Revista Entorno

Abril 2003

 

La pobreza en México:
Deuda social que podemos
convertir en oportunidad

Manuel Arango Arias

La pobreza es una carga social que impide un desarrollo sostenible pero que debe y puede ser abatida, tanto por razones éticas como de beneficio colectivo.

 

Hablar de la pobreza no es tan provocativo como hablar del desarrollo, pero no podemos hablar de desarrollo sin entender la pobreza.

 

¿Qué es la pobreza y cómo la medimos?

• La pobreza es una forma de vida de alta vulnerabilidad a las enfermedades, la desnutrición, al abuso, a la violencia, al aislamiento, a las adicciones, al crimen y a los desastres naturales.

 

• La pobreza crece en algunas regiones del mundo, siendo Latinoamérica una de ellas. Agrava aún más esta situación como se amplía la brecha de ingreso.

 

• En 1960 el 20% más rico de la población mundial poseía más o menos el 70% de sus recursos financieros; para 1990 esa cifra había aumentado a más del 85%.

• Cualquiera que sea la forma de medición de la pobreza, con tristeza y preocupación debemos admitir que la mitad de nuestros compatriotas viven o sobreviven en el ámbito de la pobreza; de ellos, aproximadamente 10 millones habitan en el medio rural, siendo los más marginados por su aislamiento y dispersión.

 

• La pobreza es una carga social que impide un desarrollo sostenible pero que debe y puede ser abatida, tanto por razones éticas como de beneficio colectivo.

 

• Ahora bien, más allá de preocuparnos, ¿cómo ocuparnos de este serio fenómeno que afecta a dos terceras partes de la humanidad?

 

• Sin duda promoviendo el desarrollo, pero entendiendo por ello «el crecimiento económico, social, cultural y político de las comunidades humanas». Es este conjunto de acciones lo que nos conduce hacia un progreso colectivo y sustentable. Pretender que el crecimiento económico trae por sí solo la mejoría social y que este es el detonador de progreso colectivo en todas las diversas áreas de bienestar, es una falacia fácilmente comprobable en nuestro país, donde cada día tenemos mayor número de pobres.

 

• Los pilares del desarrollo de un país son la solidez de sus instituciones y el marco jurídico que brinda seguridad y legalidad a todo acto y quehacer, bien sea éste gubernamental o ciudadano. Toda democracia y la libertad que de ella emana depende, para su buen funcionamiento, de aplicar expedita e imparcialmente las leyes, para crear confianza y con ella, el sentido de permanencia y gobernabilidad que genera la inversión y el arraigo de sus ciudadanos alrededor del trabajo, el ahorro, la propiedad, la cultura, el ocio y la comunidad. No puede pensarse en desarrollo mientras exista la corrupción, el abuso de poder, la impunidad, el miedo, la inseguridad jurídica y la marginación ciudadana.

 

• Las instituciones de un país serán tan sólidas como la responsabilidad de sus ciudadanos y su deseo de participar con valor para exigir derechos y cumplir obligaciones. Ejercer la ciudadanía más allá de beneficios personales implica compromiso, información, valor, ética, generosidad, tolerancia, prudencia y constancia. No podemos aspirar a tener comunidades e instituciones sanas mientras impere el egoísmo, la pasividad, la marginación, la intolerancia, la conveniencia, la desidia y la corrupción.

 

• Todos somos parte de una misma estructura social cuyos cimientos institucionales dan rigidez y soporte al conjunto de nuestros sueños, ambiciones, logros, legados y aspiraciones. Debilitar un pilar de su base puede encadenar fallas estructurales que hagan colapsar todo lo que sobre sus cimientos se haya construido.

 

• Sólo formando personas integralmente preparadas con valores y comprensión de la complejidad de nuestro entorno podremos aspirar a lograr una ética de responsabilidad social en todos y cada uno de sus ciudadanos.

 

 

Permítanme abordar ahora dos temas específicos de gran impacto. El primero relacionado a la legalidad de la propiedad y el efecto sobre el capital y el segundo con la oportunidad de mercado de un gran sector poblacional, hasta ahora ignorado.

 

Es aquí donde quisiera hacer referencia al libro de Hernando de Soto, connotado investigador del sector popular y su economía, titulado «El misterio del capital» y conocido seguramente por muchos de ustedes. Cito algunos párrafos para ilustrar.

 

Los pobres no pueden crear capital porque no pueden documentar sus propiedades. El capital no es el stock de activos reunidos sino el potencial de estos para desplegar una nueva producción.

 

El occidente ha creado el intrincado proceso para transformar activos y trabajo en capital: los derechos de la propiedad.

 

El recurso a sistemas integrados de propiedad es un fenómeno que no tiene más de 200 años. En Japón la integración total ocurrió hace poco más de 50 años.

 

No podemos hacer del capitalismo un club privado, abierto sólo para una minoría privilegiada que frustra a los miles de millones de personas que miran desde fuera. Este apartheid capitalista continuará inexorablemente hasta que todos enfrentemos el defecto crítico de los sistemas legales y políticos de muchos países donde se impide que la mayoría ingrese al sistema de propiedad legal.

 

La extralegalidad masiva no es un fenómeno nuevo sino que aparece cada vez que los gobiernos no logran conciliar la ley con la manera como la gente vive y trabaja.

 

Fuera de occidente lo marginal es la legalidad mientras que la extralegalidad se ha vuelto la norma.

