Hace
10 años México firmó el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.
En ese entonces el país parecía marchar decididamente hacia el desarrollo.
Hoy el escenario de progreso plantea retos nuevos y más complejos. Comenzamos
el Siglo XXI con una colección de señales mixtas que demandan toda
nuestra capacidad de análisis y respuesta.
Por un lado existen signos
positivos, entre los que contamos la estabilidad macroeconómica, las libertades
cívicas, el crecimiento de las exportaciones, la alternancia política
e incluso un mejoramiento incipiente en los indicadores de pobreza.
Por
el otro encontramos signos que demandan nuestra atención inmediata como
sociedad: el estancamiento económico, el desempleo, la pérdida de
competitividad e incluso una tendencia decreciente de los flujos de las inversiones
extranjeras.
Reconocemos que ahora la situación de México
es cualitativamente mejor. Lo demuestra el habernos sustraído a la tradición
de crisis sexenales profundas. Corresponde, sin embargo, continuar y redoblar
los esfuerzos para fortalecer el mercado interno, diversificar nuestros mercados
y así ganar autonomía para la dinámica económica del
país. El reto más importante en estos momentos es preparar las condiciones
de México para aprovechar al máximo la próxima fase expansiva
del ciclo económico internacional.
Cuando en Coparmex pensamos en
las grandes decisiones pendientes para que México retome el crecimiento
y la senda del desarrollo, inevitablemente tenemos que considerar a los actores
responsables de tomarlas. Una de las consecuencias de la alternancia política
es haber abierto espacios para otros liderazgos. En la toma de decisiones ahora
compiten los partidos, los gobernantes y hasta organizaciones sociales. Los medios
de comunicación ejercen una influencia significativa en el desarrollo del
debate público.
En la recién inaugurada etapa de consolidación
democrática, la mayor competencia de los liderazgos en México todavía
tiene que perfeccionarse para producir eficientemente las decisiones que impulsen
mejor el crecimiento económico y el desarrollo social del país.
La ausencia de consensos y de reformas jurídicas y la incapacidad de pactar
compromisos para concretar las reformas estructurales de segunda generación,
han sido muestra del proceso de aprendizaje que está siguiendo nuestra
democracia.
Hacemos votos para que continuemos enfatizando las coincidencias
y dirimiendo las diferencias, de manera que pronto la política, sus actores
y la democracia produzcan cada vez más eficientemente las decisiones que
necesitamos como país.
En México podemos afirmar que ya estamos
preparados para asumir nuestras responsabilidades. Cada quién desde su
trinchera, con su vocación y su talento. Por supuesto, los empresarios
no somos ninguna excepción. Ya no caben en política ni maximalismos
ni caudillos. Lo que necesitamos son nuevos liderazgos modernos, comprometidos
y nacionalistas, capaces de hacer funcionar cada vez mejor y con más visión
el proceso democrático para llegar a decisiones eficaces.
En estos
momento, el primer reto es la competitividad. Se equivocaron los que alguna vez
creyeron que la apertura y la estabilización económica serían
suficientes para modernizarnos y ponernos a la vanguardia. Se equivocaron los
que creyeron que sería un esfuerzo de una sola vez. La realidad es que
la competitividad demanda un esfuerzo permanente.
Hace 15 o 20 años
hicimos las primeras reformas, iniciamos seriamente el saneamiento de nuestras
finanzas públicas y firmamos los primeros tratados de libre comercio que
nos permitieron acelerar el crecimiento y la creación de empleos. Pero
su efecto habría de agotarse. Al agotamiento de ese estímulo productivo
y del desarrollo, ahora se suma además el debilitamiento de la economía
mundial.
Como sociedad debíamos haber sabido que no somos los únicos
en pos de oportunidades dentro de la globalización; que todos los países
buscan obtener acceso privilegiado a los mercados internacionales; que todos buscan
captar mayores cantidades de inversión extranjera. Actualmente, muchos
son los países que han hecho esfuerzos análogos, de manera que las
fronteras que se abrieron primero a México en los 80 y 90, poco a poco
se han ido abriendo también a otros países, a otros competidores.
El resultado ahora es que nuestra competitividad relativa se debilita y rezaga.
Ante
el debilitamiento de nuestra competitividad, el proteccionismo, en el mejor de
los casos, es sólo un paliativo temporal. Por ahora las cuotas compensatorias
nos dan cierta defensa contra los productos chinos, por citar el ejemplo a la
orden del día. Pero ¿por cuánto tiempo? Ahora nos preocupa
China; pero mañana vendrá India y después le seguirá
seguramente algún otro país.
Competitividad es la capacidad
de las empresas de ganar y conservar mercados. Competitividad es disminuir costos,
mejorar calidad e innovar; todo al mismo tiempo. La competitividad de las empresas
está tanto en manos de las propias empresas, como de la política,
en la medida en que ésta define la certidumbre jurídica y la seguridad
pública. Frente a la declinación de la competitividad de México
en los últimos años, necesitamos urgentemente de más programas
nacionales y más efectivos para disminuir costos, elevar la
calidad, innovar y crear más empresas.
