Año 16 num 194
Octubre 04
 

 

Enfoques

Jorge Ocejo:

“La participación de los empresarios
en política también es necesaria”

Este año se celebran los 75 de la fundación de la Confederación Patronal de la República Mexicana y ENTORNO se ha propuesto conversar con algunos de los más representativos empresarios que han ocupado su presidencia en los momentos históricos más significativos.


Empresario vinculado con la industria embotelladora de refrescos y concentrados para el mismo ramo entre 1968 y 1991 y comerciante en el ramo de lubricantes y refacciones automotrices, y radicado en Puebla, Jorge Andrés Ocejo Moreno fue presidente nacional de la Coparmex de 1988 a 1991. En 1991 ingresó al Partido Acción Nacional integrándose a la vida política. Fue presidente del Comité Directivo Municipal en Puebla, de 1991 a 1994. De 1994 a 1997 fue diputado federal de la LVI Legislatura por el PAN, siendo además Presidente de la Comisión de Comercio de la Cámara de Diputados en esa Legislatura. De 1998 a la fecha ha sido miembro del Comité Ejecutivo Nacional del PAN. También de marzo de 1999 a agosto de 2000 fue Secretario de Relaciones y finalmente de agosto de 2000 a marzo de 2002 ocupó la Secretaría General del CEN del PAN. Se incorporó posteriormente a la Administración Pública Federal como coordinador de asesores del Secretario
del Trabajo y Previsión Social entre abril de 2003 y enero de 2004, y a partir de esa fecha es el coordinador de asesores del Director General de Petróleos Mexicanos (Pemex).

El otro día entrevistábamos a Bernardo Ardavín y él nos decía que definitivamente nunca tuvo comunicación con el Presidente Miguel de la Madrid durante su gestión; que no hubo manera...

Así fue. Todo fue motivado por la ruptura que hubo derivada de la expropiación de la banca, pues al suceder este hecho, el sector empresarial inició los foros “México en la Libertad”, que impulsó en forma muy importante don José María Basagoiti, lo cual obviamente incomodó tanto al presidente López Portillo como al presidente De la Madrid, aún cuando sólo se hicieron dos de esos foros.

En marzo del año siguiente, la Confederación invitó a su asamblea anual —como siempre lo había hecho— al Presidente de la República, pero Miguel de la Madrid decidió no acudir a este evento, lo que originó que el Consejo Nacional de Coparmex, ante esta negativa que daba una señal de poco interés de su gobierno por el sector empresarial, tomara el acuerdo de no volver a invitar al presidente a nuestras asambleas, lo cual sucedió durante su mandato.

Yo fui electo presidente de Coparmex en marzo de 1988 y las condiciones eran otras aún cuando De la Madrid todavía estaba en el poder. Ese año habría elecciones y las condiciones nos planteaban la necesidad de avanzar en la democracia, por lo que Coparmex decidió hacer una gran campaña para promover el voto de los ciudadanos, con el lema: “México es nuestro compromiso”. De esa manera le planteamos a la sociedad que los tiempos eran otros y que había que buscar una democracia real y participativa. Resulta interesante que —el jueves anterior al día de las elecciones— el Presidente de la Madrid me haya citado para conversar con él. Deseaba saber por qué nosotros estábamos promoviendo el voto. (No olvidemos que Manuel Clouthier —ex presidente de nuestra Confederación— estaba contendiendo para la elección presidencial y eso tenía un gran significado por los antecedentes empresariales de Maquío.) Le expliqué al Presidente que el interés de la Confederación nacía de la defensa de la libre empresa y de las libertades en todos los órdenes, y que nosotros, como organización de afiliación voluntaria, considerábamos que la promoción del voto era un tema relevante para la empresa privada y los empresarios. Las autoridades electorales en ese momento todavía dependían de la Secretaría de Gobernación y había un componente muy preocupante de intervención gubernamental en el asunto. Así se lo hice ver a De la Madrid.

Por otro lado, el Consejo Coordinador Empresarial, que presidía don Agustín Legorreta, había coordinado un grupo interdisciplinario para elaborar un documento que presentara el punto de vista del sector empresarial a los candidatos a la Presidencia de la República. De tal análisis se integró un documento titulado Propuestas del sector privado que finalmente sólo cuatro organizaciones del CCE decidimos publicar, siendo estas organizaciones la Coparmex, la Concanaco, el Consejo Nacional Agropecuario y la que entonces se llamaba Asociación Mexicana de Casas de Bolsa. (Hubo tres organizaciones que pensaban que no era conveniente presentar dichas propuestas, y se abstuvieron de participar en la edición.) Este documento la Coparmex se lo presentó por mi conducto a cada uno de los candidatos a la Presidencia de la República de los principales partidos políticos.