 

El Sr. de Soto procede a detallar con lujo de detalle el infierno de la tramitología y la dificultad o negación de crédito, en la inexorable marcha hacia el mundo urbano.

 

En 1994 el Instituto Nacional de Estadística estableció en el país a 2’650,000 de microempresas informales.

 

Hoy en Rusia y Ucrania 50% del PIB es economía subterránea. En Georgia es un espectacular 62%.

 

La Organización Internacional del Trabajo informa que desde 1990, el 85% de todos los nuevos puestos de trabajo en América Latina y el Caribe fueron creados en el sector extra legal.

 

En Rusia, a cuatro años del fin del comunismo, sólo 280 mil de 10 millones de agricultores son dueños de sus tierras.

 

Calculamos que el valor de los inmuebles en posesión, mas no en propiedad legal de los pobres del tercer mundo y de los que salen del comunismo, suma NO menos de 9.3 millones de dólares. Duplica casi el circulante total de moneda de los Estados Unidos y es casi el valor total de las compañías listadas en las principales bolsas de valores de los 20 países más desarrollados del mundo.

 

La única posibilidad real de los gobiernos de estos países es incorporar esos recursos económicos a un marco legal ordenado y coherente, o seguir viviendo en la anarquía.

 

En 1820 Estados Unidos luchaba por derechos de propiedad formal universal. El pasado estadounidense es el presente del tercer mundo. En otro campo de investigación, pero tan significativo como el de Hernando de Soto, el Dr. Stuart Hart, quien recientemente nos visitó en México, nos habla de la pirámide poblacional y la oportunidad económica que existe en su numerosa base y que a la fecha ha sido menos apreciada. Veamos como se dividen los ingresos de 6 mil millones de habitantes de este planeta:

 

Hay 100 millones de personas con ingresos superiores a 20 mil dólares anuales; 2 mil millones con ingresos de 2 mil a 20 mil dólares y finalmente, 4 mil millones con ingresos de 2 mil dólares y menos.

 

Esta base de la pirámide con ingresos promedio de 600 dólares anuales representaría un mercado potencial de 2 billones 400 mil millones de dólares.

 

Es aquí, en esta numerosa base de bajos ingresos, donde existe una gran oportunidad empresarial de servir al que menos tiene, diseñando productos y servicios de bajo precio, reducido margen pero gran volumen.

 

Uno de los mejores ejemplos es la empresa multinacional Unilever y su subsidiaria en la India, Hindustan Lever Ltd. Esta empresa vio que un competidor había entrado con éxito al mercado de consumidores de bajos recursos vendiendo un jabón. En 1995, Unilever respondió, alterando drásticamente su modelo de negocio. Desarrolló un jabón económico con ingredientes de bajo impacto ambiental como respuesta al hecho de que muchos de los pobres lavan su ropa en los ríos y en otros sistemas públicos de agua. Además, descentralizó la producción, mercadotecnia y distribución de los productos para apalancar la fuerza abundante de trabajo en el país, creando sistemas de ventas a lo largo de las tiendas pequeñas en donde compra la gente de pocos recursos. Hoy en día es el jabón más vendido en la India.

 

Otro ejemplo es una empresa de jeans también en la India. Reconociendo que el mercado doméstico estaba limitado debido al precio de entre 40 a 60 dólares por cada pantalón, empezó a fabricar "kits" de jeans que incluían la tela precortada, el cierre, los remaches y un parche por 6 dólares. Se distribuía a una red de miles de sastres locales quienes los armaban y a su vez, los vendían por precios mucho más accesibles en sus pueblos.

 

Hoy en día «Ruf & Tuf» es la marca más vendida en ese país.

 

Un ejemplo final es el caso del microondas. Un fabricante de microondas empezó su negocio con un modelo básico para la familia en China. Fue un producto pequeño, diseñado principalmente para la preparación de arroz.

 

Al tener éxito con dicho modelo, empezó diseñar otros modelos más lujosos y con más funciones para las marcas privadas. Ahora es el fabricantes más importante de microondas en el mundo.

 

¿Cuántos de nosotros utilizamos nuestras computadoras a su máxima capacidad? Pocas personas. Sin embargo, la tendencia en este campo es desarrollar modelos más avanzados y complicados, con más funciones. Lo que se necesita son modelos sencillos que funcionan con paneles solares, por ejemplo, para comunidades rurales que les facilitan información básica sobre el precio de sus productos en los mercados regionales. Estos casos se están dando en lugares como Laos y Bangladesh, pero tenemos que exigir su aplicación en todas partes del mundo.

 

Todos tenemos una tarea que hacer si queremos salir del subdesarrollo. Con instituciones sólidas enmarcadas por la legalidad, el desarrollo a mediano plazo es viable y el crecimiento económico no se hará esperar.

 

Preparemos ciudadanos de primera que sepan exigir pero también cumplir, escuchar y compartir. Sólo participando podremos cambiar lo que está mal y forjar una nación donde las personas, por poderosas que sean, no podrán pasar por encima de nuestras instituciones y transgredir la ley impunemente.

 

El sentir y actuar de la mayoría guía el timón que da rumbo a los procesos democráticos. No permitamos que, por desidia, grupos minoritarios con intereses obscuros se apoderen del espacio que nos pertenece, poniendo en peligro nuestra libertad y el futuro de nuestros hijos.