Un
grupo de 250 habitantes de San Salvador Atenco, quienes se oponían a la
construcción de un nuevo aeropuerto para el Distrito Federal y su zona
metropolitana, se manifestaron a través del bloqueo de carreteras,
robo de tráileres con víveres y bebidas, y secuestro de funcionarios
estatales y federales.
Por
si esto fuera poco, también evitaron la realización de las elecciones
federales del 9 de marzo y otros delitos más. ¿Cuál fue el
castigo por cometer estos actos? Ninguno. La Procuraduría de Justicia del
Estado de México decidió reservar 46 averiguaciones
previas y cinco procesos penales a cambio de que este Frente del Pueblo
en Defensa de la Tierra entregara vehículos e inmuebles del gobierno
que mantenían en su poder.
¿Recuerda
usted el famoso caso del Paraje San Juan? Más allá de darle la razón
a una u otra parte en el sentido de pagar o no la cantidad de dinero demandada,
el punto es muy sencillo: una jueza dictó sentencia condenando al Gobierno
del Distrito Federal a pagar $1,810 millones de pesos a los particulares afectados.
La
respuesta del Jefe de Gobierno fue la solicitud a la Suprema Corte de Justicia
de la Nación de la integración de una comisión especial que
investigara el caso. Tal petición fue desechada y la respuesta pública
fue abrir una consulta popular a los habitantes del Distrito Federal sobre si
el gobierno debía o no pagar.
No
podía faltar en esta bella vitrina casos de particulares contra particulares.
Una empresa decide vender coches a costos bajísimos, con la condición
de que los vehículos porten publicidad. Los fondos de la empresa no pueden
cubrir los costos de las unidades y, por lo tanto, tampoco entregan las mismas
a muchos de quienes ya aportaron alguna cantidad de dinero.
Los
defraudados se organizan y se comienzan a manifestar a través de marchas.
La exigencia: que el Congreso destine una cantidad de dinero para que se cubran
los daños generados por esta empresa. Por supuesto que no faltó
uno que otro legislador oportunista que se comprometiera a encabezarlos y luchar
por que sus demandas fueran atendidas.
Y
ahora que recordamos las marchas: ante la tan llevada y traída mega
marcha que convocaron algunos políticos y legisladores en contra
de la privatización de la industria eléctrica y del IVA en alimentos
y medicinas que por cierto terminó con muy pocos manifestantes que
literalmente prefirieron huir por el aguacero que se soltó, el gobierno
no sólo protegió a los manifestantes, como de costumbre, sino que
les proporcionó servicios públicos como baños y, por si eso
no fuera suficiente, terminó repartiendo tortas. Así hasta dan ganas,
¿no?
Finalmente,
en Tlalnepantla, Estado de México, surge un conflicto entre habitantes
y autoridades. Los manifestantes se quejan y para apoyar estas exigencias
llegan los mismos de siempre: el Comité General de Huelga (CGH) de la UNAM,
habitantes de San Salvador Atenco y uno que otro extranjero muy preocupado por
lo que sucedía. Lo curioso del asunto es que no sólo nadie los invitó
sino que los propios habitantes de Tlalnepantla terminaron corriéndolos.
Las autoridades locales protegieron el municipio y aseguraron una camioneta llena
de machetes. A ver si en otras entidades de la República toman nota.
Así
es el Estado de Derecho en México: aquel que en el discurso de todo político
o funcionario público ocupa el primer lugar; aquel que en la práctica
se convierte en el concepto más maltrecho.E
| El
autor es el gerente de Comunicación de la Coparmex |
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