer democracias fuertes y duraderas con libertad,
igualdad de oportunidades y seguridad para todos;
•
Muchos de nosotros también tenemos que luchar con la realidad
de que nuestras sociedades están compuestas por comunidades
que se diferencian por sus etnias, culturas, idiomas y religiones.
Todos
estos elementos pueden crear grandes tensiones en nuestras
sociedades, tensiones que pueden fácilmente causar oposición
y conflicto.
Algunos
países clave de su región –en forma notable Venezuela y Colombia–
experimentan actualmente dichas divisiones y conflictos internos.
En tales situaciones nadie gana, todos pierden. El conflicto
y la oposición pueden detener –o trastornar- indudablemente
una transición hacia los beneficios económicos, sociales y
políticos del primer mundo.
Es,
en consecuencia, de crucial importancia para los países en
transición que estos logren un consenso entre las facciones
políticas, de clase, étnicas y religiosas de sus sociedades
en pugna.
Nosotros,
en Sudáfrica, podemos hablar de la experiencia a este respecto.
Hace
catorce años Sudáfrica era un país con profundas divisiones.
Tenemos una de las composiciones étnicas más complejas del
mundo con cuatro grupos raciales distintos; once grupos nacionales;
y numerosos grupos culturales, lingüísticos y de lenguaje.
Hoy en día no existe un sólo idioma que sea comprendido por
la mayoría de los sudafricanos –el inglés, el afrikáans y
el zulú son los más cercanos– y tenemos no menos de once lenguas
oficiales.
En
lo político estábamos divididos aún más profundamente.
De
hecho, es difícil imaginar partidos políticos que estuvieran
tan distantes entre sí. Los
seguidores de los partidos más importantes se veían
entre ellos –no como eran en realidad– sino como los diabólicos
estereotipos que mostraban en su propia propaganda:
•
El Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela
contaba con un apoyo mayoritario entre la población negra
sudafricana que compone un 75% de la población. Este tenía
una fuerte tradición socialista y se comprometió inicialmente
a la nacionalización e introducción inmediata de una sociedad
igualitaria. Abogaba
por un fuerte gobierno central y por la intervención del estado
en la economía para lograr sus metas sociales. Este veía al
Partido Nacional en términos de su experiencia en el apartheid
y de la represión por parte de las fuerzas de seguridad durante
la lucha por la liberación.
•
El Partido Nacional –partido que yo dirigí cuando fui presidente-
tenía un soporte mayoritario entre Sudafricanos blancos, negros
e hindúes, que en total comprendían cerca del 25% de la población.
El Partido Nacional favorecía fuertemente una economía de
libre mercado, un estado federal, y limitaba la intervención
de un gobierno central. Sus opiniones sobre el Congreso Nacional
Africano se habían formado durante los años de lucha contra
la organización y por la cercana alianza de éste con el Partido
Comunista Pro-Stalinista Sudafricano.
•
El Partido Inkatha por la Libertad,
tercer partido más importante, tuvo su principal base de soporte
entre los zulús rurales y tradicionales,
que son el grupo negro más importante dentro de la población
nacional. Este partido eligió combatir el apartheid desde
dentro del sistema. Por esta razón el Congreso Nacional Africano
no confiaba en él y contra éste había promovido durante algún
tiempo una guerra de baja intensidad en la provincia de Kwa
Zulú-Natal. Este era fuertemente federalista; apoyaba principios
de libre mercado y tuvo su principal base de apoyo entre los
zulús de Natal.
¿Qué
fue lo que nos permitió encontrar un consenso entre todas
estas comunidades y partidos políticos tan diferentes?
Quisiera
sugerir lo siguiente.
Hubo
la aceptación común respecto a que:
•
Nos gustaran o no las otras alternativas, no podría existir
una solución a largo plazo que no involucrara a todos los
partidos importantes y grupos de población en nuestro país.
•
Nuestros problemas sólo podrían ser resueltos a través de
la negociación, que cualquier intento por parte de cualquier
partido para continuar imponiendo su voluntad en sus oponentes
por medio de la fuerza simplemente conduciría a la destrucción
del país y de su economía.
•
Un resultado positivo para nuestras negociaciones requeriría
a menudo de concesiones genuinas y compromisos dolorosos.
•
Necesitábamos una fuerte Constitución que proporcionara las
reglas básicas para nuestra nueva sociedad; que pudiera garantizar
los derechos y la seguridad de todos nuestros individuos y
comunidades.
