ENTORNO
INDUSTRIAL

Apertura comercial
A los autos les llegó la hora


Hace 10 años los gobiernos de Canadá, México y Estados Unidos firmaron el acta de creación del Tratado de Libre Comercio, según el cual los tres países eliminarían las restricciones aduaneras y arancelarias entre ellos,
formando una zona económica común. El 1 de enero de 2004 no es sólo el décimo aniversario de la firma del tratado, sino también el primer día en que cualquier persona física o moral podrá importar
libremente cualquier automóvil o camión ligero que cumpla con las reglas de origen dentro del TLC.


POR NORMA ALMEIDA

 

De acuerdo con la Secretaría de Economía, se pretende que en 10 años México se convierta en uno de los cinco primeros productores del ramo en el mundo, con inversiones de entre $20,000 y $25,000 millones de dólares. De igual forma, para el 2010 se busca producir internamente 4 millones de unidades (en 2002 se produjeron un 1 millón 765 mil unidades) e incrementar las exportaciones de autos de 1.5 millones a 3 millones de vehículos. Igualmente, se espera generar 800,000 empleos directos e indirectos y desarrollar 500 proveedores de autopartes, bienes de capital y servicios.

La Secretaría de Economía ha venido trabajando también en un proyecto de “Norma Oficial Mexicana de Prácticas Comerciales: Elementos Normativos para la Comercialización de Vehículos Nuevos”, que incluye disposiciones generales y cuestiones de información al consumidor, contratos de adhesión, garantía y verificación y vigilancia.

El Ejecutivo envió igualmente a los legisladores una propuesta que busca cobrar el Impuesto Sobre Automóviles Nuevos (ISAN) a los nuevos “comerciantes en el ramo de vehículos” que empezarán a realizar importaciones de vehículos para comercializarlos a la par de “distribuidores autorizados”. Estas medidas ayudarán a regular y asegurar que todos los involucrados tengamos las mismas oportunidades, ventajas y protección ante la ley en esta nueva etapa de apertura comercial automotriz.

Sin embargo, más allá de todo este panorama “macro” de crecimiento económico, del que tanto se ha hablado, existen todavía muchas dudas y preguntas a nivel “micro”entre ensambladoras, distribuidores y el consumidor final. Las expectativas y mitos que se han generado alrededor de esta apertura son enormes: mejores precios y calidad en el extranjero; la posibilidad de importar cualquier vehículo; los beneficios de adquirir automóviles y camiones en lotes comerciales independientes multimarcas; la posibilidad de cualquier persona física o moral de importar autos y camiones y venderlos dentro del país, etcétera.

La realidad es que los precios de vehículos importados versus los nacionales son muy similares antes de impuestos. Todo vehículo importado tendrá que pagar los mismos impuestos para ingresar a territorio nacional (ISAN, ISTUV e IVA) y en caso de no cumplir con el contenido regional definido en el TLC o que provenga de un país fuera de éste, deberá pagar un impuesto de importación. La calidad de los vehículos fabricados en Estados Unidos, Canadá y México para consumo nacional o exportación es de clase mundial, por lo no se justifica pensar que los vehículos mexicanos sean de menor calidad. Por otro lado, las compras de vehículos a comerciantes independientes o importación de forma personal pueden quedar limitadas a que los servicios deban ser otorgados por distribuidores del país de origen. De igual forma, se está trabajando también en la adaptación de la regulación de la comercialización de vehículos para definir requisitos mínimos que deben cumplir los proveedores de vehículos nuevos los cuales deberán ser similares a los que cumple la red autorizada. Por último, el trámite de importación se deberá hacer a través de un agente aduanal, lo que implica un costo adicional, y presentar documentación tal como factura, certificado de origen, documentos de cumplimiento de las Normas Oficiales Mexicanas (NOM), pedimiento de importación, tener menos de 1,000 kilómetros recorridos en el odómetro y menos de 90 días desde la fecha de fabricación.

No importa si se trata una marca norteamericana, japonesa o europea, todavía no estamos seguros cuál será la reacción del mercado y el efecto para concesionarios y distribuidores. ¿Qué porcentaje de sus clientes se perderán? ¿Será una pérdida temporal o definitiva? ¿Cuál será el alcance de importadores independientes tanto particulares como grandes comerciantes? ¿Habrán contemplado las autoridades todos los aspectos legales necesarios para una competencia justa y leal? Dado que se sigue permitiendo la introducción de autos ilegales de contrabando al país, ¿quién impedirá la introducción irregular de estos nuevos vehículos importados? Por otro lado, hay contratos de distribuidores autorizados mexicanos que le prohiben vender vehículos para su exportación, pero ¿tendrá su contraparte norteamericana o canadiense esta misma restricción?

