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Comportamiento
Organizacional
Cambio cultural y mejora continua
(Primera
de dos partes)
Rafael
Reyes Hernández
Es
recomendable diseñar e implantar un cambio en la cultura organizacional
de forma que todos dentro y fuera de la organización entiendan
que hay un cambio de actitud y de propósito
I.
Cambio organizacional
Del
análisis del gran número de enfoques para lograr una mayor
competitividad y efectividad en las empresas mexicanas se
deriva este planteamiento, que sugiere que se debe buscar
un cambio cultural brusco, porque sólo así se logrará la atención
y la confianza de toda la organización, para encauzarla hacía
un proceso lento y evolutivo de mejora continua. Se sugieren
algunas etapas en este proceso y un programa de uno a tres
años.
Las
empresas se enfrentan hoy a un entorno donde la evolución
se ha acelerado hacia un ambiente más competitivo y donde
los clientes, los trabajadores, los financieros y accionistas
y los proveedores son cada día más demandantes. Mientras que
muchas empresas del mundo entendieron estas tendencias desde
hace años y llevan tiempo trabajando en cambiar su cultura,
nuestras empresas en México vivieron demasiados años bajo
un esquema de proteccionismo y tienen que pensar en cambios
rápidos en su cultura organizacional, cambios que se inician
con el ejemplo de los jefes y rápidamente se deben convertir
en nuevos hábitos que aseguren la permanencia del cambio (Pérez
Narbona, 1993).
Por
otro lado, las empresas han recurrido a metodologías como
procesos de calidad total que se identifican con procesos
de mejora continua. La experiencia documentada sugiere que
la mejor forma de promover mejora en productividad, en calidad
y en competitividad, es en forma evolutiva y continua, induciendo
primero la participación de toda la organización hacia una
mayor responsabilidad y una mayor generación de sugerencias
y buscando después metodologías que consoliden estas participaciones.
Aunque la reingeniería predica cambios radicales, parece que
funciona mejor no hablar de cambio, ya que ello implicaría
que hay algo negativo que se debe cambiar, lo que suele encontrarse
con el rechazo de la gente y generar una actitud defensiva.
Por
eso el título de cambio cultural y mejora continua: es recomendable
diseñar e implantar un cambio en la cultura organizacional
de forma que todos dentro y fuera de la organización entiendan
que hay un cambio de actitud y de propósito, liderado por
los jefes a través de una nueva conducta ejemplar y que se
debe traducir palpablemente en valores, pero a la vez es recomendable
avanzar lentamente por el camino de la mejora continua, dando
oportunidad a toda la organización a que adquiera confianza.
El
propósito de este artículo, que presentaremos en dos partes,
es tratar de perfilar hacia qué cultura se debe de cambiar,
qué perfil de empresarios es deseable tener al frente de la
empresa para que los que ya están decidan entre cambiar su
conducta (es decir, su actitud y comportamiento) y/o buscar
quién los reemplace para liderar el cambio.
II.
Cultura organizacional
Para
la teoría y la práctica de la dirección, comúnmente se define
la cultura organizacional como conjunto de valores y creencias
compartidos por los miembros de una organización, que opera
consciente e inconscientemente. Este conjunto de valores y
creencias condiciona las respuestas que ha aprendido la organización
ante la solución de sus propios problemas (Stoner
1996 pp. 342 a 406).
Por
lo general el estudio de la cultura organizacional, muy similarmente
a la cultura como categoría filosófica, se le puede considerar
también abstracta y teórica. Muchas veces las consideraciones
sobre sus aspectos más generales se desarrollan en los marcos
exclusivos de la ciencia, digamos «pura» por especialistas
dedicados a esas investigaciones, y no es objeto de populares
debates. Aquí veo una paradoja.
La
cultura es conformada y determinada por amplias masas: sus
protagonistas; pero su estudio y análisis es casi patrimonio
de reducidos grupos. Esto podía no preocuparnos si verdaderamente
la cultura y su desarrollo fuera efecto exclusivo, consecuencia
única y pasiva de las grandes masas. Pero realmente no es
así, la cultura en su desarrollo y como conjunto de normas,
creencias, virtudes, etc., manifiesta una influencia recíproca
tanto entre las masas y más estrictamente en las individualidades,
como en su resultante y gobierno. «!No se puede avanzar sin
historia!»
