| Globalifóbicos
domésticos Contra
el consumidor | |
| | | Pese
a las arremetidas de los globalifóbicos (esos bárbaros contemporáneos,
muestra de una contradicción evidente: hoy uno de los grupos más
globalizados es, precisamente, el de los globalifóbicos), el libre comercio
ha avanzando en los últimos años, y las barreras al intercambio
comercial entre individuos de distinta nacionalidad se reducen y eliminan.
La
tendencia es hacia cada vez mayores grados de integración, no solamente
comercial, sino económica, entre las naciones; integración en la
cual México ha jugado un papel importante. ¿Será exagerado
decir que, en materia de comercio internacional, nuestro país cuenta con
la envidiable posibilidad de convertirse en el ombligo del mundo?
Puede
ser México tiene tratados de libre comercio con Chile, Costa
Rica, Nicaragua y Bolivia; con Colombia y Venezuela, países con los que
México integra el Grupo de los Tres; con el Triángulo del Norte:
Guatemala, Honduras y El Salvador; con Israel; con la Unión Europea: Alemania,
Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia,
Irlanda, Italia, Luxemburgo, Holanda, Portugal, Reino Unido y Suecia; con la Asociación
Europea: Islandia, Noruega, Liechtenstein y Suiza y, por supuesto, con Estados
Unidos y Canadá. Además, nuestro país tiene costas hacia
los dos océanos: el Atlántico (ruta hacia la Unión Europea),
y el Pacífico (ruta hacia Asia) y, por si fuera poco, comparte una frontera
kilométrica con la economía más poderosa del mundo y el mayor
mercado del orbe: Estados Unidos. Ombligo del mundo. ¿Exagero?
TLC Sin
duda alguna que, de todos los tratados de libre comercio ya en marcha, el más
importante para nuestro país es el que abarca desde la península
de Alaska hasta la de Yucatán, conocido simplemente como el TLC, que en
su momento levantó más de una crítica, y más de un
movimiento en contra. Hoy, a una década de su puesta en marcha, los hechos
muestran lo equivocados que estaban quienes se opusieron al TLC: ni estadounidenses
ni canadienses se comieron a los mexicanos, y México no se
convirtió (pese a lo que una y otra vez repiten algunos) en una colonia
de Estados Unidos. Por el contrario, hay empresas mexicanas que han aprovechado,
a partir de la trilogía de la competitividad (menores costos, mayor calidad
y mejor servicio), las oportunidades que brinda el TLC.
Botón
de muestra Según información proporcionada por el
Departamento de Comercio de Estados Unidos, en el 2002 (todavía no contamos
con la información del 2003), México logró, pese al menor
dinamismo de la actividad comercial entre ambos países, producto de la
desaceleración, un superávit comercial con los Estados Unidos por
37 mil 202 millones de dólares: 97 mil 531 millones de dólares de
importaciones contra 134 mil 732 de exportaciones.
¿Qué quiere
decir lo anterior? Que es más lo que los mexicanos exportamos hacia Estados
Unidos que lo que los estadounidenses están exportando hacia México,
situación que no es la excepción sino la regla. ¿Nos comieron
los estadounidenses?
| | A
favor de la libertad Más allá de los hechos, lo que
importa son los principios, y es un buen principio no limitar, ¡por ninguna
causa!, la actividad económica de la gente, mucho menos cuando se trata
del intercambio comercial entre individuos de distinta nacionalidad. ¿Quién
es el gobierno para evitar que uno compre o venda, lo que más le convenga,
donde más le convenga? Nadie.
En la medida en la que los tratados
de libre comercio reducen y eliminan las barreras impuestas arbitrariamente por
los gobiernos a las relaciones comerciales entre individuos de distinta nacionalidad,
los mismos están a favor de la libertad, razón más que suficiente
para apoyarlos, aunque hoy en día esas razones no sean más que suficientes,
mucho menos para los globalifóbicos, que tratándose de empresarios
no pasan de ser mercantilistas trasnochados que todavía buscan las protecciones,
apoyos, subsidios y concesiones monopólicas del gobierno, mercantilistas
que se están saliendo con la suya.
