No.173
Enero
2003
 

El profesional
que necesita el país

Víctor M. Arjona Barbosa

SINTESIS
El ejercicio de una profesión se caracteriza por el servicio. Si un profesional no sirve a los demás, entonces, ¿Para qué sirve? médicos, abogados, arquitectos, sociólogos, economistas, ingenieros, políticos, biólogos, filósofos, etc. trabajan para prestar servicios, de eso no hay duda alguna.
Ahora bien, el nuevo paradigma del liderazgo es el servicio que, en el caso del líder, consiste en identificar y satisfacer las legítimas necesidades de la gente. Queda atrás el falso liderazgo de la prepotencia y de la soberbia, el liderazgo convenenciero y controlador que, en vez de servir se servía de los demás; queda atrás el liderazgo superficial y fugaz que sólo buscaba intereses mezquinos y perdía impulso después.


I. Técnica y humanismo
Para muchos es evidente la necesidad de operar cambios y llevar a cabo transformaciones para superar inercias, remover obstáculos, rediseñar esquemas y desarrollar proyectos nuevos, a fin de ir consolidando el proceso de transición que estamos viviendo en el país. Se siente la urgencia de encontrar caminos diferentes y de una renovación vitalizadora que promueva el crecimiento, dentro de una cultura de modernización competitiva, pero que respete y aliente los valores del humanismo.

Ante el desafío de los tiempos nuevos, el profesional ha de estar preparado y responder con conocimientos, decisión, esfuerzo y compromiso. Se requiere capacidad técnica y sólida formación intelectual. Todos estos conocimientos y habilidades deben quedar integrados en una actitud profundamente humanista.

El enfoque de servir a la promoción de la persona humana debe orientar el proceso educativo, a fin de evitar limitarlo a una estrecha enseñanza profesional que se conforme con insertar al hombre en el aparto técnico.

No se trata de ningún modo de menospreciar la técnica, sino de saber ubicarla como un medio para el progreso como factor para el desarrollo humano. El nuevo humanismo establece la prioridad del ser humano; claro que atiende y se ocupa de la producción de bienes y servicios a través de la empresa, pero, al mismo tiempo, defiende y promueve la dignidad de la persona; busca el desarrollo de la familia como fuente de vida y como educadora; respeta al estado como gestor del bien común e insiste en la ética en el ejercicio profesional y en las prácticas comerciales; proclama la globalización de una cultura con base en valores universales.

II. Profesión y liderazgo
El ejercicio de una profesión se caracteriza por el servicio. Si un profesional no sirve a los demás, entonces, ¿Para qué sirve? médicos, abogados, arquitectos, sociólogos, economistas, ingenieros, políticos, biólogos, filósofos, etc. trabajan para prestar servicios, de eso no hay duda alguna.

Ahora bien, el nuevo paradigma del liderazgo es el servicio que, en el caso del líder, consiste en identificar y satisfacer las legítimas necesidades de la gente. Queda atrás el falso liderazgo de la prepotencia y de la soberbia, el liderazgo convenenciero y controlador que, en vez de servir se servía de los demás; queda atrás el liderazgo superficial y fugaz que sólo buscaba intereses mezquinos y perdía impulso después.

En este punto convergen la acción del profesional y el ejercicio del verdadero liderazgo: el servicio como tarea de satisfacer necesidades legítimas, como promoción del crecimiento en libertad y responsabilidad, como esfuerzo para que el ser humano tenga conciencia de su propio valor y dignidad y decida construir su propio desarrollo.

Así como el auténtico líder, el profesional ha de ser afable, humilde, respetuoso de la dignidad humana, generoso, honesto, comprometido con la verdad y con sus decisiones y congruente en sus acciones. Hace vida lo que sabe y pone su saber al servicio de la promoción humana.

III. Necesidades y carencias
Desde hace muchísimos años, la pobreza siempre ha acompañado al país y aunque gobierno tras gobierno no han dejado de prometer acabar con ella, lo cierto es que continúa e incluso hemos de lamentar los casos de pobreza extrema que viven algunas regiones marginadas. Esta pobreza conlleva graves problemas de salud, de vivienda, de actividad productiva, de oportunidades de empleo, educación, acceso a la vida política, etc.


Pero los problemas de México no sólo son económicos sino, básicamente, son problemas políticos y morales. Sólo una visión de conjunto nos puede llevar no sólo a las causas del problema, sino, lo que es más importante, a su solución.