Esta
es una de las razones que me motivan cuando analizo la cultura
empresarial en nuestras condiciones, a no quedarme en la especulación,
sino a expresar criterios comprometidos en un camino que involucren
conscientemente a sus protagonistas, que en nuestro caso,
en cuanto a la cultura organizacional, está determinada por
los que toman las decisiones dentro y fuera del sistema empresarial,
los encargados de ejecutarlas, y aquellos que en correspondencia
a la posición que ocupan están en condiciones de facilitar
o frenar los procesos de perfeccionamiento y desarrollo.
III.
Definición de la cultura de las organizaciones
La
cultura es la compleja mezcla de supuestos, conductas, relatos,
mitos, metáforas y demás ideas que encajan unos con otros
y definen lo que significa ser miembro de una sociedad concreta.
La
cultura ha sido un concepto importante, desde hace mucho tiempo,
para entender a las sociedades y los grupos humanos. Muchas
personas recuerdan con gusto las fotos de «culturas» exóticas
publicadas en National Geographic o haber leído los estudios de Margaret Mead, la antropóloga que escribió sobre la cultura
indígena de la isla de Samoa. La cultura, en este sentido
antropológico e histórico, es la médula de un grupo o una
sociedad específicos –aquello que distingue la forma de interactuar
de los miembros, entre sí y con los extranjeros- y cómo logran
lo que hacen.
IV.
La cultura de la organización
Es
una serie de entendidos importantes, como normas, valores,
actitudes y creencias, compartidos por los miembros de la
organización.
En
los pasados 15 años, los estudiosos de las organizaciones
han ampliado el concepto de la cultura organizacional para
explicar mucho de lo que ocurre en las organizaciones. ¿Por
qué usan camisas blancas los gerentes de IBM? ¿Por qué escriben
los miembros de Procter & Gamble memoranda de una sola página? ¿Por qué empiezan la
mayoría de las juntas de Dupont
con una charla sobre la seguridad? ¿Se trata de misteriosos
rituales tribales? Sin duda, todo esto no se puede explicar,
completamente, en términos de las corrientes de la teoría
tradicional de la administración que se explicó anteriormente.
Hasta
principios de los años ochenta, que coincidieron con el aumento
de la influencia del llamado compromiso dinámico, muchos pensaban
que no bastaba con entender la estrategia (parte de la planificación)
de la organización y su estructura (parte de la organización)
para tener una explicación válida de su quehacer. Empero,
muchos estudiosos empezaron a ver que en las organizaciones
pasaban muchas más cosas que sólo desarrollar productos y
servicios nuevos y prestar atención a las jerarquías y el
poder. Los investigadores, acicateados en parte por su interés
por entender organizaciones que no tenían su sede en Estados
Unidos y que funcionaban con supuestos básicos bastante diferentes,
empezaron a usar el concepto de cultura perteneciente a la
antropología para entender algunas de estas diferencias básicas.
Por
ejemplo, un supuesto de muchas empresas japonesas grandes
era que el trabajador tenía un contrato vitalicio y que no
se le debía despedir, incluso aunque las ventas fueran bajas.
Es más, las empresas japonesas presuponían que los ascensos
a los puestos clave de la jerarquía se debían fundamentar
en la edad y la capacidad, y no siempre sólo en la capacidad,
como presuponían muchas empresas estadounidenses. Hoy, estas
hipótesis resultan acertadas muchas menos veces. Empero, a
principios de los años ochenta, estos tipos de supuestos llevaron
a los investigadores a pensar en cómo cosas que parecían una
forma muy diferente de organizar una empresa podrían tener
éxito, aunque se contrapusieran a todos sus conocimientos
de las organizaciones. Algunos pensaban que la respuesta quizá
radicaba en el concepto de cultura.
Una
serie de organizaciones cultivan una cultura particular. En
Mary Kay
Cosmetics, las ceremonias, los premios,
la decoración y otras formas simbólicas de comunicación son
características de una cultura corporativa que guía los actos
de los miembros de la organización. En Apple
Computer, mientras la compañía avanzaba rápidamente a la posición
de líder de su industria, los gerentes se esforzaban por mantener
la informalidad y las relaciones personales características
de una pequeña empresa. Incluso en su mercadotecnia, decía
que Apple era una pequeña empresa
que ofrecía una alternativa para IBM y otros gigantes de la
industria. Tandem Computers
subraya una cultura de incentivos que giran en torno a los
empleados, y Minnesota Mining and Manufacturing (3M) dirige su
cultura corporativa hacia las innovaciones.
V.
