En forma absolutamente clara hemos
señalado que no solamente no estamos en contra de la Convención
Nacional Hacendaria, sino que le deseamos el mayor de los éxitos. El poder
ejecutivo, tiene su espacio, siempre lo ha tenido, nosotros estamos abriendo el
nuestro, es un nuevo camino. Nuestras propuestas las ponemos a su disposición,
las suyas las analizaremos con particular interés. Ya hemos establecido
contactos institucionales para lograr este propósito. Terminaremos,
como resultado de nuestros estudios, con una propuesta sobre la Reforma Hacendaria
que se requiere en estos momentos para reunir los recursos que demanda una verdadera
estrategia de desarrollo, ésta será el hilo conductor de nuestros
trabajos; pero no deseamos, como con frecuencia inusitada sucede, intentar resolver
el corto plazo perdiendo la visión de largo plazo, ni anteponer nuestros
legítimos intereses particulares, los del sector empresarial, a los de
nuestra nación. La discusión coyuntural que pretende ganar lo inmediato,
tiene su razón de ser y ha sido la fórmula tradicional de negociación;
pero este ejercicio pretende ir mucho más lejos y para ello pedimos no
sólo la comprensión sino el involucramiento del sector empresarial
al que representamos y de la sociedad en general.
Parafraseando
a J. F. Kennedy en su discurso de toma de posesión de la Presidencia de
los Estados Unidos, No pensemos en este momento qué puede hacer nuestro
país por nosotros, ni cómo obtener ventaja de la Reforma Hacendaria.
Pensemos más bien, qué podemos nosotros hacer por México
y cuál es la fórmula para que a la larga todos seamos ganadores.
Para
realizar este invaluable ejercicio, hemos decidido: 1.-
Visualizar el país que queremos en el largo plazo, en un horizonte de 20
años, esto es, el México que deseamos forjar entre todos para el
año 2025 y reconocer las acciones inmediatas que habrán de tomarse
para alcanzar nuestras ambiciosas metas.
2.-
Pensar en primer lugar lo que nuestro país requiere, anteponiendo sus legítimos
intereses generales, a los particulares de nuestro sector. Esto es, tener una
visión de Estado, lo que, estamos seguros, beneficiará tanto al
empresariado como a todos los otros sectores que, de buena fe, luchan por el progreso
de nuestra sociedad.
3.- Privilegiar
la aportación constructiva de ideas a la confrontación estéril.
Estaremos abiertos a recibir las propuestas no sólo del sector empresarial,
sino de toda la sociedad organizada que así lo desee: de la academia, de
los sindicatos de trabajadores, de las organizaciones de la sociedad civil, de
los centros de investigación, etc. Las tesis del sector empresarial, sin
duda, serán enriquecidas por el pensamiento ilustrado de todos aquellos
que desean un México mejor para nuestros hijos. Es por ello que celebraremos
alrededor de diez foros en el interior de la República con el propósito
de recoger las tesis de todos los interesados en colaborar.
Nuestras
propuestas serán, por mayoría de razón, y en vista del limitado
tiempo en el que se realizará esta Convención, de carácter
general, más que puntual; pero sí pretendemos que sean lo suficientemente
claras y precisas, como para trazar rumbo y sembrar la semilla que germine a través
de la discusión inteligente y constructiva de su contenido, en los tiempos
por venir. Estaremos siempre abiertos al diálogo y a la aceptación
de nuevas y enriquecedoras ideas. Es nuestra intención influir tanto en
la sociedad como, sobre todo, en aquellos que tienen la responsabilidad de conducir
la marcha de México. Estamos trabajando por el México que todos
queremos. Este es nuestro lema y el motivo que nos impulsa.
Nuestro
objetivo a largo plazo Todo gran proyecto, y éste lo es,
debe tener un propósito perfectamente definido, fácil de entender
y que motive a la acción. Debe, en su momento, dar respuestas no sólo
a los "cómo", sino también a los "por qué"
y a los "para qué". Este es el que el sector empresarial organizado
propone a la sociedad: Erradicar la miseria y mitigar la pobreza en forma tal
que ésta no sea superior al 10% de la población para el año
2025. La
pobreza y la desequilibrada distribución del ingreso, característicos
no sólo de México, sino de todo Latinoamérica, son los dos
problemas más severos que afronta nuestra sociedad. ¿Por qué
tratar de enfrentarlos con toda nuestra fuerza? Estos son nuestros "por qués"
y las razones que los soportan:
Razones
políticas: Este fenómeno es tierra fértil para
el desarrollo de un populismo destructor del que ya hemos sido víctimas
en el pasado y del cual no estamos exentos en el futuro. Veamos los ejemplos de
países hermanos de Latinoamérica que están en un franco riesgo
de involución de una democracia difícilmente conquistada a sistemas
autoritarios que, suponíamos, eran cosa del pasado. Las encuestas, tanto
en Latinoamérica como en México, muestran un alto porcentaje de
población que no está satisfecho con los resultados de la democracia,
principalmente por no haberse resuelto a través de ésta, de manera
razonable, los problemas económicos de la ciudadanía ¡Cuidado!
