ANÁLISIS

Por una reforma fiscal estructural

A raíz de la transición democrática que se ha dado en años recientes,
mucho se habla de los cambios que requiere el país en lo económico,
político y social. De ahí que hoy día se demande la reforma del estado
mexicano, la cual si bien en su contexto es muy amplia, sólo voy a
referirme a la economía de mercado con responsabilidad social.


POR ÓSCAR SORIANO

 

Como punto de partida es importante reconocer que la estabilidad en el desarrollo económico del país (si bien limitada, ya que no se han logrado las metas de crecimiento deseadas) se ha dado por la adecuada orientación de nuestra economía al mercado, incluyendo su apertura, la estabilidad monetaria, la autonomía del Banco de México y el llamado blindaje financiero, entre otros, lo que sin duda han constituido avances significativos. Sin embargo, a continuación menciono algunos atributos de la economía de mercado con responsabilidad social que identifico con las necesidades inmediatas de llevar a cabo una verdadera reforma fiscal, como parte de las reformas estructurales que el país requiere:

Fomento a la actividad empresarial.
Impulso a la nueva cultura laboral.
Leyes y reglas claras, estables y cumplibles.
Tasas impositivas justas con una distribución equitativa de la carga tributaria, ampliando la base de contribuyentes y combatiendo la economía informal y el contrabando.
Política fiscal que fomente la confianza, el ahorro y la inversión.
Ausencia de controles y reglamentos innecesarios que impiden o inhiben la creación de empresas y libertad de emprender.
Promoción de mayores y mejores oportunidades de desarrollo que eleven las condiciones de vida de todos los mexicanos.

Lo anterior sirva como prólogo del porqué el sector empresarial ha manifestado la necesidad de llevar a cabo una reforma de fondo al sistema fiscal, buscando el círculo virtuoso de producción, empleo, riqueza, ahorro-inversión, procurando con ello una mayor recaudación que permita a su vez no sólo tener mejores finanzas públicas para afrontar las necesidades del gasto social, sino que también se vaya dando el crecimiento de la economía para satisfacer y mejorar el nivel de vida de la población, así como para satisfacer la demanda creciente de empleo.

La posición del sector empresarial es congruente con los objetivos del gobierno federal, como bien lo señala el mensaje del presidente Vicente Fox en su comunicado de junio de 2002:

“La Secretaría de Hacienda y Crédito Público presenta el Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo (Pronafide) para el periodo 2002-2006. Su propósito es delinear las acciones necesarias para obtener los recursos financieros que permitan llevar a cabo los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo. Con este programa se busca fortalecer la capacidad de crecimiento de la economía de manera sostenida y mejorar la distribución de la riqueza entre los distintos grupos de la población y las diversas regiones del país.

“Las estrategias del Pronafide están dirigidas a promover el ahorro interno para impulsar el gasto en inversión y, con éste, la creación de más y mejores empleos; a fortalecer el sistema financiero para canalizar de manera eficiente los recursos a aquellos proyectos de inversión más productivos; y a impulsar las reformas estructurales que permitan elevar la competitividad del país y ampliar las oportunidades de crecimiento en el mediano plazo”.

Conscientes de lo anterior y ante un entorno de globalización de las economías, la apertura de la misma, las nuevas formas de hacer negocio y de ahí la necesidad de estar celebrando tratados internacionales para evitar la doble recaudación fiscal, con un sistema tributario cuya estructura no está acorde con los objetivos del Pronafide y de la economía de mercado con responsabilidad social, es imperativo el sentar las bases, compromisos y programa de trabajo para que el gobierno federal, el Congreso de la Unión, la iniciativa privada y la sociedad en general, participen en forma propositiva en la búsqueda de una reforma fiscal que permita lograr el círculo virtuoso.


En países altamente industrializados como Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y Gran Bretaña, es fundamental la participación de la pequeña y mediana empresa en la generación de valor agregado, caracterizándose por su gran capacidad para crear nuevas empresas. Además, su tejido empresarial ha demostrado en muchas ocasiones, ser más resistente a las crisis que el de las grandes empresas y participan activamente en el incremento de la eficiencia productiva de toda la cadena, aumentando sus ventas en los mercados internos y de exportación.

