"Realidad Laboral y Social para la Competitividad".

Enrique Mendoza Delgado.

Las primera tesis que quiero presentarles es que, México está obligado a realizar las reformas que le permitan sobrevivir en el nuevo orden económico internacional, so pena de convertirse en una nación fallida.
La segunda, es que estas reformas tienen carácter de urgentes, que no es verdad que si no se logran no pase nada. Si va a pasar, y mucho, y principalmente en perjuicio de las clases trabajadoras del país.
La tercera, es que estas reformas incluyen necesariamente a la reforma laboral, a la que tan poca atención se ha puesto y que tanta trascendencia tiene para la sociedad mexicana.

La reforma laboral en el año 2000.
En el año 2000 la sociedad mexicana llevó a cabo al primer cambio democrático de la dirigencia política del país, resquebrajando el poder de la clase política tradicional, y abriendo un periodo inédito en la Historia mexicana.

A 15 años de la apertura comercial, de nuevo se habían hecho evidentes las consecuencias del cambio de régimen económico iniciada con la adhesión al GATT. El tratado de libre comercio había cambiado el rostro industrial del país, numerosos sectores económicos habían desaparecido, otros escasamente sobrevivían y pocos emergían con fuerza en medio de un cambio de contexto dramático. La industria de exportación desplazó ampliamente al petróleo como principal producto de exportación, las plantas maquiladoras daban trabajo a un millón y medio de personas. México se convirtió en potencia exportadora y principal socio comercial de los Estados Unidos, pero simultáneamente el nuevo dogma del libre comercio se manifestó en la catástrofe de industrias enteras desaparecidas, miles de empleos perdidos en la reconversión y centenares de industriales convertidos en comerciantes de productos extranjeros.

El éxito exportador probó que las capacidades laborales de los mexicanos eran excelentes, pero también empezó a revelar de forma más clara las limitaciones legales y económicas que las leyes e instituciones laborales presentaban para una mayor expansión del empleo.

Durante este período se integró una nueva comisión para el diálogo de los sectores con el apoyo de las autoridades laborales, pero al parecer sin el entusiasmo y nivel de compromiso necesarios en el más alto nivel del Gobierno. Nuevamente las prioridades estaban aparentemente en otras áreas del quehacer público y la agenda del empleo se empantanaba por rivalidades partidistas. Sin embargo, un nuevo ambiente se había generado entre los interlocutores sociales. La pérdida de empleos para unos era para otros la pérdida de empresas. La pérdida de salarios acompañaba a la pérdida de utilidades. La pérdida de de rentas y salarios se traducía en pérdida económica para el País.

Debido a este diálogo intenso, un grupo de diputados responsables de diferentes partidos de la 58 legislatura tuvieron por primera vez en 18 años desde el inicio de la apertura comercial, la entereza para analizar la Ley de Trabajo e impulsar un primer cambio para adecuarla a las necesidades del país. Tomando los acuerdos de los interlocutores sociales como punto de partida, propusieron unas reformas que fueran presentadas al pleno de la Cámara de Diputados, pero una vez más debido a los tiempos "políticos" fueron postergadas.

Analizada a distancia esta iniciativa puede verse como un vaso medio lleno o como un vaso medio vacío. El resultado supone el consenso en torno a puntos difíciles y no da lugar a maximalismos. Algunos observadores opinan que los avances son tan modestos que no valen la pena, otros, dicen que son tan revolucionarios que dinamitan el orden social del país y ambos, estirando los argumentos, podrán encontrar elementos para que desde diferentes ópticas, una vez más sean congelados los resultados y una vez más el inmovilismo sea la respuesta que ofrecen a la sociedad mexicana en un mundo en el que el cambio vertiginoso es la norma.

Los cambios en 2002.
Pero el mundo no espera a los mexicanos. En 2002 China fue admitida como miembro de la Organización Mundial de Comercio. La República Popular China está causando ya un impacto demoledor en la economía Mexicana que se irá profundizando progresivamente de manera fatal. Con una estructura económica muy parecida a la de México -excepto por su inmenso tamaño- y con las ventajas que en el corto plazo les representan el totalitarismo y los métodos dictatoriales, China ha efectuado una vertiginosa transformación de su economía y apuesta a su modernización para jugar un papel preponderante como nación en el siglo veintiuno. Habiendo reconocido su retraso económico y tecnológico ha puesto todos sus recursos en juego para ganar un nuevo lugar en el mundo, y México está siendo su primera víctima.