Urge, pues, rectificar el rumbo al desarrollo, comenzando con un esfuerzo de identidad, encontrando nuestras raíces como nación, integrando y reconciliando nuestra historia, tan lastimosamente fragmentada e interpretada y unirnos en nuestra identidad de mexicanos, acabando con el maniqueísmo que nos ha dividido y enfrentado.

Hemos de entender lo que fuimos, lo que pudimos y no pudimos hacer y emprender hoy lo que tenemos que hacer para construir nuestro futuro. Es tarea de todos, pero más responsablemente de los dirigentes sociales, de los líderes empresariales, políticos y profesionales.

IV. Valores de los jóvenes profesionales

Algunos de los valores más relevantes que han de realizar concretamente los profesionales, especialmente los que están comenzando a ejercer su carrera, ya que para ellos es mucho menos difícil asimilar y hacer propios estos valores, son los siguientes:

- Una actitud emprendedora y abierta al futuro, es más, una actitud inconforme ante la rutina y la inercia, ante la apatía y la corrupción, ante los intentos de manipulación, ante la simulación y la hipocresía en las relaciones humanas de cualquier tipo.

- El amor a la libertad como derecho y responsabilidad del ser humano, como fundamento del orden social, como eje de la madurez de la personalidad y como cimiento del orden moral.

- La firme decisión de participar en la construcción de un México revitalizado, corrigiendo el rumbo histórico para ir logrando la mejoría sustancial de nuestra sociedad y encontrar caminos nuevos para el progreso real de los mexicanos en la libertad y en la justicia.

- Tratar a todos con el respeto que exige su dignidad de personas, sin distinción de edad, sexo, condición económica, nivel académico, creencia religiosa, militancia partidista, opiniones discrepantes, etc.

- Privilegiar el diálogo y la comunicación integradora, en vez de la dialéctica de la confrontación sistemática y estéril. Estar seguros de que la búsqueda del bien común es la tarea convergente de todos los grupos sociales que actúan de buena fe. El bien común ha de ser criterio rector del diálogo, para encontrar soluciones tanto a los problemas sociales menores como a los más complejos.

V. Liderazgo, profesión y escuela
Una de las ocupaciones más importantes es la del empresario. Afortunadamente ya pasaron los tiempos oscuros en los que se culpaba a la empresa de todos los males y de todas las crisis y se organizaban campañas para demeritar su valor. En las escuelas se criticaba al alumno que sentía vocación empresarial.

Los tiempos han cambiado y con ellos, la evaluación social de la función empresarial. Profesionales egresados de las distintas facultades universitarias escogen el esquema empresarial para la práctica de sus profesiones e incluso se dedican a actividades empresariales que no tienen relación directa con la profesión estudiada. La ventaja es la preparación universitaria, el uso del método, la visión de conjunto, la rápida comprensión y planteamiento del problema y sobretodo, la formación humanista.

Por ello, es necesario trabajar desde ahora -debimos hacerlo mucho antes- y elaborar programas de estudio para preparar y formar jóvenes con capacidad de emprender, despertar en ellos la vocación empresarial porque muchos de ellos, en el futuro, trabajarán en alguna empresa o mucho mejor todavía, habrán creado su propia empresa.

Recordemos que, aunque de manera incipiente, ya se está realizando lo anterior. Reconocemos, igualmente, el laudable esfuerzo que lleva a cabo IMPULSA. Sin embargo, es necesario multiplicar los esfuerzos y hacer que a lo largo y ancho del país, se difunda la capacidad de la función empresarial para generar riqueza, crear empleos, incrementar los ingresos del erario vía impuestos, dinamizar la economía y con todo esto, propiciar el crecimiento y el desarrollo del país.

Lo que urge en México es mayor productividad y competitividad, iniciativa creadora, entusiasmo y una gran voluntad de triunfar. Es hora de entregarse a las tareas del desarrollo. Se requiere, por tanto, de una extraordinaria preparación de la actual generación universitaria, a fin de que los jóvenes profesionales en buena co-municación con aquellos adultos concientes de esta perspectiva, sean audaces para proponer y ejecutar soluciones positivas, con raíces de fondo, pero con esquemas concretos y viables para lograr la modernización de nuestro sistema económico, político y cultural.

Confiamos y esperamos para bien de México y de todos los mexicanos, que haya más profesionales y más empresarios preparados científica y técnicamente, pero muy bien formados en una cultura humanista de servicio y de promoción humana.