No nos arriesguemos a regresar a los viejos sistemas autoritarios que con tanto
esfuerzo superamos. Razones
sociales: Durante muchos años, particularmente durante el llamado
desarrollo estabilizador, construimos una clase media que era el "cinturón
de seguridad" de nuestro país; pero esta clase media se ha ido desgajando,
para irse a los extremos, principalmente al de los ingresos más bajos.
Sería utópico, poco real y simplemente populista, el repartir la
riqueza pensando que así se mitigaría la pobreza. Podemos asegurar,
sin temor a equivocarnos, que poco después llegaríamos a una situación
peor que la que intentamos corregir.. El camino es diferente, más exigente,
más arduo, y aquí lo analizaremos. Pero el desgajamiento social
es causa, aunque no la única, de la violencia, del narcotráfico,
de la descomposición social, y de la economía informal. Nuestros
hijos son víctimas de la crisis que han azotado al país desde hace
más de 30 años y ellos se preguntan ¿Hasta cuándo?
La frustración social parece ser una constante de la cual estamos obligados
a salir con imaginación y un enorme esfuerzo. Razones
económicas: Veamos por un momento a la pobreza - a los cerca
de 50 millones de mexicanos que viven en esta condición -, como una oportunidad
y no como un problema. Aceptemos por un momento que logramos nuestro propósito
y que para el año 2025 los pobres no superarán el 10% de la población,
una población creciente que ascenderá, para aquel entonces, a alrededor
de 130 millones de personas. Pues bien, habremos incorporado a nuestra economía
a 50 millones de personas que actualmente apenas consumen lo indispensable. Una
población superior a la de España y a la de muchos, la mayoría
de los países europeos o latinoamericanos, por ejemplo. ¿Nos damos
cuenta del motor tan poderoso que constituiría un fenómeno de esta
naturaleza en donde todos seríamos ganadores? ¿Hemos reflexionado
sobre el impacto que esto tendría en el desarrollo de nuestro mercado interno? Razones
éticas: No es posible que sigamos viendo la pobreza como una
parte más de nuestro paisaje. El niño desnutrido que no puede asimilar
el conocimiento por la debilidad de su cuerpo y de su intelecto; la mujer indígena
vilmente explotada por quienes la rodean; los jóvenes que no encuentran
oportunidad de desarrollo y se refugian, a veces a costa de su vida, en "el
otro lado", destrozando la familia que forjaron en "este lado";
un campo improductivo y abandonado cultivado por niños, mujeres y ancianos
¿Es esta sociedad la que responde a los valores que heredamos de nuestros
antepasados? Deseamos,
pues, alcanzar para el año 2025 un país incluyente en su pluralidad,
con desarrollo sostenible en el largo plazo, en donde se logre alcanzar el bienestar
y el bienser de las personas y las familias. Este es nuestro propósito,
éste es nuestro objetivo, y en alcanzarlo debemos poner todo nuestro esfuerzo
e intelecto.
¿Alguien,
bien nacido, puede estar en desacuerdo con él? Pues bien, si nos ponemos
de acuerdo todos en el objetivo, habremos dado un gran paso adelante, pues podremos
discutir en forma racional e inteligente las estrategias que persigan ese propósito,
en vez de perdernos en estas últimas sin saber a donde vamos, por no haber
definido nuestro objetivo.
Analizando
los "cómos" La siguiente pregunta que hace cualquier
persona sensata, sin embargo, es ¿Y cómo lograrlo? La aseveración
respecto al cómo, en este momento, será parcial: señalaremos
las grandes tesis, solamente las grandes tesis, pues es aquí, particularmente
aquí, donde solicitamos la colaboración del mejor talento de México
para que, a través de la Conacón, aporte sus ideas y de sustento
a las que ahora son generalidades. Nos conformamos, por lo pronto, en lograr el
consenso sobre las ideas básicas que vamos a exponer a nombre del sector
empresarial. Será, si lo logramos, un avance formidable. Respeto
al entorno como una premisa básica Hablemos de desarrollo,
pero de un desarrollo sustentable que no ponga en riesgo los recursos de nuestro
planeta, recursos que no sólo son nuestros, sino que pertenecen, también,
a las generaciones venideras.
