DOCUMENTOS
POR ARTURO DAMM ARNAL
¿Qué nos falla?
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I
Toda economía se compone de seis elementos: recursos naturales, tecnología, cultura, leyes, instituciones y gobierno. Los recursos naturales son lo dado por la naturaleza, y la tecnología, la cultura, las leyes, las instituciones y el gobierno lo aportado por el hombre, cuya sobrevivencia es producto de lo dado. El progreso económico, por el contrario, es el resultado de lo aportado, de lo que el hombre hace o deja de hacer.
 
II
Cito, para entender mejor lo anterior, a Alain Peyrefitte, quien explica cómo los holandeses, en los siglos XVI y XVII, construyeron canales que les permitieron alcanzar un progreso económico nunca antes visto. “A la inversa —señala Peyreffite—, veamos cómo se manejaron en España los proyectos de canalización del Tajo y del Manzanares. Se nombró una comisión que dictaminó lo siguiente: ‘Si Dios hubiese querido que estos dos ríos fuesen navegables, habría bastado un fiat (hágase). Corregir lo que la Providencia quiso dejar imperfecto sería atentar contra sus derechos, ya que Sus caminos son impenetrables’ ”. No que España no contara con ríos; con lo que no contaba era con una cultura que le permitiera sacarles provecho.
 
III
Otro ejemplo citado por Peyreffite: “La industrialización precoz de Gran Bretaña no se debió a su carbón —que otros países también poseían— sino al hecho de que allí abundaban, más que en otros países, los pioneros capaces de utilizar ese carbón”, y de hacerlo con fines, no solamente técnicos, sino mercantiles. Lo importante, para el progreso económico, no fue que Gran Bretaña contara con grandes cantidades de carbón, sino que contara con los hombres capaces de usarlo técnicamente, y de explotarlo mercantilmente. Lo importante fue lo segundo, no lo primero.
 
IV
Pierre Gourou señala que “las condiciones físicas abren posibilidades o erigen obstáculos, pero no crean civilizaciones”, ya que éstas “son fruto del espíritu”: las condiciones físicas, es decir, los recursos naturales, lo dado, que brindan posibilidades o levantan obstáculos. Los frutos del espíritu, es decir, la tecnología, la cultura, las leyes, las instituciones y el gobierno, lo aportado, que construyen civilizaciones, aunque Gourou no lo dice, son las causas del progreso económico.
 
V
Si el 51.7 por ciento de los mexicanos sobrevive en la pobreza; si el 89.7 por ciento de la población ocupada en México genera ingresos no mayores a los 207.65 pesos diarios; si el ingreso promedio de las familias en este país es de 8 mil 437 mensuales (¿se necesita mejor radiografía de la economía mexicana que estas tres cifras?), ello se debe no a lo mucho o poco dado por la naturaleza, sino a los excesos y defectos de lo aportado por los hombres, sobre todo en materia de cultura, leyes e instituciones. Nuestra cultura (por ejemplo: usos y costumbres empresariales), nuestras leyes (por ejemplo: el capítulo económico de la Constitución) y nuestras instituciones (por ejemplo: la CFE o el IMSS), ¿son las adecuadas para generar progreso económico?
 
VI
Alguien me ha dicho que en la dictadura todo está prohibido, menos lo que está permitido; que en el Estado de Derecho todo está permitido, menos lo que está prohibido, y que en el Estado de Derecho relajado todo está permitido, incluso lo que está prohibido. El Estado de Derecho relajado no pasa de ser, tal y como lo ha señalado Gabriel Zaid, un Estado de chueco: ¿y qué cosa más chueca puede haber que una ley secundaria que permite lo que la ley de leyes, la Constitución, prohibe?
 
VII
En el párrafo sexto del artículo 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, se dice, en primer lugar, que “corresponde exclusivamente a la Nación generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica” y, en segundo término, que “en esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares…” El texto no deja lugar a dudas: cualquier participación del capital privado en la generación, conducción, transformación, distribución y abastecimiento de electricidad resulta anticonstitucional, ya que en esta actividad no se otorgarán concesiones a los particulares. Esto establece la Constitución, que es la ley de leyes, anterior y superior, lógica y jerárquicamente, a todas las otras leyes. ¿O no?
 
VIII
En 1992 se reformó la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica, con el fin de que los particulares puedan, como ya lo hacen, generar electricidad por medio de esquemas de autoabastecimiento, cogeneración y producción independiente de energía eléctrica. Hoy, gracias a esos cambios de 1992, ya operan en el Sistema Eléctrico Nacional un número importante de empresas particulares, ¡tal y como debe ser!, de tal manera que más o menos el 30 por ciento de la energía eléctrica es generada por particulares.
 
IX
Pero lo que no debe ser, ¡y sin embargo es!, es que una ley secundaria, como la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica, permita lo que la ley de leyes, la Constitución, prohibe, dando como resultado ese Estado de Derecho relajado, en el cual todo está permitido, inclusive (¿o debo escribir: comenzando por?) lo que está prohibido. ¿No que la ley de leyes debe ser anterior y superior a todas las otras leyes?
 
X
Para colmo de males, resulta que la que tiene la razón es la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica, que permite la participación de los particulares en la industria eléctrica, al tiempo que la Constitución, al prohibir esa participación, viola el derecho a la libertad para emprender de todo aquel particular que quiera, y pueda, generar electricidad para autoconsumo o venta.
 
XI
Tenemos un doble problema: una ley secundaria que contradice a la ley de leyes, y una ley de leyes que viola el derecho a la libertad para emprender. El Estado de Derecho es el gobierno de las leyes justas, que son aquellas que reconocen plenamente, definen puntualmente y garantizan jurídicamente los derechos de la persona, entre los cuales está el derecho a la libertad para emprender, mismo que el artículo 27 constitucional viola, pero que una ley secundaria garantiza. Y luego nos preguntamos ¿qué nos falla?.

 

Arturo Damm, licenciado en economía y filosofía, es profesor de la Escuela de Economía y la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana. Articulista en varios periódicos y revistas y comentarista de radio y televisión, es autor de diez libros sobre temas de economía y filosofía, y coautor de otros cuatro.