•
Y lo más importante, hubo la aceptación común de que nos gustara
o no, todos estábamos destinados a compartir el mismo país
y el mismo futuro. Podíamos trabajar juntos y hacer que ese futuro fuera
brillante y promisorio para todos nuestros hijos o continuar
peleando las batallas del pasado y no dejarles a ellos nada
más que un desierto.
Existían
también ciertas circunstancias objetivas que crearon una ventana
de oportunidades –en el caso de Sudáfrica– para que nosotros
obtuviéramos el consenso nacional:
•
El colapso del comunismo global en 1989 retiró la preocupación
estratégica más grande que había dominado el pensamiento del
anterior gobierno durante décadas. Para nosotros, la perspectiva
del expansionismo soviético no era solamente un ejercicio
propagandístico vacío. Durante los años ochenta nuestras fuerzas
armadas se habían involucrado en serios conflictos militares
con las principales fuerzas soviéticas y cubanas en Angola.
La Alianza/Congreso Nacional Africano era un aliado cercano
–y fuente de apoyo– del aparato global estratégico Soviético.
•
Ya no existió ningún debate serio respecto a qué políticas
económicas se necesitarían para asegurar el crecimiento económico
en una futura Sudáfrica democrática. La devastación que la
planeación y el control centralizado del socialismo generó
en las economías de la Europa Oriental estaba allí a la vista
de todos.
•
A lo largo de todo el proceso de negociación, todos los lados
recibieron un fuerte estímulo por parte de la comunidad internacional
para perseverar en sus difíciles intentos por alcanzar un
ajuste pacífico. Existía una sensación de confianza en la
buena voluntad de las fuerzas más importantes para suscribir
los acuerdos democráticos que surgirían del proceso de negociaciones.
Las
siguientes lecciones se obtuvieron de nuestra experiencia
al tratar de lograr un consenso entre diferentes comunidades
culturales y étnicas:
•
Se debe proporcionar a todas las comunidades culturales y
lingüísticas el máximo «espacio para respirar» para promover
sus identidades y fomentar sus tradiciones. Las comunidades
deben tener el derecho a usar su propio lenguaje y a practicar
su propia cultura. En particular, las personas deben tener
derecho a la educación en el idioma de su elección.
•
Llegar a un consenso requiere de un proceso que incluya a
todos los partidos y comunidades importantes. Debe evitarse
el simple mayoritarismo, donde importantes
minorías son excluidas de los procesos de gobierno. Debe tenerse
un cuidado especial para que ninguna comunidad se sienta aislada
o apartada.
•
Debe promoverse una cultura de tolerancia, respeto y orgullo
en la diversidad.
•
Debe prohibirse la discriminación en cualquier forma. No puede
existir un consenso nacional si una comunidad se siente victimada
o excluida de cualquier aspecto de la vida nacional debido
a su identidad cultural o étnica.
•
Debe desarrollarse una identidad nacional inclusiva y que
convoque. En Sudáfrica, hemos comenzado a desarrollar una
nueva identidad nacional basándonos en los valores de nuestra
nueva Constitución, en nuestros nuevos símbolos nacionales
y en nuestro orgullo por los logros nacionales desde 1994.
Hemos
también aprendido importantes lecciones con respecto a la
mecánica de la búsqueda de consenso en sociedades divididas.
Viendo hacia atrás en nuestra experiencia, podemos identificar
los siguientes factores clave que contribuyeron al éxito de
nuestro proceso de transición:
•
Debe existir un compromiso genuino hacia una solución negociada
por todas las partes principales. El equilibrio de fuerzas
debe ser tal que ningún partido deba pensar que puede imponer
con éxito su voluntad sobre la de los demás.
•
Es esencial que los negociadores se ganen la confianza y seguridad
de unos y otros. Sin confianza, no puede existir un acuerdo
genuino.
•
Escoger el momento oportuno es crucial. Si hubiéramos comenzado
nuestra iniciativa de negociación -digamos, a la mitad de
la década de los setenta–dudamos que el gobierno del Partido
Nacional hubiera sido capaz de llevar a sus seguidores con
este. Si hubiéramos lanzado nuestra iniciativa demasiado tarde,
pudimos haber entrado al proceso de negociaciones cuando el
equilibrio del poder empezara a volverse contra nosotros,
como ocurrió en Zimbabwe con Ian
Smith. La historia a veces abre
una ventana a las oportunidades, cuando todas las fuerzas
involucradas han madurado para la negociación. Es tarea de
los hombres de estado reconocer dichas ventanas y conducir
a sus seguidores a través de ellas, antes de que la historia
nuevamente cierre esas ventanas.