Estemos
conscientes del daño que hemos causado y seguimos causando a nuestro planeta
tierra y el que, principalmente los países más desarrollados, los
Estados Unidos en particular, provocan día con día sin descanso
alguno. Las consecuencias ya las estamos padeciendo y pueden llegar a alcanzar
dimensiones imprevisibles. Todo desarrollo al que nos refiramos, pues, debe estar
basado en el respeto a la naturaleza y a sus recursos, uniendo, además,
nuestras voces, a quienes exigen el freno a un desarrollo irresponsable y comprometedor
de nuestro propio futuro.
Escuchemos
las tesis de aquellos que tienen la mayor experiencia en la materia. Aquellos
que saben cómo conciliar la necesidad de desarrollo con la necesidad de
preservar nuestros recursos naturales y cómo aprovechar éstos de
manera creativa en beneficio de la humanidad. Mucho se podrá aportar a
través de la innovación y la creatividad.
La
educación como factor clave de un desarrollo sostenible El
recurso más valioso que puede tener un país, una empresa o una
familia, es su gente. La historia así lo demuestra. Si queremos lograr
nuestro propósito, estamos obligados a reflexionar sobre el desarrollo
humano integral a través de la educación. Una educación que
integre los riquísimos valores de nuestra cultura: Los valores de la honradez,
el amor a la verdad, la responsabilidad, la solidaridad, el respeto al prójimo,
la austeridad, la laboriosidad, el amor a nuestro país, etc. Una educación
que nos haga sentir orgullosos de nuestro exquisito pasado, de nuestras costumbres,
de nuestro idioma, de nuestra religión, de nuestra música y de nuestro
arte. Pero
una educación que al mismo tiempo tome en consideración la nueva
civilización que se está forjando y no sólo las necesidades
actuales o las que ya son parte de la historia: un mundo globalizado en donde
la tecnología irrumpe con enorme fuerza, el comercio internacional se intensifica
y la competitividad se transforma en una condición para subsistir. Un mundo
entrelazado por redes de comunicación, en donde el conocimiento acumulado
en miles de años se pone a nuestro alcance con sólo oprimir unas
cuantas teclas de la computadora. Un mundo nuevo, desafiante, que ya nos alcanzó
y del cual no nos podemos abstraer. Insistimos, en la mente de un niño
desnutrido o enfermo no puede entrar la letra. Si queremos lograr la movilidad
social que tanto ansiamos a través de impulsar la educación, debemos
preocuparnos por la salud de nuestros pequeños desde que están en
el seno de la madre.
Es
aquí, en la educación y la capacitación, en este tema vital
para el desarrollo del país y que es indispensable para alcanzar nuestro
objetivo, donde esperamos la colaboración de las escuelas, de las universidades,
de los institutos especializados, de las comisiones de educación del sector
empresarial, de los padres de familia, para aportar su conocimiento alrededor
de este tema ¿Cómo lograr calidad de excelencia en la educación
que imparten no sólo las escuelas de las grandes capitales, sino también
las escuelas rurales? ¿Cómo aprovechar esa maravillosa tecnología
que ya tenemos y la que surgirá en el futuro, a favor de nuestros educandos?
¿Cómo motivar a los maestros y padres de familia para lograr la
revolución educativa que requiere el país? ¿Cómo lograr
el apoyo del sindicato de maestros, para lograr que todos, alumnos y maestros,
padres de familia y sociedad en general, seamos ganadores? Y mil preguntas más.
Escuchemos
a la UNESCO, al presentar nuestras propuestas, cuando postula le necesidad de
llevar la educación sobre cuatro pilares: Aprender a saber, aprender a
hacer, aprender a ser, y aprender a convivir. Una educación que contribuya
a lograr la inclusión -pues muchos son los que saben- y no la exclusión,
en donde sólo existe una élite conocedora. Una educación
que tenga a su vez dimensiones éticas y culturales, científicas
y tecnológicas, sociales y económicas.
No
permitamos que se abra en nuestra sociedad una nueva brecha entre los "inforicos",
aquellos con capacidad para adquirir un gran cúmulo de información
y conocimiento, y los "infopobres", aquellos que están satisfechos
con poder leer y escribir, pero que son ajenos al conocimiento que otros sí
han logrado capturar.
Creación
de riqueza material y distribución equitativa de su producto No
cabe duda que la mejor forma de atacar la pobreza es creando riqueza y distribuyendo
su producto equitativamente entre quienes colaboran a su generación. El
repartir lo que ya está sin crear nuevas fuentes de riqueza es populismo,
y ya vimos sus gravísimos riesgos. El atender a una sociedad exigente en
sus derechos pero irresponsable en el cumplimiento de sus obligaciones e incapaz
de crear riqueza, es garantía de fracaso. Más adelante lo analizaremos. Hagamos
un compromiso basados en lo anterior: Tripliquemos el producto interno bruto en
20 años, beneficiando particularmente a los que menos tienen.
 | Esto
exige un crecimiento económico sostenido no inferior al 5% anual. Lo hemos
logrado en el pasado, durante el llamado desarrollo estabilizador ¿Podremos
lograrlo ahora, en un entorno político y económico muy diferente?
