EN LA OPINIÓN
DE...
POR ARTURO DAMM ARNAL
Globalifóbicos domésticos
Contra el consumidor
  

Pese a las arremetidas de los globalifóbicos (esos bárbaros contemporáneos, muestra de una contradicción evidente: hoy uno de los grupos más globalizados es, precisamente, el de los globalifóbicos), el libre comercio ha avanzando en los últimos años, y las barreras al intercambio comercial entre individuos de distinta nacionalidad se reducen y eliminan.

La tendencia es hacia cada vez mayores grados de integración, no solamente comercial, sino económica, entre las naciones; integración en la cual México ha jugado un papel importante. ¿Será exagerado decir que, en materia de comercio internacional, nuestro país cuenta con la envidiable posibilidad de convertirse en el ombligo del mundo?

Puede ser
México tiene tratados de libre comercio con Chile, Costa Rica, Nicaragua y Bolivia; con Colombia y Venezuela, países con los que México integra el Grupo de los Tres; con el Triángulo del Norte: Guatemala, Honduras y El Salvador; con Israel; con la Unión Europea: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Holanda, Portugal, Reino Unido y Suecia; con la Asociación Europea: Islandia, Noruega, Liechtenstein y Suiza y, por supuesto, con Estados Unidos y Canadá. Además, nuestro país tiene costas hacia los dos océanos: el Atlántico (ruta hacia la Unión Europea), y el Pacífico (ruta hacia Asia) y, por si fuera poco, comparte una frontera kilométrica con la economía más poderosa del mundo y el mayor mercado del orbe: Estados Unidos. Ombligo del mundo. ¿Exagero?

TLC
Sin duda alguna que, de todos los tratados de libre comercio ya en marcha, el más importante para nuestro país es el que abarca desde la península de Alaska hasta la de Yucatán, conocido simplemente como el TLC, que en su momento levantó más de una crítica, y más de un movimiento en contra. Hoy, a una década de su puesta en marcha, los hechos muestran lo equivocados que estaban quienes se opusieron al TLC: ni estadounidenses ni canadienses se “comieron” a los mexicanos, y México no se convirtió (pese a lo que una y otra vez repiten algunos) en una colonia de Estados Unidos. Por el contrario, hay empresas mexicanas que han aprovechado, a partir de la trilogía de la competitividad (menores costos, mayor calidad y mejor servicio), las oportunidades que brinda el TLC.

Botón de muestra
Según información proporcionada por el Departamento de Comercio de Estados Unidos, en el 2002 (todavía no contamos con la información del 2003), México logró, pese al menor dinamismo de la actividad comercial entre ambos países, producto de la desaceleración, un superávit comercial con los Estados Unidos por 37 mil 202 millones de dólares: 97 mil 531 millones de dólares de importaciones contra 134 mil 732 de exportaciones.

¿Qué quiere decir lo anterior? Que es más lo que los mexicanos exportamos hacia Estados Unidos que lo que los estadounidenses están exportando hacia México, situación que no es la excepción sino la regla. ¿Nos “comieron” los estadounidenses?

A favor de la libertad
Más allá de los hechos, lo que importa son los principios, y es un buen principio no limitar, ¡por ninguna causa!, la actividad económica de la gente, mucho menos cuando se trata del intercambio comercial entre individuos de distinta nacionalidad. ¿Quién es el gobierno para evitar que uno compre o venda, lo que más le convenga, donde más le convenga? Nadie.

En la medida en la que los tratados de libre comercio reducen y eliminan las barreras impuestas arbitrariamente por los gobiernos a las relaciones comerciales entre individuos de distinta nacionalidad, los mismos están a favor de la libertad, razón más que suficiente para apoyarlos, aunque hoy en día esas razones no sean más que suficientes, mucho menos para los globalifóbicos, que tratándose de empresarios no pasan de ser mercantilistas trasnochados que todavía buscan las protecciones, apoyos, subsidios y concesiones monopólicas del gobierno, mercantilistas que se están saliendo con la suya.

