La
idea nació en Miami en 1994 y el entonces presidente Ernesto Zedillo y
los demás mandatarios del continente firmaron un compromiso para en 2005
integrarse; cierto que estamos en 2004, pero los nubarrones empiezan a asomarse
y creemos muy difícil que se firme en 2005.
Sin
embargo, hay que hacer un esfuerzo extraordinario, porque en la reunión
de Buenos Aires del año entrante se firme la ALCA, para que podamos tener
una competitividad hemisférica que nos enfrente a Europa y Asia. El planeta
Tierra se integra por gajos: imaginémonos una naranja con un gajo verde
que integran las 34 naciones de este continente americano, pues verde es el color
de la esperanza; imaginémonos uno color azul, tendiendo a morado, en Europa,
(que de la Europa de los 12 pasa poco a poco a la Europa de los 35); imaginemos
al occidente de América y al oriente de Europa como un Continente más,
de color amarillo, integrado por las naciones asiáticas. Así, la
naranja será integrada por gajos para después fundirse en una sola
entidad constituyendo el mercado común del planeta Tierra. Esto
no es una utopía, pues ya en Europa se empieza a hablar de un Tratado de
Libre Comercio con América para el año 2015 y esto se ve como una
defensa contra el gigante asiático que viene invadiéndolo todo.
Sin embargo, antes de pensar en la integración de Europa y América,
debemos concentrarnos en la integración de América en sí
y superar los obstáculos que se han venido presentando. En
Monterrey estuvo claro que los presidentes de Argentina, Brasil y Venezuela están
dispuestos a poner piedras en el camino. Hay algo de razón en cuanto se
refiere a la agricultura, pero esto de ninguna manera justifica que se diga no
a la integración. Que haya asimetrías, por supuesto que las hay,
sobre todo entre Estados Unidos y Canadá y los demás países
al sur del Río Bravo, pero más las ha habido en Europa y ya vemos
cómo España y Portugal y los países del sur se han asimilado
a los países del norte, sin mayores problemas no obstante sus grandísimas
asimetrías de origen. Lo
que no debemos permitir es que problemas ideológicos de extrema izquierda
como los de Hugo Chávez y Luis Inacio Lula da Silva entorpezcan el esfuerzo
continental que la enorme mayoría de los países están dispuestos
a llevar a cabo, para fusionar sus economías. El libre tránsito
de personas deberá posponerse por algún tiempo y otro tanto acontecerá
con la agricultura, la minería, el petróleo y algunas otras áreas,
pero el comercio y la industria deberán marchar sin barreras a partir del
2005, recortando poco a poco los aranceles hasta llegar a cero. Que enel camino
van a morir algunas empresas, ya lo hemos experimentado con el TLCAN, y seguramente
lo experimentará Chile con su propio Tratado de Libre Comercio con Estados
Unidos, pero así son las reglas de la competencia. Para que el globo terráqueo
progrese, se requiere que haya algunos sacrificios y, desde luego, el mundo será
de los audaces; la innovación y la imaginación creativa serán
las armas que tendrán que usar los empresarios para salir adelante de este
reto. Por
su parte el continente amarillo no la ve nada fácil, pues India, con sus
mil millones de habitantes, no se integrará fácilmente a China,
con sus mil 300 millones. Japón y China, por su parte, se disputarán
la hegemonía, y desde luego hay países modelo, como Singapur y Hong
Kong, que habrá que estudiar y analizar. Queda el problema de Taiwán
y la China continental y las asimetrías de los demás países.
¿Y qué pasará con Oceanía? ¿Se integrará
con Asia o con América? Por supuesto que África, a su debido tiempo,
se irá integrando con Europa, y al final de cuentas todo será una
unidad para el siglo XXII. La integración será por gajos y, entre
más coherentes y competitivos sean los gajos, mayor será la proporción
del producto global bruto que conquisten. Es este el futuro de nuestro planeta.E
 | El
autor es director de Estudios Especiales de Femsa Servicios, S.A. de C.V. y consejero
nacional del área metropolitana de Coparmex |
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