Fácil será enumerar todos los obstáculos que tendremos para
alcanzar este crecimiento; pero lo que necesitamos saber es cómo lograr
este objetivo y nosotros proponemos que sea a través de una economía
de mercado socialmente responsable; una economía cuyo desarrollo sea generador
de empleos y oportunidades, que es el grito más fuerte de nuestra sociedad;
un desarrollo cuyos beneficios no se concentren en los estratos de alto ingreso,
sino que beneficien a todos, pero particularmente a los que ahora están
por debajo de la línea de la pobreza. |
Reconozcamos
por lo pronto lo siguiente: El crecimiento económico es condición
indispensable, aún cuando no la única, para abatir la pobreza.
Para
lograr el anhelado crecimiento, necesitamos, entre otras cosas, incorporarnos
inteligentemente a la globalización - o la nueva civilización que
se está forjando, según la opinión de los conocedores- y
desarrollar el mercado interno. Analicemos brevemente cada uno de ellos.
El
comercio internacional ofrece, sin duda, oportunidades de desarrollo si lo sabemos
aprovechar, particularmente en nuestro caso que somos frontera del mercado más
grande del mundo; pero también tiene riesgos derivados de la falta de competitividad
del país y de las empresas, lo que puede ocasionar, y ya lo ha ocasionado,
el cierre de fuentes de trabajo y la pérdida consecuente de empleos. El
mercado internacional dominado por grandes y poderosos consorcios, las fuentes
especulativas de capital, los subsidios y la protección de los mercados
en los países desarrollados, la agresividad comercial de países
protegidos por sus gobiernos y con monedas subvaluadas, y muchas otras cosas más,
son terrenos fangosos por los que hay que transitar; pero el hombre, desde que
hizo su aparición en la tierra, ha tenido que sortear todo tipo de peligros,
muy diferentes, pero no menos importantes que los actuales. Tenemos que actuar
con astucia, aprovechar las oportunidades y minimizar los riesgos. Si el enemigo
es demasiado grande, dice un dicho, ¡Únetele!
El
mercado interno, por otra parte, ofrece oportunidades que no hemos desarrollado
cabalmente. Son muchos los países que quisieran tener nuestros recursos
materiales y nuestra posición geográfica; nuestra fuente de ingresos
proveniente de paisanos que viven en el exterior, ya cercana a los 15,000 millones
de dólares; nuestras bellezas naturales y culturales que hacen de México
un país con enorme potencial turístico; su riqueza silvícola
tan mal aprovechada; sus litorales, tan bellos y ricos; la oportunidad, que hemos
señalado, de incorporar a 50 millones de mexicanos a nuestra economía.
En fin, un tesoro que hemos guardado celosamente y desaprovechado brutalmente
y sobre lo cual ya tendríamos que haber exigido cuentas a nuestros dirigentes,
particularmente a los que hicieron del populismo empobrecedor su bandera política. Hemos
pedido a los mejores centros de investigación tanto del sector empresarial
como independientes, que nos aporten sus ideas en estos aspectos; que nos señalen
cómo lograr el crecimiento sostenido que hemos señalado a través
de los medios aquí comentados u otros; que nos den luces respecto al papel
que debe desempeñar la banca y el mercado de valores en el desarrollo del
país, en este horizonte de 20 años que hemos trazado; en fin, que
señalen la ruta que debemos seguir y las condiciones que debemos exigir
para alcanzar nuestros propósitos. Queremos escuchar los "cómo
se puede", ya hemos escuchado hasta el cansancio los "por qué
no se puede"
Competitividad,
condición sine qua non para el progreso Competitividad es
la nueva regla del juego. En un mercado libre, tremendamente competido, sólo
sobrevive quien ofrece al mercado la mejor mercancía a los mejores precios
y con las mejores condiciones. Competitividad como empresa, pero también
competitividad como país. Las dos cosas. Diferentes, pero complementarias.
La una, sin la otra, no puede subsistir. Y
preguntamos a los expertos: ¿Qué está frenando nuestra competitividad
como país? ¿Cuáles son las reformas que no hemos hecho y
que están ocasionando retraso, pérdida de oportunidades, cierre
de empresas, despido de personal y, finalmente, aumento de la pobreza?
