MENSAJE


Por José Luis Barraza González

Debemos construir nuevos liderazgos para la democracia


Este es el discurso que pronunció el presidente de la Coparmex ante el presidente de la República, Vicente Fox Quesada, durante el Encuentro Empresarial en Xcaret, el pasado 8 de octubre.

Hace 10 años México firmó el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica. En ese entonces el país parecía marchar decididamente hacia el desarrollo. Hoy el escenario de progreso plantea retos nuevos y más complejos. Comenzamos el Siglo XXI con una colección de señales mixtas que demandan toda nuestra capacidad de análisis y respuesta.

Por un lado existen signos positivos, entre los que contamos la estabilidad macroeconómica, las libertades cívicas, el crecimiento de las exportaciones, la alternancia política e incluso un mejoramiento incipiente en los indicadores de pobreza.

Por el otro encontramos signos que demandan nuestra atención inmediata como sociedad: el estancamiento económico, el desempleo, la pérdida de competitividad e incluso una tendencia decreciente de los flujos de las inversiones extranjeras.

Reconocemos que ahora la situación de México es cualitativamente mejor. Lo demuestra el habernos sustraído a la tradición de crisis sexenales profundas. Corresponde, sin embargo, continuar y redoblar los esfuerzos para fortalecer el mercado interno, diversificar nuestros mercados y así ganar autonomía para la dinámica económica del país. El reto más importante en estos momentos es preparar las condiciones de México para aprovechar al máximo la próxima fase expansiva del ciclo económico internacional.

Cuando en Coparmex pensamos en las grandes decisiones pendientes para que México retome el crecimiento y la senda del desarrollo, inevitablemente tenemos que considerar a los actores responsables de tomarlas. Una de las consecuencias de la alternancia política es haber abierto espacios para otros liderazgos. En la toma de decisiones ahora compiten los partidos, los gobernantes y hasta organizaciones sociales. Los medios de comunicación ejercen una influencia significativa en el desarrollo del debate público.

En la recién inaugurada etapa de consolidación democrática, la mayor competencia de los liderazgos en México todavía tiene que perfeccionarse para producir eficientemente las decisiones que impulsen mejor el crecimiento económico y el desarrollo social del país. La ausencia de consensos y de reformas jurídicas y la incapacidad de pactar compromisos para concretar las reformas estructurales de segunda generación, han sido muestra del proceso de aprendizaje que está siguiendo nuestra democracia.

Hacemos votos para que continuemos enfatizando las coincidencias y dirimiendo las diferencias, de manera que pronto la política, sus actores y la democracia produzcan cada vez más eficientemente las decisiones que necesitamos como país.

En México podemos afirmar que ya estamos preparados para asumir nuestras responsabilidades. Cada quién desde su trinchera, con su vocación y su talento. Por supuesto, los empresarios no somos ninguna excepción. Ya no caben en política ni maximalismos ni caudillos. Lo que necesitamos son nuevos liderazgos modernos, comprometidos y nacionalistas, capaces de hacer funcionar cada vez mejor y con más visión el proceso democrático para llegar a decisiones eficaces.

En estos momento, el primer reto es la competitividad. Se equivocaron los que alguna vez creyeron que la apertura y la estabilización económica serían suficientes para modernizarnos y ponernos a la vanguardia. Se equivocaron los que creyeron que sería un esfuerzo de una sola vez. La realidad es que la competitividad demanda un esfuerzo permanente.

Hace 15 o 20 años hicimos las primeras reformas, iniciamos seriamente el saneamiento de nuestras finanzas públicas y firmamos los primeros tratados de libre comercio que nos permitieron acelerar el crecimiento y la creación de empleos. Pero su efecto habría de agotarse. Al agotamiento de ese estímulo productivo y del desarrollo, ahora se suma además el debilitamiento de la economía mundial.

Como sociedad debíamos haber sabido que no somos los únicos en pos de oportunidades dentro de la globalización; que todos los países buscan obtener acceso privilegiado a los mercados internacionales; que todos buscan captar mayores cantidades de inversión extranjera. Actualmente, muchos son los países que han hecho esfuerzos análogos, de manera que las fronteras que se abrieron primero a México en los 80 y 90, poco a poco se han ido abriendo también a otros países, a otros competidores. El resultado ahora es que nuestra competitividad relativa se debilita y rezaga.

Ante el debilitamiento de nuestra competitividad, el proteccionismo, en el mejor de los casos, es sólo un paliativo temporal. Por ahora las cuotas compensatorias nos dan cierta defensa contra los productos chinos, por citar el ejemplo a la orden del día. Pero ¿por cuánto tiempo? Ahora nos preocupa China; pero mañana vendrá India y después le seguirá seguramente algún otro país.

Competitividad es la capacidad de las empresas de ganar y conservar mercados. Competitividad es disminuir costos, mejorar calidad e innovar; todo al mismo tiempo. La competitividad de las empresas está tanto en manos de las propias empresas, como de la política, en la medida en que ésta define la certidumbre jurídica y la seguridad pública. Frente a la declinación de la competitividad de México en los últimos años, necesitamos urgentemente de más programas nacionales —y más efectivos— para disminuir costos, elevar la calidad, innovar y crear más empresas.

