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ENCUENTRO EMPRESARIAL 2007
“Obstáculos para la prosperidad de todos los mexicanos”

 

 

 

Palabras del  Ing. Ricardo González Sada durante la Clausura del Encuentro Empresarial 2007, en Ciudad Juárez, Chihuahua

 

 

 

 

 

¿Qué falta para que 14 millones de mexicanos tengan las oportunidades para salir de la pobreza extrema?
¿Qué espera México, cuando el petróleo, dentro de 10 años se haya agotado?
¿Qué espera México para preparar mejor a sus jóvenes y ofrecerles oportunidades para emplearse o crear su propia empresa?

Las condiciones que hoy enfrenta la mayoría de los mexicanos no son las mejores:
Nuestros niños y adolescentes califican por debajo de la media de los países de la OCDE y de otros países participantes en la prueba internacional de evaluación educativa de PISA.

225 mil jóvenes salen anualmente de nuestro país a los Estados Unidos en busca de oportunidades.
4 de cada 10 de los egresados universitarios no trabajan en la actividad para la cual estudiaron.
¿Qué tiene que ocurrir para alcanzar los acuerdos necesarios para realizar las reformas que México necesita?

En el proceso electoral del 2006 se reflejó la polarización de la sociedad y pudo llegar a expresiones realmente violentas. No sólo por las provocaciones –que las hubo; sino por el resentimiento social que existe, originado por la enorme desigualdad que no hemos sabido remediar.

Viene ya 2012; está a la vista. ¿Queremos que continúe la incertidumbre de millones de compatriotas quienes tienen razón al demandar oportunidades y mejores condiciones de vida? ¿Qué acaso no comprendemos que otros aprovechan la frustración social para intereses cuestionables y así crearse mayores oportunidades para llegar al poder?

Y entre tanto, la competencia global nos va dejando atrás. Seguimos abajo en los rankings de competitividad. Nos preocupa, porque significa menos inversión, menos empleos, menos oportunidades para que podamos salir de la pobreza. Nos debe preocupar más, porque puede ser la materia para la reedición de experimentos sociales cuyos resultados conocemos ya.

¿Qué esperamos para actuar?

¿Cuándo los mexicanos dejaremos de obstaculizar los cambios que requiere el país por luchas de poder e intereses personales aún a costa de empeñar la prosperidad del país?

¿Cuándo entenderemos que la competencia no es mexicano contra mexicano; sino que competimos por inversiones, mercados y empleos con el resto del mundo?

Falta el liderazgo de personas e instituciones que se pronuncien con honestidad y con valor para enfrentar este reto.

Nos falta firmeza y consistencia en nuestra actuación para contrarrestar los fenómenos que desatan los acontecimientos que son adversos al país de leyes, de democracia y de instituciones que deseamos tener.
Tenemos que reflexionar: ¿Hacia dónde queremos ir?

¡Es cierto! México ha avanzado en su proceso de transición, aunque con lentitud y dificultades. Hay que reconocer y valorar que el México de hoy es diferente y mejor en muchos sentidos. Si no valoramos lo que hemos alcanzado, corremos el riesgo de perderlo. Esto debemos tenerlo bien claro como sociedad y, en particular, todos los líderes de este país. Todos tenemos que estar dispuestos a defender lo ganado; a no permitir regresiones.

Ante ello, es necesario reiterar que como sociedad, queremos transitar a una democracia no sólo representativa, sino también participativa.

Hagamos un ejercicio sobrio para entender el fondo de lo que le hace falta a nuestra democracia.

¡Veamos! En este momento, el poder legislativo se ha vuelto indispensable para el desarrollo de nuestra democracia. Últimamente, ha aprobado reformas trascendentes. Sin embargo, aún se encuentra rezagado en materia de transparencia y rendición de cuentas, comparado por ejemplo con lo que ha avanzado el Poder Ejecutivo.

El Legislativo no permite ser fiscalizado por los ciudadanos en la misma proporción que exige fiscalizar a otros poderes o actores. Sobre todo, no genera los incentivos para premiar a los buenos legisladores, como sería la reelección consecutiva.

El Congreso de la Unión ya está dando muestras de haber desarrollado la capacidad para debatir los asuntos del interés de la sociedad y para tomar decisiones; para establecer acuerdos.

Como sociedad deseamos que sus decisiones contribuyan al bien común. Aquí todavía hay mucho camino por andar. Falta evitar caer en acciones de chantaje y negociaciones que sacrifiquen los valores de la libertad, la legalidad y la democracia.

La Coparmex reconoce los beneficios de las reformas que ha permitido esta etapa de negociaciones y acuerdos. Ahí están  la ley del ISSSTE y las reformas en materia de transparencia.

Pero no todos los acuerdos son positivos. Y no son positivos cuando se pactan a espaldas de la sociedad. Cuando se privilegia el poder de los partidos sobre los derechos de los ciudadanos.