¿Los
insumos que produce el Estado, responden a las leyes de mercado y contribuyen
a la competitividad? La sobre valuación de nuestra moneda -al decir de
los expertos- ¿Qué consecuencias tiene en la colocación de
nuestros productos en los mercados internacionales o nacionales? ¿Cómo
está nuestra infraestructura física: carreteras, puertos, transporte
ferroviario, marítimo y aéreo? Son preguntas. Por
nuestra parte, la del sector empresarial, estamos obligados a impulsar la competitividad
interna de las empresas. Capacitar a la gente, tanto a nivel directivo como operativo;
integrar las cadenas productivas fortaleciendo cada uno de sus eslabones; desarrollar
a nuestros proveedores en todo lo posible; en fin, hacer un análisis de
conciencia para alcanzar esa competitividad que empresas de otros países
han logrado desde hace muchos años y que nosotros seguimos sin alcanzar
en una buena parte de nuestra planta productiva.
Nuestros
institutos empresariales y otros independientes ya están estudiando estos
asuntos y pronto tendremos sus puntos de vista, mismos que esperamos con gran
interés. Las empresas micro, medianas y pequeñas, serán un
factor clave para crear los empleos y las oportunidades que requiere nuestra gente
¿Cómo impulsarlas? ¿Cómo financiarlas? ¿Cómo
integrarlas exitosamente en "clusters" y en cadenas productivas?
Impulso
a empresas socialmente responsables Debemos percatarnos de la verdadera
trascendencia de la empresa, de su responsabilidad social y no sólo de
su misión económica. Esta, la empresa, tiene como una de sus obligaciones
el obtener utilidades y maximizar el patrimonio de sus accionistas. Si no lo logra
no cumple con su responsabilidad, pierde el atractivo para los inversionistas
y tarde o temprano tendrá que cerrar sus puertas con todas las consecuencias
que esto tiene. Pero
las utilidades para las empresas, en esta visión más amplia en donde
ponemos a la persona en el centro de nuestra atención, son como el aire
que respiramos para los humanos. Requerimos aire limpio y puro para subsistir;
pero no vivimos sólo para respirar. Queremos que la aventura de la vida
sea intensa, creativa, llena de riesgos, y también de satisfacciones; y
una empresa socialmente responsable es, sin duda, una aventura arriesgada, pero
creadora de riqueza, generadora de empleos, provocadora de otras fuentes de trabajo
a través de las compras a sus proveedores, abastecedora de los productos
que exige el mercado, pagadora de los impuestos que exige la ley, y comprometida
con su entorno físico al que no debe agredir, y su entorno social con el
que puede colaborar. La
empresa tiene una trascendencia económica y social que no se le ha reconocido
plenamente, pero que todos debemos estar conscientes de ella. Quien hace empresa,
quien es empresario, quien cumple con sus responsabilidades como tal, independientemente
de que sea una empresa grande, mediana o pequeña, debe estar profundamente
satisfecho con su actividad, llena de riesgos, pero también de oportunidades
para lograr no sólo una vida digna sino una notable contribución
social. Ocupando
un empleo habrá una persona que puede realizarse y alcanzar una vida digna
y para que exista un empleo siempre se requiere que exista un empleador. El
sector empresarial se compromete a impulsar con gran energía el esfuerzo
que formalmente se inició hace poco más de dos años, pero
que es parte de la misión de nuestras instituciones: Impulsar la formación
de más y mejores empresas socialmente responsables; empresas que, por su
naturaleza, son el mejor ariete para atacar la pobreza a través de la generación
de riqueza y la distribución equitativa de su producto entre quienes ayudan
a generarla. Y esto último es lo que proponemos que se adopte como prioridad
nacional para los próximos 20 años.
Exigimos
el avance hacia un pleno Estado de Derecho Sólo avanzando
constante y firmemente en la rigurosa aplicación del Estado de Derecho,
lograremos un país atractivo para la inversión y la convivencia
humana. Seguridad jurídica; seguridad de nuestras personas, familias y
bienes; y respeto a las leyes y a las instituciones encargadas de aplicarlas e
interpretarlas, es lo que exigimos todos los mexicanos. ¡Estamos asqueados
de la corrupción que día con día se manifiesta a través
de los medios de comunicación! Quien deba estar en la cárcel, que
esté en ella, con o sin fuero. ¡No más impunidad! ¿Quién
quiere invertir en donde no lo protegen las leyes y la aplicación de éstas
queda al arbitrio de la autoridad? ¿Puede haber inversión en el
sector agropecuario si el riesgo de invasión de la tierra está latente?
¿Cómo podemos estar tranquilos bajo el temor constante del secuestro
y la violencia? ¿Podemos seguir contemplando la impunidad de políticos
corruptos que utilizan nuestros impuestos para fines inconfesables? ¿Es
sensato que nos exijan mayor contribución al Estado cuando vemos en la
televisión, al mismo tiempo, escenas constantes de despilfarro y corrupción?
