En
México el desempleo se ha vuelto crónico.
Por décadas nuestra economía no ha sido capaz de generar ocupación
suficiente para las nuevas generaciones que se incorporan a las edades productivas.
Ni qué decir del rezago que cada año crece, hasta ahora irremediablemente. El
problema es grave. No son solamente las esperanzas de millones de vidas humanas.
Es también la oportunidad de fincar oportunidades crecientes para México;
es nuestro futuro. Por eso no nos sorprende la búsqueda a veces desesperada
de fórmulas para remediar el desempleo. Como empresarios y como Coparmex
recibimos regularmente muestras de esta preocupación. Los medios nos apremian;
quieren saber qué podemos hacer como sector privado para remediar la falta
de ocupación.
¿Y
qué más podemos hacer, que no estemos haciendo ya? La empresa, al
cumplir su misión, necesariamente tiene que crear empleos. De manera que
podemos afirmar que la ocupación crece en la medida en que las empresas
son capaces de competir y satisfacer cada vez más y mejor las necesidades
de la sociedad.
Esto
es lo que hacemos todos los días en la empresa. Por eso no es posible esperar
que se creen puestos de trabajo que no estén justificados por el mercado;
con el sólo afán de paliar el mal social del desempleo.
Desafortunadamente,
esto sería lo peor que podría pasar en una economía. Las
empresas perderían competitividad y fracasarían; la producción
caería y el desempleo se agravaría. En suma, nos alejaríamos
del objetivo de crear empleo.
Las
economías prosperan en donde la libertad y la confianza llegan a dominar.
En ellas empresas, consumidores y trabajadores se integran voluntariamente en
círculos virtuosos enraizados en la certidumbre. En estas condiciones el
individuo puede concentrar su energía; libre de temores y amenazas que
lo distraigan o directamente disminuyan o inhiban su motivación y creatividad.
En
México necesitamos construir y consolidar ese clima. Porque la solución
efectiva a problemas tan importantes como el desempleo no vendrán de presiones
políticas ni de decretos en donde unos grupos se impongan a otros. Las
soluciones tienen que armonizar con la voluntad de la sociedad y de cada uno de
los que la integramos.
En
ese México los trabajadores sabrán que sus empleos no son ninguna
ficción, sino respuesta a necesidades concretas; que son parte de soluciones
ciertamente practicables. Por su parte, las empresas libres de presiones
podrán concentrarse en el cultivo de sus mercados: hacerlos crecer con
productividad e innovación. Entonces, en México habremos puesto
las bases elementales para el círculo virtuoso de la prosperidad.
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