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¿Qué quiere el mexicano?


¿Qué quiere el mexicano?
¿Qué quiere el padre de familia?
¿Qué quiere el ama de casa?
¿El trabajador?
¿El campesino?
¿El maestro?
¿El estudiante?
¿El empresario?
¿Qué quiere el ciudadano?

JOSÉ LUIS BARRAZA GONZÁLEZ

Queremos un país en el que se viva con dignidad y tranquilidad. Queremos que reine la confianza y la seguridad. Queremos oportunidades para todos. Queremos una nación en donde el privilegio de ser mexicano conjugue el orgullo de nuestras tradiciones centenarias y de nuestra riquísima historia, con la libertad y la satisfacción digna y plena de nuestras necesidades.


Estamos muy lejos de ese ideal, de esa visión de nación. Nos separan más de 50 millones de mexicanos que padecen bajo alguna forma el flagelo de la pobreza. Son mexicanos que, marginados de la educación y los servicios de salud, apenas subsisten a pesar de un gran esfuerzo. Esta es la enorme deuda social de México. Saldarla es mucho más que filantropía. Es la diferencia entre el país que conocemos ahora y el que tiene que ser mañana. Saldarla es la esencia de nuestro futuro.


¡Qué paradoja es que en la pobreza de tantos mexicanos reside una riqueza potencial de magnitud insospechada! Y es que las vidas que en este país se despilfarran en la pobreza pueden ser creadoras de riqueza. Es imperdonable que en México construyamos tan lenta y erráticamente las condiciones para que esas vidas sean factor de prosperidad. En el pasado, esta ha sido nuestra falla. Ahora, este es nuestro reto y también puede ser nuestra oportunidad.


En este país todos estamos de acuerdo: la pobreza debe desaparecer en México. Las diferencias surgen cuando se trata de elegir el mejor camino para lograrlo. Es aquí donde se hace necesaria la política: para dirimir esas diferencias; para construir sobre los acuerdos; para hacer prevalecer lo que es mejor para todos y ofrecer alternativas en lugar de simples negativas.


Para construir ese país la política tiene que ser dignificada y revalorada; tiene que ser entendida como el arte de conjuntar voluntades para el bien común. Es tiempo de formar los liderazgos que habrán retomar la conducción del gran proyecto “México”. Este es tiempo de unión.


No esperamos redentores ni caudillos. Es la sociedad la que está alumbrando una nueva generación de políticos. La sociedad organizada, nosotros, tenemos que ayudarlos a ocupar dignamente su lugar. Tenemos que ayudar a terminar con los últimos políticos que —entregados a prácticas corruptas y abusivas, faltos de toda ética, de todo compromiso nacionalista genuino— nos hicieron tanto daño.

Hemos visto cómo en lugar de tomar decisiones, los actores políticos las postergan. Hasta ahora, ésta ha sido la suerte de todas las reformas estructurales. La reforma hacendaria no ha sido ninguna excepción. El último diciembre fuimos testigos de cómo se le rechazaba. ¡Valiente triunfo de los que se opusieron! Consiguieron un año más para muchos que esperan una mejor educación, servicios de salud o simplemente una oportunidad.


¿Cómo ver pasivamente tanta injusticia? ¿Cómo abandonar a los políticos que ya han sabido apreciar la magnitud de los retos y la gravedad de su responsabilidad? ¿Cómo no íbamos a convocar a la Convención Nacional de Contribuyentes?


Ciertamente la reforma hacendaria es clave para el país. Sin embargo ¿Qué decisiones podríamos tomar sobre gasto e ingresos públicos sin una visión compartida de México? Nos quedamos cortos con el nombre. Debimos aclarar que ya no queremos que nos cobren impuestos. Debimos decir que queremos
ENTORNO 23financiar el gran proyecto llamado “México”


Esta Convención es otro espacio en el que podrán manifestarse los nuevos liderazgos. Es también una forma de demostrar a los políticos de cualquier cuño que la sociedad verdaderamente comprometida no es pasiva. Que en sana paz puede dirimir diferencias y aportar propuestas constructivas. Que para la discusión seria no se necesitan machetes ni pisotear los derechos de otros.


La autoridad moral de la sociedad organizada viene de que nos reunimos libremente para debatir y consensuar propuestas. Viene de que nos imponemos una carga doble para sostener nuestra labor productiva cotidiana y al mismo tiempo impulsar una expresión social como esta Convención. No somos profesionales de la política, pero tampoco nos es ajena y reconocemos nuestro deber de participar permanentemente. Los nuevos liderazgos y las nuevas generaciones de actores políticos tienen que reconocer que su compromiso es con la sociedad, y con ella tienen que compartir las responsabilidades. Nosotros estamos listos.


Los que nos hemos dado cita aquí este día estamos poniendo la muestra de lo que es la participación social. Estoy seguro de que continuaremos este esfuerzo en los próximos meses, a lo largo de los foros regionales, aportando nuestros análisis y propuestas a las mesas de trabajo.


Les invito además para que nos acompañen, no solamente en la Plenaria de clausura, cuando entregaremos nuestros resultados a los que tienen en sus manos las decisiones, sino en el esfuerzo muy puntual que haremos para asegurarnos de que lo que aquí concluyamos se convierta en hechos. Para que se traduzca en las decisiones que nos llevarán al México que queremos.


Preguntaba al principio ¿Qué quiere el mexicano? ¿Qué puede querer en esta etapa de la transición democrática?


Queremos decisiones. Queremos políticos con ética, que se comprometan con la construcción permanente del país. Queremos oportunidades para desarrollar nuestra creatividad y capacidad para generar riqueza. Queremos certidumbre en nuestras vidas.


Solo así podremos tener finalmente el país libre, justo y próspero que todos queremos.
E

Palabras del ingeniero José Luis Barraza González, presidente de Coparmex y de la Conacon, en la plenaria inaugural de la Convención Nacional de Contribuyentes, el pasado 12 de marzo de 2004.