Para México están a punto de concluir los beneficios del Tratado de Libre Comercio que le dieron un respiro en los últimos diez años. Al no poder profundizar en las reformas estructurales iniciadas, el país no pudo modernizarse y pasar a un grado de integración industrial y económica que le permitiera ser competitivo en un nivel más elevado. Al no poder superar el modelo de maquila industrial de trabajo barato se encuentra ahora expuesto a competir exactamente en el mismo terreno en el que los Chinos tienen sus ventajas para competir: esto es en la manufactura básica intensiva en mano de obra y/o de baja complejidad tecnológica.

China ya le ha arrebatado a México quinientos mil empleos en el sector de ensamble, manufactura textil y de ropa, se dispone a asaltar los sectores de ensamble de electrodomésticos, calzado, muebles, maquinaria ligera y automotriz. Las ventajas competitivas de China en este sector son imbatibles: su capacidad de aportar mano de obra con 634 millones de trabajadores es 11.5 veces mayor a la de México; en 2002 el salario promedio manufacturero era $0.64 por hora, comparados con $2.30 en México y $15.80 en los Estados Unidos, esto lo hace la más barata de la tierra. La ventaja geográfica de México se vuelve irrelevante debido a la diferencia tan grande en costos salariales, amén del abaratamiento permanente de los fletes marítimos y de la ineficiencia y corrupción de los sistemas aduanales mexicanos.

La productividad laboral crece más rápido en China que en México, que crece a una tasa menor siguiendo muy cerca la de los Estados Unidos. China ha crecido desde 1990 a una tasa anual del 9.3%, y en los últimos veinte años su comercio internacional ha pasado del 1.2% al 4.2% y sus exportaciones manufactureras del 0.8% al 6.2%.

Por otra parte, en el gobierno estadounidense renace la idea de un Tratado de Libre Comercio para las américas, que pronto incluirá a Brasil y Argentina, así como uno más inmediato para los países de América Central; esto terminará por eliminar las ventajas que el tratado dio a México durante algunos años y que ya no podrá recuperar. Es más, es probable que la consecuencia sea que se vuelva negativo para el país al permitirse el acceso de productos provenientes de países cuyos costos laborales están muy por debajo de los de nuestro.

Para completar nuestro panorama y tratar de entender qué está fallando en el país, baste recordar que tanto Chile como Argentina y Brasil, a través de sus exportaciones agrícolas se volverán importantes productores superavitarios de China. En México el fracaso agrario del país le dejará sin poder aprovechar esta oportunidad de negocio.

Para acabar con el panorama, el otro sector que podría funcionar como motor para México, el petrolero y energético, está condenado jugar un papel cada vez menos relevante por la obcecación y sinrazón de los enemigos de México disfrazados de patriotas.


De 2004 en adelante.
Ahora nos enfrentamos a una nueva situación: una nueva legislatura en la que los representantes populares carecen, en la mayoría de los casos, de los conocimientos, los antecedentes y el sentido de urgencia para abordar la reforma laboral. Una vez más, otros temas polémicos de la agenda nacional ocupan la atención de muchos representantes. El descubrimiento de la fuerza del NO irracional, de la terquedad, de la sinrazón; el simplismo con el que los peores obtienen espacios en los medios, la superficialidad con la que suelen tratarse los temas complicados se ciernen nuevamente sobre la suerte de millones de personas que dependen de su trabajo para vivir y mejorar su condición.

En el lapso en la que la miopía, la ignorancia o la mala fe de muchos actores políticos han bloqueado la reforma laboral, medio millón de mexicanos han perdido el empleo solamente en el sector maquilador, amén del verdadero desastre en la pérdida general de puestos de trabajo y en particular en el sector industrial. Ante esta situación se responde desde los clichés ideológicos y desde las frases hechas, se refuerzan los paradigmas que nos tienen en la mediocridad y los tonos grises del que debía ser uno de los mejores países del mundo.

