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La
pobreza en México:
Deuda social que podemos
convertir en oportunidad
Manuel Arango Arias
La
pobreza es una carga social que impide un desarrollo sostenible
pero que debe y puede ser abatida, tanto por razones éticas
como de beneficio colectivo.
Hablar
de la pobreza no es tan provocativo como hablar del desarrollo,
pero no podemos hablar de desarrollo sin entender la pobreza.
¿Qué
es la pobreza y cómo la medimos?
•
La pobreza es una forma de vida de alta vulnerabilidad a las
enfermedades, la desnutrición, al abuso, a la violencia, al
aislamiento, a las adicciones, al crimen y a los desastres
naturales.
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La pobreza crece en algunas regiones del mundo, siendo Latinoamérica
una de ellas. Agrava aún más esta situación como se amplía
la brecha de ingreso.
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En 1960 el 20% más rico de la población mundial poseía más
o menos el 70% de sus recursos financieros; para 1990 esa
cifra había aumentado a más del 85%.
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Cualquiera que sea la forma de medición de la pobreza, con
tristeza y preocupación debemos admitir que la mitad de nuestros
compatriotas viven o sobreviven en el ámbito de la pobreza;
de ellos, aproximadamente 10 millones habitan en el medio
rural, siendo los más marginados por su aislamiento y dispersión.
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La pobreza es una carga social que impide un desarrollo sostenible
pero que debe y puede ser abatida, tanto por razones éticas
como de beneficio colectivo.
•
Ahora bien, más allá de preocuparnos, ¿cómo ocuparnos de este
serio fenómeno que afecta a dos terceras partes de la humanidad?
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Sin duda promoviendo el desarrollo, pero entendiendo por ello
«el crecimiento económico, social, cultural y político de
las comunidades humanas». Es este conjunto de acciones lo
que nos conduce hacia un progreso colectivo y sustentable.
Pretender que el crecimiento económico trae por sí solo la
mejoría social y que este es el detonador de progreso colectivo
en todas las diversas áreas de bienestar, es una falacia fácilmente
comprobable en nuestro país, donde cada día tenemos mayor
número de pobres.
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Los pilares del desarrollo de un país son la solidez de sus
instituciones y el marco jurídico que brinda seguridad y legalidad
a todo acto y quehacer, bien sea éste gubernamental o ciudadano.
Toda democracia y la libertad que de ella emana depende, para
su buen funcionamiento, de aplicar expedita e imparcialmente
las leyes, para crear confianza y con ella, el sentido de
permanencia y gobernabilidad que genera la inversión y el
arraigo de sus ciudadanos alrededor del trabajo, el ahorro,
la propiedad, la cultura, el ocio y la comunidad. No puede
pensarse en desarrollo mientras exista la corrupción, el abuso
de poder, la impunidad, el miedo, la inseguridad jurídica
y la marginación ciudadana.
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Las instituciones de un país serán tan sólidas como la responsabilidad
de sus ciudadanos y su deseo de participar con valor para
exigir derechos y cumplir obligaciones. Ejercer la ciudadanía
más allá de beneficios personales implica compromiso, información,
valor, ética, generosidad, tolerancia, prudencia y constancia.
No podemos aspirar a tener comunidades e instituciones sanas
mientras impere el egoísmo, la pasividad, la marginación,
la intolerancia, la conveniencia, la desidia y la corrupción.
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Todos somos parte de una misma estructura social cuyos cimientos
institucionales dan rigidez y soporte al conjunto de nuestros
sueños, ambiciones, logros, legados y aspiraciones. Debilitar
un pilar de su base puede encadenar fallas estructurales que
hagan colapsar todo lo que sobre sus cimientos se haya construido.
•
Sólo formando personas integralmente preparadas con valores
y comprensión de la complejidad de nuestro entorno podremos
aspirar a lograr una ética de responsabilidad social en todos
y cada uno de sus ciudadanos.
Permítanme
abordar ahora dos temas específicos de gran impacto. El primero
relacionado a la legalidad de la propiedad y el efecto sobre
el capital y el segundo con la oportunidad de mercado de un
gran sector poblacional, hasta ahora ignorado.
Es
aquí donde quisiera hacer referencia al libro de Hernando
de Soto, connotado investigador del sector popular y su economía,
titulado «El misterio del capital» y conocido seguramente
por muchos de ustedes. Cito algunos párrafos para ilustrar.
Los
pobres no pueden crear capital porque no pueden documentar
sus propiedades. El capital no es el stock de activos reunidos
sino el potencial de estos para desplegar una nueva producción.
El
occidente ha creado el intrincado proceso para transformar
activos y trabajo en capital: los derechos de la propiedad.
El
recurso a sistemas integrados de propiedad es un fenómeno
que no tiene más de 200 años. En Japón la integración total
ocurrió hace poco más de 50 años.
No
podemos hacer del capitalismo un club privado, abierto sólo
para una minoría privilegiada que frustra a los miles de millones
de personas que miran desde fuera. Este apartheid capitalista
continuará inexorablemente hasta que todos enfrentemos el
defecto crítico de los sistemas legales y políticos de muchos
países donde se impide que la mayoría ingrese al sistema de
propiedad legal.
La
extralegalidad masiva no es un fenómeno
nuevo sino que aparece cada vez que los gobiernos no logran
conciliar la ley con la manera como la gente vive y trabaja.
Fuera
de occidente lo marginal es la legalidad mientras que la extralegalidad
se ha vuelto la norma.