Cada peso fiscal destinado a fortalecer la competitividad de México se traduce en ventas, producción y oportunidades de empleo. También se traduce en certidumbre, utilidades y finalmente en las inversiones que fortalecen la base económica de México, lo que a su vez genera más y nuevas oportunidades para los mexicanos.

Es en la competitividad donde las decisiones pendientes tienen que dejar sentir sus efectos. Es para eso que necesitamos fortalecer y modernizar los liderazgos. Y es que la competitividad a la larga será resultado de decisiones democráticas eficaces.

Las dificultades que hemos tenido para producir las reformas estructurales que requiere México es el barómetro de lo mucho que todavía tenemos que hacer para construir los liderazgos modernos y eficaces que demanda el mundo moderno en que vivimos.

En esta materia hemos avanzado. Un liderazgo inició la alternancia política en México. Ahora ese liderazgo debe coadyuvar a seguir ampliando la visión de los demás líderes; pero sobre todo, a preparar y allanar el camino a los nuevos liderazgos. A los que con una visión de país cada vez más ambiciosa habrán de proyectar a México en el siglo XXI como una nación de vanguardia.

El tiempo es escaso. Dos tendencias nos apremian a la acción. Por un lado la globalización; proceso marcado por el esfuerzo permanente de todos los países para competir cada vez más intensamente. Por el otro, nuestras propias tendencias demográficas. Y es que México alcanzará su población económicamente activa más numerosa hacia el año 2,025. Antes de eso debemos elevar nuestra productividad, nuestro nivel de vida y nuestra riqueza. Si no aprovechamos esta oportunidad verdaderamente única en nuestra historia, nos espera como futuro ser un país con una población madura y pobre.

En la etapa histórica de México que estamos iniciando necesitamos liderazgos renovados. Ahora son las propuestas las que deben aglutinar a los mexicanos alrededor de núcleos de participación. Ahora tiene que ser la competencia de ideas y no de intereses la que domine el quehacer político. Para construir estos nuevos liderazgos tenemos que prepararnos. Tenemos que dar cabida a las exigencias de esta nueva etapa democrática y a la participación ciudadana. La experiencia reciente nos lo indica. México está ávido de ideas, iniciativas, propuestas y sobre todo compromisos.

Dentro de esta convicción de construir los nuevos liderazgos, aprovecho para proponer la realización de un foro de líderes sociales. En esta nueva etapa de la democracia mexicana marcada por la pluralidad, nos corresponde a las organizaciones sociales promover la vertebración social. Empecemos entre los que estamos más próximos. Definamos una agenda; compartamos nuestras preocupaciones; ofrezcamos propuestas. Si avanzamos en este camino, pronto podremos extender nuestra contribución a círculos cada vez más amplios de la sociedad.
Volvamos a detonar en esta etapa de consolidación democrática un nuevo movimiento ciudadano capaz de enfrentar obstáculos, de vencer resistencias; un movimiento capaz de llevar a la clase política a la toma de decisiones que contribuya a hacer irreversible la transición democrática.

Señor Presidente:
La transición democrática debe continuar y consolidarse. Necesitamos ennoblecer la política; tenemos que hacer que más líderes, sobre todo entre las nuevas generaciones abrace la democracia como la mejor forma de hacer política. Necesitamos que la sociedad mexicana aprecie la importancia de la política y reconozca a los que con responsabilidad hacen de ella un instrumento para el desarrollo de la nación.
En esta misión los que ocupamos posiciones como dirigentes tenemos que ayudar a preparar la sangre nueva que modernizará la política mexicana y la pondrá al servicio de la nación. Tenemos que apoyar y ayudar a la construcción de los nuevos liderazgos que habrán de demostrar la eficacia de la democracia.

De persistir las resistencias a las reformas estructurales, la construcción de los nuevos liderazgos puede ser nuestra aportación más importante.

Ratificamos el compromiso de la Coparmex como interlocutor serio, responsable y confiable. No dudaremos en señalar cuando los líderes se rezaguen respecto de las exigencias de la transición y el progreso. Pero más importante, contribuiremos a descubrir y apoyar los nuevos liderazgos políticos y sociales para las próximas décadas.

Buscamos liderazgos actualizados en la pluralidad, con vocación para seguir impulsando un proceso de renovación social y política. Los empresarios apoyaremos las ofertas de líderes con el mayor compromiso nacionalista posible, que coloquen al progreso de la sociedad en el lugar privilegiado que le corresponde: antes del interés personal.

Sólo de esta manera produciremos democráticamente, como sociedad, las decisiones eficaces que requiere el desarrollo. Sólo de esta manera podremos estar a la altura de los retos y las exigencias del México moderno, justo y próspero que queremos y estamos construyendo.

 
[El autor, ingeniero mecánico administrador por el ITESM,
es presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana y
vicepresidente de promoción de Desarrollo Económico del estado de Chihuahua.
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