¿Es lógico que el interés particular de unos cuantos frene
cuantiosísimas inversiones que benefician a millones de personas y a las
siguientes generaciones? ¿Podemos estar al arbitrio de grupos de presión
que brincándose las disposiciones legales ponen en jaque a toda la población
por defender causas de muy dudosa validez? ¿Cuántos empleos se habrán
perdido por estas circunstancias? Preguntamos
a los expertos en la materia ¿Cómo avanzar con paso firme, de la
triste situación en la que estamos, a la consecución del pleno Estado
de Derecho que exigimos? ¿Qué podemos hacer en forma realista para
lograrlo? ¿Cuáles son los pasos inmediatos que debemos tomar como
Nación? ¿Y los mediatos? ¿Y los de largo plazo?
México
requiere instituciones fuertes y prestigiadas Nuestra nación
requiere instituciones fuertes y prestigiadas. Un Congreso fuerte y prestigiado,
una Suprema Corte de Justicia fuerte y prestigiada, un Poder Ejecutivo fuerte
y prestigiado, y así podríamos seguir con el Banco de México,
con el IFE, con el INEGI, con los propios partidos políticos, y con otras
muchas instituciones que constituyen el cimiento de lo que debe ser una vida y
sociedad ordenada. Todos estamos obligados a apoyarlas sin descartar, por eso,
la crítica constructiva que estamos obligados a hacer quienes tenemos interés
por la buena marcha de nuestro país. Exigimos, para esto, en beneficio
de las propias interesadas, pero también por un legítimo derecho
ciudadano, transparencia y rendición de cuentas a todas las instituciones
y a los tres niveles de gobierno. Es la fortaleza de sus instituciones una condición
indispensable para que un país, a su vez, sea fuerte y respetable. Justo
es que pongamos sobre la mesa de la discusión, nuevas formas de elegir
a nuestros gobernantes y miembros de nuestras principales instituciones, la duración
de las campañas políticas y las fechas en que se realizan, la profesionalización
de nuestros legisladores, el monto de recursos asignados a los partidos políticos
y la transparencia de su utilización, la eventual reelección de
congresistas y presidentes municipales, y muchas otras cosas más en donde
los analistas políticos y la sociedad en general pueden emitir una fundada
opinión al respecto. Requerimos reformas estructurales para la buena marcha
del país, y éstas sólo pueden lograrse mediante el análisis
profundo, profesional, y mucho más interesado en el futuro del país
que en el costo político o la cosecha de votos que pueden prever los partidos
y otros actores políticos involucrados en las decisiones. Instituciones
fuertes y prestigiadas es lo que requiere nuestro país para, entre otras
cosas, extirpar el cáncer de la corrupción y de la impunidad que
tanto daño ha causado y sigue causando a la buena marcha de nuestra sociedad.
No nos conformemos con recibir la renuncia de quien nos ha defraudado; quien deba
estar en la cárcel, insistimos, que ése sea su destino y que la
institución competente cumpla cabalmente con la responsabilidad que le
ha encomendado la sociedad. Nosotros, los contribuyentes, lo exigimos. Hagamos
un compromiso: Que el lodazal que nos envuelve sirva para extirpar la corrupción
que nos ahoga, pues tiene como mérito el que esté saliendo a la
luz pública. "Cuando está más oscura la noche, está
también más cerca el amanecer". Hagamos votos porque las ideas
y las propuestas que surjan de la Conacón sean un aire fresco que ayude
a sanear un ambiente viciado que a nada conduce, ambiente del que muchos, con
un inaudito cinismo, tratan de sacar raja en su propio beneficio con enorme irresponsabilidad.
Luchemos por preservar y fortalecer nuestras instituciones, a sabiendas de que
en todas ellas, puedo asegurarlo, hay mucho más hombres y mujeres de bien,
que corruptos que las denigran. Deseamos
impulsar una política social que ataque las causas de la pobreza Es
indudable que la política social debe tomar en cuenta aquellos mexicanos
que, por sus condiciones física o edad, no tienen ya la posibilidad de
luchar por ellos mismos para mejorar su calidad de vida. Los ancianos, los inválidos,
los enfermos, etc.; pero creemos que una buena política social -y esto
no quiere decir que no se está haciendo actualmente-, sin descuidar lo
anterior, debe enfocar sus mayores esfuerzos a crear un entorno de educación,
nutrición, salud, vivienda, etc., que favorezca el desarrollo integral
de la persona, de las familias y de sus comunidades, en especial las de bajos
recursos - y aquí señalamos particularmente a los indígenas
-, y que a través de ella logre la movilidad e inclusión social.
