ENTREVISTA CON
JOSÉ ANTONIO FERNÁNDEZ

“La Coparmex debería contar con mayor protagonismo y liderazgo”

Se dice fácil, pero que la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) esté cumpliendo este año su 75 aniversario, es un hecho formidable. Más aún si se toma en cuenta que durante buena parte de esa historia, el empresariado tuvo que remar contra la corriente y convivir con un gobierno de un solo partido, autoritario, corporativo y clientelar.

Pero las cosas han cambiado. Hoy la Coparmex opera en un país donde reina la democracia y la alternancia política, y donde muchos de los principios que han regido la actividad empresarial han sido aceptados —e incluso adoptados— por sus interlocutores en el gobierno. José Antonio Fernández Carbajal preside el comité organizador de las celebraciones de dicho aniversario, que se llevarán a cabo el próximo mes de septiembre. José Antonio, ingeniero industrial y de sistemas, con maestría de administración, por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, es el presidente del consejo y director general de Fomento Económico Mexicano, S.A. de C.V. (FEMSA), y uno de los líderes empresariales más destacados de nuestro tiempo.
ENTORNO conversó con él sobre la relevancia actual de la Coparmex y el papel que habrá de jugar la Confederación en los años por venir.


POR CHARLES H. OPPENHEIM



La Coparmex nació en medio de la confrontación y el conflicto con la autoridad gubernamental, pero 75 años después las condiciones han cambiado significativamente. En este sentido, ¿cuál es la vigencia que tiene hoy la Coparmex y cuál es el rol que debe jugar en el futuro?

La primera idea que he estado reflexionando a raíz de este aniversario es que, a fin de cuentas, la motivación que dio origen a la Confederación ha sido la misma y permanece vigente: asegurar la viabilidad de la libre empresa.

Yo creo que esa lucha nunca debemos dejarla, aunque no exista un conflicto aparente con las autoridades o con algún agente externo que nos agreda. Es una lucha por la viabilidad de la libre empresa a largo plazo y debe ser constante.

Hoy día esa lucha puede reflejarse, por ejemplo, mediante la búsqueda de la competitividad por parte de empresas que ahora no nada más compiten en su medio ambiente local o regional, sino que también compiten como país y lo hacen con el mundo. Por eso, para lograr que la libre empresa sea viable, necesitamos ser competitivos por lo menos a nivel continental, aunque lo ideal es que sea a nivel mundial.

Ahora bien, para hacer competitivas a las pequeñas y medianas empresas, se deben tomar en cuenta factores que por ahora no se consideran, ya sea en el área de tecnología, de capacitación de los propios empresarios, de filosofía del trabajo que nos permita entender nuestra razón de ser. Nos falta mucho en cuanto a la dignificación empresarial. Me parece que las empresas honestamente merecen un mayor reconocimiento en tanto que generan empleo para el desarrollo del país.

Toda esta serie de situaciones me lleva a la conclusión de que una cosa que a veces olvidamos es que la sociedad en su conjunto es la que compite con otros países; no nada más la empresa, por más grande o pequeña que ésta sea. Si yo no tengo impuestos competitivos, ni facilidades jurídicas o un estado de derecho que me permita ser competitivo, pues no voy a poder contender con el mundo; tendré entonces inevitables trabas que otros no poseen para competir internacionalmente.

Yo siempre he defendido la competencia justa, y eso exige igualdad de las reglas del juego para todos. Eso exige que la sociedad acepte conjuntamente ese reto de competencia desde la mejora en nuestra educación, en la capacitación de nuestros recursos humanos, en que nuestros impuestos sean mejor utilizados, y en que nuestros costos energéticos sean competitivos… Hoy por hoy no lo son en absoluto y tenemos una desventaja contra otros países.

Personalmente he tenido la suerte de ir viendo la evolución de FEMSA, que de ser una empresa cuya competencia era eminentemente local, se ha convertido en una empresa de competencia por lo menos continental. Si nos comparamos en muchos rubros con otros países, nos damos cuenta que nos faltan cosas. Por ejemplo: nuestros costos energéticos obligan a quienes somos consumidores de gas y energía eléctrica a encarecer el producto, porque en México no se genera suficiente energía y tenemos que importarla. Por lo tanto, somos cautivos de nuestros propios problemas por no haber generado la inversión privada suficiente en un país que, por ende, es y seguirá siendo deficitario en capital.

Si queremos ser competitivos, tenemos que atraer capital, y para ello debemos generar las condiciones para hacerlo atractivo. Entonces la Coparmex debería seguir luchando por que se dieran las condiciones para que el país —y me refiero a la sociedad entera, no sólo al mundo empresarial— fuera más competitivo.


En ese sentido, hay quienes consideran que la reforma más urgente debiera ser la del estado, porque ¿de qué sirve sacar una reforma energética o fiscal a medias, cuando se tienen una serie de impedimentos constitucionales que impiden que esas reformas se hagan a fondo?

Mira, en cuanto a la reforma fiscal, quiere hacerse una especie de reforma parcial para que en la primavera se haga una hacendaria, que implicaría mucho más cambios de fondo.

Pero se requieren reformas de estado verdaderamente profundas para que podamos acceder al capital extranjero y generar la confianza necesaria para que se realicen inversiones en empresas que las necesitan.