•
El proceso tiene que incluir a todas las partes de importancia.
•
Los líderes deben ser capaces de llevar con ellos a sus elementos.
Es esencial un liderazgo fuerte y determinado.
•
Las personalidades juegan también un importante papel. Los
actores principales de las partes negociadoras deben ser capaces
de desarrollar relaciones personales basadas en la mutua seguridad
y confianza. Deben también ser capaces de desarrollar un fuerte
sentido de la paciencia y la fortaleza para tratar con frustraciones
y obstáculos frecuentes. El ex presidente Nelson Mandela y un servidor fuimos capaces de desarrollar una relación
así, aún cuando esta fue turbulenta en ocasiones.
•
En nuestro proceso
de negociaciones descubrimos que algo muy provechoso fue
desarrollar mecanismos especiales para
tratar con estancamientos y problemas. Uno de estos
mecanismos fue la creación de un comité de dos hombres compuesto
por funcionarios de alto rango, cuya tarea fue la de sugerir
compromisos y soluciones cuando se presentaran obstrucciones
y dificultades.
•
La búsqueda de consenso requiere a menudo que los negociadores
tomen riesgos serios. Pocos acuerdos son absolutamente infalibles
y en algún momento un cambio de dirección es usualmente inevitable.
•
El éxito en la búsqueda de consenso depende de la habilidad
de los negociadores para responder a los razonables intereses
y preocupaciones de todas las partes. Son esenciales las soluciones.
Estos
han sido algunos de los factores y procesos que han permitido
a Sudáfrica alcanzar acuerdos en nuestra transición pacífica
hacia la democracia multirracial. Algunos de estos se desarrollaron
específicamente para nuestra propia y compleja situación.
Otros pueden tener una aplicación más universal.
La
transición de Sudáfrica hacia la completa democracia es un
monumento al hecho de que, dadas las circunstancias adecuadas
y un compromiso serio por todos los lados, incluso las disputas
más difíciles pueden resolverse en una forma relativamente
pacífica y negociada. Esto significa que aún en las situaciones
más difíciles existe una alternativa al horror y la desesperanza
de la violencia y la guerra.
Sin
embargo, el éxito de nuestro proceso de transición no proporciona
ningún espacio para la complacencia. Los acuerdos constitucionales
y las delicadas relaciones entre partidos y comunidades –como
cualquier relación entre seres humanos– necesitan de cuidados
y atenciones constantes si deseamos tener la seguridad de
que estas no se disuelvan.
La
mejor contribución que nosotros, los sudafricanos, podemos
hacer es trabajar de día y de noche para el continuo éxito
de nuestra transición pacífica. Debemos seguir mostrando al
mundo que existe otra forma, que la violencia y el conflicto
no son inevitables, que es posible llegar a un consenso entre
partes y comunidades ampliamente divergentes.
El
logro de tal consenso es un prerrequisito para la transición
de los países de medianos ingresos hacia un completo desarrollo
social, económico y constitucional.
Aunque
seguimos luchando contra muchos de los serios problemas que
enfrenta la mayoría de los países de medianos ingresos, nosotros
en Sudáfrica, hemos cosechado numerosos beneficios del consenso
nacional que logramos hace diez años:
•
Somos nuevamente un miembro respetado por la comunidad internacional
y tenemos un papel protagónico en nuestra región, nuestro
continente, y dentro del más amplio escenario mundial;
•
Hemos adoptado razonables y exitosas políticas macroeconómicas
y estamos bien posicionados hacia un crecimiento económico
sostenible. Durante el año pasado, nuestra moneda fue una
de las más fuertes frente al dólar estadounidense;
•
Nuestras exportaciones actuales de automóviles de lujo suman
un valor de billones de dólares cada año;
•
Estamos experimentando un auge turístico sin precedentes y
no hemos tocado siquiera el mercado potencial de los países
desarrollados;
•
Las relaciones entre las comunidades son, en su conjunto,
buenas y estamos comenzando a desarrollar una nueva identidad
nacional incluyente de la cual todos estamos orgullosos;
•
Y lo más importante, tenemos una democracia genuina, con una
de las constituciones y cartas de derechos fundamentales más
liberales en el mundo.
No
hubiéramos logrado ninguno de estos objetivos sin haber alcanzado
primero un consenso entre nuestros ampliamente distintos partidos
y comunidades.
Ahora,
el camino hacia el primer mundo está abierto.
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