 | El
gasto debe responder a una estrategia definida, por eso hemos señalado
como nuestro objetivo el erradicar la miseria y mitigar la pobreza, y enfocar
todo el esfuerzo hacia ésta. La falta de las reformas estructurales que
requiere el país atenta contra este objetivo; la lentitud en la toma de
decisiones por parte de nuestra clase dirigente, atenta contra este objetivo;
la corrupción en los ámbitos políticos y en la sociedad misma,
atenta contra este objetivo. Solicitamos
a los participantes en la CONACON, un cuidadoso análisis del gasto y el
presupuesto federal (y esperamos que poco a poco se vaya haciendo lo mismo a nivel
local) con el propósito de detectar, en sus grandes rubros, aquellos que
no respondan a una estrategia congruente con el objetivo que hemos trazado; aquellos
que no respondan a la austeridad que debe caracterizar a nuestro país;
aquellos que no estén sujetos a la transparencia y rendición de
cuentas; aquellos que favorezcan a grupos privilegiados producto de presiones
políticas del pasado; aquellos cuyos beneficios estén lejos del
costo que representa para el erario; y aquellos que por criterios poco visionarios,
respondan al corto y no al largo plazo, a la coyuntura y no al desarrollo sostenible. |
La
reforma hacendaria, esa reforma que no ha llegado a buen puerto Es
indudable que el Estado requiere de más recursos para cumplir con su misión;
pero también es cierto que esos recursos deben aplicarse, como decíamos
antes, de manera más eficaz y eficiente. Estaremos muy atentos a los planteamientos
de la Convención Nacional Hacendaria y apoyaremos, sin duda, todos aquellos
que encontremos congruentes con nuestros grandes objetivos.
Si
logramos que nuestra economía alcance un desarrollo sostenido superior
al 5% anual durante los próximos 20 años y, por tanto, muchas más
empresas socialmente responsables paguen más impuestos; si logramos incorporar
a la economía, paulatinamente, a 50 millones más de mexicanos para
el 2025 con las estrategias que hemos propuesto y que serán fundamentadas
en esta Convención; y si logramos optimizar el gasto del Estado, tendremos,
sin duda, recursos adicionales significativos. Pero
necesitamos también que todos paguemos los impuestos que establecen las
leyes y éstos no recaigan sobre una minoría de causantes cautivos;
necesitamos incorporar paulatinamente la economía informal a la economía
legal, facilitando el tránsito de una a la otra, ampliando así,
significativamente, la base de contribuyentes; necesitamos hacer ver la injusticia
de que todos gocemos de los servicios del Estado, de sus escuelas, de su sistema
de salud, de sus carreteras, etc. pero pocos seamos los que contribuyamos a su
sostenimiento. El contrabando es un crimen contra la sociedad al competir injustamente
con quien con enorme esfuerzo vende sus productos y paga sus impuestos, y esta
lacra hay que exterminarla. Cuesta trabajo entender la falta de resultados en
esta materia, pues afecta directa y mortalmente a las empresas, a la creación
de empleos, al pago de impuestos, y a la ética más elemental de
sana convivencia. Pero
también necesitamos que los impuestos sean equitativos y competitivos con
el exterior para evitar que la inversión se vaya a otros países;
que las leyes fiscales sean mucho más simples que las actuales para que
se facilite su cumplimento; que la reforma hacendaria sea motora del desarrollo
de la inversión y del ahorro, en vez de predominantemente recaudatoria;
que si bien se federalice el recurso para asignarlo racionalmente a estados y
municipios, también se establezcan fórmulas para exigir transparencia
y rendición de cuentas a todos los que reciban recursos públicos.
Los
causantes exigimos el manejo eficaz, eficiente y honesto de nuestros recursos
De
la democracia representativa a la democracia participativa... Hemos
conquistado con gran esfuerzo, la democracia representativa. Todos debemos estar
orgullosos de ello, nuestro voto en las urnas, ordena. Hoy, en este evento, el
sector privado organizado, quien representa una parte muy significativa de la
generación del producto interno bruto, y, como consecuencia, de los impuestos
que requiere el país para su desarrollo, da un paso adelante hacia una
nueva dimensión de la democracia, la democracia participativa y convoca
a que se una a este esfuerzo toda la sociedad organizada. El
cambio tan anhelado que todos estamos deseando, no provendrá de líderes
carismáticos que creamos -o se crean- capaces de lograrlo. El papel de
éstos es el de alentarlo y facilitarlo. El verdadero cambio se forjará
de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo. Nuestro país cambiará
cuando cambien nuestras instituciones, cuando cambien nuestras empresas, cuando
cambien nuestras familias, cuando cambie nuestra sociedad. Y para lograr esto,
se requiere que el cambio provenga del interior de todos y cada uno de nosotros;
de adentro hacia afuera, de abajo hacia arriba; de lo cercano a lo lejano. Hemos
exigido el cambio ¿pero hemos cambiado nosotros? ¿Hemos luchado
por cambiar nuestra calle, nuestra escuela, nuestro municipio? Luchemos por una
sociedad menos peticionaria y más responsable, una sociedad que luche por
forjar su destino en vez de esperar que otros lo hagan en su ausencia. Una sociedad
consciente de que nadie hará por ella lo que ella no esté dispuesta
a hacer por sí misma. Una sociedad que exija sus derechos y sepa disfrutar
de sus libertades, pero que al mismo tiempo cumpla con sus responsabilidades.
