| ¿Qué
nos falla? Un botón de muestra | |
| | | I | Toda
economía se compone de seis elementos: recursos naturales, tecnología,
cultura, leyes, instituciones y gobierno. Los recursos naturales son lo dado por
la naturaleza, y la tecnología, la cultura, las leyes, las instituciones
y el gobierno lo aportado por el hombre, cuya sobrevivencia es producto de lo
dado. El progreso económico, por el contrario, es el resultado de lo aportado,
de lo que el hombre hace o deja de hacer. | | | II | Cito,
para entender mejor lo anterior, a Alain Peyrefitte, quien explica cómo
los holandeses, en los siglos XVI y XVII, construyeron canales que les permitieron
alcanzar un progreso económico nunca antes visto. A la inversa señala
Peyreffite, veamos cómo se manejaron en España los proyectos
de canalización del Tajo y del Manzanares. Se nombró una comisión
que dictaminó lo siguiente: Si Dios hubiese querido que estos dos
ríos fuesen navegables, habría bastado un fiat (hágase).
Corregir lo que la Providencia quiso dejar imperfecto sería atentar contra
sus derechos, ya que Sus caminos son impenetrables . No que España
no contara con ríos; con lo que no contaba era con una cultura que le permitiera
sacarles provecho. | | | III | Otro
ejemplo citado por Peyreffite: La industrialización precoz de Gran
Bretaña no se debió a su carbón que otros países
también poseían sino al hecho de que allí abundaban,
más que en otros países, los pioneros capaces de utilizar ese carbón,
y de hacerlo con fines, no solamente técnicos, sino mercantiles. Lo importante,
para el progreso económico, no fue que Gran Bretaña contara con
grandes cantidades de carbón, sino que contara con los hombres capaces
de usarlo técnicamente, y de explotarlo mercantilmente. Lo importante fue
lo segundo, no lo primero. | | | IV | Pierre
Gourou señala que las condiciones físicas abren posibilidades
o erigen obstáculos, pero no crean civilizaciones, ya que éstas
son fruto del espíritu: las condiciones físicas, es
decir, los recursos naturales, lo dado, que brindan posibilidades o levantan obstáculos.
Los frutos del espíritu, es decir, la tecnología, la cultura, las
leyes, las instituciones y el gobierno, lo aportado, que construyen civilizaciones,
aunque Gourou no lo dice, son las causas del progreso económico. | | | V | Si
el 51.7 por ciento de los mexicanos sobrevive en la pobreza; si el 89.7 por ciento
de la población ocupada en México genera ingresos no mayores a los
207.65 pesos diarios; si el ingreso promedio de las familias en este país
es de 8 mil 437 mensuales (¿se necesita mejor radiografía de la
economía mexicana que estas tres cifras?), ello se debe no a lo mucho o
poco dado por la naturaleza, sino a los excesos y defectos de lo aportado por
los hombres, sobre todo en materia de cultura, leyes e instituciones. Nuestra
cultura (por ejemplo: usos y costumbres empresariales), nuestras leyes (por ejemplo:
el capítulo económico de la Constitución) y nuestras instituciones
(por ejemplo: la CFE o el IMSS), ¿son las adecuadas para generar progreso
económico? | | | VI | Alguien
me ha dicho que en la dictadura todo está prohibido, menos lo que está
permitido; que en el Estado de Derecho todo está permitido, menos lo que
está prohibido, y que en el Estado de Derecho relajado todo está
permitido, incluso lo que está prohibido. El Estado de Derecho relajado
no pasa de ser, tal y como lo ha señalado Gabriel Zaid, un Estado de chueco:
¿y qué cosa más chueca puede haber que una ley secundaria
que permite lo que la ley de leyes, la Constitución, prohibe? | | | VII | En
el párrafo sexto del artículo 27 de la Constitución Política
de los Estados Unidos Mexicanos, se dice, en primer lugar, que corresponde
exclusivamente a la Nación generar, conducir, transformar, distribuir y
abastecer energía eléctrica y, en segundo término,
que en esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares
El texto no deja lugar a dudas: cualquier participación del capital privado
en la generación, conducción, transformación, distribución
y abastecimiento de electricidad resulta anticonstitucional, ya que en esta actividad
no se otorgarán concesiones a los particulares. Esto establece la Constitución,
que es la ley de leyes, anterior y superior, lógica y jerárquicamente,
a todas las otras leyes. ¿O no? | | | VIII | En
1992 se reformó la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica,
con el fin de que los particulares puedan, como ya lo hacen, generar electricidad
por medio de esquemas de autoabastecimiento, cogeneración y producción
independiente de energía eléctrica. Hoy, gracias a esos cambios
de 1992, ya operan en el Sistema Eléctrico Nacional un número importante
de empresas particulares, ¡tal y como debe ser!, de tal manera que más
o menos el 30 por ciento de la energía eléctrica es generada por
particulares. | | | IX | Pero
lo que no debe ser, ¡y sin embargo es!, es que una ley secundaria, como
la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica, permita
lo que la ley de leyes, la Constitución, prohibe, dando como resultado
ese Estado de Derecho relajado, en el cual todo está permitido, inclusive
(¿o debo escribir: comenzando por?) lo que está prohibido. ¿No
que la ley de leyes debe ser anterior y superior a todas las otras leyes? | | | X | Para
colmo de males, resulta que la que tiene la razón es la Ley del Servicio
Público de Energía Eléctrica, que permite la participación
de los particulares en la industria eléctrica, al tiempo que la Constitución,
al prohibir esa participación, viola el derecho a la libertad para emprender
de todo aquel particular que quiera, y pueda, generar electricidad para autoconsumo
o venta. | | | XI | Tenemos
un doble problema: una ley secundaria que contradice a la ley de leyes, y una
ley de leyes que viola el derecho a la libertad para emprender. El Estado de Derecho
es el gobierno de las leyes justas, que son aquellas que reconocen plenamente,
definen puntualmente y garantizan jurídicamente los derechos de la persona,
entre los cuales está el derecho a la libertad para emprender, mismo que
el artículo 27 constitucional viola, pero que una ley secundaria garantiza.
Y luego nos preguntamos ¿qué nos falla?. | | Arturo
Damm, licenciado en economía y filosofía, es profesor de la Escuela
de Economía y la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana. Articulista
en varios periódicos y revistas y comentarista de radio y televisión,
es autor de diez libros sobre temas de economía y filosofía, y coautor
de otros cuatro. |
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