2 de diciembre de 2003
DISCURSO DEL SUBSECRETARIO DEL TRABAJO
FRANCISCO SALAZAR EN LA INAUGURACIÓN DEL
III FORO LABORAL INTERNACIONAL,
ORGANIZADO POR LA COPARMEX, LA CONCAMIN y LA OIT.


JOSÉ LUIS BARRAZA GONZÁLEZ
PRESIDENTE DE COPARMEX.

LEÓN HALKIN BIDER,
PRESIDENTE DE CONCAMIN.

SR. AGUSTIN MUÑOZ VERGARA,
DIRECTOR REGIONAL PARA LAS AMERICAS, OIT.

AMIGAS y AMIGOS.

Me da mucho gusto inaugurar este III Foro Laboral Internacional, organizado por la Confederación Patronal de la República Mexicana y la Confederación de Cámaras Industriales de la República Mexicana, en coordinación con la Organización Internacional del Trabajo.

Exponer el tema laboral implica destacar que en esta etapa histórica del mundo vivimos el renacer del humanismo.

El Siglo XXI se distinguirá por ser humanista porque el gran protagonista es el ser humano.

El gran redescubrimiento que ha hecho la humanidad es que la persona está en el origen, en el motor y en el fin de toda la actividad política, económica, empresarial y social y que bajo ninguna circunstancia, el trabajo debe ser considerado como una mercancía.

México y La OIT, junto con muchos otros países, luchan por lograr condiciones laborales en donde la dignidad de la persona sea plenamente respetada y promovida.

El Gobierno del Presidente Fox tiene a la mujer y al hombre como el centro de todas sus acciones de gobierno y el ser humano es nuestra preocupación y ocupación.

La persona es la razón de nuestras decisiones.

Todo esto lo impulsamos a través de la nueva cultura laboral que conduce a la construcción de un sistema productivo y competitivo en el mundo, con empleos dignos, incluyente de todos los grupos sociales, capaz de producir y distribuir con justicia y equidad la riqueza nacional y, al hacerlo, garantizar la vigencia del Estado de Derecho en las relaciones de trabajo.

Los objetivos de la Nueva Cultura Laboral son fomentar la revaloración del trabajo humano, otorgándole la dignidad que le corresponde como medio para la satisfacción de las necesidades materiales, sociales y culturales de los trabajadores; propiciar niveles de remuneraciones que sean justos y equitativos e impulsar la capacitación de los trabajadores y empresarlos.

La Nueva Cultura Laboral mexicana tiene como sustento el diálogo, la concertación y la unidad de esfuerzos entre las organizaciones sindicales y empresariales.

Por otra parte, comparto con ustedes que en a nueva Ley Federal del Trabajo de nuestro país, están los consensos de todos los actores involucrados, que permitirán modernizar y actualizar la legislación laboral, que esté acorde a la realidad de la globalización y de la interdependencia de México con el resto del mundo.

La iniciativa de reforma laboral tiene seis temas centrales: los derechos humanos, las nuevas formas de contratación, la capacitación, la productividad, la vida sindical y la justicia laboral.

El desarrollo de nuestra Nación exige una nueva Ley en la materia, que al mismo tiempo que defienda los intereses de los trabajadores y asegure todo lo que se ha logrado; que permita el surgimiento y la consolidación de nuevas inversiones, de nuevas empresas, de nuevos centros laborales y de nuevos empleos.

Es muy importante para México la aprobación de las reformas estructurales, a fin de impulsar el desarrollo y la reactivación económica.

Lo que el país demanda es que avancemos gradualmente en la construcción de acuerdos para generar desarrollo con empleos dignos. El reto está en hacer bien los cambios y con la profundidad necesaria, así como instrumentarlos con una cierta rapidez, para después ir viendo con el tiempo el impacto favorable que tendrán sobre el crecimiento de la economía y consecuentemente en más empleos.

La modernización de la Ley Federal del Trabajo seguirá construyéndose por medio de los acuerdos y los consensos.

Cabe destacar que la competitividad la vemos desde una perspectiva integral, para buscar la justicia social y el bien común a través del desarrollo sostenible.

El fin de la competitividad de las empresas y de las economías es ganar mercados, conservarlos y generar riqueza.

