
Por
José Manuel Sierra | Vinos,
licores y cervezas
Cuando la carga resulta excesiva
La
situación no es nueva. En México llevamos cerca de 20 años
aplicando una carga tributaria excesiva a la venta de bebidas alcohólicas.
Y, si nos atenemos a los resultados, nada de eso ha incidido en una disminución
de los problemas derivados del alcoholismo. Antes bien, han aparecido otros problemas
de salud pública por la venta de producto adulterado, sin mencionar otras
afectaciones a las empresas mexicanas dedicadas a la producción y comercialización
formal de bebidas alcohólicas. |
| La
historia se repite. Cada fin de año, conforme se acerca la fecha para aprobar
la iniciativa de Ley de Ingresos, no falta el legislador bien intencionado que
proponga sacar los pesos que se necesitan para cuadrar las cuentas gravando
más a los productos que afectan la salud de millones de mexicanos, como
las bebidas alcohólicas, entre otros.
La tentación
de gravar a las bebidas alcohólicas más allá de lo racional
ha dado lugar a muchas anécdotas aleccionadoras en todo el mundo y a lo
largo de distintas épocas. Recordamos una, en la Escocia del siglo XVIII,
en las colinas alrededor del río Spey, cuando la corona británica,
en su afán recaudatorio, accedió inclusive a pagar una recompensa
a quien denunciara a los destiladores clandestinos de whisky o smuglers, quienes
se negaban a pagar un tributo desmedido y a cumplir reglas y permisos muy rígidos
por parte de los recaudadores o gaugers. Fue tan absurdo, que los smuglers se
auto denunciaban, entregando en prueba de haber localizado a uno de estos destiladores
clandestinos, las piezas dañadas y las más caras, por cierto
de sus equipos portátiles, como los alambiques y serpentines. Cuando la
autoridad llegaba a castigar al smugler, obviamente ya no había nadie allí.
La
cuestión es que, de acuerdo con la Comisión de la Industria de Vinos
y Licores (CIVYL), organismo que agrupa a las principales empresas dedicadas a
la producción y comercialización formal de bebidas alcohólicas,
la sobre tasación que padece la industria en México se ha traducido
en un incremento de la informalidad, vía el contrabando y la adulteración.
El
daño que se le ha producido a la industria, de acuerdo con CIVYL, se puede
entender muy fácilmente si se observa que en 2003 el sector apenas estará
comercializando alrededor de 55 centavos de cada peso que se vendía en
1994, en un mercado que, sin embargo, ha incrementado su tamaño año
con año desde entonces.
Algunos medios han publicado la cifra de
que en México se están vendiendo entre 38 y 40 millones de cajas
de bebidas alcohólicas al año (por caja se entiende la que contiene
12 botellas de 750 mililitros cada una o de 9 litros en total), de las cuales
la mitad o más son contrabando o adulteración. No citan fuentes.
La
CIVYL establece que es muy difícil hablar de cifras, pues ni el contrabando
ni la producción informal publican sus datos. La organización estima
que, en este 2003, en México se venderán entre 15 y 16 millones
de cajas de bebidas alcohólicas por parte de la industria formal, pero
de lo que sí se está seguro es que las empresas del sector están
trabajando a la mitad de su capacidad, y con el riesgo de incurrir en despidos
si no se da una recuperación adecuada con la temporada de fin de año. | Si
bien la industria de las bebidas alcohólicas no es una importante generadora
de empleo, sí lo son las industrias relacionadas. Por ejemplo, la Asociación
Nacional de Vitivinicultores (ANV) estima que tan solo los productores de vino
y uva contribuyen a dar empleo a cerca de cinco millones de jornales al año
en el campo.
Sin duda alguna, los niveles de tasas y la forma como se grava
a las bebidas alcohólicas hacen muy tentador el desarrollo de un mercado
informal. Por ejemplo, en un destilado, necesariamente con más de 20% de
alcohol por volumen, se carga por ley un 60% de Impuesto Especial sobre Productos
y Servicios (IEPS) a toda la cadena de producción y distribución.
Actualmente existe un decreto presidencial para descontar una sexta parte de ese
IEPS, por lo que la tasa vigente es del 50%, pero sobre esto se piramida el 15%
de Impuesto al Valor Agregado (IVA). Así, si un destilado vale $100 pesos,
con el IEPS vigente sube a $150 pesos y, con el IVA adicionado, el consumidor
puede terminar pagando $172.50 pesos. Esto es, estamos hablando de un producto
que por pura carga fiscal se ha encarecido en 72.5%. O, lo que es lo mismo, de
cada peso que pagamos por una copa, sólo 27.5 centavos corresponden al
licor y el resto a pagar impuestos. |  | [Las
empresas del sector están trabajando a la mitad de su capacidad, y con el
riesgo de incurrir en despidos si no se da una recuperación adecuada con
la temporada de fin de año.
]
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| El
que esté vigente un acuerdo presidencial para descontar una sexta parte
de ese IEPS excesivo habla de una falta de certidumbre jurídica en la industria.
La CIVYL da cuenta de por lo menos ocho cambios en la legislación fiscal
en los últimos 10 años. Esta falta de certidumbre jurídica,
amén de los problemas legales que origina y que encarecen costos, incide
en problemas graves como inhibir el empleo y la inversión, entre otras
consecuencias, como consecuencia de una caída en las ventas formales, sin
que se haya reducido el consumo de alcohol. Además, aunado a la situación
de crisis económica, las familias gastan menos, lo cual implica un desplazamiento
del consumo hacia la informalidad, así como menor recaudación y
mayor delincuencia organizada por ser un tema lucrativo y sin penas significativas.
¿Qué
hacer para ponerle un remedio a la situación? La CIVYL ha realizado un
estudio exhaustivo en el que ha detectado que, por cada punto porcentual que se
incrementa el precio de venta de las bebidas alcohólicas, las ventas caen
en un 2.6 por ciento. Tomando ese factor de elasticidad de la demanda, ha propuesto
a las autoridades ajustar las tasas con las que se grava a la industria. Esto
se traduciría en un incremento en las ventas de licor formal, y por ende,
de la recaudación. Además, se reducirían los efectos nocivos
de la informalidad, como la ingestión de licor de calidad dudosa o nociva,
y la delincuencia asociada a su comercialización.
La propuesta de
CIVYL contempla fijar una tasa máxima de 45% al IEPS, considerando una
tasa de IVA de 15%, lo cual contribuiría con un incremento en la recaudación
real cercana al 5%, lo que volvería a impulsar el crecimiento de la industria
formal y a desincentivar a la informalidad.
En fin. Las cuentas maltrechas
de la industria formal están claras. Es cosa de tomar la decisión
de apoyar la formalidad. 
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