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El
profesional
que necesita el país
Víctor
M. Arjona Barbosa
SINTESIS
El ejercicio de una profesión se caracteriza por el
servicio. Si un profesional no sirve a los demás, entonces,
¿Para qué sirve? médicos, abogados, arquitectos,
sociólogos, economistas, ingenieros, políticos,
biólogos, filósofos, etc. trabajan para prestar
servicios, de eso no hay duda alguna.
Ahora bien, el nuevo paradigma del liderazgo es el servicio
que, en el caso del líder, consiste en identificar
y satisfacer las legítimas necesidades de la gente.
Queda atrás el falso liderazgo de la prepotencia y
de la soberbia, el liderazgo convenenciero y controlador que,
en vez de servir se servía de los demás; queda
atrás el liderazgo superficial y fugaz que sólo
buscaba intereses mezquinos y perdía impulso después.
I. Técnica y humanismo
Para muchos es evidente la necesidad de operar cambios y llevar
a cabo transformaciones para superar inercias, remover obstáculos,
rediseñar esquemas y desarrollar proyectos nuevos,
a fin de ir consolidando el proceso de transición que
estamos viviendo en el país. Se siente la urgencia
de encontrar caminos diferentes y de una renovación
vitalizadora que promueva el crecimiento, dentro de una cultura
de modernización competitiva, pero que respete y aliente
los valores del humanismo.
Ante el desafío de los tiempos nuevos, el profesional
ha de estar preparado y responder con conocimientos, decisión,
esfuerzo y compromiso. Se requiere capacidad técnica
y sólida formación intelectual. Todos estos
conocimientos y habilidades deben quedar integrados en una
actitud profundamente humanista.
El enfoque de servir a la promoción de la persona humana
debe orientar el proceso educativo, a fin de evitar limitarlo
a una estrecha enseñanza profesional que se conforme
con insertar al hombre en el aparto técnico.
No se trata de ningún modo de menospreciar la técnica,
sino de saber ubicarla como un medio para el progreso como
factor para el desarrollo humano. El nuevo humanismo establece
la prioridad del ser humano; claro que atiende y se ocupa
de la producción de bienes y servicios a través
de la empresa, pero, al mismo tiempo, defiende y promueve
la dignidad de la persona; busca el desarrollo de la familia
como fuente de vida y como educadora; respeta al estado como
gestor del bien común e insiste en la ética
en el ejercicio profesional y en las prácticas comerciales;
proclama la globalización de una cultura con base en
valores universales.
II.
Profesión y liderazgo
El ejercicio de una profesión se caracteriza por el
servicio. Si un profesional no sirve a los demás, entonces,
¿Para qué sirve? médicos, abogados, arquitectos,
sociólogos, economistas, ingenieros, políticos,
biólogos, filósofos, etc. trabajan para prestar
servicios, de eso no hay duda alguna.
Ahora bien, el nuevo paradigma del liderazgo es el servicio
que, en el caso del líder, consiste en identificar
y satisfacer las legítimas necesidades de la gente.
Queda atrás el falso liderazgo de la prepotencia y
de la soberbia, el liderazgo convenenciero y controlador que,
en vez de servir se servía de los demás; queda
atrás el liderazgo superficial y fugaz que sólo
buscaba intereses mezquinos y perdía impulso después.
En este punto convergen la acción del profesional y
el ejercicio del verdadero liderazgo: el servicio como tarea
de satisfacer necesidades legítimas, como promoción
del crecimiento en libertad y responsabilidad, como esfuerzo
para que el ser humano tenga conciencia de su propio valor
y dignidad y decida construir su propio desarrollo.
Así como el auténtico líder, el profesional
ha de ser afable, humilde, respetuoso de la dignidad humana,
generoso, honesto, comprometido con la verdad y con sus decisiones
y congruente en sus acciones. Hace vida lo que sabe y pone
su saber al servicio de la promoción humana.
III.
Necesidades y carencias
Desde hace muchísimos años, la pobreza siempre
ha acompañado al país y aunque gobierno tras
gobierno no han dejado de prometer acabar con ella, lo cierto
es que continúa e incluso hemos de lamentar los casos
de pobreza extrema que viven algunas regiones marginadas.
Esta pobreza conlleva graves problemas de salud, de vivienda,
de actividad productiva, de oportunidades de empleo, educación,
acceso a la vida política, etc.
Pero los problemas de México no sólo son económicos
sino, básicamente, son problemas políticos y
morales. Sólo una visión de conjunto nos puede
llevar no sólo a las causas del problema, sino, lo
que es más importante, a su solución.