Pero ya en ese momento, dentro de Coparmex y también afuera, había muchos empresarios que estaban participando directamente en política.

Precisamente en aquellos tiempos y por las condiciones que se dieron, redactamos un documento muy importante sobre la Coparmex y su relación con los partidos y la vida política del país. En él quedaba muy claro que la Coparmex como tal no participa en política electoral, sino que son las personas en lo individual quienes pueden optar por hacerlo, siempre y cuando su participación en cargos partidistas y de elección popular no se diera simultáneamente a un cargo de representación dentro de la Coparmex.

Que surgió en esa época porque antes no había necesidad…

Sí la había, porque algunos empresarios habían estado participando en una sola fuerza política, pero no se había dado con tal amplitud de participación.

¿Cuál fue la posición de la Coparmex después de la disputada elección de julio de 1988?

Dadas las condiciones que se tuvieron en ese proceso electoral, donde no hubo ni claridad ni transparencia, por aquello de la “caída del sistema” y todo lo que lo rodeó, nos quedó claro que había habido un control indebido del proceso por parte del secretario de Gobernación y de que la oferta de limpieza y transparencia había sido traicionada.

Por tal razón, la Coparmex decidió que no se podía dejar pasar una acción como la sucedida en el proceso electoral y tuvimos que pedir garantías al gobierno de la república y los miembros de la Comisión Ejecutiva nos entrevistamos con el Secretario de Gobernación, licenciado Manuel Bartlett, a fin de mostrar nuestra extrañeza y desacuerdo sobre un proceso tan accidentado e ilegal. Lo hicimos en nombre de toda aquella gente que se sentía insatisfecha y defraudada. Sin embargo, no hubo más que unas cuantas justificaciones por parte de ellos en torno al caso.

¿Leíste las memorias de Miguel de la Madrid? Dice que tomó la decisión de “callar” cuando empezaron a llegar los resultados del Distrito Federal que mostraban una clara victoria de Cuauhtémoc Cárdenas, de tal forma que —si se daba esa información—, podía influir en otras casillas alrededor del país…

Me parece absurda la justificación. En una democracia real, eso es normal y no pasa nada; es decir, las votaciones ya están hechas y ya no puedes cambiar lo que está en las boletas.

Al final no supimos quién ganó ni cómo lo hizo. Así que una institución seria, como la nuestra, llegó a la conclusión —y así lo manifestamos— que la elección podría ser declarada “legal” pero era “ilegítima”. En esas condiciones, Carlos Salinas de Gortari tendría que lograr la legitimidad a través de sus propias acciones de gobierno, dando respuesta a las demandas del pueblo de México.

¿Te tocó interactuar con Salinas?

Antes de ser presidente, cuando él era candidato, tuve una larga entrevista en la que le presenté las Propuestas del sector privado. Una vez que tomó posesión como Presidente me convocó y me dijo que había quedado conmigo de estar abierto a las organizaciones formales y que había que tener una interlocución que él sabía que se había perdido. Tal cual. Entonces me pidió que reestableciéramos el diálogo y, consecuentemente, nuestras invitaciones formales al Presidente de la República en las Asambleas de Coparmex.

En la Confederación tuvimos entonces que llevar el asunto a nuestro Consejo Nacional para tomar una determinación al respecto, porque había sido el propio Consejo Nacional el que había resuelto que no se volvería a invitar al Presidente de la República (en el caso de De la Madrid). Se determinó entonces que, si la autoridad máxima del país estaba abierta al diálogo, por nuestra parte considerábamos que siempre había sido necesario y fructífero, por lo que se volvería no sólo a invitar al Presidente sino a abrir ese diálogo. Así se hizo y en marzo de 1989 acudió a nuestra asamblea en el Hotel Camino Real. También estaban presentes nuestros ex presidentes y, entre ellos, Manuel Clouthier en primera fila, quien no sólo fue contrincante de Salinas, sino que seguía estando inconforme con aquel proceso electoral. Hay una anécdota de ese día: al bajar del presidium, Salinas saludó a los ex presidentes. Cuando le tocó saludar a Clouthier, le dijo: “¿Cómo le va, ingeniero?”, Clouthier le contestó: “Bien, licenciado”. Fue una expresión de gran significación, pues no se dirigió a él como “Presidente”.