Cultura corporativa: una visión femenina del cambio
La
cultura tradicional de las corporaciones estadounidenses se
desarrolló en una época cuando la mujer tenía poca influencia
en las organizaciones. Joline Godfrey, en su reciente libro,
"Our Wildest
Dreams: Women Entrepreneus
Making Money, Having
Fun and Doing
Good", afirma que conforme
vaya aumentando la cantidad de mujeres que trabajan por su
cuenta, constituyendo pequeñas empresas, se irán abandonando
los elementos de la cultura tradicional, a cambio de otra
serie de valores en la que el éxito se define de diversas
maneras. Godfrey esboza una nueva serie de valores, diferente a los
valores tradicionales de las corporaciones, que enuncian el
desarrollo de una nueva cultura empresarial ejemplificada
por negocios como The Body
Shop:
•
Trabajar, vivir, amar, aprender; en lugar de trabajar, trabajar,
trabajar.
•
Buscar significado y dinero; en lugar de sólo dinero.
•
Crear redes de relaciones; en lugar de jerarquías de poder.
•
«No hacer el mal»; en lugar de «que se cuide el comprador».
•
Mantén tus recurso; en lugar de «úsalos o piérdelos».
•
Crecer en forma natural; en lugar de crecer rápido.
•
Dedícate al trabajo y la familia; en lugar de al trabajo o
a la familia.
Aunque
algunas organizaciones grandes, como Levi
Strauss y Jonson & Jonson, aceptan algunas de las reglas
nuevas, en general es más fácil que los negocios pequeños
y nuevos desarrollen este tipo de cultura desde el principio,
y no que las organizaciones grandes y establecidas cambien
una cultura existente. Además, aunque la mujer no tiene el
monopolio del cambio cultural (este libro de texto habla de
muchas organizaciones, como Tom’s
de Maine y Ben and
Jerry’s donde los hombres optan
por valores nuevos), Godfrey señala el papel de la mujer para propiciar este tipo
de cambio:
Muchas
mujeres están abandonando a las gigantes de Fortune
500 para iniciar sus propios negocios. Otras optan por jamás
entrar a las filas de las gigantes. Como ya no se contentan
con pasar sus años más productivos en organizaciones selladas
con el techo de cristal, ya no están dispuestas a trabajar
en compañías que ansiosamente consumen todas las horas de
su vida (dejando nada para sí mismas, la familia o amigos),
como ya no pueden aceptar ciegamente los viejos supuestos
de lo que son y deben ser las empresas, las mujeres están
votando como los pies: «estamos cerrándole la puerta a la
rigidez de las corporaciones e inventando compañías donde
podemos ganar buen dinero, hacer el bien y divertirnos. Estamos
creando el material de nuestros sueños más locos».
Aunque
algunos aspectos de la cultura de la organización son muy
evidentes, muchos otros aspectos son menos visibles. La siguiente
figura compara la cultura de la organización con un iceberg.
En la superficie están los aspectos evidentes o abiertos –las
metas de la organización expresadas de manera formal, la tecnología,
estructura, políticas y procedimientos, así como los recursos
financieros–. Bajo la superficie están los aspectos cubiertos
u ocultos –los aspectos informales en la vida de la organización–.
Estos incluyen percepciones, actitudes y sentimientos compartidos,
así como una serie de valores compartidos sobre la naturaleza
humana, la naturaleza de las relaciones humanas y lo que puede
recordar o recordará la organización.
Edgar
Schein ha definido la cultura así:
Un
patrón de supuestos básicos compartidos que fue aprendido
por [un] grupo cuando resolvía sus problemas para adaptarse
al exterior e integrarse en su interior, que ha funcionado
lo bastante bien como para que se considere válido y, por
tanto, [deseable] para enseñarlo a los miembros nuevos como
la forma indicada de percibir dichos problemas, de analizarlos
y sentirlos.
Por
consiguiente, la cultura es la forma en que la organización
ha aprendido a manejar su ambiente. Es una mezcla compleja
de supuestos, conductas, relatos, mitos, metáforas y otras
ideas que encajan todas para definir lo que significa trabajar
en una organización particular. Cuando se dice que en DuPont existe la cultura de la seguridad, en Del la cultura
del servicio y en 3M la cultura de las innovaciones, se está
diciendo que el personal de cada una de estas organizaciones
ha aprendido una manera particular de resolver muchos asuntos
complejos.
Y
como este tema de la cultura organizacional es tan vasto,
en la siguiente entrega abordaremos una serie de elementos
que forman parte de ella y que es importante resaltar.
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