Urge, pues, rectificar el rumbo al desarrollo, comenzando
con un esfuerzo de identidad, encontrando nuestras raíces
como nación, integrando y reconciliando nuestra historia,
tan lastimosamente fragmentada e interpretada y unirnos en
nuestra identidad de mexicanos, acabando con el maniqueísmo
que nos ha dividido y enfrentado.
Hemos de entender lo que fuimos, lo que pudimos y no pudimos
hacer y emprender hoy lo que tenemos que hacer para construir
nuestro futuro. Es tarea de todos, pero más responsablemente
de los dirigentes sociales, de los líderes empresariales,
políticos y profesionales.
IV. Valores de los jóvenes profesionales
Algunos de los valores más relevantes que han de realizar
concretamente los profesionales, especialmente los que están
comenzando a ejercer su carrera, ya que para ellos es mucho
menos difícil asimilar y hacer propios estos valores,
son los siguientes:
- Una actitud emprendedora y abierta al futuro, es más,
una actitud inconforme ante la rutina y la inercia, ante la
apatía y la corrupción, ante los intentos de
manipulación, ante la simulación y la hipocresía
en las relaciones humanas de cualquier tipo.
- El amor a la libertad como derecho y responsabilidad del
ser humano, como fundamento del orden social, como eje de
la madurez de la personalidad y como cimiento del orden moral.
- La firme decisión de participar en la construcción
de un México revitalizado, corrigiendo el rumbo histórico
para ir logrando la mejoría sustancial de nuestra sociedad
y encontrar caminos nuevos para el progreso real de los mexicanos
en la libertad y en la justicia.
- Tratar a todos con el respeto que exige su dignidad de personas,
sin distinción de edad, sexo, condición económica,
nivel académico, creencia religiosa, militancia partidista,
opiniones discrepantes, etc.
- Privilegiar el diálogo y la comunicación integradora,
en vez de la dialéctica de la confrontación
sistemática y estéril. Estar seguros de que
la búsqueda del bien común es la tarea convergente
de todos los grupos sociales que actúan de buena fe.
El bien común ha de ser criterio rector del diálogo,
para encontrar soluciones tanto a los problemas sociales menores
como a los más complejos.
V.
Liderazgo, profesión y escuela
Una de las ocupaciones más importantes es la del empresario.
Afortunadamente ya pasaron los tiempos oscuros en los que
se culpaba a la empresa de todos los males y de todas las
crisis y se organizaban campañas para demeritar su
valor. En las escuelas se criticaba al alumno que sentía
vocación empresarial.
Los tiempos han cambiado y con ellos, la evaluación
social de la función empresarial. Profesionales egresados
de las distintas facultades universitarias escogen el esquema
empresarial para la práctica de sus profesiones e incluso
se dedican a actividades empresariales que no tienen relación
directa con la profesión estudiada. La ventaja es la
preparación universitaria, el uso del método,
la visión de conjunto, la rápida comprensión
y planteamiento del problema y sobretodo, la formación
humanista.
Por ello, es necesario trabajar desde ahora -debimos hacerlo
mucho antes- y elaborar programas de estudio para preparar
y formar jóvenes con capacidad de emprender, despertar
en ellos la vocación empresarial porque muchos de ellos,
en el futuro, trabajarán en alguna empresa o mucho
mejor todavía, habrán creado su propia empresa.
Recordemos que, aunque de manera incipiente, ya se está
realizando lo anterior. Reconocemos, igualmente, el laudable
esfuerzo que lleva a cabo IMPULSA. Sin embargo, es necesario
multiplicar los esfuerzos y hacer que a lo largo y ancho del
país, se difunda la capacidad de la función
empresarial para generar riqueza, crear empleos, incrementar
los ingresos del erario vía impuestos, dinamizar la
economía y con todo esto, propiciar el crecimiento
y el desarrollo del país.
Lo que urge en México es mayor productividad y competitividad,
iniciativa creadora, entusiasmo y una gran voluntad de triunfar.
Es hora de entregarse a las tareas del desarrollo. Se requiere,
por tanto, de una extraordinaria preparación de la
actual generación universitaria, a fin de que los jóvenes
profesionales en buena co-municación con aquellos adultos
concientes de esta perspectiva, sean audaces para proponer
y ejecutar soluciones positivas, con raíces de fondo,
pero con esquemas concretos y viables para lograr la modernización
de nuestro sistema económico, político y cultural.
Confiamos y esperamos para bien de México y de todos
los mexicanos, que haya más profesionales y más
empresarios preparados científica y técnicamente,
pero muy bien formados en una cultura humanista de servicio
y de promoción humana.
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