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Salinas de Gortari:
en espera del juicio
Arturo
Damm Arnal
SINTESIS
Junto a lo bueno (mucho de lo cual, lo repito, se hizo, o
a medias, o de mala manera) hay que destacar los errores,
comenzando por el más grave: el error de marzo, marzo
de 1994, error que el gobierno salinista cometió inmediatamente
después del asesinato de Colosio, y que consistió
en no haber ampliado la banda de fluctuación del tipo
de cambio, lo cual permitió la acumulación de
presiones devaluatorias que, una vez agotadas las reservas
internacionales del Banco de México, no pudieron contenerse
por más tiempo, y dieron lugar a una devaluación
que, a lo largo de los tres primeros meses de 1995, y con
la ayuda del error de diciembre, llegó a ser superior
al 100%, lo cual desató la peor crisis económica
de las últimas décadas, producto no solamente
del error de diciembre
Algunas de las consecuencias de esos errores las seguimos
padeciendo, como lo es un PIB por habitante todavía
menor que el de 1994.
I.
Introducción
Carlos Salinas de Gortari espera que la historia (y no la
opinión pública, que en muy buena medida es
la opinión que se publica), le otorgue el lugar que
le corresponde. La tarea no resulta fácil: el de Salinas
de Gortari fue, tal vez como ningún otro, un sexenio
de claroscuros, comenzando por la economía, campo en
el cual hubo aciertos importantes y también graves
errores. Al final de cuentas, ¿cuál será
el balance? Habrá que esperar que la historia le dé
el lugar que le corresponde (que será distinto al que
hoy le da la opinión pública)
II.
Aciertos
En el campo de la economía, entre los aciertos, hay
que señalar las privatizaciones y la desregulación
administrativa; la liberación comercial y los tratados
de libre comercio; el saneamiento de las finanzas públicas
y la autonomía del Banco de México; las modificaciones
al artículo 27 constitucional; la renegociación
de la deuda externa, todo lo cual apuntó en la dirección
correcta. ¿Qué sería hoy de la economía
mexicana si los bancos comerciales y Teléfonos de México
fueran empresas del gobierno? ¿O si fuera, todavía,
una de las economías más cerradas del mundo?
¿O si el déficit presupuestario rondara el 20%
del PIB? ¿O si el Banco de México no fuera autónomo?
¿Estaríamos mejor? Difícilmente.
III. A medias y de malas
Es cierto: mucho de lo bueno que se hizo durante el salinismo
se hizo, o a medias (por ejemplo: haber privatizado empresas
del gobierno sin haber abierto los sectores privatizados a
la competencia), o de mala manera (por ejemplo: haber privatizado
los bancos comerciales sin una regulación eficaz de
la actividad bancaria). Sin embargo, pese a los excesos y
defectos, que fueron muchos y algunos graves, Salinas de Gortari
tuvo la visión (independientemente de las condiciones
políticas favorables: presidencialismo en todo su apogeo
y mayoría priísta en el Congreso de la Unión)
para encaminar a la economía por el camino correcto,
del cual todavía falta un buen trecho por recorrer,
pero que sin duda alguna apunta en la dirección adecuada:
libertad para emprender y consumir; propiedad privada de los
medios de producción, los ingresos y el patrimonio;
mucho comercio y mucha competencia; disciplinas fiscal y monetaria.
IV.
Errores
Junto a lo bueno (mucho de lo cual, lo repito, se hizo, o
a medias, o de mala manera) hay que destacar los errores,
comenzando por el más grave: el error de marzo, marzo
de 1994, error que el gobierno salinista cometió inmediatamente
después del asesinato de Colosio, y que consistió
en no haber ampliado la banda de fluctuación del tipo
de cambio, lo cual permitió la acumulación de
presiones devaluatorias que, una vez agotadas las reservas
internacionales del Banco de México, no pudieron contenerse
por más tiempo, y dieron lugar a una devaluación
que, a lo largo de los tres primeros meses de 1995, y con
la ayuda del error de diciembre, llegó a ser superior
al 100%, lo cual desató la peor crisis económica
de las últimas décadas, producto no solamente
del error de diciembre (responsabilidad de Zedillo y de su
secretario de Hacienda: Jaime Serra Puche), sino del error
de marzo (responsabilidad de Salinas de Gortari y de su secretario
de Hacienda: Pedro Aspe). Algunas de las consecuencias de
esos errores las seguimos padeciendo, como lo es un PIB por
habitante todavía menor que el de 1994.