Cada peso fiscal destinado
a fortalecer la competitividad de México se traduce en ventas, producción
y oportunidades de empleo. También se traduce en certidumbre, utilidades
y finalmente en las inversiones que fortalecen la base económica de México,
lo que a su vez genera más y nuevas oportunidades para los mexicanos.
Es
en la competitividad donde las decisiones pendientes tienen que dejar sentir sus
efectos. Es para eso que necesitamos fortalecer y modernizar los liderazgos. Y
es que la competitividad a la larga será resultado de decisiones democráticas
eficaces.
Las dificultades que hemos tenido para producir las reformas
estructurales que requiere México es el barómetro de lo mucho que
todavía tenemos que hacer para construir los liderazgos modernos y eficaces
que demanda el mundo moderno en que vivimos.
En esta materia hemos avanzado.
Un liderazgo inició la alternancia política en México. Ahora
ese liderazgo debe coadyuvar a seguir ampliando la visión de los demás
líderes; pero sobre todo, a preparar y allanar el camino a los nuevos liderazgos.
A los que con una visión de país cada vez más ambiciosa habrán
de proyectar a México en el siglo XXI como una nación de vanguardia.
El
tiempo es escaso. Dos tendencias nos apremian a la acción. Por un lado
la globalización; proceso marcado por el esfuerzo permanente de todos los
países para competir cada vez más intensamente. Por el otro, nuestras
propias tendencias demográficas. Y es que México alcanzará
su población económicamente activa más numerosa hacia el
año 2,025. Antes de eso debemos elevar nuestra productividad, nuestro nivel
de vida y nuestra riqueza. Si no aprovechamos esta oportunidad verdaderamente
única en nuestra historia, nos espera como futuro ser un país con
una población madura y pobre.
En la etapa histórica de México
que estamos iniciando necesitamos liderazgos renovados. Ahora son las propuestas
las que deben aglutinar a los mexicanos alrededor de núcleos de participación.
Ahora tiene que ser la competencia de ideas y no de intereses la que domine el
quehacer político. Para construir estos nuevos liderazgos tenemos que prepararnos.
Tenemos que dar cabida a las exigencias de esta nueva etapa democrática
y a la participación ciudadana. La experiencia reciente nos lo indica.
México está ávido de ideas, iniciativas, propuestas y sobre
todo compromisos.
Dentro de esta convicción de construir los nuevos
liderazgos, aprovecho para proponer la realización de un foro de líderes
sociales. En esta nueva etapa de la democracia mexicana marcada por la pluralidad,
nos corresponde a las organizaciones sociales promover la vertebración
social. Empecemos entre los que estamos más próximos. Definamos
una agenda; compartamos nuestras preocupaciones; ofrezcamos propuestas. Si avanzamos
en este camino, pronto podremos extender nuestra contribución a círculos
cada vez más amplios de la sociedad. Volvamos a detonar en esta etapa
de consolidación democrática un nuevo movimiento ciudadano capaz
de enfrentar obstáculos, de vencer resistencias; un movimiento capaz de
llevar a la clase política a la toma de decisiones que contribuya a hacer
irreversible la transición democrática.
Señor Presidente: La
transición democrática debe continuar y consolidarse. Necesitamos
ennoblecer la política; tenemos que hacer que más líderes,
sobre todo entre las nuevas generaciones abrace la democracia como la mejor forma
de hacer política. Necesitamos que la sociedad mexicana aprecie la importancia
de la política y reconozca a los que con responsabilidad hacen de ella
un instrumento para el desarrollo de la nación. En esta misión
los que ocupamos posiciones como dirigentes tenemos que ayudar a preparar la sangre
nueva que modernizará la política mexicana y la pondrá al
servicio de la nación. Tenemos que apoyar y ayudar a la construcción
de los nuevos liderazgos que habrán de demostrar la eficacia de la democracia.
De
persistir las resistencias a las reformas estructurales, la construcción
de los nuevos liderazgos puede ser nuestra aportación más importante.
Ratificamos
el compromiso de la Coparmex como interlocutor serio, responsable y confiable.
No dudaremos en señalar cuando los líderes se rezaguen respecto
de las exigencias de la transición y el progreso. Pero más importante,
contribuiremos a descubrir y apoyar los nuevos liderazgos políticos y sociales
para las próximas décadas.
Buscamos liderazgos actualizados
en la pluralidad, con vocación para seguir impulsando un proceso de renovación
social y política. Los empresarios apoyaremos las ofertas de líderes
con el mayor compromiso nacionalista posible, que coloquen al progreso de la sociedad
en el lugar privilegiado que le corresponde: antes del interés personal.
Sólo
de esta manera produciremos democráticamente, como sociedad, las decisiones
eficaces que requiere el desarrollo. Sólo de esta manera podremos estar
a la altura de los retos y las exigencias del México moderno, justo y próspero
que queremos y estamos construyendo. |