Mala
noticia El gobierno de México y el sector empresarial suspenderán
los proyectos para firmar tratados de libre comercio con una serie de países
(Singapur, Argentina, Panamá, Paraguay, Ecuador, Perú, Belice, Trinidad
y Tobago, Corea del Sur, Tailandia, Australia y Nueva Zelanda), a excepción
del que ya se negocia con Japón, con el fin de enfocarse a explotar las
ventajas obtenidas con los tratados ya vigentes, y a fortalecer el mercado interno.
Fernando Canales Clariond, secretario de Economía, afirmó que los
acuerdos ya son suficientes en esta etapa del desarrollo económico nacional,
y que se postergará la aprobación de nuevos tratados bilaterales
hasta que el país aproveche a plenitud su actual red de libre comercio. |
| Preguntas Primera:
¿la negociación de nuevos tratados de libre comercio impide que
gobierno y empresarios (más estos últimos que aquél) exploten
lo más posible las oportunidades que los tratados ya firmados traen consigo?
¿Se trata de opciones excluyentes? Si alguien responde afirmativamente,
que me explique por qué.
Segunda: ¿cuál
es esa etapa del desarrollo económico nacional, en la cual nos encontramos,
y a la cual no le hacen falta, según la tesis del secretario de Economía,
más tratados de libre comercio? ¿En función de qué
parámetros mide Canales Clariond el grado de desarrollo nacional? Por favor,
que me lo explique.
Tercera: la negociación
y firma de nuevos tratados de libre comercio, es decir, la expansión de
la actividad comercial más allá de las fronteras nacionales, ¿impide
el fortalecimiento del mercado interno? Es más, ¿dónde termina
el mercado interno y comienza el externo? ¿El fortalecimiento del segundo
debilita al primero? ¿Qué responde el secretario de Economía
a todo esto? ¿Y aquellos miembros del sector privado que lo secundan?
¿Conspiración? Todo
lo anterior huele a maquinación de algunos productores nacionales, quienes
simple y sencillamente no están dispuestos a enfrentar más competencia,
conspiración contra los consumidores, a quienes lo que les conviene es
el libre comercio y la competencia que trae consigo. Pero ya sabemos que, si bien
todos somos consumidores, somos los consumidores el grupo menos organizado de
todos. Primero recibe el secretario de Economía a los diez industriales
más grandes del país, que a diez consumidores comunes y corrientes,
y antes les hace caso a los primeros que a los segundos, si bien es cierto que
toda su tarea debería dirigirse a beneficiar al consumidor, para lo cual
no hay nada como el libre comercio.
Conclusión Poco
tardó Canales Clariond en mostrar sus convicciones en materia de comercio
exterior, o en ceder a las pretensiones de los empresarios mercantilistas, verdaderos
globalifóbicos domésticos, que exigen del gobierno privilegios (las
protecciones, apoyos, subsidios y concesiones monopólicas ya mencionadas)
que los mantengan, lo más posible, al margen de la competencia, privilegios
que, cara para los consumidores, se traducen en coerciones. Insisto en la pregunta:
¿Quién es el gobierno para evitar que uno compre o venda, lo que
más le convenga, donde más le convenga? Nadie.
El que el
gobierno suspenda la negociación de los tratados de libre comercio con
Singapur, Argentina, Panamá, Paraguay, Ecuador, Perú, Belice, Trinidad
y Tobago, Corea del Sur, Tailandia, Australia y Nueva Zelanda es un atentado en
contra de la libertad de los consumidores mexicanos, víctimas de la conspiración
de los empresarios mercantilistas, y a ver quién es capaz de negarlo. Ya
nada más falta que Guillermo Ortiz no sea reelecto para un segundo período
al frente del Banco de México, o que Francisco Gil Díaz sea sustituido,
en la Secretaría de Hacienda, por Luis Ernesto Derbez. | | Arturo
Damm, licenciado en economía y filosofía, es profesor de la Escuela
de Economía y la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana. Articulista
en varios periódicos y revistas y comentarista de radio y televisión,
es autor de diez libros sobre temas de economía y filosofía, y coautor
de otros cuatro. |
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