V.
El error de marzo
Al hablar de la crisis de 1995 Salinas de Gortari señala
como su principal causa el error de diciembre, responsabilidad
de Zedillo y de Serra Puche. Cierto: de haberse realizado
de otra manera, la devaluación del 20 de diciembre
de aquel año hubiera causado menos daño del
que causó. Pero no hay que olvidar, tema que Salinas
de Gortari no toca ni por equivocación, que el daño
hubiera sido mucho menor si, inmediatamente después
del asesinato de Colosio, dada la inseguridad y desconfianza
que generó, el gobierno hubiera ampliado la banda de
fluctuación del tipo de cambio (que en aquel entonces
era de 40 viejos centavos diarios), lo necesario para evitar
la acumulación de presiones devaluatorias. No lo hizo,
y cada vez que esas presiones amenazaban con aumentar el precio
del dólar más de 40 viejos centavos diarios,
el Banco de México, echando mano de sus reservas, salía
al mercado a ofrecer dólares, conteniendo (¡pero
no eliminando!) las presiones devaluatorias, que se fueron
acumulando, al tiempo que las reservas se fueron acabando,
hasta que, al inicio del sexenio de Zedillo, la banda de fluctuación
se volvió insostenible. En ese momento se tuvo que
devaluar.
VI.
Distinción
Hay que tener clara la diferencia: buena parte de las presiones
devaluatorias se generaron y acumularon (y lo grave fue esto
último: su acumulación), en el último
tramo del sexenio de Salinas de Gortari, de marzo a noviembre
de 1994, todo ello producto del error de marzo: no haber devaluado
después del asesinato de Colosio. La responsabilidad
de Zedillo fue la manera en la cual, ante unas presiones devaluatorias
que ya no había manera de contener, se devaluó,
lo cual generó, a partir de ese momento, nuevas y más
fuertes presiones devaluatorias, que causaron, entre enero
y marzo de 1995, una devaluación superior al 100%,
con todas las consecuencias que conocemos, muchas de las cuales
siguen estando presentes, como es el caso de la falta de crédito
de la banca comercial para las actividades productivas que,
mes tras mes, desde la crisis de aquel año, viene cayendo:
en términos anuales, en octubre pasado, cayó
6.1%.
VII.
Conclusión
En materia de economía, y en síntesis, ¿qué
se puede decir del sexenio de Salinas de Gortari? En primer
lugar que, con las privatizaciones y la desburocratización
de las actividades económicas; con la liberación
comercial y los tratados de libre comercio; con el saneamiento
de las finanzas públicas y la autonomía del
Banco de México; con las modificaciones al artículo
27 constitucional, corrigió el rumbo de la economía
mexicana.
En segundo término, que buena parte de todo ello lo
hizo, o a medias (por ejemplo: se privatizaron empresas públicas
pero no se garantizó jurídicamente el derecho
de propiedad sobre los medios de producción), o de
mala manera (por ejemplo: se negoció el tratado de
libre comercio con Estados Unidos y Canadá pero el
gobierno siguió manipulando el tipo de cambio, cuando
lo primero que requiere el libre comercio es un tipo de cambio
fijado libremente en el mercado), hechuras a medias y de malas
que limitaron las posibilidades de crecimiento y desarrollo
económico de los mexicanos.
Por último el error de marzo, responsabilidad de Carlos
Salinas de Gortari y de Pedro Aspe que, reforzado por el error
de diciembre, nos costó, más o menos, seis años.
Los cambios estructurales, comenzando por el TLC, sobre todo
si se amplían y profundizan, serán las palancas
de crecimiento y desarrollo que tanto necesitamos. Al final
de cuentas, si hemos de salir del bache (que ha tomado las
dimensiones de despeñadero), hay que mantener el rumbo:
privatizaciones, desburocratización, apertura comercial,
tratados de libre comercio, disciplina fiscal, estabilidad
monetaria. En cada uno de estos renglones, herencias del salinismo,
hay mucho que hacer. Mientras tanto Salinas de Gortari espera
que la historia le otorgue el lugar que le corresponde.
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