Lo anterior es importante tomarlo en cuenta, ya que los cambios fiscales que se dieron en los años 2000 y 2001, de alguna forma inhibieron la actividad económica; empleo e inversión fueron en parte motivados por considerar que la tasa del ISR en México era inferior a la de otros países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en donde su recaudación promedio en relación con el producto interno bruto ha estado alrededor del 28%, mientras que en México ha sido en un promedio del 10.6% en los últimos 20 años.
[Vicente Fox: “Las estrategias del
Pronafide están dirigidas a promover
el ahorro interno para impulsar el
gasto en inversión”]

Esto es que en un país como México, necesitado de una generación continua de empleos (un millón cada año) y afectado en su economía en tiempos recientes por factores externos como la recesión en Estados Unidos y Japón, con cierta influencia por la incertidumbre asociada por el terrorismo y las guerras y tensiones políticas del Oriente Medio que pudiere agravarse en el 2004 con una baja en el precio internacional del petróleo, como se estima, hace imperativo que se dé un marco fiscal acorde con los objetivos planteados.
No debemos perder de vista que los requerimientos futuros del país serán cada vez mayores. Por ejemplo, se espera que para el año 2020 se tendrá que dar alimento, educación, vivienda y servicios públicos a más de 130 millones de habitantes, de los cuales aproximadamente 75% vivirán en las ciudades y 25% en el campo. La población económicamente activa será de 50 millones, la media de la población que actualmente es de 25 años, será superior a 35, con una pirámide poblacional de menos estudiantes y de mayor demanda de trabajo y gasto en seguridad social. Adicionalmente, habrá que superar los rezagos en la distribución del ingreso para poder crecer con estabilidad económica y equilibrio social, apoyados principalmente en el mercado interno.

Para poder satisfacer las metas básicas anteriores, el país deberá acelerar su desarrollo, en aspectos estratégicos como un crecimiento económico sostenido real del 7.9% anual, que duplique el producto interno bruto cada diez años; habrá que generar un millón de nuevos empleos formales al año, incrementar las exportaciones para llegar al 46% en el año 2020; incrementar el ahorro interno para llegar al 35% y lograr un crecimiento anual en el sector industrial del 10.2%.

Considerando lo anterior, será necesario que desde ahora se dé el impulso que necesitan las empresas, ya que el beneficio como nación será enorme. De lo contrario los problemas de México seguirán incrementándose y se complicará aún más el buscar soluciones efectivas.

El aspecto fiscal juega un papel preponderante en el desarrollo o rezago de las empresas, ya que nuestra legislación actual no es lo que el país requiere. Por ello, sería necesario establecer un marco fiscal más equitativo y simplificado, que le permita obtener el logro de las metas económicas con un desarrollo sostenido, ya que ninguno de los programas que se puedan establecer, sería efectivo si el marco fiscal no está acorde con los objetivos de éstos.


¿Hacia dónde debe dirigirse la reforma fiscal, como parte de la tendencia internacional en la recaudación? Según la OCDE, ésta debe enfocarse a un sistema que premie la inversión y el ahorro. Por consiguiente, debe ser un sistema en el que predomine el impuesto al consumo y se grave menos a la parte de renta, capital, trabajo y producción. Estas características deben ser el eje de la reforma, ya que la riqueza no nace por generación espontánea: es fruto de la creatividad empresarial y del trabajo productivo. Por ello, un sistema fiscal debe ser promotor de esas actividades.

Es tiempo de actuar. No se vale pasar la factura a futuras generaciones. Si queremos la fortaleza de México y el bienestar de los mexicanos —sobre todo cuando la pobreza ha hecho presa de tantos y tantos conciudadanos—, debemos entonces trabajar con la mejor disposición para alcanzar, lo más pronto posible, los consensos que ha esperado por tanto tiempo nuestro país: la reforma fiscal, como parte de las reformas del estado.
 
El autor es presidente de Asuntos Tributarios de la Coparmex.