Ese día salimos fortalecidos. Se reconoció a la Coparmex como un interlocutor valioso y quedó demostrada su vocación como vocero permanente del sector privado.

Pero con De la Madrid no hubo una cerrazón total. Fue la era de los “pactos”...

A mí me tocó el periodo final del presidente De la Madrid. En diciembre de 1987 se convocó al primer Pacto de Solidaridad Económica que posteriormente se le llamó Pacto de Estabilidad y Crecimiento Económico. Como recordarás, la inflación estaba fuera de control y llegaba a una tasa anualizada de más del 180%, por lo que el gobierno decidió instrumentar un plan de ajuste concertado y gradual. Durante su vigencia a mí me tocaron ocho o nueve renovaciones. La situación era muy difícil y ciertamente puedo decir que nuestra participación contribuyó a lograr acuerdos y mejorar las condiciones tan graves que ya se padecían. Para firmar estos acuerdos siempre acudí con las instrucciones y la autorización del Consejo de nuestra Confederación.

Puedo decir que, aunque no logramos todo aquello que esperábamos, sobre todo en el sector empresarial, sí pudimos hacer que la situación caminara y por eso nunca nos retiramos. Además, mi propia experiencia la puedo resumir diciendo que los “pactos” nos permitieron sentarnos regularmente en una mesa con los secretarios de estado, pues la cultura anterior te llevaba como dirigente empresarial a padecer que nunca tenían tiempo para atendernos y las citas te las daban después de tres o más meses. En esta etapa, el diálogo fue más fluido y podíamos presentar propuestas directamente. Es decir, se convirtió en una interlocución casi sin barreras. Tuvimos que concertar y logramos avances en algunas propuestas de los sectores. Fuimos construyendo una suerte de mecanismo de consulta que en su momento cumplió su función razonablemente. Los “pactos” sirvieron para abrir las puertas de las más altas instancias políticas que siempre estaban cerradas no solamente para nosotros, sino para otros sectores también.

Cuando sales de la Coparmex, ¿en qué momento te llama la vocación política?

Salgo de la presidencia de la Coparmex en marzo del 91 y dos meses después me inscribí en el PAN y empecé mi vida política. Ese mismo año fui presidente del comité municipal del PAN en Puebla, y al siguiente fui candidato a la presidencia municipal de Puebla con una campaña exitosa, aunque reclamé un proceso sucio. Me pasé un mes en el Zócalo de Puebla con mi tienda de campaña, que era desafortunadamente lo que se estilaba entonces para reclamar tus triunfos en la política, juntando firmas y pasando videos del robo de urnas y otras acciones indebidas, pero no nos reconocieron el triunfo. Esa experiencia, lejos de amedrentarme, me fortaleció.

Cuando terminé mi gestión en la Coparmex, identifiqué que el ámbito de la toma de las decisiones más importantes para el país estaba en la vida política, y que en ella nuestra participación como empresarios era necesaria.

Según tu apreciación, ¿cuál es la importancia del cabildeo?

En mi paso por Coparmex, hablamos de una sociedad organizada con organismos e instituciones vivas. Para mí, la sociedad civil se expresa en las organizaciones de la sociedad a través de los intereses de los individuos en diversas acciones o rubros de actividad; es decir, profesionales, empresariales, sociales, deportivas, culturales, etcétera.

Nosotros hablamos de la “vertebración” de la sociedad, sin importar que tenga miles de organizaciones pero que puedan ser interlocutoras sociales de intereses comunes. En Coparmex hemos sido promotores muy intensos de esta vertebración de la sociedad, y eso nos ha conducido al cabildeo. Así es como llegamos a sentarnos a la mesa con las autoridades con propuestas y convicciones que apoyan y defienden el conjunto de las empresas. Lo que pasa no es que nos falten personas capaces para cabildear, sino que muchas veces insistimos en hacer diagnósticos, en lugar de hacer propuestas. Necesitamos desarrollar mecanismos para hacer nuestras propuestas, pero debemos sembrarlas cuidadosamente, con estudios y razones, conceptual y estadísticamente, para que nuestros interlocutores y en forma muy importante los legisladores y las autoridades, se convenzan de que son buenas y pueden realizarse.

Por otro lado, están las iniciativas de diputados y senadores y hay que tomarlas de allá para acá en el mismo sentido, analizando qué podemos añadirles y que aportar para mejorarlas, pero creo que las visiones no deben ser de enfrentamiento hoy en día, sino de complementación. E