Esa competitividad tiene que ser atendida y desarrollada de manera sistémica, si se quiere realmente construir toda una metodología que haga que las empresas de un país sean aptas de manera sostenible en el tiempo, para generar riqueza para distribuirla con equidad y justicia a través de la creación y desarrollo de los mercados.

La competitividad de los países debe ser creada en cuatro niveles:

En el primer nivel están las empresas en sus diferentes tamaños, en donde está el auto-empleador y las personas con su libre iniciativa construyendo el desarrollo, en donde por medio del diálogo social, trabajadores, sindicatos y empleadores se corresponsabilizan del desarrollo con justicia.

En el segundo nivel se tienen que construir condiciones de fomento al desarrollo tecnológico; desarrollar la infraestructura para que se puedan trasladar las mercancías en costo y oportunidad idóneos; estimular la exportación y la ganancia de nuevos mercados que respalde a la industria ya la iniciativa individual.

El tercer nivel es más amplio y contribuye a construir la competitividad.

En el caso nuestro país los responsables son los tres niveles de Gobierno, pero también los tres poderes de la Unión y también el Banco de México.

Este tercer nivel debe aportar: una política monetaria, estable y confiable; una política cambiaria realista y de largo plazo; una política energética, amplia, que contribuya a abatir los costos de la energía; una seguridad pública que le de certeza a las personas en su integridad y en sus bienes; una política comercial que permita una diversificación idónea de los mercados; una seguridad jurídica que le dé certeza a todos de ser iguales frente a la ley; una política laboral promotora del empleo, de la competitividad, de la productividad, de la justa distribución de la riqueza; y una política fiscal tan sencilla que facilite la incorporación a la formalidad de todas las empresas.

En el cuarto nivel está el marco general del Estado, donde se propicia la competitividad a través de la gobernabilidad democrática, de la educación, del pleno respeto a los derechos humanos, de la vivencia y difusión de los valores éticos en la vida ciudadana y de la cohesión social tan importante para mantener la vigencia del Estado-Nación.

Para que la competitividad se construya en México necesitamos cooperar todos en un esfuerzo compartido; competencia y cooperación son las condiciones para construir una economía humanista.

Nuestro reto consiste en crear este círculo virtuoso: competitividad con cooperatividad para el desarrollo sostenible, para la generación de empleo digno, para fortalecer la cohesión social y para generar la gobernabilidad democrática.

AMIGAS y AMIGOS

Históricamente, el siglo XX nos enseñó que el trabajo humano no es propiedad del Estado, ni tampoco que es una mercancía y ni tampoco que es un mero recurso o instrumento.

La humanidad ha aprendido que la visión de utilizar al ser humano como una mera herramienta de producción denigra a la persona, la limita en su desarrollo y acaba por producir una gran concentración de riqueza en unas cuantas manos y una gran dispersión de pobreza en la inmensa mayoría de la población.

Hoy la persona no es un recurso, ni es una mercancía; la persona es el sujeto y el objeto del desarrollo. El ser humano es el protagonista y es el destinatario de toda la acción política, económica, empresarial y social.

Las condiciones laborales en el mundo distan mucho de ser uniformes y, ciertamente, nuestros intereses no son necesariamente coincidentes.

No obstante, si se visualizan los retos desde una perspectiva con dimensión humana, se fortalecen las aspiraciones comunes y la posibilidad de estrechar nexos para el logro de la justicia social y del bien común.

Estamos conscientes de la conveniencia de procurar que los beneficios del libre comercio lleguen a todos los países, así como a todas las personas, por medio de acuerdos equilibrados que favorezcan el desarrollo de economías con verdadero rostro y corazón humano.

Afrontemos juntos los retos que nos apremian para consolidar un sistema multilateral de comercio más fuerte, más justo y una economía mundial con rostro humano, más abierta y próspera para todos.

Lo esencial no es procurar en el contexto de la globalización las integraciones comerciales a cualquier precio, sino la manera justa, equitativa y humana como se lleve a cabo tales integraciones.

El reto que tenemos gobiernos, empleadores y colaboradores es el diseño de políticas públicas solidarias, nacionales e internacionales, que hagan posible las condiciones para el desarrollo pleno de las personas, de las familias y de la sociedad por medio del trabajo decente.


MUCHAS GRACIAS.