Es muy difícil entender los problemas que se presentan por lo que no se ha hecho. La relación causa-efecto es más difícil de comprender y particularmente en los fenómenos sociales complejos, por ejemplo: ¿Cuánto le ha costado y le está costando al país enfrentar con leyes rígidas un contexto económico fluido y en permanente evolución?, ¿Cuántos mexicanos laboran en el sector informal, sin protección legal de ninguna clase porque los costos de cumplimiento de las normas se han vuelto absurdos?, ¿Cuántas fuentes de empleo han desaparecido por conflictos laborales?, ¿Cómo convencer al empleador para que pague cuotas al IMSS sabiendo que los empleados de esta institución tienen prestaciones y prebendas con las que ni sueñan sus propios trabajadores?, ¿Cómo pensar en subir las cuotas patronales cuando es público que el boquete en las finanzas del IMSS se debe en buena medida a sus pasivos laborales y a las pésimas administraciones que ha tenido?, ¿Cómo se puede considerar delincuente y embargar la maquinaria de un empresario del que dicen debe cuotas cuando los ex directores y funcionarios que quebraron la institución duermen plácidamente?, ¿Cómo va a asegurar México a la comunidad internacional que cumple con las normas mínimas de de trabajo digno a las que se ha comprometido en el marco de la OIT si el 40% de la población permanece fuera de la tutela legal y de cada tres empleos nuevos que se crean, dos lo hacen en la economía ilegal?, ¿Hasta cuándo comprenderemos que una política de empleo debe considerar el conjunto de los elementos que inciden en ella?, ¿Existe realmente en el Gobierno el compromiso de conservar y aumentar el empleo y algún funcionario responsable de coordinar todas las políticas públicas que inciden sobre el mismo?

El Seguro Social convertido en maquinaria recaudadora, incapaz de comprender cuales son sus fuentes de ingreso, enemigo del empleo, busca remediar los males que administraciones irresponsables le heredaron con peores desatinos. Basta citar por su actualidad, la decisión de hacer obligatorio el pago de cuotas de Seguridad Social a los maestros de tiempo parcial en escuelas y universidades, aún cuando trabajen menos de 18 horas a la semana, o las disposiciones que hacen prácticamente imposible la contratación por horas al exigir el pago de cuotas obrero-patronales independientemente del tiempo trabajado.

Otro tanto se podría decir de los impuestos locales sobre nóminas destinados a dificultar la creación de empleo, o sea el castigo por crear fuentes de trabajo.
¿Qué decir de las pretensiones de eliminar exenciones fiscales a los trabajadores; de transferir la carga de subsidios públicos a los empleadores? ¿Cuáles son los costos legales y administrativos de emplear?,¿Alguien se preocupa por desregular y eficientar en esta materia?

O más grave aún, el documento que se maneja en estos días en el congreso, elaborado aparentemente por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y que pretende gravar las prestaciones de los trabajadores y homologar las bases de recaudación para IMSS e INFONAVIT, que volvería a elevar el importe de los impuestos sobre el trabajo.

Estos impuestos hacen que el costo laboral unitario de manufactura en México sea 7.6 veces más caro que en China. El encarecimiento del costo laboral en nuestro país ha hecho que la relación de 9.8 veces a 1 que existía entre los costos de manufactura entre México y Estados Unidos en 1995, se haya reducido a 5.8 veces en el 2002.

Es una vergüenza y una sinrazón que millones de mexicanos tengan que dejar el territorio nacional vía emigración, porque a las empresas en las que van a trabajar no las han dejado operar en territorio nacional.

Urge pues, insistir en la reforma laboral que dé trabajo digno a los mexicanos, que permita salvar y multiplicar sus empresas, que les permita ser competitivas y desarrollar las mejores capacidades de sus ciudadanos.

El sector privado ha mostrado con creces su sentido de responsabilidad, de respeto a la Ley y a las instituciones legítimas. En estos siete años de interlocución con las organizaciones sindicales hemos dado prueba de nuestra capacidad de diálogo, sentidos de la justicia y amor a la Patria de todos; y así mismo, hemos sido testigos de idénticos sentimientos que animan a muchos de nuestros interlocutores. Por eso vamos a seguir insistiendo por largo y tortuoso que quieran hacer el camino la ignorancia y los intereses particulares, hasta darnos una legislación que proteja y promueva, que regule y faculte, que conserve e innove. Dieciocho años de espera son demasiados, aún para un país y más para un país de jóvenes sin oportunidades para todos.

Agradezco a la OIT, a COPARMEX y a CONCAMIN su invitación para intervenir en este evento y a Ustedes estimados participantes, su paciencia y su presencia en este lugar.

Muchas gracias.


SEMINARIO: REALIDAD LABORAL Y SOCIAL PARA LA COMPETITIVIDAD.

COPARMEX, CONCAMIN Y OIT.


MARTES 2 DE DICIEMBRE DE 2003.


Enrique Mendoza Delgado.