Y nosotros somos esa sociedad. La
Convención Nacional de Contribuyentes es un ejemplo del cambio que estamos
proponiendo, al convocar a la sociedad organizada para levantar la voz y exigir
a los responsables de la conducción del país, que nos escuchen.
Nosotros, los contribuyentes, tenemos ese derecho y lo exigimos. Un buen político
es el que escucha a sus representados e interpreta su sentir, el que atiende a
sus necesidades sentidas. Aquel que se cree dueño de la verdad y opera
desde su torre de marfil buscando sólo su interés particular o el
de su partido, debe pagar las consecuencias. Nosotros, los votantes, que ojalá
cada vez seamos más y no menos, debemos premiar o castigar esas actitudes,
es nuestro derecho, pero también nuestra responsabilidad.
Al
terminar nuestros trabajos habremos dado respuesta, necesariamente general, pero
que constituya la simiente para continuar un debate enriquecedor, sobre el país
que queremos en el largo plazo, en el 2025 y los pasos que proponemos para conseguir
nuestro propósito. Hemos señalado como nuestro objetivo a largo
plazo, el lograr desterrar la miseria y mitigar la pobreza para que ésta
no sea superior al 10% de la población, y hemos señalados los "por
qués", que lo justifican, razones políticas, económicas,
sociales y éticas. Hemos
señalado en nuestra Visión, que queremos un país incluyente
en su pluralidad, con desarrollo sostenible en el largo plazo, en donde se alcance
el bienestar y el bienser de las personas y las familias. A ellas las hemos colocado
en el centro del debate. Este es el "para qué" Y hemos apenas
dado unos brochazos generales respecto a los "cómos": Educación,
como piedra angular del desarrollo; creación de riqueza y distribución
equitativa de su producto a través de la formación de empresas eficaces
y eficientes, socialmente responsables, que reconozcan los signos actuales y futuros
de la nueva civilización que se está gestando y que sean las principales
generadoras de los empleos y oportunidades que exige nuestra sociedad. Queremos
incorporar a nuestra economía a 50 millones de mexicanos que actualmente
viven en condiciones de miseria y pobreza, los más de ellos en condiciones
poco dignas.
Hemos
también establecido los principios generales, muy generales aún,
pero indispensables, y sin los cuales toda nuestra propuesta sería una
utopía, para que a través de la actividad responsable de los tres
poderes del Estado, se genere un ambiente propicio a la inversión creativa
generadora de empleos y oportunidades y en esta propuesta hemos visualizado también
los principios más básicos en los cuales se debe apoyar la ansiada
Reforma Hacendaria.
Hemos
señalado, en nuestra Visión al 2025, un México que preserva
lo mejor de sí mismo, desecha lo que tiene que desechar, y progresa con
justicia y equidad. Las fichas se juntan, todas son necesarias, cada eslabón
de la cadena tiene su razón de ser. Todos,
gobierno y sociedad, seremos los constructores de ese nuevo México. Todos
y cada uno de nosotros. Es esta sociedad participativa y responsable, a la que
ahora llamamos a colaborar, la forjadora del cambio que todos deseamos. Es ahora
cuando queremos que todos los que tengan una propuesta que hacer, la hagan. Es
ahora cuando podemos pasar de la queja y la confrontación que a nada conduce,
a la visión creativa y el esfuerzo disciplinado que todo lo logra.
No
podemos, como sociedad, dejar de estar como estamos, si no dejamos de ser como
somos. La autocrítica es indispensable y enriquecedora. Nuestro planteamiento
exige esfuerzo de todos y cada uno de nosotros; recurre a la solidaridad, pero
también exige la subsidiaridad; rechaza el paternalismo y el populismo
por ser ambos enemigos del desarrollo; y ofrece a cambio de ese intenso esfuerzo
del que todos tenemos que estar conscientes, una sociedad más rica en su
tener, pero sobre todo, en su ser.
Luchemos,
por un ideal, por un ideal preciso, pues sin ideales no vale la pena vivir; pero
tengamos el valor, la disciplina y la fortaleza para transformar nuestros ideales
en realidades. Si de verdad queremos el tan anhelado cambio, empecemos a recorrer
ahora, de inmediato, a partir de nuestro cambio interno, el camino que nos llevará
a las metas que ambicionamos para el 2025.E
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