Lo digo con claridad. Me refiero a la reciente reforma electoral. En 13 días presentaron el proyecto de reforma y lo aprobaron. ¿A qué hora sometieron su contenido a debate público? ¿En qué momento escucharon los argumentos a favor de la participación y las libertades?

La respuesta es evidente ¡No lo hicieron! Privilegiaron sus intereses.

Ir a fondo en la transición hacia una democracia participativa y hacia un nuevo sistema político significa considerar y examinar a las personas y actores de este cambio. Significa hacer énfasis en las virtudes que deben tener estas mujeres y hombres en cuyas manos está buena parte del futuro del país y de las nuevas generaciones.

Los promotores del cambio deben ser hombres y mujeres muy prudentes; que se caractericen por su capacidad de decisión. Que sepan lo que deciden para lograr lo mejor a partir de la realidad a que se enfrentan, buscando siempre el bien común.

Nosotros somos precisamente parte de ese grupo de personas; los promotores del cambio. De la sociedad, de entre los ciudadanos, tienen que salir los líderes. Nosotros somos la materia prima, Somos responsables cuando participamos; pero también somos igualmente responsables cuando dejamos que otros decidan y actúen ante nuestra mirada pasiva…, indolente.

¿Qué hacemos para tener los políticos prudentes que necesitamos? ¿Nosotros mismos, desde el sector empresarial, estaremos preparados para tomar las decisiones que nos lleven a la buena conclusión de la transición mexicana?

Se ha expedido una reforma electoral que limita nuestras libertades ciudadanas y con la que no estamos completamente de acuerdo. ¿Quiénes y cómo hemos respondido?

¡Sí! Lo que hacemos y dejamos de hacer está en la conciencia de cada uno de nosotros. Pero también recordemos que queda en la memoria de México; en la diferencia entre el futuro al que queremos llegar y al que realmente llegaremos.

El rumbo es claro. No tenemos mejor camino que seguir, que la defensa de la libertad, de la ley, de las instituciones, de la democracia y de la libre empresa con responsabilidad social.

No podemos quedarnos con los brazos cruzados solamente señalando lo que no hacen o no cumplen los políticos y los gobiernos, sin poner lo que de nuestra parte podemos y debemos hacer.

Hoy como ayer, Coparmex es plataforma de participación y escuela de liderazgos. Hoy como ayer, nuestro papel es trabajar por la vertebración de la sociedad.

¿Por dónde debemos empezar? ¿Cuáles son las prioridades para consolidar la transición democrática que requiere este país?

Tenemos que luchar decididamente en primer lugar por acrecentar y consolidar la cultura de la participación en nuestra sociedad.

Tenemos que impulsar y perfeccionar igualmente la cultura de la transparencia y la rendición de cuentas, para combatir la corrupción en todos los niveles de gobierno y en los tres poderes.

Hay que promover y apoyar el cumplimiento y el respeto del estado de derecho, que la reforma de nuestro sistema de persecución del delito y de justicia no permita más la impunidad y que la prevención del delito sea mucho más eficaz.

Hemos de esforzarnos por elevar la competitividad de nuestro país.

Sin embargo, existen otros frentes esenciales para elevar la competitividad.

El primero de ellos es la educación. Debemos sembrar hoy los valores que deben constituir el perfil de la sociedad que queremos ser mañana. Necesitamos una educación que sea mucho más eficiente en formar las habilidades y transmitir los conocimientos que harán capaces a nuestros muchachos para competir internacionalmente con creatividad, pero también con valores.

La competitividad por la que debemos luchar también requiere que esta primera reforma fiscal sea mejorada y complementada. Es correcto; necesitamos recaudar más. Pero que no paguen los mismos de siempre. Que promueva la inversión y, sobre todo, que sea compatible con la mayor competitividad del país.

No hay otro camino para avanzar hacia la competitividad que impulsar el desarrollo de cada región del país. Ahí, en la región, es donde la desregulación y la simplificación de trámites hacen sentido. En la región es donde se concreta una sola economía formal y legal que procure a todos los beneficios de la seguridad social y la protección de la ley.

Es mucho lo que me llevo de este encuentro. Son las experiencias y la sabiduría de los que vinieron a compartir con nosotros lo que han estudiado y vivido.

Igualmente valiosas son las innumerables charlas con muchos de los presentes.
Me llevo la preocupación de todos por el mejor futuro posible para México, las ganas por cambiar tantas cosas e, incluso, la frustración de no poder mejorar y acelerar fácilmente la marcha de este país.

Pero sobre todo, me llevo como primer obstáculo a vencer en el camino hacia la prosperidad: la decisión de actuar y participar organizadamente. Decisión y organización para participar e influir; ¡eso es lo que necesitamos!

 

 

 
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