El
Sr. de Soto procede a detallar con lujo de detalle el infierno
de la tramitología y la dificultad o negación de crédito,
en la inexorable marcha hacia el mundo urbano.
En
1994 el Instituto Nacional de Estadística estableció en el
país a 2’650,000 de microempresas informales.
Hoy
en Rusia y Ucrania 50% del PIB es economía subterránea. En
Georgia es un espectacular 62%.
La
Organización Internacional del Trabajo informa que desde 1990,
el 85% de todos los nuevos puestos de trabajo en América Latina
y el Caribe fueron creados en el sector extra legal.
En
Rusia, a cuatro años del fin del comunismo, sólo 280 mil de
10 millones de agricultores son dueños de sus tierras.
Calculamos
que el valor de los inmuebles en posesión, mas no en propiedad
legal de los pobres del tercer mundo y de los que salen del
comunismo, suma NO menos de 9.3 millones de dólares. Duplica
casi el circulante total de moneda de los Estados Unidos y
es casi el valor total de las compañías listadas en las principales
bolsas de valores de los 20 países más desarrollados del mundo.
La
única posibilidad real de los gobiernos de estos países es
incorporar esos recursos económicos a un marco legal ordenado
y coherente, o seguir viviendo en la anarquía.
En
1820 Estados Unidos luchaba por derechos de propiedad formal
universal. El pasado estadounidense es el presente del tercer
mundo. En otro campo de investigación, pero tan significativo
como el de Hernando de Soto, el Dr. Stuart Hart, quien recientemente
nos visitó en México, nos habla de la pirámide poblacional
y la oportunidad económica que existe en su numerosa base
y que a la fecha ha sido menos apreciada. Veamos como se dividen
los ingresos de 6 mil millones de habitantes de este planeta:
Hay
100 millones de personas con ingresos superiores a 20 mil
dólares anuales; 2 mil millones con ingresos de 2 mil a 20
mil dólares y finalmente, 4 mil millones con ingresos de 2
mil dólares y menos.
Esta
base de la pirámide con ingresos promedio de 600 dólares anuales
representaría un mercado potencial de 2 billones 400 mil millones
de dólares.
Es
aquí, en esta numerosa base de bajos ingresos, donde existe
una gran oportunidad empresarial de servir al que menos tiene,
diseñando productos y servicios de bajo precio, reducido margen
pero gran volumen.
Uno
de los mejores ejemplos es la empresa multinacional Unilever
y su subsidiaria en la India, Hindustan
Lever Ltd. Esta empresa vio que
un competidor había entrado con éxito al mercado de consumidores
de bajos recursos vendiendo un jabón. En 1995, Unilever
respondió, alterando drásticamente su modelo de negocio. Desarrolló
un jabón económico con ingredientes de bajo impacto ambiental
como respuesta al hecho de que muchos de los pobres lavan
su ropa en los ríos y en otros sistemas públicos de agua.
Además, descentralizó la producción, mercadotecnia y distribución
de los productos para apalancar la fuerza abundante de trabajo
en el país, creando sistemas de ventas a lo largo de las tiendas
pequeñas en donde compra la gente de pocos recursos. Hoy en
día es el jabón más vendido en la India.
Otro
ejemplo es una empresa de jeans también en la India. Reconociendo
que el mercado doméstico estaba limitado debido al precio
de entre 40 a 60 dólares por cada pantalón, empezó a fabricar
"kits" de jeans que incluían
la tela precortada, el cierre, los remaches y un parche por
6 dólares. Se distribuía a una red de miles de sastres locales
quienes los armaban y a su vez, los vendían por precios mucho
más accesibles en sus pueblos.
Hoy
en día «Ruf & Tuf»
es la marca más vendida en ese país.
Un
ejemplo final es el caso del microondas. Un fabricante de
microondas empezó su negocio con un modelo básico para la
familia en China. Fue un producto pequeño, diseñado principalmente
para la preparación de arroz.
Al
tener éxito con dicho modelo, empezó diseñar otros modelos
más lujosos y con más funciones para las marcas privadas.
Ahora es el fabricantes más importante de microondas en el
mundo.
¿Cuántos
de nosotros utilizamos nuestras computadoras a su máxima capacidad?
Pocas personas. Sin embargo, la tendencia en este campo es
desarrollar modelos más avanzados y complicados, con más funciones.
Lo que se necesita son modelos sencillos que funcionan con
paneles solares, por ejemplo, para comunidades rurales que
les facilitan información básica sobre el precio de sus productos
en los mercados regionales. Estos casos se están dando en
lugares como Laos y Bangladesh, pero tenemos que exigir su
aplicación en todas partes del mundo.
Todos
tenemos una tarea que hacer si queremos salir del subdesarrollo.
Con instituciones sólidas enmarcadas por la legalidad, el
desarrollo a mediano plazo es viable y el crecimiento económico
no se hará esperar.
Preparemos
ciudadanos de primera que sepan exigir pero también cumplir,
escuchar y compartir. Sólo participando podremos cambiar lo
que está mal y forjar una nación donde las personas, por poderosas
que sean, no podrán pasar por encima de nuestras instituciones
y transgredir la ley impunemente.
El
sentir y actuar de la mayoría guía el timón que da rumbo a
los procesos democráticos. No permitamos que, por desidia,
grupos minoritarios con intereses obscuros se apoderen del
espacio que nos pertenece, poniendo en peligro nuestra libertad
y el futuro de nuestros hijos.
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