Mala noticia

El gobierno de México y el sector empresarial suspenderán los proyectos para firmar tratados de libre comercio con una serie de países (Singapur, Argentina, Panamá, Paraguay, Ecuador, Perú, Belice, Trinidad y Tobago, Corea del Sur, Tailandia, Australia y Nueva Zelanda), a excepción del que ya se negocia con Japón, con el fin de enfocarse a explotar las ventajas obtenidas con los tratados ya vigentes, y a fortalecer el mercado interno. Fernando Canales Clariond, secretario de Economía, afirmó que “los acuerdos ya son suficientes en esta etapa del desarrollo económico nacional”, y que “se postergará la aprobación de nuevos tratados bilaterales hasta que el país aproveche a plenitud su actual red de libre comercio”.


Preguntas
Primera:
¿la negociación de nuevos tratados de libre comercio impide que gobierno y empresarios (más estos últimos que aquél) exploten lo más posible las oportunidades que los tratados ya firmados traen consigo? ¿Se trata de opciones excluyentes? Si alguien responde afirmativamente, que me explique por qué.

Segunda: ¿cuál es esa etapa del desarrollo económico nacional, en la cual nos encontramos, y a la cual no le hacen falta, según la tesis del secretario de Economía, más tratados de libre comercio? ¿En función de qué parámetros mide Canales Clariond el grado de desarrollo nacional? Por favor, que me lo explique.

Tercera: la negociación y firma de nuevos tratados de libre comercio, es decir, la expansión de la actividad comercial más allá de las fronteras nacionales, ¿impide el fortalecimiento del mercado interno? Es más, ¿dónde termina el mercado interno y comienza el externo? ¿El fortalecimiento del segundo debilita al primero? ¿Qué responde el secretario de Economía a todo esto? ¿Y aquellos miembros del sector privado que lo secundan?

¿Conspiración?

Todo lo anterior huele a maquinación de algunos productores nacionales, quienes simple y sencillamente no están dispuestos a enfrentar más competencia, conspiración contra los consumidores, a quienes lo que les conviene es el libre comercio y la competencia que trae consigo. Pero ya sabemos que, si bien todos somos consumidores, somos los consumidores el grupo menos organizado de todos. Primero recibe el secretario de Economía a los diez industriales más grandes del país, que a diez consumidores comunes y corrientes, y antes les hace caso a los primeros que a los segundos, si bien es cierto que toda su tarea debería dirigirse a beneficiar al consumidor, para lo cual no hay nada como el libre comercio.

Conclusión
Poco tardó Canales Clariond en mostrar sus convicciones en materia de comercio exterior, o en ceder a las pretensiones de los empresarios mercantilistas, verdaderos globalifóbicos domésticos, que exigen del gobierno privilegios (las protecciones, apoyos, subsidios y concesiones monopólicas ya mencionadas) que los mantengan, lo más posible, al margen de la competencia, privilegios que, cara para los consumidores, se traducen en coerciones. Insisto en la pregunta: ¿Quién es el gobierno para evitar que uno compre o venda, lo que más le convenga, donde más le convenga? Nadie.

El que el gobierno suspenda la negociación de los tratados de libre comercio con Singapur, Argentina, Panamá, Paraguay, Ecuador, Perú, Belice, Trinidad y Tobago, Corea del Sur, Tailandia, Australia y Nueva Zelanda es un atentado en contra de la libertad de los consumidores mexicanos, víctimas de la conspiración de los empresarios mercantilistas, y a ver quién es capaz de negarlo. Ya nada más falta que Guillermo Ortiz no sea reelecto para un segundo período al frente del Banco de México, o que Francisco Gil Díaz sea sustituido, en la Secretaría de Hacienda, por Luis Ernesto Derbez.

 

Arturo Damm, licenciado en economía y filosofía, es profesor de la Escuela de Economía y la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana. Articulista en varios periódicos y revistas y comentarista de radio y televisión, es autor de diez libros sobre temas de economía y filosofía, y coautor de otros cuatro.