Y creo que otro problema que la Coparmex debería cuidar mucho es que las reglas del juego sean parejas para todos, porque mientras no sea así —y me refiero a la economía informal—, el más dañado será el pequeño y mediano empresario de la economía formal, porque enfrente de su negocio se seguirá poniendo una persona que no paga impuestos y que inclusive se cuelga de la luz pública y compite deslealmente vendiendo el mismo producto a la mitad del precio.


Una de las preocupaciones de la Coparmex ahora es que las empresas formales están entrando en la informalidad. Empresas formales que por un lado le venden ropa al Palacio de Hierro y por el otro surten al mercado sobre ruedas…


Yo no lo justifico y me parece que deberíamos combatirlo. Hay autoridades que lo solapan, pero todos deberíamos combatir el hecho de que exista la competencia desleal.


Y más allá de que la economía informal pueda verse como una válvula de escape social, es preocupante que se haya convertido en el principal propagador de la piratería y el contrabando.

Por supuesto, y el que se atreve a eso vive en un ambiente en el que con mayor facilidad se atreverá a otras cosas. Hoy, de nueva cuenta, con la reforma fiscal parcial que se está promoviendo, al que se va a perjudicar más, al que se va a apretar más, es al ciudadano cautivo que ya paga sus impuestos, pero no se exige igualmente que pague el que hace trampa y que evade al fisco...

Debemos exigirle al gobierno que proteja a la empresa, que es la que genera empleos en este país.


Pero, ¿qué puede hacer la Coparmex para conminar a los legisladores y persuadirlos de que actúen frente a estos problemas tan patentes que padecen a diario los empresarios?


Yo creo que el arma más poderosa de la Coparmex es la red de contactos que tenemos a lo largo y ancho del país para poder acceder a cualquier diputado de cualquier estado.

Los que votamos —y por eso coincido con la propuesta de reforma del estado—, deberíamos apoyar la reelección de diputados y el servicio civil de carrera, para que también podamos exigir la rendición de cuentas.

Resulta interesante, aprovechando el comentario, que la Coparmex esté buscando que cada legislador tenga uno o varios contactos de la iniciativa privada, y esté asumiendo como suya la labor de cabildeo con el poder legislativo.

Hoy día tenemos que acercarnos más a los legisladores para que vean, vivan, sientan, vibren con lo que es una empresa, y entiendan lo que cuesta para nosotros el hecho de arriesgar capital. Nos parece mucho más relevante acercarnos a la gente que de entrada no tiene una inclinación pro empresarial.

Hace tres años arrancamos en Nuevo León una especie de seminario o coloquio que hacemos todos los años con los tres partidos importantes que están en el Congreso local. Invitamos por separado al líder del partido y a los diputados federales del PAN, el PRI y el PRD, y organizamos un encuentro al que se presentan expertos en diversos temas relevantes, como la reforma energética. El año pasado trajimos un chileno especializado en reforma política y de estado. También hemos invitado a diputados que participaron en la redacción de la Constitución española de hace 25 años. Hemos tenido muy buenas discusiones entre empresarios y congresistas, en los que cada quien da sus puntos de vista, y hay muchas más coincidencias de las que nos imaginamos.


La Coparmex ha estado hablando mucho de responsabilidad empresarial. Pero no sólo de responsabilidad de la empresa ante la sociedad, sino de la responsabilidad del empresario frente a los actos de corrupción y en la defensa del estado de derecho. ¿Qué puede hacer la Coparmex en esta materia?


Hay un terreno donde el empresario puede y debe actuar, y es el terreno de la declaración o denuncia pública. Muchas veces es la única forma como podemos lograr que el país avance dentro de un marco de derecho.


Cuando se fundó la Coparmex hace 75 años, México era una sociedad ensimismada, protegida y cerrada hacia el exterior. Hoy vimos una apertura comercial; estamos inmersos en un mundo globalizado, con varios tratados de libre comercio en marcha y con avances en la discusión sobre otros acuerdos bilaterales y multilaterales. La empresa que diriges también tiene una importante proyección internacional.

En ese contexto, ¿cómo ves el tema de la globalización de México como un participante del comercio internacional y, finalmente, el rol de la Coparmex en este mundo globalizado como un interlocutor internacional?


La Coparmex debería contar con mayor protagonismo y liderazgo en esta coyuntura. Me parece que existe una gran oportunidad para que México sea el “ejemplo” latinoamericano, aunque ahora Brasil —que había estado dormido todo este tiempo— está despertando. Lula nos ha sorprendido, pues sus acciones han tenido buenos resultados, por lo que representa una competencia formidable.

Por eso creo que México debería ser el verdadero líder de la integración global de los países emergentes de América Latina. Me parece también que, además, es una gran ventaja nuestra ser vecinos de Estados Unidos, y que dicha ventaja debiera ser mejor aprovechada.

Por otro lado, me cuesta trabajo entender que México no sea un destino turístico de la talla de cualquier isla pequeña del Caribe, y eso se debe a que tenemos la imagen de no ser un país seguro. Me parece que la Coparmex debería exigir más seguridad, confianza y estabilidad dentro del estado de derecho.

Deberíamos analizar la conveniencia de renovar nuestro sistema político, para que el gobierno pueda tener la fuerza suficiente para gobernar. Porque me queda claro que, en comparación con otros países, como sociedad civil le exigimos poco a nuestras instituciones.