[Todavía es pronto para conocer cuál será el impacto de la
apertura entre las aramadoras y distribuidoras mexicanas]

Otro aspecto importante es el relacionado con aquellos clientes que decidan adquirir su vehículo en Estados Unidos o Canadá. Las armadoras no han llegado a una decisión en cual será el trato con respecto a la garantía del vehículo, que puede ser diferente de un país a otro. Se ha hablado por parte de algunas de ellas de otorgar los servicios de mantenimiento pero no cubrir la garantía; otros de cobrar más al cliente por la garantía y que él mismo se encargue de recuperar su dinero en el lugar donde haya adquirido el vehículo, o sólo cubrir los componentes y tiempos que la garantía mexicana ofrezca para ese vehículo. Estas decisiones no sólo impactarán la decisión de compra de cada cliente, sino también la aceptación e imagen de la marca. El mercado norteamericano de vehículos nuevos en 2003 deberá alcanzar ventas por alrededor de 17 millones de autos y camiones. En México será aproximadamente de 1 millón. Este gran abismo en volumen es sólo una de importantes diferencias entre ambos mercados: también tienen tasas activas y pasivas más bajas y accesibles, así como plazos mas largos; mayor variedad de equipamientos en los vehículos que pueden ofrecer al cliente alternativas más económicas que en México; una estructura de negocio totalmente diferente donde en México alrededor del 78% de las ventas de un distribuidor provienen de vehículos nuevos y cerca del 4% de seminuevos, versus Estados Unidos, donde las proporciones son del 59% y 29%, respectivamente.


Esto significaría que una baja del 20% en ventas de vehículos nuevos para los distribuidores autorizados mexicanos no serían fácilmente sustituibles, ya que no se tiene un mercado de seminuevos con la magnitud ni los apoyos financieros del norteamericano, ni el soporte que proviene del área de “Finance & Insurance”, fuente importante de ingresos para los distribuidores norteamericanos.

Sin embargo, ante este panorama, la mayoría de los distribuidores y armadoras se han venido preparando en estos últimos años de alguna u otra forma para esta apertura comercial, para así poder conservar su clientela. Algunos de ellos han enfatizado la lealtad del cliente y calidad en el producto a través de una mejor preparación de su personal, instalaciones competitivas y una especial atención en entablar una relación más personalizada con sus clientes; otros han enfatizado la imagen de marca y las virtudes del producto incrementando así el posicionamiento de la marca en la mente del consumidor; otros han explotado el estatus que como usuarios sentimos nos da el poseer ciertas marcas de vehículos europeos ahora más accesibles que nunca.

Es muy factible que todo lo anterior —aunado a cuestiones más prácticas como componentes y ajustes técnicos que son necesarios para un mejor funcionamiento del vehículo en nuestro territorio, el contar con una garantía que será válida en cualquier parte del territorio mexicano y el poder contactar fácilmente al personal de la distribuidora nacional para resolver cualquier problema— nos facilite el mantener a una gran parte de los clientes mexicanos en territorio mexicano.

La competencia en un mercado internacional abierto ha llegado inevitablemente al sector automotriz mexicano y tendremos que aprender a transformar obstáculos en oportunidades y a ser más creativos e innovadores. Es esencial también que las autoridades correspondientes exijan y sepan hacer cumplir todos y cada uno de los aspectos legales que gobiernan esta apertura o pronto veremos el deterioro de otro sector económico más en el país.

¿Quién sobrevivirá? Aquéllos que se puedan adaptar al cambio y a las nuevas circunstancias del mercado, pero que sobre todo puedan ofrecer un valor agregado a cada uno de sus clientes.

¿Qué nos espera a futuro? La consolidación de distribuidores independientes en grupos multimarcas con mayor poder económico y políticas de comercialización uniformes, distribuidoras con menores volúmenes promedio que hace tres años, nuevas marcas ingresando al mercado pero otras dejándolo, y la llegada de distribuidores norteamericanos para asociarse con distribuidores mexicanos.

La espera ha sido larga e inquietante. Indiscutiblemente no nos queda más que utilizar un dicho muy popular norteamericano ante esta situación ya ineludible: “Let’s get the show on the road!”
 
La autora es Bachelor of Arts in Computer Science por la Universidad de Texas en Austin, con Certificado de Administración de Negocios por la Universidad de Berkley, California. Es directora general de siete distribuidoras Chrysler, Honda y Mercedes-Benz en el estado de Chihuahua y consejera nacional de Coparmex.